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DE CERBÈRE A ULLDECONA
(GR-92 DE PORTBOU A ULLDECONA) >>

 

Arriba: La bahía de Montgó, cerrada por la Punta del Milà, en primer término, y por la Punta del Trencabraços o Torre de Montgó, más al fondo. La neblina impide ver en este caso el extremo oriental del Pirineo y el macizo del Cap de Creus A la izquierda: Las barcas y las tranquilas aguas del puerto de pescadores de l'Escala contrastan con las lejanas nieves del Canigó, en el Pirineo. © Carles Danon
 

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ETAPA 6

L’ESCALA – TORROELLA DE MONTGRÍ
(19,516 Km.)

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Resumen etapa:

L'Escala - Cala Montgó 1h10'
Cala Montgó - Base militar 45'
Base militar - Urb. Torre Vella 1h15'
Urb. Torre Vella - Castell de Montgrí 1h
Castell de Montgrí - Torroella de M. 40'

TOTAL 4h50'

 

...Cambios según la web de la FEEC a noviembre de 2003

Se ha mejorado la señalización y el itinerario por el puerto de l'Escala, zona que había estado en obras durante largo tiempo. El recorrido prácticamente no se ha visto afectado.

A medida que el GR 92 se aleja de la zona de los Aiguamolls y se acerca al Macizo de Montgrí, su perfil empieza a ser más irregular, pero sobre todo va ganando en espectacularidad; las aguas cristalinas, las calas apartadas y los espectaculares alcantilados recuerdan (y algunos quizá lo superen en belleza) los de la Alta Costa Brava y el Cap de Creus. De hecho, el Macizo de Montgrí constituye el límite geográfico entre el Alto y el Bajo Ampurdán (aunque el límite administrativo entre ambas comarcas está en Cala Montgó); esta etapa, pues, puede considerarse una aperitivo de los sectores central y meridional de esta Costa que será cada vez más Brava (y también, por desgracia, más masificada)

Después de la desaparición de la casa condal de Empúries, l’Escala nació como un barrio de pescadores al abrigo de la villa de Sant Martí, y fue ganando importancia como puerto pesquero y mercante a medida que aquella la iba perdiendo. Hoy en día, es una de esas localidades que llega a multiplicar por diez su población en verano (igual que muchas otras por las que pasa el GR 92). Pero el núcleo urbano de l’Escala todavía conserva un aire de pueblo pescador, con estrechas y empinadas callejuelas y olor de mar…

El Cap de la Punta, punto inicial de esta sexta etapa, delimita la Bahía de Riells, que queda cerrada, más adelante, por la Punta del Bol Roig, donde está situado el puerto deportivo de l’Escala. El GR no se separa del mar durante un buen rato: siguiendo la orilla, por el Paseo Marítimo, la urbanización de Riells sigue contigua al casco urbano de l’Escala, por lo que no hay distinción entre un núcleo y el otro. Al cuarto de hora pasamos la extensa playa de Riells; si sopla la tramontana, notaremos la arena en el cuerpo pinchando como miles de agujas. Pasada esta playa no se deja el mar de lado, ni la zona urbanizada; siguiendo todavía el litoral, se atraviesa primero el puerto deportivo para adentrarnos después en el pesquero, donde giraremos a mano derecha delante de un centro de submarinismo (35’), para seguir, ya al final del puerto, un caminito que sube por unos escalones, siempre pegado al mar. Se trata de otro Camí de Ronda, que compartirá un buen tramo de recorrido con el GR 92, hasta más allá de Cala Montgó.

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Los primeros alcantilados aparecen al pasar la Punta Salpatx, entre l'Escala y Montgó

Se acaba ya, de momento, la zona urbanizada, dado que nos encontramos en terreno de propiedad militar; así lo demuestra un antiguo búnquer, después del cual hay un desvío que continuaremos hacia la izquierda. El camino empieza un tramo de subida, bastante pelado, aunque irá alternando con bosques de pino. Los primeros alcantilados aparecen al pasar la Punta del Bol Roig, donde puede verse en el mar, entre los pinos, la curiosa Roca del Salpatx, con forma de bota, poco antes de pasar sobre la cala del mismo nombre. Entonces se deja atrás el pinar, y el sendero no está muy bien definido, aunque sigue siempre la misma dirección. Un caminito paralelo se separa unos metros a la izquierda para que podamos asomar la cabeza por encima de los impresionantes peñascos de Cala Salpatx. Pero una cruz y una foto de un joven desafortunado recuerda que no debemos bajar la guardia; algún imprevisto le jugó una mala pasada.

