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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

ASCENSIÓN AL PICO ALMANZOR
(2592 METROS)

ENRIQUE VIDAL, ÁNGEL GRECIANO Y JULIÁN OLIVERA
14 DE AGOSTO DE 1983

 

El 13 de agosto, a mediodía, llegamos al refugio del Circo de Gredos, Enrique Vidal, Ángel Greciano y Julián Olivera; desde la “plataforma”, dónde hemos dejado el coche, y a través de Los Barrerones, hemos tardado poco más de dos horas. Este refugio y su entorno son familiares para Enrique Vidal porque al ser su hijo Miguel Ángel el encargado del mismo, pasa temporadas aquí.

 
Sólo aquellos que conozcan el valor de hacer cosas inútiles, podrán comprenderlo

Hemos citado a MIGUEL ÁNGEL VIDAL, y queremos, aprovechando esta modesta narración, dedicarle un recuerdo porque hace ahora casi exactamente cinco años, y formando parte de un grupo de escaladores españoles, escribieron una brillante página en la historia de nuestro alpinismo. MIGUEL ÁNGEL VIDAL, TRABADO, PAVÓN, GALLEGO, HERNÁNDEZ Y DONÉS, consiguieron escalar el día 20 de agosto de 1978, el CHACRARAJÚ, en los Andes peruanos; y lo hicieron por su cara Sur, una impresionante pared de hielo, doblegando a un Pico que alguien llamó “el seis mil más difícil de América”. Como ocurre tantas veces en España, dada nuestra peculiar psicología, aquella gesta no tuvo ni el apoyo previo ni el posterior reconocimiento que sobradamente merecía. Cerramos este recuerdo con unas palabras que aquella ocasión –meditando sobre el esfuerzo realizado y la motivación que le llevó a pisar aquella cima- escribió MIGUEL ÁNGEL VIDAL: “¿Qué voluntad nos impulsa a subir, a alcanzar la cumbre? Sólo aquellos que conozcan el valor de hacer cosas inútiles, podrán comprenderlo,”

 
...doblan al Oeste para entrar en el Gargantón; lo cruzan

Regresamos de aquel agosto de 1978 a este agosto de 1983. Comemos los tres en el refugio, y con el fin de aprovechar ka tarde, Ángel invita a sus dos compañeros a hacer una excursión por los alrededores que sirva de preparación para la jornada de mañana, día 14. Enrique Vidal prefiere quedarse en el refugio, conformándose con las dos horas de caminata que hemos hecho desde la plataforma. Greciano y Olivera salen del refugio y Ángel lleva a su compañero hacia el Norte, dejando a su derecha la Laguna Grande, y cuándo ésta ha quedado atrás y ellos han ido elevándose sobre la Garganta que lleva al Tormes el desagüe de dicha Laguna, doblan al Oeste para entrar en el Gargantón; lo cruzan y por su ladera izquierda, subiendo un sendero que enfila el Sur-Oeste, tratan de alcanzar el Collado del Rey y asomarse al Barranco de las Cinco Lagunas. Pero Greciano, que dirige la marcha, calcula el tiempo que invertiremos en regresar al refugio y decide volver antes de que anochezca. El recorrido planeado por Ángel ha permitido a Julián conocer un poco mejor el original paisaje de esta espléndida Serranía de Gredos.

 
Enrique Vidal –que es un “manitas”- ha contribuido a mejorar las instalaciones de este refugio

Al regresar al refugio Ángel y Julián encuentran a Enrique, que ha pasado toda la tarde ayudando a su hijo, pues los fines de semana veraniegos en los refugios resultan muy atareados. Enrique Vidal –que es un “manitas”- ha contribuido a mejorar las instalaciones de este refugio de Gredos con detalles útiles e incluso haciendo realidad algunas ideas suyas. Charlamos un rato sobre la caminata de Ángel y Julián por el Gargantón y también hablamos de la jornada de mañana, cuyo principal objetivo es pisar la cima del Almanzor; jornada que ya tiene planeada Ángel, quien llevará la cabeza de la marcha, pues su preparación física y psicológica, sus conocimientos del Macizo y su juventud, le capacitan sobradamente para ello; así lo entienden sus dos veteranos compañeros, Enrique y Julián, que confían en él. Cenan pronto y se acuestan enseguida.

 
... en un altiplano que dilata de golpe y generosamente, nuestros horizontes.

