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Hundido de Armallones y Pico Alar
 

Arriba; en el Pico Alar.
A la izquierda; vista del Tajo desde el Pico Alar

 

CIRCUITO POR OCENTEJO

Hundido de Armallones y Pico Alar

Guillermo J. Amores, enero 2006

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Casi me da vergüenza reconocerlo, iba a ser la primera vez que visitara la zona del Alto Tajo. Siempre me había parecido que pillaba un poco a desmano, pero la insistencia de mis amigos me llevó a buscar bibliografía de la zona. En la página de "andaduras.com" encontré lo que estaba buscando, allí tenían descritas numerosas rutas por el Alto Tajo. Las fotografías que acompañaban a estas descripciones me parecieron muy sugerentes y en ese momento decidí que podría merecer la pena acercarse hasta allí. Ahora sólo quedaba elegir la ruta. De todas las que ofrecían en esta web, había una que me llamó inmediatamente la atención. Era una ruta circular por el Hundido de Armallones y el Pico Alar. Me puse en contacto con Charo Bustamante, gran conocedora y autora de la mayoría (no sé si de todos) de los itinerarios descritos y ella amablemente me dió una serie de indicaciones que a la postre me vendrían de perlas.

Yo esperaba que Ocentejo, este acogedor pueblecillo de poco más de cincuenta habitantes que debe su nombre a la derivación de la expresión "Hoz del Tajo", fuese el clásico lugar tranquilo perdido entre montañas y que lo normal sería ver a tres o cuatro personas en sus quehaceres diarios. Pero en esta ocasión no sería así. Había un buen número de cazadores y más de cien perros encerrados en las jaulas de los remolques de los distintos vehículos de gran cilindrada que llenaban cualquier rincón del pueblo. Estaba claro que aquí se iba a realizar un montería.

A mí esto no me gustaba nada y a uno, que es cobarde por naturaleza, le daba un poquito de miedo ver tanto "escopetero" junto y decidí preguntar al que parecía que era el responsable del asunto, en qué zona iban a celebrar su fiesta, más que nada para irnos a otro lugar.

Una vez confirmado que no nos íbamos a ver ni por casualidad, decidimos iniciar esta maravillosa ruta. Según íbamos entrando en el Hundido de Armallones los ojos, al igual que la boca se nos iban abriendo cada vez más, cada cien metros era un paisaje distinto y cada paisaje una autentica postal. Todo a nuestro alrededor era de una belleza extraordinaria y casi sin darnos cuenta habíamos recorrido todo el cañón. En ningún momento esperaba que el día nos fuera a deparar algo más bello. ¡Que equivocado estaba!, cuando alcanzamos la cima del Pico Alar, El Hundido de Armallones se abrió ante nuestros pies como algo inesperado. Encaramados sobre del abismo, veíamos volar a los buitres bajo nosotros realizando círculos acrobáticos entre los multicolores murallones calcáreos que formaban el cañón, y abajo, muy abajo, el Tajo brillaba con un esplendor infinito.

Al llegar al pueblo nos volvimos a encontrar con los cazadores. En la plaza habían dejado su trofeo, un enorme jabalí y dos pequeños jabatos destrozados por los perros. Cuando llegué y me paré con mi perrita Aisha, todos los perros empezaron a ladrarla desde sus jaulas, ella los miró muy orgullosa, se quedo erguida con las orejas tiesas como diciéndolos ¿y vosotros lo habéis pasado bien?, lo siento amigos yo si que he disfrutado.

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Los Cortes

Iniciamos la marcha en la pista que sale de la misma carretera y que va pegada a las últimas casas del pueblo. Vamos por un terreno llano donde el camino se abre paso entre aprovechados sembrados, acequias y una zona rocosa que tenemos a nuestra izquierda. Enseguida encontramos un desvío que seguimos a la izquierda con algo más de pendiente. Aparecen los primeros pinos y la pista por la que vamos desciende hasta una barrera metálica que impide el paso de vehículos. Continuamos perdiendo altura hasta ver la entrada al Hundido de Armallones vigilado por las agujas calcáreas de La Losa a la derecha del cañón y a la izquierda los impresionantes desplomes que caen sobre el barranco. Empezamos a oír el ruido del agua y tras una curva a la izquierda llegamos a la altura de un extraplomo rocoso donde la pista se acerca al río ofreciéndonos una preciosa panorámica sobre el Tajo; 810m (27 min. desde el inicio de la marcha.).

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El río Tajo

El camino ahora es más llano y va cercano al cauce fluvial mientras en la orilla contraria podemos ir disfrutando los esbeltos murallones verticales de Los Cortes. Se van alternado cortas subidas con suaves bajadas mientras seguimos más o menos paralelos al cauce. En cada curva nos sorprendemos con una nueva estampa en la que podemos disfrutar de preciosas pozas y bonitos remansos alternándose a lo largo de nuestro recorrido. Se llega a un punto donde una formaciones peñascosas que caen sobre el río te ofrecen un estupendo juego cromático que van desde el negro al blanco pasando por distintos tonos azulados, naranjas y ocres. Ahora el camino realiza marcada curva a la derecha acercándose casi hasta la misma orilla, para enseguida, tras otra curva ahora la izquierda, ganar altura separándose de la corriente. En la orilla contraria se dejan ver en toda su magnitud los riscos de la Cueva.