Ambos senderos, el que va tocando la caída y el interior, acaban juntándose otra vez. Antes de entrar de nuevo a un bosque de pinos (50') un cruce me hace dudar un poco, pero me adentro en el bosquecito, siguiendo la misma dirección y dejando de lado un caminito a la izquierda (hacia la Punta dels Cinc Sous) y otro que sube a la derecha. Entremedio de los árboles van apareciendo las primeras casas de la Urbanización Montgó, delante mismo de la pequeña Illa Mateua.

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Cala Montgó, límite administrativo entre el Alto y el Bajo Ampurdán, también marca el inicio del tramo más espectacular del recorrido
 
 
Entre Cala Montgó y la Punta Ventosa, aparecen pequeñas maravillas como esta minúscula cala, rodeada de un paisaje lunar

Saliendo a la primera vía asfaltada, el Camí de Ronda continua la línea de la costa hacia la izquierda para ir a rodear la Punta del Trencabraços, subiendo a la Torre de Montgó; es un desvío interesante, un poco más largo, y que utiliza en gran parte los viales asfaltados de la urbanización. Pero el GR 92 evita este tramo y sube a la derecha para llegar en seguida a una plazoleta, situada en un pequeño collado, donde la señalización puede resultar engañosa, ya que una marca parece invitar a seguir la calle principal hacia l'Escala (oeste). Al contrario, el GR se dirige al sudeste por la segunda calle de la izquierda (C/ Port de Rei); al primer desvío bajamos a la derecha, para llegar ya en seguida a la calle principal de Cala Montgó, que nos queda unos pocos metros a la izquierda (1h10')

Cierran esta cala, por el norte, la Punta del Trencabraços, coronada por la Torre de Montgó, por donde pasa el Camí de Ronda; y por el sur, un poco más lejana, la Punta del Milà, hacia donde nos dirigimos. Como comprobaremos a continuación, este tramo es quizá el más espectacular de todos los que ha recorrido hasta ahora el GR. Dejo la playa por el extremo sur, con una ligera subida entre un precioso bosque de pinos, casi siempre al borde del precipicio, aunque a veces el sendero se va unos metros más adentro.

Nada más salir de la cala y adentrarme en el pinar, he notado un detalle: la señalización es excelente, abundante y muy bien visible, sin dejar opción a ninguna equivocación posible; a veces, hasta la encuentro exagerada. Sin duda, el tramo mejor balizado desde la salida de Portbou… Los postes indicadores son muy frecuentes, aunque encuentro que los tiempos que marcan entre un lugar y otro son absolutamente exagerados (por exceso); también hay multitud de enlaces, correctamente señalizados, con otros senderos, locales y de pequeño recorrido…

Antes comentaba que Cala Montgó constituye el límite administrativo (no el geográfico) entre el Alto y el Bajo Ampurdán. Este cambio de comarca permite en cierta manera explicar la evidente mejora de la señalización: parece ser que hace pocos años, en esta última comarca en la que acabamos de entrar, el sector privado (principalmente, hostelería y restauración) se interesó por primera vez en el mundo del senderismo. Efectivamente, no olvidemos que en otros países nos llevan años de diferencia en esto de señalizar senderos, y por lo tanto, la oferta turística basada principalmente en los "senderos" puede resultar más atrayente para la demanda forastera que para la propia; más todavía, cuando se involucran touroperadores extranjeros… De esta manera, el sector privado (turismo), el sector público (ayuntamientos y Consell Comarcal del Baix Empordà) y lo que podríamos llamar "sector público-privado" (entidades excursionistas y F.E.E.C.) crearon una especie de consorcio para la creación, señalización y mantenimiento de los itinerarios senderísticos de la comarca. Y los resultados (siempre en mi opinión personal), por lo que he visto hasta el momento de escribir estas líneas, son excelentes; puestos a criticar, me parece triste que la necesaria mejora de la gestión de los senderos no haya llegado hasta que no se ha involucrado un interés económico.

