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Ruta del avellanar, en San Pablo de los Montes (Toledo)
 
 
San Pablo de los Montes
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Situación: San Pablo de los Montes (Toledo).+39.33N 4.18O.Duración: Excursión que se realiza en una jornada, empleando aprox. 2.5 h.
Longitud:
10 Km. aprox.
Dificultad
: A pie, moderada debido a la longitud y las cuestas.

 

    • El recorrido ofrece vistas panorámicas de la raña, y de las alineaciones montañosas de los Montes de Toledo.
    • Apreciar las diferencias entre solana y umbría en los montes.
    • Observar la rica flora y fauna del bosque mediterráneo
 
    • El recorrido se realiza íntegramente por un camino rural asfaltado.
    • Es recomendable llevar equipo de montaña, incluidos unos prismáticos y una cámara fotográfica.
    • Posibilidad de realizar acampada libre.

Lo primero que debe llamar nuestra atención al llegar en dirección sur a San Pablo de los Montes, es el impresionante fondo verde que forman los Montes de Toledo. Antes de alcanzar nuestro destino observamos como la sequedad característica de la submeseta sur, es el elemento predominante en el paisaje. La mayor parte de la franja meridional de la provincia de Toledo, forma grandes extensiones donde predominan en el paisaje encinares, olivos y viñedos entre campos cerealistas, además de la abundancia de caza menor. En contraste, cuando llegamos a San Pablo aparece un cambio brusco en el paisaje, ese que forman los Montes de Toledo.

San Pablo de los Montes así como otros pueblos de la zona de los montes, es un típico pueblo serrano con 2.100 h, enclavado a 927 m. sobre el nivel del mar en las faldas de La Morra (1366 m.), con abundante vegetación y numerosos arroyos. Tiene un urbanismo adaptado al terreno, de calles empinadas y traza irregular, el cual todavía conserva el aspecto y la personalidad propia de tantos pueblos serranos distribuidos a lo largo y ancho de toda la geografía española. De las canteras de San Pablo salió el mármol con el que se recubre el panteón de El Escorial. Se conservan restos de un antiguo convento de Agustinos. Abundantes huertas de explotaciones familiares, conviven con lujosas villas residenciales, en un pueblo que es eminentemente ganadero y que posee algo de industria, además de ser un lugar preferente de caza mayor, dispone de baños medicinales y es centro veraniego reconocido de la provincia de Toledo.

Empezaremos nuestro recorrido en la plaza mayor del pueblo, centro de reunión tradicional de tantos pueblos castellanos, en la que sobresale la iglesia del Stmo.Cristo de la Veracruz. En el centro de la plaza tendremos la oportunidad de llenar nuestras cantimploras en una fuente, y que a buen seguro han de ser unas bondadosas compañeras en nuestra jornada. En el campanario de la iglesia observamos la ida y venida de las cigüeñas blancas. Ya en pocos minutos dejamos atrás las últimas casas del pueblo y nos adentramos en dirección E ya en plena naturaleza. En el inicio del "camino del Avellanar" podremos observar ya delante de nosotros las elevaciones montañosas de San Pablo. Los Montes de Toledo están formados por masas graníticas recubiertas de mantos terciarios y diluviales, donde predomina la estructura tabular, con lo que resulta un sistema de fallas que ha dividido la cordillera en un conjunto de pequeñas sierras. Los minerales más abundantes en la zona son las cuarcitas, las pizarras y las calizas.

El verano es predominantemente cálido en la zona centro de la península con temperaturas diurnas que alcanzan los 37C. Esta zona de los Montes de Toledo disfruta de temperaturas más templadas debido más que a la altitud a las corrientes de aire que soplan del NO y que discurren entre valles y laderas. Las zonas de umbría son especialmente frescas, enriquecidas con abundante vegetación donde las cada vez más mermadas alamedas forman hileras de verde intenso junto a los bosques de robles. Si visitamos la zona durante el otoño tendremos la oportunidad de divisar una inmensa gama de ocres y amarillos que ofrece el bosque caducifolio mediterráneo, formando una estampa de colores inolvidable. En el invierno que es bastante lluvioso, al rigor propio del frío serrano con temperaturas mínimas de 5C, hay que mencionar como agente atmosférico habitual a la niebla que permanece a veces días enteros pegada persistentemente en las cimas montañosas. Pero es sin duda la primavera la época idónea para visitar la zona, ya que la explosión de color propia de la estación, ofrece una oportunidad inmejorable para disfrutar de la riqueza de la flora y fauna que se encuentran en la época de máximo esplendor.

 
,,,Fauna y Flora
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Entre la fauna tres especies predominan en esta zona de los Montes de Toledo:

  • El Águila Imperial (Aquila adalberti) que se encuentra en sierras y llanuras arboladas en ambientes tranquilos y aislados, siendo esta zona de los montes un lugar privilegiado para su observación, ya que su distribución se reduce al cuadrante suroccidental de la península y está en peligro de extinción.