Al día siguiente, 14 de agosto, a las 8`40 horas, salen los tres del refugio, acompañados por el perro de Miguel Ángel Vidal, un magnífico animal cruce de pastor alemán con mastín, al que llaman “Rupal”. Ángel nos lleva hacia la derecha, en dirección al Ameal de Pablo y Risco Moreno, como desatendiendo la vertical “llamada” que nos hace el Almanzor; parece que quisiera, como en la bíblica Jericó, rodearlo primero. A la hora de la marcha, enfrentamos una estrecha y empinada “canal” que se abre al costado meridional de Risco Moreno y del Ameal de Pablo. Enrique y Julián van descolgados con respecto a Ángel, que les precede en unos doscientos metros. Cuando rebasamos la “canal” nos encontramos una gran hoya encerrada entre pedregosas laderas; descendemos a ella por un caótico amontonamiento de grandes piedras que hemos de ir saltando una tras otra hasta llegar a un pequeño prado con agua, que ocupa el centro de este amplio espacio circular, un espacio cerrado, sin desagüe, un circo ciego. La salida de este circo la hacemos por el lado opuesto al que accedimos a él; entramos por el Este y vamos a salir por el Oeste. La subida es más cómoda que la bajada porque la ladera occidental del circo tiene un suelo menos áspero, con trozos de yermo que alivian el pedregal. La parte superior de esta ladera –por la que salimos del circo- nos coloca en un altiplano que dilata de golpe y generosamente, nuestros horizontes. Este elevado altiplano se llama El Venteadero y lo alcanzamos a las dos horas justas de haber salido del refugio.

 
... a cambio, nuestros ojos disfrutan de un paisaje que hubiese deslumbrado a los impresionistas franceses,

Permanecemos mucho tiempo en este espléndido y anchuroso espacio, llamado con un nombre no menos espléndido: El Venteadero, sin duda porque aquí corren los vientos alegremente, circulan sin cortapisas entre la vieja Castilla abulense y la Extremadura cacereña, pasando y repasando de la cuenca del Tormes a la del Tiétar. Esta gran balconada que es El Venteadero está tendida entre el Risco de la Galana, al Norte y el Pico del Venteadero, al sur; al Oeste varios escalofriantes barrancos se precipitan hacia la comarca cacereña de La Vera. Al acceder al Venteadero, apreciamos un descenso térmico, sin duda debido a la permanente ventilación de esta aireada y alta plataforma, que debe sobrepasar los 2.400 metros. Ángel Greciano quiere “hacer” la Galana y no lleva a sus compañeros porque sabe que ese Risco ofrece problemas para Enrique y Julián; aconseja a éstos que, aprovechando el tiempo que él va a invertir, se acerquen a un mirador excepcional: La Portilla de las Cinco Lagunas. Ángel toma algo de fruta y sale disparado hacia el Risco de la Galana; Enrique y Julián; con más clama pues su objetivo está más próximo y es más sencillo, comen algo y descansan un buen rato. Cuando deciden salir hacia la citada Portilla, dejan las mochilas al resguardo de unas piedras; han de atravesar una ladera que se inclina sobre la cabecera de los barrancos que se despeñan hacia La Vera; caminan muy despacio porque se trata de una ladera cubierta de piornos, arbustos ásperos y con ramas punzantes; un piornal espeso como éste, ofrece alguna dificultad para ser atravesado; a cambio, nuestros ojos disfrutan de un paisaje que hubiese deslumbrado a los impresionistas franceses, pues la flor amarilla del piorno engalana este “techo” de Gredos con el color más vivo y luminoso.

 
... Un espectáculo maravilloso que deja mudos de asombro durante un largo rato ...

Llegan, por fin, Enrique y Julián a la Portilla de las Cinco Lagunas, que abre su brecha –no otra cosa son las que en Gredos se llaman portillas- en una abrupta cresta que constituye la cabecera del Circo de igual nombre. Al asomarse a la Portilla, les sorprende un fantástico panorama, una de esas visiones con las que el mundo de la montaña gratifica generosamente a quienes gustan de esforzarse y perderse por sus indómitos vericuetos: cinco lagunas escalonan sus bellas láminas azules en el largo barranco que se despliega a nuestros pies. Un espectáculo maravilloso que deja mudos de asombro durante un largo rato, a Enrique y Julián. Regresan al lugar de las mochilas, y algunos minutos después, aparece Ángel acompañado de una joven pareja, Manolo y Manoli, a los que encontró en la Peña Galana; Ángel viene satisfecho de haber vuelto “ a hacer” este Risco, uno de los más interesantes del aguerrido cresterío de Gredos. Contentos, pues, los tres: Enrique y Julián por asomarse a la Portilla de las Cinco Lagunas, y Ángel por pisar la cima de La Galana. Llegaron al Venteadero a las 10'40 y son las 12'15 cuándo deciden reiniciar la marcha hacia El Almanzor.

 
... las tierras de
La Vera quedan dos mil metros por debajo de nosotros,
...