El sendero va siempre unos diez, como mucho veinte metros por encima del mar, y como en el tramo entre l'Escala y Montgó, a veces dividido en dos ramas, una que pasa al lado mismo del precipicio y otra pocos metros más adentro, bajo los pinos; ambas vías son igualmente válidas, si bien hay que estar atentos a no desviarse por algún desvío que suba más a la derecha. El camino más cercano al mar ofrece un panorama realmente espectacular, como si estuviéramos encima de un edificio de tres o cuatro pisos viendo romper el mar en la planta baja, en las rocas, quizá con la cabeza de algún escalador de por medio.

En medio de este pinar, pasamos al poco tiempo una torrentera, y un poco más tarde una primera y minúscula cala pedregosa (1h20'), a partir de la cual desaparecen los árboles y el terreno es más áspero. El sendero se acerca ahora más al mar, ya que hemos pasado ya estos primeros alcantilados, pero la espectacularidad del paisaje no disminuye; hacia atrás, se ven los imponentes peñascos que acabamos de pasar, Cala Montgó, que se aleja poco a poco, y más al fondo, todavía alcanzo a ver las nieves del Canigó, desdibujadas por la neblina.

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Desde el mirador de la Punta Ventosa, situado entre ésta última y la Punta del Milà, se abre una panorámica espectacular

Al pasar la siguiente torrentera (1h30'), el camino inicia ya una suave subida entre la roca pelada, casi sin vegetación; en seguida aparecen los restos de una edificación, donde otro sendero se desvía a la Punta del Milà, a la izquierda, para volver a juntarse poco después con el GR. Éste se reencuentra con los árboles, cada vez más abundantes a medida que se va ganando altura. Más o menos a media subida, se abre un impresionante balcón sobre los alcantilados, en el pequeño collado entre la Punta del Milà, a la izquierda, invisible entre los árboles, y la Punta Ventosa, que se ve imponente unos metros por encima (90m.); por debajo, caída libre hasta el mar rompiendo entre las rocas, que parecen minúsculas desde aquí arriba, cuando en realidad lo único minúsculo que hay por aquí soy yo, en medio de tanta belleza… Cualquier adjetivo con que intente describirlo se queda corto, como también se me hizo corto el buen rato que estuve ahí, disfrutando a la vez del mar, las piedras, los árboles y la montaña, sólo por el simple placer de poder contemplarlo.

De hecho, las vistas que esperan en lo alto de la Punta Ventosa tampoco tienen desperdicio; el caminillo sigue subiendo entre los pinos y remonta en poco tiempo la escasa altura que falta para llegar al mirador (1h40'), donde se situaron estratégicamente unas baterías militares. Por la cara norte, destaca la Cala Montgó y las dos puntas que la cierran, la del Trencabraços y la del Milà; más al fondo todavía, las sierras del Cap de Creus y el Pirineo más oriental. Hacia el sur, una pequeña muestra de los peñascos, muy parecidos a los que acabamos de ver, que forman la Costa del Montgrí. Pensaba que el itinerario del GR seguiría la misma línea de la costa pero, lástima, se dirige hacia el interior por una pista un poco pedregosa, por la que también pueden pasar vehículos. Es una subida suave, entre pinares que dejan entrever todavía la Cala. Al fondo, en dirección sudeste, aparece el Macizo del Montgrí, hacia el cual nos dirigimos.

Cuando llevamos unos diez minutos de pista (1h50') la cruza otra en peor estado. Nos desviamos por esta hacia la izquierda (la que veníamos siguiendo va a parar a la pista principal de l'Escala a l'Estartit); viene una doble bifurcación, donde seguimos todavía a la izquierda, y en seguida después, en el Pla del Milà, pasamos por una base militar abandonada (1h55'), que alguna vez también ha servido para acoger alguna macrodiscoteca improvisada y no demasiado legal. A partir de aquí, el GR irá durante un buen rato en dirección sur por una pista (en bastante mal estado pero apta para coches) que aprovecha un cortafuegos, con una leve subida, casi imperceptible. Al salir de la base se dejan dos pistas a la derecha, que llevan a la pista principal; esta última tiene un recorrido paralelo a la del GR, pero es más transitada, sobre todo en verano. Al sudoeste, el ya cercano Macizo del Montgrí parece haber cambiado de fisionomía, ya que ahora aparece de lado y no de frente como en la etapa anterior, y por lo tanto ya no se ve el castillo que corona como un pezón la montaña de Santa Caterina.