  • El Corzo (Capreolus capreolus) animal muy tímido que al menor atisbo de peligro emprende una veloz carrera. Cuando corre por el bosque destacan sus nalgas blancas y el interior de las patas de color claro que lo identifican desde lejos.

  • El Jabalí (Sus scrofa) se alimenta de tubérculos, bellotas, pequeños roedores, lagartos, etc., y no hace ascos a pequeñas carroñas que encuentre en su deambular, mientras levanta piedras con el hocico en busca de pequeños animales o escorpiones. A los pequeños se les llama rayones por su listado pardo y amarillo.

Entre las especies vegetales predominantes caben destacar:

  • Alcornoque (Quercus suber) cuya distribución de esta especie en el mundo se reduce a la Península Ibérica y al Mediterráneo occidental, es un árbol que tiene valor industrial para la obtención del corcho.
  • Jara común (Cistus ladanifer) una de las especies más comunes en los montes españoles, siempre se encuentra en situaciones soleadas y produce una resina llamada ládano, muy utilizada en perfumería como fijador de las esencias; también tiene aplicaciones medicinales.

  • Roble melojo (Quercus pyrenaica) que en España es una especie que constituye primordialmente formaciones de bosques clímax en los ambientes mesófilos. Es un árbol de hoja caduca que no se desprende de las secas hasta estar muy próximo el rebrote de las nuevas. Es muy frecuente que tenga unas agallas producidas por insectos. También se le conoce con el nombre de rebollo.
   
   

A los 15 min. de aproximadamente haber iniciado nuestra ruta acometemos la primera (y casi la única) gran cuesta del día. Las arboledas de quejigos abundan en el inicio de nuestro camino, prestando una fronda peculiar a los terrenos a un lado y otro del camino. Aparecen cruzando muy rápido delante de nosotros, conejos y liebres que se mueven entre las retamas. A nuestra izquierda podremos observar una inmejorable panorámica de una buena parte del sector suroccidental de la provincia de Toledo. En primer plano observamos una gran penillanura de encinas denominada "La Sisla", en la cual podemos ver a primera vista pueblos como Ventas con Peña Aguilera, Menasalbas, Gálvez, Cuerva tan sólo por nombrar algunos de ellos. Tendremos la oportunidad si permanecemos atentos de encontrar cerca, entre la vegetación o encaramado en alguna pared, algún ejemplar de gato montés al acecho probablemente de una salamandra, que abundan en los regueros. Mirando hacia el norte también se puede observar a simple vista accidentes orográficos reseñables como por ejemplo el Pico de Noez (1035m.) y el Vértice Layos (1084m.). Si observamos más a nuestra izquierda podremos ver como se destacan los montes en dirección sureste-noroeste con elevaciones por encima de los 1000 m, entre todas ellas destaca la de mayor altura que es el Corral de los Cantos ( 1421m.) quedando Navahermosa al final de estas alineaciones, con su "castillo de Dos Hermanas", el cual será necesario utilizar unos prismáticos para distinguirlo. Nuestro campo de visión es tan amplio que incluso en días con buena visibilidad podremos apreciar a simple vista o con la ayuda de unos prismáticos, las cumbres del sistema Central, a 95 Km hacia el NO, que forman un imponente castillo roquero en el centro de la Península Ibérica.

Una vez que coronamos la primera cuesta de la jornada, nuestra dirección de marcha se enfila en sentido SE. Súbitamente un búho real sale de su morada en alguna encina o roble, y de repente con un estruendoso batir de las alas inicia el vuelo quizás sorprendido de nuestra llegada, sobrevolando el colorido tapiz que forma el abundante cantueso. Ya se hace notable el ascenso realizado, divisamos la vista del paisaje que queda a la lontananza, que aparece de nuevo con un amplio campo de visión a nuestra izquierda.. Aparece un zorro con su pelaje rojizo y en este ejemplar nos damos cuenta de la existencia de una gran mancha de sangre en el lomo producida por una herida, que con toda probabilidad haya sido causada por una pelea con otro zorro para conseguir a la hembra. Podemos observar de frente como ya a lo lejos se pierde el contorno de nuestro camino rural, entre masas de árboles donde el enebro se mezcla entre robles y alcornoques, camino que nos va conducir al núcleo de las sierras que rodean a San Pablo por el sureste. La existencia del ganado vacuno se hace ahora bastante notoria, ya que en este lugar existen buenos pastos, al lado de los fresnos que crecen junto a las corrientes de agua.. También nos puede sorprender de vez en cuando algún rebaño de cabras, antaño medio de vida tradicional en la economía de estos pueblos serranos. Si nos entretenemos a conversar con algún pastor, nos dará a buen seguro habida cuenta sobre los cambios de tiempo, así como si mostramos nuestro interés nos hará una buena descripción del terreno así como sabios consejos a la hora de observar plantas o animales. A lo largo de casi 3 Km vamos a poder observar como por el E, destaca la sierra de los Yébenes con el Amor (1380m.), el cual se pierde al fondo de nuestra vista, ofreciéndonos desde nuestro ángulo de visión tanto las laderas norte y sur, formando un paisaje realmente pintoresco. Si visitamos la zona a finales del verano podremos también recoger las deliciosas zarzamoras, muy abundantes en la zona.