Pasamos junto a un delicioso remanso que invita al baño y a partir de aquí se sube con más de pendiente, mientras en lo alto podemos disfrutar del espectáculo que ofrece la marcada depresión conocida como los Ojos de la Cárquima, ubicada entre los murallones de La Cueva y Las Cárquimas, propiamente dichas, farallones de roca cortados en diagonal. La cuesta termina y notamos un ligero alivio para nuestros pies, el río queda ahora mas cerca. Se llega a una nueva bifurcación que tomamos a la izquierda y ya por un terreno más horizontal y cómodo de andar alcanzamos la casa de Las Salinas de la Inesperada; 815 m ( 46 min. desde el recodo donde vimos el río Tajo; 1h 13 minutos desde el inicio de la marcha). Antigua edificación dedicada a la extracción de sal gema y que fue un floreciente negocio hasta los años cincuenta.

Nuestro camino sale en la misma esquina de la casa de Las Salinas en dirección norte buscando la Loma del Carrascal. Al principio no se ve muy bien, pero según vamos tomando altura entre la abundante vegetación se hace más evidente. En plena subida encontramos tramos llanos que nos hacen mucho más suave la ascensión, para enseguida volver a ganar altura en continuos zigzags que mitigan agradablemente nuestro ascenso, que en todo momento se realiza entre pinos y sabinas. Cuando ya hemos tomado bastante altura, el sendero realiza una larga diagonal hacia el oeste que nos permite ver desde la loma una hermosísima panorámica del fondo del valle, con el Tajo como protagonista indiscutible, luego gira hacia el norte y ya sin tanta inclinación alcanzamos lo que queda de la edificación del antiguo Almacén de las Salinas; 1065m (32 min. desde las Salinas de La Inesperada).

Tomamos una pista que sale en dirección norte desde el mismo almacén, enseguida dejamos a nuestra derecha una palomar de reciente construcción protegido por una gran alambrera. Poco después encontramos una zona donde vemos una buena cantidad de colmenas. Seguimos largo rato nuestro camino hasta encontrar una clarísima bifurcación que tomamos a la izquierda. Poco después la pista realiza un marcado giro a la izquierda para enseguida volver a dar otra curva a la derecha. En medio de ambas curvas, en los planos que disponemos viene marcado un camino que no encontramos y que era el que teníamos previsto tomar, marcamos este punto como Atajo;1085m (20 min. desde el almacén).

En vista de lo ocurrido tenemos dos alternativas; la primera sería seguir por la pista unos 450 metros hasta encontrar una bifurcación que tomaríamos a la izquierda (señales del GR.10) para continuar después hacia el sur. Esta quizás hubiera sido la alternativa más lógica, pero nosotros teníamos prevista la otra, la del camino inexistente y además nos ahorraríamos algo más de 600 metros de marcha. Hasta ahora todo lo que hemos hecho nos ha salido bien, ¿por qué no intentar ir campo a través?, si alguna vez aquí hubo un camino, seguramente se podrá pasar sin problemas. Decidimos que iba a ser que sí y tomando cierta orientación hacia el oeste iniciamos nuestra travesía por los Altillos de la Coja. En pocos minutos encontramos unos hitos de piedras, es verdad que no hay camino, pero si numerosos hitos que nos llevan sin ningún problema hasta la amplia pista donde encontramos nuestras primeras señales del GR.10. Lugar al que también hubiéramos llegado siguiendo la otra opción.

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El Otero de Canales

Continuamos por la pista hacia la izquierda durante unos 450 metros hasta llegar a un amplio campo de cultivo que queda a la derecha del camino. A partir de este punto hay que estar muy atentos en buscar las señales del GR.10 que abandonan la pista (señales en una piedra de buen tamaño) y siguen hacia el suroeste, derecha según vamos. Vemos diferentes campos de cultivo y seguimos por unas rodadas que hay cerca de las señales rojas y blancas. No me puedo creer que el GR.10 esté prácticamente barrido por las huertas, sé lo han comido totalmente y sé que estamos bien situados, no tengo ninguna duda. Sorteamos el primer campo de labor y tras un breve tramo sin huertas, volvemos a encontrar otra que sorteamos por la derecha hasta alcanzar un pequeño barranco donde el camino, aunque estrecho, ya está más definido. Se empieza a ganar algo de altura por un pasaje encantador que nos lleva después de algunos zigzgs a desembocar en la Pista del Pico Alar ;1135m (25 min., desde el que tomamos el "atajo"). Si miramos hacia el noroeste veremos un cerro alto, alargado y plano, es la característica figura del Otero de Canales.

