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Camino Mozárabe
Camino terrizo hacia el Río Guadalbarbo

       
RELATO DE CARMEN ROSA
CAMINO MOZÁRABE A SANTIAGO

ETAPA 3ª:
VILLAHARTA-PUERTO DEL CALATRAVEÑO (18 Km.)


Salimos de Villaharta a las 9.30 h., después de regalarnos un buen desayuno de café con leche y tostadas con aceite de la tierra, mis hermanos Santi y Pepe, y nuestra amiga Ana. Sábado por la mañana, las tiendas estaban abiertas y compramos agua.
La señalización se ve en seguida saliendo del pueblo por la carretera N-502 a Pozoblanco.
Se aprecia que lleva varios años pintada y empieza a deteriorarse, algunas flechas están semiborradas. No hay apenas tráfico en esta carretera. La subida es suave y el tiempo muy agradable. Aunque se presentía, ya, un día caluroso.
Aproximadamente a 1 Km., de la subida, una flecha, en una señal de tráfico, nos indica que tomemos en dirección a la derecha. Lo hicimos por un camino ancho, y resultó un error, que enseguida rectificamos, había que tomar unos metros más abajo,  por un sendero que evita una curva de la carretera y cruza el arroyo de las Serranas para volver a salir a ella pocos metros más arriba.

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Jaras

El día radiante hacía que las flores brillaran con la luz temprana. Todo el campo olía a mejoranas y tomillos. Las encinas derrochaban salud por estos lugares. Las jaras reventaban de color por todas partes. La estación empezaba, ya,  a mostrar su plenitud. Apenas se sentía la sequía de este año. Zumbaban cantidad de insectos, que volaban atareados, atolondrados y… apareados.
Más adelante, a medio Km., aproximadamente, desde el arroyo de las Serranas, salimos del asfalto por un camino a la izquierda que tiene una señal indicativa del GR 40, Cañada Real Soriana.
Esta etapa queda muy bien descrita en la página de la Asociación de A. del Camino de Santiago de Córdoba. De ella nos fuimos guiando y resultó de gran ayuda. (www.caminomozarabe.es).
Este relato pretende actualizar o añadir, si cabe, alguna información más reciente que pueda ayudar al caminante.
En dicha página se describe de este camino lo siguiente:

“Ahora, por un cómodo camino terrizo, entre matorral mediterráneo, encinas y cultivo de olivar, comienza un suave descenso hacia el Río Guadalbarbo, al que se llega tras algo más de 5 Km. desde el desvío.”

Por lo que pudimos ver nosotros, en general, hay pocas flechas, pero sí están las necesarias en las bifurcaciones importantes. A veces salen caminos y te preguntas por donde seguir, pues no hay señal alguna. En estos casos, optamos por seguir el camino ancho que llevamos y que desciende. No hubo pérdida. Pasamos el cortijo de los Narváez con sus perros amigables y continuamos el descenso hacia el río Guadalbarbo. El camino es muy hermoso en esta zona. Bosque de encinas, jaras, cantuesos, retamas, romeros…, y amapolas en las solanas.
Finalmente, llegamos al Guadalbarbo. Aunque muy escaso de caudal por la sequía, su belleza nos dejó encantados. Ya que sus aguas se cubren de unas florecillas blancas que hacen un manto perfecto sobre su lecho.
Pasado el río, la subida se vuelve algo penosa por el calor, que empieza a notarse ya con cierta intensidad. Estamos a 30 de abril, pero Córdoba saca sus cálidas sonrisas de mayo, que predicen los no muy lejanos días de intenso calor estival. Todos coincidimos en lo mismo: pocos días frescos quedan aquí para caminar, las siguientes etapas habrá que hacerlas en otoño. El calor de Córdoba es muy de respetar. Se aconseja, por esto mismo, llevar agua de sobra.

Pasamos el cortijo El Paguillo y comenzamos un corto descenso. Ahora vemos también madreselva y gayumba. Predominando las jaras blancas y la “de los clavos de Cristo”(la manchada). Hay adelfas, en un regatillo que nos atraviesa el camino. Y una variedad de pinchosa que recuerda a la aulaga. Hay también, de esas que llaman “varas de San José”. Consulto a mi amigo Manuel Benítez Azuaya, gran biólogo, ducho en flora y fauna de Andalucía y me reafirma lo dicho.
A unos 2 Km., después de haber cruzado el Guadalbarbo, tomamos una pista ancha que andaremos durante unos 4.5 Km.
El calor empieza a molestar bastante, bebemos mucha agua para soportarlo, alivia bastante el aire fresco que sopla en lugares más elevados.
El camino ancho pasa sobre el arroyo del Lorito, que está estancado y casi muerto este año de sequía extrema.
Poco más adelante, dejamos el camino y tomamos por otro que sale a nuestra derecha, indicando una señal de madera: Pozoblanco, ocho horas, por el GR 40. Lo que contradice lo descrito en la página de la Asociación:

“Llegado el momento, tras cruzar por un pequeño puente el Arroyo del Lorito, habrá que tener cuidado en abandonar la pista, desviándonos a la derecha por un camino entre olivos, el cual no se halla al principio claramente marcado, y con el citado arroyo a nuestra derecha.”

Sí está bien indicado.

Comenzamos, ahora, el último tramo de nuestra etapa, la subida al Puerto Calatraveño. Siguiendo el camino, llega un momento en que este se vuelve menos evidente y en medio de un olivar hay una encrucijada. Y ninguna flecha. Tomamos el de la izquierda por ser más ancho y acertamos. Sale, enseguida, a una pista de suelo grisáceo, que sube en fuerte pendiente hacia el ventorro El Cachorro, finca privada donde los perros ladran muy agresivos hasta que los asustas y salen corriendo acobardados, siempre detrás de su alambrada.

Continuamos con la señalización, sin problemas, y durante más de 1 Km., completamos la subida al Puerto del Calatraveño.
Una vez arriba, encontramos una encrucijada y otra señal del GR 40. En ella hay una flecha amarilla casi borrada. El camino continúa hacia el frente. Nosotros seguimos por el de la izquierda que nos lleva directamente a la carretera N-502, donde está la famosa escultura de Aurelio Teno, en cuya explanada, habíamos dejado el coche por la mañana temprano. Finalizábamos aquí una etapa corta y calurosa pero muy interesante por su gran belleza.
El peregrino que quiera pernoctar deberá seguir hasta Alcaracejos, durante 20 Km. más, ya que no hay albergue ni servicios en esta zona.

Próxima etapa: Puerto del Calatraveño-Alcaracejos (20 Km.)