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EL CAÑÓN DE CARACENA Y LA ENCINA DE VALDERROMÁN

 

Arriba la encina de Valderromán

A la izquierda cortados del cañón de Caracena

EL CAÑÓN DE CARACENA
Y LA ENCINA DE VALDERROMÁN

Fichero comprimido con track y wapoints >>
Perfil del recorrido en Power Point >>

Esta antojadiza primavera, que de lunes a viernes es soleada y al llegar el sábado se cubre de nubes y lluvia, nos ha hecho retrasar esta ruta tres semanas. Hoy por fin con un día espléndido hemos llegado hasta la provincia de Soria para recorrer el Cañón del Río Caracena y luego a buscar y encontrar, si es posible, uno de los monumentos vegetales de Castilla y de España: la Encina de Valderromán, que nos caía por allí cerca. Esta zona la que forman el norte de Guadalajara, el sur de Soria y también una parte de Segovia, es una de las más abandonadas y deprimidas de España. Una densidad de menos de 1 habitante por km 2 es bien significativa. Pueblos semiabandonados o abandonados del todo, con una edad media muy alta, que a veces acongojan un poco.

El bellísimo Cañón de Caracena se abre paso entre altos cortados de piedra caliza de cambiantes colores que van desde el rojo al negro, pasando por el ocre y el azul. Pasear por él es una delicia no sólo para la vista, también para el olfato, ya que en todo el recorrido nos sentiremos embriagados por aromáticos olores a tomillo y lavanda. El silencio y la soledad son infinitos y es bastante extraño encontrarse con alguna persona en esta parte del recorrido, marcado como el GR 86 y denominado Sendero Ibérico Soriano, cuyas marcas rojas y blancas nos llevarán hasta Caracena. Marcas, por cierto, escasas y borrosas siguiendo una de las rutas más espectaculares de la provincia de Soria; en la Sierra de la Pela, por su sencillez, paisaje y entorno.

La travesía por el Cañón se nos antojaba bastante corta y decidimos ampliarla en busca de un objetivo del que habíamos leído algo, “la Encina de Valderromán”. Buscar una encina en un bosque repleto de ellas pensamos que no iba a ser tarea fácil, pero si era tan especial algo la iba a diferenciar de las demás. Por lo que sabíamos tiene entre 800 y 900 años convirtiéndose en una de las encinas más antiguas de España y según parece la más antigua de Castilla. Así pues, ya teníamos definida la ruta, ahora sólo quedaba disfrutarla.

 
 
Ahisa atisvando el camino

Iniciamos el recorrido en el pueblo de Tarancueña; 1135m, dejando uno de los coches al inicio de una pista que hay a la salida del pueblo (si se viene de Ayllón), muy cerca del frontón. La pista por la que vamos deja a la derecha las edificaciones de una granja y a nuestra izquierda hay arbolado y zona de sembrado. El inicio del cañón es más bien un valle fértil regado por el río Caracena o Adante como también se le denomina. Se alcanza una bifurcación, nosotros seguimos de frente cruzando un puente con barandillas metálicas de color verde. La pista se empieza a estrechar justo en el punto donde hay un colmenar que queda a la derecha de la misma. Poco a poco el cañón se hace más evidente y pasa junto a restos de antiguas construcciones. Se llega a un punto donde el camino se separa del río y gira hacia nuestra derecha para acercarnos a unos cortantes rocosos y, tras un nuevo giro ahora hacia la izquierda, alcanzamos los restos de construcciones (alguna parece recuperada) de los antiguos Molinos; 1095m (33 min. desde el inicio de la ruta).

A partir de este punto termina la pista y se convierte en un muy bien definido senderillo que se interna en el cañón acercándonos cada vez más a la orilla del regato y a cada paso nos vamos sintiendo más encajonados dentro de él. Todo el recorrido se ve salpicado de un contraste de colores que forman la roca y la vegetación; está última formada por amarillentos “cambrones”, eneas, carrizos y todo tipo de vegetación de rivera.

 
 
Poza en el río Caracena
 
 
Zona de los Tolmos
 
 
Puente de roca

Rió y cañón realizan un meandro ligeramente hacia el norte y un poco más adelante debemos vadear el río por primera vez, utilizando una serie de piedras colocadas para facilitar al paso a la otra orilla. El Caracena queda pues ahora a nuestra derecha y el sedero por el que vamos se va abriendo paso entre la vegetación y las rocas. Se alcanza un punto donde se realiza un nuevo meandro ahora hacia la izquierda, dando una nueva estampa al recorrido donde sobresale allá en lo alto, a nuestra izquierda, un enorme risco con unas peculiares oquedades.