Impresiona tener a la vista a unas águilas imperiales en vuelo pausado y poderoso, ave reina del cielo peninsular que como sabemos es desgraciadamente cada vez más difícil de encontrar, y que por estos parajes aún se pueden observar magníficos ejemplares. Nos aproximarnos al lugar conocido como "El Lanchar" que se encuentra justo a la mitad de nuestro recorrido en el núcleo de la zona más montañosa al E de San Pablo. Rodeados de picos destaca por su altura "Peñafiel (1416 m)", que se encuentra hacia saliente. Proliferan por aquí los pinos, entre cuya espesura si somos pacientes podremos ver a las ardillas corriendo y saltando a toda velocidad, o posadas secretamente en alguna rama. "El Lanchar" se trata de un collado que señala la divisoria de aguas de las vertientes de dos grandes cuencas hidrográficas peninsulares; la vertiente del Tajo al N y la del Guadiana al S. Se produce un cambio de plano en el paisaje que alcanza nuestra vista, ahora se extiende ante nosotros a una decena de kilómetros las llanuras que forman las rañas que rodean al parque nacional de Cabañeros ya en la provincia de Ciudad Real. Es un buen lugar para hacer un descanso en nuestro camino, realizar acampada libre, reponer fuerzas con nuestras provisiones, y respirar a pulmón libre en las corrientes de aire que circulan a nuestro alrrededor, provenientes del desfiladero que tenemos a nuestros pies. Nos rodean masas de batolitos graníticos, que diseminados aquí y allá, forman grandes canchos de figuras caprichosas y fabulosas.

Debemos tener cuidado con las numerosas víboras que comparten alojamiento con culebras comunes. Si visitamos el lugar en un día nuboso podremos observar, como aquí las nubes, empujadas por el viento, flotan más aprisa y cerca de nosotros que cuando permanecen en su seno azul. Además es un lugar ideal para observar el cielo por la noche, podremos observar a simple vista hasta las estrellas de menor magnitud, planetas, nebulosas y galaxias, incluso las estelas de los meteoritos que cruzan vertiginosamente la bóveda celeste.

Retomamos pues una vez recuperadas las energías nuestro camino. Desde aquí hasta el final en el Avellanar, sin apartarnos de nuestro camino rural, todo el recorrido es cuesta abajo. Nos adentramos en el desfiladero entre masas abundantes de robles melojos. También hay brezo, que se encuentra fundamentalmente sobre suelos degradados, silíceos y soleados. Es interesante observar como en las laderas es muy manifiesto el fenómeno denominado canchales o derrubios de ladera, ya que se observan desde lejos abundantes claros pedregosos entre las arboledas. Aunque de costumbres nocturnas y de mal carácter, podremos capturar para nuestra mirada a la jineta, una de las alimañas de la fauna hispánica más ágil y hermosa. Apenas unos minutos de iniciar el descenso, sobresale justo de frente a nosotros la imponente figura de "El Cerillón (1366m)". Desde este lado del valle la perspectiva que nos ofrece este singular pico, es verdaderamente imponente con su ladera cónica y aspecto de gigante.

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Ya se escucha el rumor cada vez más cercano de los arroyos que deslizándose por las laderas empiezan a buscar la llanura paralelamente a nuestro camino. La vegetación herbácea se hace cada vez más abundante, así como más numerosos los miembros de las especies que merodean los niveles del sotobosque, como por ejemplo; el ratón de campo, la musaraña, el lagarto, la salamandra, el chochín, el jilguero, el petirrojo, etc. Además si visitamos la zona en el otoño nos sorprenderán allá en las laderas perdidos entre la espesura del bosque las berreas de los ciervos que en esta época se hallan en fase de celo. Los ciervos son animales muy grandes que miden de cabeza a cola aproximadamente 210 cms. y 220 Kg. Es por tanto el rumiante más grande que habita en nuestros bosques. Los cuernos pueden tener hasta 20 puntas en los animales más viejos. En el mes de febrero mudan los cuernos y se retiran al interior del bosque. En todo tiempo las hembras se reúnen con sus crías; los jóvenes en grupos distintos y siempre aparte de los machos más viejos.