Reemprendemos la marcha, ahora acompañados de Manolo y Manoli. De los cinco, los más capacitados para este mundo de la montaña y a la vez los que mejor conocen este Macizo, son Ángel y Manolo, por lo que ambos se ponen en cabeza del grupo, Caminamos primero hacia el Pico del Venteadero, y cuando llegamos a sus inmediaciones, lo bordeamos y, por la Portilla del Venteadero, bajamos a la ladera Este del Macizo, pues el altiplano del Venteadero es cordal divisorio entre las vertientes occidental y oriental. Nos vamos deslizando por esta ladera oriental, saltando sobre las piedras de un enorme canchal. Enrique, por buscar mejor piso, se ha descolgado del grupo y desciende bastante, aunque no se pierden de vista. Cuando vamos a alcanzar la vertical de la Portilla por la que habremos de volver a la vertiente occidental, nos reagrupamos los cinco, para lo que Enrique se ve obligado a remontar el desnivel que había descendido. Ya estamos en la escarpada “canal” por la que hemos de acceder as la Portilla de los Cobardes, una brecha “pegada” a la base septentrional del Almanzor, Remontamos la empinada “canal” y vamos pasando por la angosta portilla que da acceso a la vertiente occidental del Almanzor, más inclinada todavía que la oriental; cuando atravesamos la Portilla de los Cobardes, vemos unos escalofriantes barrancos que se precipitan en busca de los anchos horizontes extremeños, que desde aquí ofrecen una visión realmente aérea, pues hay que tener en cuenta que las tierras de La Vera, entre los 500 y 600 metros de altitud, quedan dos mil metros por debajo de nosotros, que nos encontramos prácticamente en la cima del Almanzor. El desnivel con la vertiente septentrional es mucho menor, pues la cuenca del Tormes y los posteriores altiplanos abulenses, tienen altitudes se 1.100 a 1.400 metros.

 
... los tres sentados sobre las grandes piedras que forman la cima de este Pico ...

Bajamos a la “canal” Oeste de la Portilla de los Cobardes y nos vamos a nuestra izquierda, hacia el Sur. En escasos minutos estamos en la misma base occidental del Almanzor y a muy pocos metros –tanto lineales como en desnivel- de su cima; que no la podemos ver de tan próximos y arrimados como estamos de ella; podemos calcular en no más de 15 á 20 metros el desnivel que nos separa de la misma. Frente a nosotros –que estamos sentados en unas piedras de espaldas al Almanzor- levanta su gallarda verticalidad un fantástico monolito de roca oscura que se conoce con el nombre de “El Cuerno del Almanzor”. Después de descansar unos minutos, Ángel ayuda a sus dos veteranos compañeros, Enrique y Julián –que son propicios al vértigo- a remontar esos últimos y escasos metros que restan para pisar la cumbre; les da su fuerte brazo como apoyo físico y su palabra serena para inyectarles sosiego y confianza. En breves minutos estamos los tres sentados sobre las grandes piedras que forman la cima de este Pico, cuyo nombre completo según nos dice Ángel es el de “PICO DE LA PLAZA DEL MORO ALMANZOR”, y cuyos 2.592 metros constituyen el “techo” del Sistema Central de la orografía española (Sierra Nevada y Pirineos sobrepasan largamente esa altitud, e incluso Picos de Europa –tan cercanos al mar- tiene un par de cotas ligeramente por encima del Almanzor). La cima, como decimos, es un amontonamiento de piedras voluminosas entre las que se yergue, casi avergonzado de su pequeñez, el vértice geodésico. Son las 13'45 horas.

 
... el tiempo es estupendo y el día largo, no tenemos ninguna prisa....

Descendemos rápidamente al lugar dónde hemos dejado las mochilas. Aquí pasamos algunos minutos relajándonos y charlando. Ángel nos dice que regresemos al refugio por la Portilla Bermeja, aunque ello nos obligue a dar un largo rodeo; porque si bien descenderíamos más derecha y rápidamente por las angostas Potillas de los Cobardes o del Crampón, las “canales” que desde ellas se descuelgan tienen desniveles francamente broncos. Pero antes de iniciar el descenso, buscamos un lugar más amable que estos descolgados peñascos de la base occidental del Almanzor, con el fin de poder comer tranquilamente. Nos vamos hacia el SE y dejando a nuestra izquierda la Portilla del Crampón, encontramos un yermo apacible, resguardo del Norte, y aquí nos quedamos a comer. Terminamos de comer, descansamos y hablamos de nuevo; porque el tiempo es estupendo y el día largo, no tenemos ninguna prisa. Pero… hemos de regresar, y Ángel, como siempre, se pone a la cabeza del grupo.

 
... Bajamos lentamente, envueltos en la atmósfera tibia de este atardecer agosteño...