Tras un pequeño y suave descenso nos acercamos nuevamente al río para cruzarlo de nuevo y dejarlo otra vez a nuestra izquierda, donde vemos una serie de pozas que invitan al baño. El terreno se va haciendo cada vez más abrupto y, tras superar un tramo de escalones rocosos, alcanzamos una escotadura desde la que se puede contemplar quizás, el paraje más sorprendente del recorrido, conocido como Los Tolmos; 1065m (31min. desde Los Molinos). Los “tolmos” son enormes riscos de piedra caliza que se elevan de forma majestuosa e invariable en el tiempo; hay que dedicar un buen espacio de tiempo para disfrutar con toda intensidad este momento. En este lugar se han encontrado restos arqueológicos de la Edad de Bronce y hay constancia de que hubo casas de ramaje y adobe.

Desde el mismo collado se puede bajar a la zona central sin mayores problemas, pero preferimos atender las señales del GR que siguen el curso del río, bordeando el tolmo que tenemos a nuestro lado, para enseguida y tras superar una zona de rocas donde debemos de ayudarnos un poquito con las manos, encontrarnos con un fabuloso puente de roca por el que nos introducimos para salir de nuevo al laberinto calcáreo. El camino se junta aquí con el río y nos vemos obligados a alcanzar la misma orilla y muy pegados a la pared, pasando por encima de una serie de piedras dispuestas para tal uso. Tras una breve trepadita y una suave bajada nos situamos en la que para mi es la zona más bella de todo el itinerario.

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Iglesia de Caracena
 
 

En Caracena, pueblo con menos de una docena de habitantes, uno tiene la sensación de que se paró el tiempo hace muchos años. En la pequeña plaza del pueblo destaca una columna de piedra, es un “rollo” usado hasta el siglo XVIII como lugar de azote y ajusticiamiento. Destacan por su belleza dos iglesias del siglo XII; en la parte baja del pueblo se encuentra la Iglesia de Santa María muy bien conservada y con dos entradas, en la principal destaca un arco de media herradura con inicios mozárabes. A su lado se encuentra un fortín medio derruido, cuenta con de dos alturas; la de abajo para animales y la de arriba para defensa.

Si continuamos por la “calle principal” hacia la parte más elevada del pueblo llegamos a la Iglesia de San Pedro, que ha sido objeto de algunas modificaciones. Inicialmente fue un templo de nave única y ábside semicircular, hoy en día se ha reducido el tamaño de la galería de los “siete arcos”, donde destaca el de la puerta principal por su efecto de torsión. Cada capitel tiene su propia simbología, así la resurrección se representa con el Sepulcro, el pecado se representa por un animal mordido por un dragón de siete cabezas que personifica al demonio y la lucha de los caballeros con sus escuderos alude al orden del universo.

La fortaleza tuvo un papel relevante en los enfrentamientos entre los Reyes Católicos y Juan de Tovar que era el señor de la villa durante el siglo XV. El castillo está formado por dos recintos, el bloque principal es una planta trapezoidal que albergaría diferentes estancias, el patio de armas y el aljibe. Sus esquinas se rematan con cubas cilíndricas mientras que la puerta está flanqueada por torres cuadradas donde el elemento más destacado es la Torre del Homenaje. Adaptada a su perímetro se construyó una muralla exterior en la que se disponen de once torres circulares y huecas preparadas específicamente para la artillería. La defensa se completaba con una barbacana o estructura externa donde se sitúa el acceso a todo el conjunto y un foso artificial.

 
 
 
Castillo de Caracena
 
 
Se tiene en proyecto hacer una carretera que una Valderromán con Caracena. Si no progresan las alegaciones que se han presentado por impacto ambiental es muy posible que en años venideros tengamos que buscar una alternativa a este recorrido que hoy estamos proponiendo. La alternativa más lógica y posiblemente más bella sería por el Barranco de las Gargantas, aunque a día de hoy no tenemos información de si esta depresión es transitable, habrá que investigar.
 

Seguimos avanzando por el cañón y se empiezan a vislumbrar, dispersadas en las zonas altas, antiguas cabañas con recintos para ganado. Poco a poco va apareciendo más vegetación y el arbolado ya cubre parte del recorrido. Presentimos que ya estamos cerca de nuestro primer objetivo. ¡Estamos en lo cierto! . Súbitamente aparece por encima de las paredes del Cañón la Iglesia de San Pedro, una de las dos románicas que tiene Caracena. Mi amigo Francisco hace un comentario que yo suscribo: “ No sé porqué exactamente, pero la visión repentina del templo tardaré en olvidarla”.

