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MEDIA MONTAÑA - BARRANCO DE LAS GOTERAS
(CANDELARIA)
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Acceso al cauce, las Galerías al fondo

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MEDIA MONTAÑA - BARRANCO DE LAS GOTERAS (CANDELARIA)

Domingo 18 de enero de 2004, el día amanece claro, hace un poco de frío, pero no es de estas mañanas invernales que suelen ponerse por estos altos de Arafo, es mas bien un día de esos que llamamos aquí "zorros" que no sabes si va a llover o se va a mantener la "Panza de Burro" por debajo de las montañas que rodean el Valle de Güimar. De todas maneras tomo rumbo ascendente por la carretera TF-4133 que tantas veces he circulado, las vistas como siempre son espectaculares del valle a esta hora de la mañana, después de pasar por la entrada al Parque Recreativo de Los Frailes y unos kilómetros mas adelante, aproximadamente en el P.K. 6, justo donde esta la frontera natural entre los municipios de Candelaria y Arafo, en el Barranco de Tapia, hay una montaña de lava llamada Media Montaña que ha sufrido en el pasado no muy lejano las garras del ser humano ya que presenta una gran oquedad fruto de las extracciones de áridos para la construcción, menos mal que hay una valla que rodea todo este lugar ya que es terreno particular. Justo enfrente, al otro lado de la carretera hay un pino centenario y solitario que me da referencia del comienzo de la ruta a seguir. El sendero es evidente y se ve perfectamente marcado desde este lugar, hay un pequeño espacio para dejar el coche, a la derecha veo el Barranco de la Tapia cuyo cauce no es muy profundo y a lo lejos, a la orilla del mar, distingo la Villa de Candelaria.

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Lugar en el que se inicia el camino

Comienzo bajando por el sendero, con cuidado porque hay muchas piedras sueltas y la pendiente es pronunciada, el camino baja en zigzag y es un poco peligroso por riesgos de resbalones, la vegetación aquí se basa sobre todo en jaras (Cistus monspeliensis) y alguna magarza (Argyranthemum frutescens) que florece precisamente en invierno; al otro lado del cauce del barranco hay unos almendros en flor, que dan mucha espectacularidad al entorno. Enseguida llego a una zona ancha, empedrada y perfectamente definida, eso me indica que este fue un camino muy importante para las comunicaciones entre la parte norte y la parte sur de la Isla, ya que, según tengo entendido, el recorrido integral de esta ruta comunicaba Candelaria con La Victoria, pasando por Chivisaya y por los bosques de pinar de la dorsal, a este paso entre las dos vertientes se le llamaba Camino de Aricama. A la izquierda hay una zona dispuesta en bancales donde hay varios castaños y muchos pencones. Sigue la pendiente esta vez menos pronunciada y encuentro una pequeña entrada al cauce del Barranco de la Tapia, vale la pena desviarse y contemplar como crecen unas enormes tabaibas (Euphorbia atropurpurea) al abrigo de las paredes del barranco.

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Horno de cerámica y para secar higos

Después de esta obligada visita al cauce y siguiendo por el camino principal, llego a una zona donde el suelo es pura tosca (piedra de color claro porosa y muy ligera), a la derecha hay unas ruinas de un horno, está casi entero, aunque le faltan bastantes piedras para cubrirlo en su totalidad, se utilizaba especialmente para secar higos o para cocer cerámica, ya que por esta zona hay infinidad de barreros (lugares donde abunda barro para hacer cerámica), justo enfrente y al otro lado del cauce hay una casa un poco cochambrosa con un corral de cabras, las cabras está sueltas y pastan tranquilamente por el barranco, se extrañan un poco de mi presencia pero no les hago caso y cada uno sigue su camino. Un poco mas abajo hay un cruce a la izquierda, este camino corta el canal que baja hacia Las Cuevecitas, por ahí llegaré al Barranco de las Goteras. Sigue el piso de tosca hasta que luego se vuelve terroso, discurre entre algunos pinos, el pinar no es muy denso ya que la zona es árida, aunque las jaras y las magarzas no las he dejado de ver. Después de pasar por otra zona de tosca llego al lugar conocido como El Taro, hay una casa casi en ruinas con un gran árbol y a cierta distancia una especie de silo o cuadra que forma parte de lo que fue alguna industria agrícola o simplemente terrenos particulares de gente adinerada, aunque no hay ningún tipo de vallado que impida el paso; me acerco al granero, es una construcción en forma de media bóveda y con un segundo piso de madera con una escalera también de madera para acceder a él, anexo hay una especie de cuadra amplia cuyo techo esta medio derruido, hago unas cuantas fotos y vuelvo al sendero.