El discurrir de los arroyos nos proporciona numerosos lugares donde podemos descubrir los prolíficos manantiales, que además de mostrarnos el maravilloso nacimiento del agua de las entrañas de la tierra, nos sirve en tiempo caluroso para refrescarnos y calmar nuestra sed. Aquí y allá encontramos desperdigadas unas matas de mejorana con su olor característico, y el torvisco que salpica los montes, bosques, ribazos y campos de todo nuestro país en las zonas bajas y montañosas. Las cortezas del torvisco contienen una resina muy activa y picante que actúa como purgante tan enérgico que se desaconseja su uso.

Si tenemos el privilegio de poder avistar a un lince, ya que existen muy pocos ejemplares, a pesar que en España es uno de los pocos países donde todavía vive en estado salvaje. Esta especie es una auténtica reliquia, se caracteriza por su figura bella y grácil que se debe a sus patas largas y cuerpo estrecho con un vientre casi cóncavo, su piel es bella y suave con pequeñas manchas negras por todo el cuerpo.

Unas casas muy antiguas ya derruidas aparecen un poco más abajo en nuestro camino. A pesar del tiempo que hace que deben de estar abandonadas, nos dan una idea de lo rústica que por entonces debía de ser la vida por estos lugares. La soledad domina este paraje y parece como si las ruinas de estas casas quisiesen hablar a los pocos viajeros a los que presencia, para contarnos sus historias sobre las tropelías de "los golfines" bandidos que tenían aterrorizada a la comarca durante los cuatro o cinco siglos anteriores al nuestro. Los bandidos sirviéndose de la singularidad de este paisaje agreste que les servía de perfecto escondite y el cual conocían a la perfección, les daba la oportunidad de cometer de una manera dramáticamente impune toda clase de asaltos, robos, secuestros y asesinatos sobre los habitantes de la zona y los transeúntes.

Los fresnos de imponente altura que se encuentran ya en la zona baja del desfiladero bordeando los remansos de agua, nos anuncian la inminente llegada al llano, así como la cercanía al Avellanar. Van apareciendo algunas huertas, de varios cultivos, que son cuidadas con mucho esmero por sus dueños. No debemos tampoco olvidar mencionar la producción de la miel, que tiene en esta zona de los montes un lugar idóneo para su elaboración, con abundantes colmenas de las cuales se sustrae deliciosa y nutritiva miel de las abejas, oro líquido maravillosa creación de estos prolíficos insectos. Observamos ahora el descenso del arroyo que viéramos retozar desde más arriba, y que ahora se empieza a remansar en el llano formando pequeñas charcas. El croar de las ranas y la presencia de abundantes insectos, no avisan ya desde mucho antes de la presencia de estos pequeños biotopos acuáticos. Por esta zona justo al lado de la carretera existe una fuente construida de mampostería donde se puede beber cómodamente y llenar nuestras exhaustas cantimploras. También se encuentran por aquí bellos ejemplares de acebos. Este arbusto forma parte del cortejo natural que, como sotobosque, acompaña a robles, hayas y encinas en sus manifestaciones de óptimo natural. Si visitamos la zona en verano podremos recoger unas muestras del abundante poleo que existe cerca de las orillas del arroyo, planta que se toma en infusión y posee excelentes propiedades estomacales, teniendo precaución de no toparnos con algún desconfiado reptil que podría asustarnos, y que encuentran en la frescura de la hierba del arroyo su morada perfecta.

Ya aparecen delante de nuestra vista las viejas casas de pizarra que junto con otras de nueva construcción forman la aldea del Avellanar. Es casi seguro que por las cercanías merodeen algunos rebaños de vacas o de cabras, animales domésticos muy abundantes en la zona ya que en estas extensiones junto con el cultivo de cereal y la extracción del corcho representan un medio de vida tradicional que aún sigue teniendo importancia en la economía local. Una vez llegamos a la aldea, podremos buscar un ejemplar del árbol que le da nombre. Las hojas de los avellanos toman un color rosado y amarillo en el otoño, que produce un bello contraste en bosques y espesuras. La madera tiene poco valor aunque por ser dura y correosa se ha venido tradicionalmente utilizando para aros de barriles y pipas. Las avellanas destacan por su carne blanca y aceitosa y su agradable sabor.

Hemos llegado ya al llano y también al final de nuestro recorrido. Una marcha que a buen seguro nos va ha dejar tras de sí la indeleble convicción del siempre enriquecedor y singular contacto con la naturaleza. Hemos atravesado en nuestro recorrido una pequeña parte de estos montes, que nos ha dado la oportunidad de sumergirnos en plena naturaleza rodeados del ecosistema característico del bosque mediterráneo, y sentirnos fascinados ante el esplendor de la naturaleza

© texto y fotos Pablo Rodrigo Rubio
   

 


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