Durante la leve y larga subida, el paisaje no varía; estamos rodeados de pinos a lado y lado del cortafuegos, y éste está libre de árboles pero, a día de hoy, lleno de arbustos y de maleza. Dudo entonces que pueda servir de algo en caso de incendio. Eso sí, en verano y bajo un sol de justicia, ha de ser lo más parecido al infierno. A los quince minutos de dejar la base, un desvío a la izquierda baja hasta Cala Ferriol; no tuve tiempo de visitarla pero me la imagino como la típica cala de la Costa Brava: desierta, pedregosa, rodeada de rocas, paradisíaca y de aguas color azul turquesa. Unos diez minutos más tarde, a la derecha hay una entrada a la pista grande, que se ve a veces entre los árboles, y poco después a la izquierda, otro desvío (2h25') baja también a Cala Ferriol y a Cala Pedrosa, por unos senderos locales, en un cuarto de hora aproximadamente; en esta última sí que estuve ya hace unos tres años, y si el tiempo lo permite y caminamos sin prisas, valdría la pena bajar a darse un chapuzón en alguna de ellas.

En este punto, el camino se abre a una explanada sin árboles; es el Puig Torró (171m.). totalmente llano, el punto más alto de la costa del Montgrí. Continuamos por la pista llanera, ahora en mejor estado, hacia el sur, pero ya empieza a descender un poco. Cuando la bajada se hace más pronunciada, aparece otro cortafuegos por la izquierda. La pista que hemos venido siguiendo se dirige hacia l'Estartit, marcada como sendero local (SL), mientras que el GR sigue este desvío bien indicado hacia la derecha, por un sendero que desemboca en seguida en la pista grande; se cruza ésta y se sigue recto por otra pista separándose del cortafuegos y que continua a la derecha de una valla. Al poco rato, una puerta nos corta el paso, y tendremos que seguir la valla por una senda a la derecha, que rodea la finca hasta el lado opuesto, hacia el oeste; pero antes se ha incorporado (2h45') un camino por la derecha: es la llamada "Ruta del Vent", que hace el mismo recorrido que el GR hasta la próxima urbanización Torre Vella.

El camino adopta ahora un perfil más irregular, ya no es tan recto y llano sino que alterna subidas y bajadas, entre bosques de pinos y encinas. A partir de la Coma Llobera (3h), desde donde se accede al cercano Pou del Mustinyà, del S. XVII, vuelve a ser más ascendente, siempre dentro del bosque. Después llegamos a las últimas casas de la Urbanización Torre Vella (3h10'), que hemos de dejar a la izquierda, siguiendo la misma dirección que traíamos. En la bifurcación siguiente, cogeremos el primer desvío a la izquierda y el siguiente a la derecha, para pasar delante de un gran depósito de agua, donde termina la urbanización y la pista ya está asfaltada. Aquí empieza el sector de las Dunas, continuación de aquellas que vimos al lado de las ruinas de Empúries; después de dejar a la izquierda un sendero local que lleva a l'Estartit y Torroella, llegamos al área recreativa de la Caseta de les Dunes (3h25'), donde empieza la ascensión al macizo del Montgrí.

Parece mentira que los sedimentos que bajaban los ríos Muga y Fluvià puedan haber llegado hasta aquí abajo… A finales del S. XIX, estas enormes extensiones de arena tuvieron que ser fijadas artificialmente, introduciendo en ellas vegetación, de forma que las raíces retuvieran la arena, ya que representaban una grave amenaza para alguna población del Baix Empordà (entre ellas, Torroella y l'Escala). Hoy en día todavía es un terreno bastante inestable, como nos recuerda los paneles explicativos del área recreativa, y por lo tanto no deberemos salir de los márgenes del camino.