Al otro lado de la pista intuimos el camino que baja a Ocentejo por el barranco del Berrocal. Nosotros sin embargo continuamos por la pista hacia el sur, izquierda según hemos llegado, para iniciar una leve subida que pasa junto a las ruinas de una antigua paridera y alcanzar las primeras estribaciones del cerro de la Rocha del Cascajar que bordeamos por el este y, tras pasar una bifurcación que tomamos a la derecha, iniciamos un suave y largo descenso que nos llevará hasta un amplio collado marcado en los mapas con la cota 1126 m. Nosotros teníamos previsto descender, después de alcanzar el pico Alar, por un caminillo que figuraba en nuestro mapa unos 170 metros de antes de llegar dicho collado; pero al igual que otros caminos que también figuraban en el mapa pero no en el terreno, no hemos sido capaces de encontrarlo. Sin embargo, en el mismo collado vemos unos hitos de piedras que indican un sendero que no viene en el mapa. Una vez investigado vemos que está pisado y marcado con numerosos hitos de piedra y que además sigue una orientación directa hacia Ocentejo. Punto que hemos marcado como Senda de Bajada; 1126m (28 min. desde que tomamos la pista del pico Alar). La aventura es la aventura, por allí vamos a intentar bajar, pero eso será después de alcanzar nuestro siguiente objetivo, la cumbre del Alar.

Dejamos nuestros macutos en el collado para subir más ligeros y seguimos nuevamente por el ancho camino ascendiendo por la ladera Este de una cota que tenemos a nuestra derecha. Una vez superada la loma, la pista pierde altura con rapidez y nos sitúa en una pequeña escotadura donde termina la pista. A nuestra derecha vemos otro sendero por el que intuimos que también se podría haber bajado hacia Ocentejo, pero ya era tarde para cambiar la decisión, las mochilas están en el collado anterior . Tomamos un senderillo que enseguida nos lleva hasta la quebrada cumbre del Pico Alar; 1091m. (14 min. desde la senda de bajada). La cumbre está formada por un sinfín de cortados que se extienden hacia el sur hasta el lugar conocido como La Rocha y desde cualquiera de ellos se obtiene una vista impresionante sobre el Hundido de Armallones. Después de todo lo vivido en esta jornada no llegar hasta aquí sería casi un pecado y si llegas no seria nada extraño que se te salten las lágrimas por la emoción de lo vivido, este lugar es el colofón de una bonita aventura.

Después de dedicar el tiempo necesario para disfrutar de estas maravillosas vistas, volvemos por el mismo camino hacia el lugar donde habíamos dejado los macutos. Quizás la cuesta de subida se nos hace algo más pesada de lo que esperábamos, pero sin mayores dilaciones volvemos a alcanzar el collado donde vamos a encontrar la Senda de Bajada; 1126m (14 min. desde el Pico Alar).

Aunque no tenemos ninguna referencia documentada de por donde va la senda que vamos a seguir, bien es verdad que la dirección es hacia donde nos interesa y al principio se ven numerosos hitos que marcan el descenso por el centro de la amplia vaguada que forman el Cerro de la Rocha del Cascajar y otra cota marcada en los planos como 1137 y cuyo nombre ignoro. Según vamos descendiendo vemos el itinerario mucho más claro y la vaguada se va estrechando poco a poco, abajo vemos claramente Ocentejo. Se llega a un punto donde desaparecen los hitos, aunque tampoco crea ningún problema ya que la garganta es tan estrecha que el camino de bajada no ofrece ninguna duda, Se me antoja muy bonito este descenso. Se llega a un punto donde la angostura se pone casi vertical, aquí hay que desviarse a la izquierda por un tramo de escalones rocosos que me recuerdan al último tramo de la bajada desde el refugio de Collado Jermoso hacía Cordiñanes en los Picos de Europa.

Una vez superado este tramo hay que seguir descendiendo entre escalones de piedra (camino claro) y poco después, realizar un giro a nuestra derecha para pasar por un terreno mucho más factible al lado contrario de la vaguada. Poco a poco el terreno se va volviendo más suave de andar y seguimos por un estrecho senderillo que nos acerca sin ningún problema hasta el característico cementerio del pueblo. Le bordeamos por la izquierda según hemos llegado hasta salir a una pista de cemento para encontrarnos con las primeras casas del pueblo. Ya solo nos queda seguir la primera bifurcación a la izquierda para llegar a la plaza de Ocentejo; 845m (32 min. desde la Senda de Bajada; 3h 58 min. desde el inicio de la marcha).

Los tiempos indicados en esta descripción son netos de andar; a ellos habrá que sumar los que se gasten en descansar, comer o simplemente admirar el paisaje. A modo indicativo requiere entre 5h 15 min. y 5h 45 min. para realizar la marcha sin agobios

© Guillermo J. Amores

El grupo en el almacén, de las Salinas

 

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