Bordeamos la Peña del Esvilrradero para encaminarnos a la Portilla Bermeja. Encontramos primero un alto Collado a través del cual se desciende por una tremenda pedrera de fuerte inclinación. El descenso de esta pedrera lo hacemos escorados hacia el Sur, o sea, a nuestra derecha; vamos divisando la región de la Vera que se dilata en llanuras inabarcables sobre las que se extiende su mancha líquida el Embalse de Rosarito. La Portilla Bermeja constituye una de las ventanas por las que asoma al Sur el Circo de Gredos; contrastando con el color gris azulado matizado de verdín por los líquenes y musgos que caracteriza a esta Sierra, las piedras de la Portilla Bermeja son rojizas: he ahí, sin duda, su nombre. Alcanzamos la portilla en nuestro descenso y nos despedimos del extenso horizonte que desde ella se contempla; la bronca “canal” que desde esta Portilla se descuelga hacia Candelada, deriva en un largo barranco y luego en un valle de varios kilómetros. ¡Adiós a los anchos horizontes! Bajamos ya hacia el Circo, hacia el refugio y la Laguna Grande, por un abrupto barranco. ¡Qué impresionante universo mineral éste de Gredos, con piedras de todas formas y tamaños! Bajamos lentamente, envueltos en la atmósfera tibia de este atardecer agosteño, lleno de sosiego, en el incomparable marco del Circo de Gredos. Según descendemos desde la Portilla Bermeja, el granito nos ofrece sus más bellos ejemplos de vertical desafío: a nuestra izquierda, los grandiosos monolitos del Almanzor y el Esvilrradero, y a nuestra derecha, las afiladas agujas de Los Hermanitos de Gredos.

Son algo más de las seis de la tarde cuándo llegamos al refugio, casi diez horas después de nuestra salida del mismo. El refugio y su entorno bullen de animación, pues la gente regresa de los muchos Picos interesantes y lugares hermosos que tiene este Macizo, y el ambiente lo cruzan comentarios de unos y otros sobre circunstancias y anécdotas de la jornada.

 
... Piedras del Beso, Cerro Triguero, Los Majanillos, Los Alcores, Majada del Roble, Tejemorena,...

Bien merece un párrafo –y se lo vamos a dedicar ahora mismo- la toponimia de esta Sierra de Gredos, con nombres a veces broncos, otras eufónicos y hermosos, pero siempre altamente expresivos. Añadamos a los que ya han aparecido en esta narración, los siguientes: Portilla de los Machos, Cuchillar de las Navajas, Navasomera, Peñón del Casquerazo, Mogota del Cervunal, Los Covachones, Las Chorreras, Majada del Venero, Modorra del Helechar, Majada Cerrada, El Umbrazo, Los Barrerones, El callejón de los Lobos, La Canal Morena, Venero Gordo, Trocha de la Hoya Nevada, Majalejos, Hiruela Cimera, Piedras del Beso, Cerro Triguero, Los Majanillos, Los Alcores, Majada del Roble, Tejemorena, Los Hortígales, Garganta Lóbrega, Barrera de Quiebranarices, Pico del Güetre, La fuente del Cancho, Lanchares, Las Hoyuelas…..

 
... imagínese cuántos kilómetros y qué desniveles no habrá corrido y superado “RUPAL” en su incesante ir y venir.

Antes de terminar este relato, queremos dedicar unas líneas al perro “Rupal”, que nos acompaño durante toda la jornada. El noble y bravo animal –siguiendo siempre a Enrique Vidal- ha multiplicado por varias veces nuestro recorrido, pues no se ha limitado a venir con nosotros sino que ha estado constantemente de un lado para otro, adelantándose y retrocediendo sin parar; sobre todo cuando veía cabras monteses –la ágil y vigorosa “capra hispánica”- salía disparado detrás de ellas tratando inútilmente de alcanzarlas; saltaba por los áspero canchales pero es imposible que un perro pueda dar caza a estas cabras excepcionalmente dotadas para moverse –subiendo, bajando y casi volando- por este tremendo y desnivelado mundo mineral. Consecuentemente, el perro ha regresado al refugio con visibles muestras de agotamiento, por lo que Miguel Ángel Vidal le ha echado una cariñosa regañina. Si nosotros tres hemos recorrido unos 12 kilómetros, salvando un desnivel de más de 600 metros, imagínese cuántos kilómetros y qué desniveles no habrá corrido y superado “RUPAL” en su incesante ir y venir.

Después de pasar dos días en este espléndido Macizo, durmiendo en el refugio del Circo, en la mañana del día 15 Ángel Greciano y Julián Olivera, con sus mochilas a la espalda, van a ponerse en camino hacia la plataforma, pues allí les espera el coche con el que han de regresar a Madrid. Se despiden de Enrique Vidal y de su hijo Miguel Ángel, porque Enrique, como tantas veces, se quedará algunos días en este privilegiado rincón de la geografía española. Los tres conservaremos siempre el recuerdo compartido de estas jornadas en Gredos

Julián OLIVERA MARTIN