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El área recreativa de las Dunas, al pie de la Montaña de Santa Caterina, la cima más alta del Montgrí

Justo antes de llegar a la caseta, una pista se desvía a la derecha hacia la iglesia de Santa Caterina; a la izquierda, otra se dirige a Torroella. Cualquiera de éstas nos podría ahorrar la subida a dos de las cimas del Macizo de Montgrí, aunque son muy recomendables; pero en todo caso, constituye un final de etapa muy duro, más digno quizá de algún sendero pirenaico que del amable GR 92. Este gira a la derecha, dejando ya el asfalto, y en seguida empieza a subir a la izquierda, en una fuerte ascensión hacia la primera de las tres cimas del macizo. A medida que ganamos altura, dominamos otra vez el llano ampurdanés, ahora detrás nuestro, los Aiguamolls, y más lejanos, el Pirineo, la Albera y el Cap de Creus. También se ve claramente, entre los campos cultivados cercanos a l'Escala y los montes de la costa del Montgrí, más pelados, una franja verde, muy bien delimitada, que se inicia en l'Escala y finaliza más o menos debajo nuestro; son las dunas que acabamos de pasar, cubiertas de una espesa capa de vegetación.

La subida es dura, pero no demasiado larga. Al llegar a unos pocos pinos juntos, las rocas bajo la cumbre nos impiden continuar; entonces el sendero gira a la derecha (3h40') y llanea hacia el Oeste, para seguir ascendiendo después a la izquierda en dirección a una caseta blanca de bomberos. Estamos al inicio de la cima del Montplà (317m.), el punto más alto de lo que llevamos de GR 92 (salvo la variante 92-0), que atravesamos en dirección sudoeste; perderemos un centenar de metros de altura hasta llegar al collado( 4h). Aquí hay un cruce de caminos, el de la izquierda baja hasta Torroella y el de la derecha va a la ermita de Santa Caterina, donde enlaza con la pista anterior. El GR sigue recto hacia arriba, por una subida entre las piedras, que a veces hacen perder las señales; de hecho, no hay solo un camino de subida, sino que son varios senderos entrelazados entre sí, todos en dirección al Castillo, al que llegamos después de una corta subida (4h10')

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Antiguamente, el tramo final del río Ter fue otra zona pantanosa como los Aiguamolls; hoy en día, entre las Islas Medes (izquierda) y las montañas de Begur (derecha), se han impuesto los campos de cultivo, y tambén, últimamente, los de golf.

La montaña de Santa Caterina (297m.) y el anterior del Montplà, son los puntos más altos en muchos kilómetros a la redonda, desde el Pirineo y el Cap de Creus, cada vez más lejanos, hasta el Macizo de les Gavarres; por lo tanto, constituye un inmejorable balcón sobre el Alto y el Bajo Ampurdán, sobre l'Estartit y las Islas Medes, así como la parte final del río Ter; hacia el sur, las montañas de Begur, hacia donde se dirige el GR. El castillo es de finales del S. XIII, y está inacabado; parece ser que lo mandó construir el Conde de Barcelona, para vigilar los movimientos poco amistosos de su vecino del norte, el Conde de Empúries, pero debieron arreglar sus diferencias de otra forma…

El camino por el que ahora bajaremos es el acceso más habitual para llegar al castillo desde Torroella. En poco tiempo, una rápida bajada lleva al Coll de la Creu (193m. - 4h25'); se puede hacer todavía más rápido aprovechando alguno de los atajos, ya que el camino baja serpenteando. A la derecha, otro camino se dirige a Santa Caterina; bajamos por la izquierda en dirección, ahora sí, a Torroella de Montgrí, ya a nuestros pies, con una bajada más suave que en el tramo anterior. El GR se desvía después hacia la izquierda (4h35') para volver a enganchar el mismo camino que seguíamos, al cabo de unos pocos minutos, habiendo dado una vuelta un poco más larga que si hubiéramos seguido el camino original; todavía me pregunto el porqué de este desvío innecesario, así como porqué, con la reciente pintura de las nuevas marcas, se han borrado del todo las señales antiguas. ¿Quizá hubiera sido mejor idea dejar que se borraran por sí solas con el paso del tiempo?

A medida que nos acercamos a Torroella el camino se vuelve más llano; entramos por el Camí de les Dunes, seguimos por la C/ Fátima para acabar en la Carretera de Girona, al lado de la Pl. Catalunya (4h50'). Desde aquí salen autobuses hacia Girona, Figueres, l'Estartit, Palamós, Sant Feliu y Barcelona.

© texto y fotografías Carles Danon junio 2003

 

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