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Kárst de el Cerro del Hierro
...© Victor Gutierrez
si deseáis alguna precisión sobre este intinerario podésis contactar con el autor

Kárst de el Cerro el Hierro

Longitud: 5 kmts
Dureza: Baja
Duración: 2 horas

Nuestro recorrido comienza en la bella aldea de El Cerro del Hierro, en el corazón de la Sierra Morena sevillana y en pleno Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla. Antiguo poblado minero -en el que aún hoy habitan unas cuantas familias-, se trata de un testigo casi mudo del esplendoroso pasado minero de toda la comarca serrana. Para llegar, saldremos de la cercana localidad de Constantina por carretera en dirección a San Nicolás del Puerto, la cual dejaremos para tomar un desvio perfectamente señalizado a nuestra derecha por un carril de tierra de buen piso. Unos minutos antes de llegar al desvio habremos tenido la oportunidad de contemplar desde la carretera una primera visión -realmente espectacular- del lugar hacia donde nos dirigimos. En el poblado dejaremos los vehículos y podremos tomar café antes de partir o degustar los afamados productos de cerdo ibérico a nuestro regreso.

Comenzaremos nuestra ruta en dirección a las Casas de los Ingleses, visibles desde el poblado, a unos 500 metros del mismo, siguiendo en paralelo el trazado de la antigua via del tren. Se trata de unas bellísimas construcciones construidas por los británicos que explotaron la mina hasta principios del siglo XX. El entorno está formado por extensos encinares adehesados ricos en matorral noble cuyos agradables efluvios nos acompañaran en esta primera parte del recorrido: jaras, tomillos, romeros, cantuesos, mejoranas, mentas, etc... Una vez allí, cogeremos el carril que nos conducirá cuesta arriba hasta el complejo kárstico. El inicio está flanqueado por una barrera para impedir el tránsito de vehiculos a motor. Tras unos 15 minutos de subida, durante la cual podremos disfrutar de una magnífica vista del entorno, así como de la presencia de quejigos y alcornoques. Primero aparece una pequeña laguna -a nuestra izquierda- que no es más que una gravera que se colmata de agua. Y luego, cuando seguimos caminando, aparece delante de nosotros un enorme socavón (como el cráter de un meteorito caido), que es una antigua corta de la mina abandonada, y que rodearemos por la izquierda, hasta llegar a una estrecha senda que, a modo de garganta, nos conducirá entre cortados de piedra a una pequeña construcción que está siendo ahora mismo rehabilitada.

En este momento el camino se bifurca en dos. Siguiendo el recorrido que yo os propongo, nosotros tomaremos el de la derecha. Si nos fijamos, el interior del complejo está surcado por los restos de las antiguas vias ferroviarias que transportaban el material minero en vagonetas. La vegetación que nos acompaña ahora está compuesta por cornicabras, higueras, durillos, cerezos silvestres... A estas alturas (por cierto, la altitud media de es de unos 700 metros), ya os habreis dado cuenta por qué a este lugar se le llama el Cerro del Hierro: restos de oligisto, limonita, calcita, malaquita, goetita, etc... jalonan a nuestro paso todo el recorrido. Continuaremos nuestro paseo hasta llegar a una nueva bifurcación. En esta ocasión escogeremos la senda de la izquierda, la cual, tras pasar por un pequeño tunel minero, desciende entre espectaculares farallones de piedra, y nos conduce a la que es conocida popularmente en la zona como la Cueva del Ocre. El marco incomparable de esta impresionante cavidad es el propicio para hacer una parada y hablar un poco de las características geológicas del lugar en el que nos encontramos, no sin antes advertir que la geologia no es mi fuerte.
Perteneciente a la Orogenia Hercínica, el Cerro del Hierro es el fruto del modelado erosivo que durante 550 millones de años ha sufrido la piedra caliza por efecto de las lluvias y las heladas. Las calizas de arrecifes formadas por la acumulación de materiales marinos -algas, esponjas y otros organismos durante el Precámbrico sufrieron un proceso de metamorfismo que las transformaron en calizas recristalizadas de aspecto marmóreo. Por aquel entónces, la zona estaba sumergida bajo el Mar de Tethys. Tras el choque de las placas tectónicas que dio origen a la Orogenia Alpina (las sierras béticas), estos materiales emergen y comienzan a verse expuestos a la constante acción de los agentes meteorológicos, así como a rellenarse de mineral de hierro. Las distintas capas calizas, según su resistencia y grosor, erosionaron unas más que otras. Así pues, el modelado kárstico que contemplamos es, básicamente, el resultado de la disolución de la roca caliza por la acción del agua de la lluvia y el anhídrido carbónico. Al unirse ambos elementos con el carbonato cálcico de la roca, produce un resultado que reacciona de variadas maneras, pudiendo llegar a formar las conocidísimas estalactitas y estalagmitas. Lapiaces, dolinas, simas, poljés...hacen de este lugar el paraiso de los amantes de la geologia. Es por ello que el paisaje -aún vivo y cambiante- se nos antoja casi marciano, como un inmenso decorado natural de Hollywood. Es lo que se conoce por la palabra servo-croata “Kárst”, que significa campo de piedras calizas.

Si alzamos la vista, seguramente estén sobrevolándonos en este momento aves tales como la golondrina dáurica, el roquero solitario, el gorrión chillón, el abejaruco, el avión roquero, el buitre leonado y el negro, e incluso la esquiva cigüeña negra, que puntualmente cada año por primavera cría en este privilegiado entorno. Tampoco nos resultará difícil encontrar en terreno blando rastros y huellas de mamíferos como el meloncillo, la gineta o el conejo.

Llegados a este punto, y después de haber repuesto las fuerzas y haber bebido un poco de agua, volveremos por el mismo camino que realizamos a la ida hasta llegar de nuevo al poblado minero, no sin antes habernos maquillado la cara con el óxido terroso que cubre las paredes de esta gran cueva.

© Victor Gutierrez (19-1-2002)


RECOMENDACIONES:
Extremar la precaución en dias lluviosos. El terreno se hace muy resbaladizo y, además, en determinados tramos encontramos desniveles y precipicios de cierta consideración.
Meter en la mochila una linterna si realizamos el sendero al atardecer. El Kárst está plagado de cuevas, túneles creados para el paso de las vagonetas de la mina, simas, pasadizos, etc... que pueden llegar a desorientarnos si se nos hace de noche.
Se pueden realizar en la zona actividades de escalada, que se ven restringidas en la época de cría de las aves.

 

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