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Argyranthemum frutescens (magarza)

Siguiendo la ruta encuentro otro tramo del sendero empedrado, antes de llegar a un pequeño barranquillo donde hay terrenos dispuestos en bancales con algún castaño, luego una pequeña subida y a mi derecha unas huertas también escalonadas muy limpias y preparadas para algún cultivo, seguramente de papas, muy común por esta zona. El pinar es un poco más denso, aunque sin formar bosque, veo otro horno de cal, este un poco mejor conservado que el anterior, hay varios por esta zona. Encuentro dos casas casi juntas con terrenos vallados de cultivo, seguramente usadas para pasar los fines de semana, hay una pista forestal que viene de Las Hermosas, la ignoro y veo como el sendero se aleja de ella, me adentro en un pinar mas denso, hay castaños y alguna vinagrera (Rumex lunaria) y las jaras no las he dejado de ver. Llego a un cruce, el sendero continúa ascendente dirección norte, hacia la carretera, pero yo sigo hacia el barranco, paso por una zona mas boscosa, hay castaños en terrenos de cultivo, el camino está delimitado entre paredes de piedra, por lo tanto no hay riesgo de perderme, paso por varias depresiones y alguna loma hasta llegar a una especie de atalaya con un gran pino centenario, desde ahí veo la cabecera del barranco, es una gran depresión en el terreno en forma de herradura, justo enfrente distingo la Ladera de Chafa. La entrada es por una cuesta adherida a la gran pared del precipicio hacia el cauce del Barranco, es una vía que se usada para acceder a las galerías de agua que hay en el fondo. Observo varios desprendimientos de grandes piedras que han obstaculizado el paso normal del camino, hace bastante tiempo que se ha caído ya que la vegetación inunda gran parte de estos derrumbes, con precaución paso por ellos, debo tener cuidado ya que hay algunos espacios sin mucha protección y la altura del precipicio es mas que considerable, en algunas partes la vegetación ha tapado el camino, por consiguiente esta bajada es un poco peligrosa y tengo que poner bastante cuidado en realizarla aunque sea corta. En unos minutos llego al cauce del barranco, hay un gran montículo de desechos de la extracción de la galería y un raíl de hierro que lo recorre hasta el final, que viene del interior del túnel, está casi seca, sólo veo un tubo de plástico y oigo como pasa muy poco agua por su interior. En una de las paredes del barranco hay una edificación en ruinas donde está la maquinaria que suministraba aire comprimido a las herramientas de extracción; es muy frecuente ver todas estas edificaciones en los barrancos del Valle, ya que era y aún es, pero en menos medida, muy fértil hidráulicamente hablando.

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Cauce, al fondo la Villa de Candelaria.

Bajando de este montículo, en el cauce natural del barranco, hay una población muy espectacular de tabaibas gigantes (Euphorbia atropurpurea) y desde este lugar parte el cauce hacia Las Hermosas y desde allí pasa a denominarse Barranco del Rincón, terminándose en la Carretera General del Sur. En este lugar se respira bastante tranquilidad, sólo me acompaña algún cernícalo y algunos pájaros que revolotean por las tabaibas. Es impresionante ver como las paredes que rodean esta enorme cuenca están cortadas a pico y son totalmente verticales, a partir de aquí el barranco se desplaza hasta el mar por un mar de vegetación casi impracticable. Estoy un buen rato por aquí, me lo tomo con paciencia, hago unas cuantas fotos del lugar, investigo y curioseo por las ruinas de los cuartos y me asomo a la boca de la galería, está abierta y sin ningún tipo de protección, es peligroso entrar, es bastante profunda y dentro suelen haber gases nocivos, por lo tanto no me arriesgo y me quedo fuera a tomarme el bocadillo. Después de un buen rato no me queda más remedio que regresar por el mismo lugar y senderos que he venido; cuando llego al canal, donde estaba el cruce que iba hacia Candelaria, pienso que este camino histórico se debería recuperar, así como los hornos, señalizándolo y adecuándolo para que todas las personas que pasen por aquí tengan conocimiento de lo trascendental que fueron los caminos de herradura que comunicaban distintos lugares de las Isla. Hacer un proyecto serio de recuperar estos caminos que fueron tan importantes para nuestros abuelos, señalizarlos y darlos a conocer en una guía, creo que será una tarea imposible en esta Isla tan "turística"; sólo me queda el consuelo que todavía están ahí y podemos aún recorrerlos.

© texto,fotografías, e ilustración Francisco Fariña
francisco_farina@yahoo.es

Croquis sin escala
 
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