Cuando la iglesia queda a nuestra altura y a nuestra derecha hay una construcción de piedra, abandonamos el cañón vadeando por última vez el río. Continuamos por un angosto desfiladero por el que enseguida vemos las primeras construcciones del pueblo. Superamos una corta pero empinada cuesta, para enseguida salir muy cerca de la plaza de Caracena; 1090m (23 min. desde Los Tolmos; 1h 27 min. de andar desde que iniciamos la ruta).

Desde la misma iglesia nuestro itinerario sigue hacia el Suroeste ascendiendo suavemente por un ancho camino que nos lleva primero a unas edificaciones que parecen pertenecientes a un antiguo fortín. La loma por la que vamos separa dos barrancos; a nuestra izquierda queda el Barranco de los Pilones y a la derecha el Barranco de las Gargantas (a éste último nos referiremos unos párrafos más adelante). Casi sin darnos cuenta y al rebasar el cambio de rasante, la estampa que se nos ofrece del Castillo de Caracena es bellísima y nos impresiona también su imagen de melancolía de lo que fue en su día

Dedicamos algún tiempo para inspeccionar el castillo y seguidamente continuamos con nuestro recorrido. Descendemos unos metros para volver a ganar altura de forma bastante suave siguiendo el trazado que nos marca el camino carretero por el que vamos. Tras ganar una pequeña cota, el camino se torna más llano y el terreno por el que avanzamos es bastante árido, sin mayor aliciente, salvo el nada despreciable de contemplar al frente, el Macizo de Ayllón y sus nieves, y a nuestras espaldas el Moncayo. Eso es lo que tiene esta olvidada tierra de transición.

Empezamos a ver cercados de piedra y algunas encinas mezcladas con sabinas, también aparecen algunas zonas aisladas de sembrado. Se llega a un punto donde el camino realiza un par de curvas para salvar una vaguada. Tras pasar una bifurcación que queda a nuestra izquierda, seguida de otra que queda a la derecha, continuamos de frente hasta llegar al lugar donde la pista inicia el descenso hacia Valderromán. Justo aquí, a la derecha (nordeste), sale otro camino bastante ancho que es por el que seguiremos y que le hemos denominado Camino de la Carrasca; 1241m (53 min. desde Caracena).

El camino es en ligero ascenso, pero sólo por un breve tramo. Pasamos junto a una granja conocida como Las Tainas de la Carrasca. A partir de aquí se empiezan a ver buenos ejemplares de encinas y se empieza a formar un frondoso bosque mixto de encinas y sabinas. Continuamos por la pista durante unos 750 metros más, pasada la granja, para llegar a una bifurcación en forma de “V”. Si elegimos la opción que queda a nuestra derecha nos daremos de sopetón con una impresionante ejemplar que destaca entre las demás por su belleza la Encina de Valderromán; 1225m (15 min. desde que tomamos el Camino de la Carrasca). Este gigante vegetal que, como puse en la introducción, tiene más de 800 años, es una de las encinas (por aquí les llaman carrascas) más viejas de España, también la más vieja de Castilla. Llevábamos una cinta de medir, la medimos a un metro del suelo, como mandan los cánones, y nos resultaron 5,20 metros de perímetro. En el cénit del día, 300 m2 de sombra. Una envergadura de copa de unos 20 mts…. Y una presencia magnífica. Bellísimo árbol, que no tiene señalización alguna (salvo un hito de piedras) y suponemos, ningún tipo de protección especial. Ninguna de las fotografías que hemos realizado hace justicia a tan espléndido ejemplar, así que mi mejor recomendación es verla al natural.

Volvemos por el mismo itinerario hasta el punto donde tomamos el Camino de la Carrasca. Una vez alcanzada nuevamente la pista principal la seguimos a nuestra derecha descendiendo suavemente hacia el valle. Después de realizar un giro a la derecha salimos a la carretera de asfalto que, en pocos metros, nos lleva sin mayores dilaciones hasta el tranquilo pueblo de Valderromán; 1195m (25 min desde la encina; 3h 01 min.

Los tiempos indicados en esta descripción son netos de andar, a ellos habrá que sumar los que se gasten en descansar, hacer fotografías, comer o simplemente descubrir cada rincón. A modo indicativo para realizar esta ruta de casi de 15 Km. de distancia, con un desnivel positivo acumulado de 280 m y 220 negativos, se requiere entre 5h. y 5h 30 min. desde el inicio de la marcha para realizar el recorrido sin agobios . Hemos dispuesto también de dos coches, uno en Caracena y otro en Valderromán.

© Guillermo Amores