<<Aragón

TRES EXCURSIONES EN EL PIRINEO ARAGONES. AGOSTO 2002
Sállent de Gállego - Balneario de Panticosa

Ibón de Tebarray

TRES EXCURSIONES EN EL PIRINEO ARAGONES. AGOSTO 2002

Sállent de Gállego - Balneario de Panticosa

19 de agosto de 2002 La primera de las tres excursiones que me disponía a hacer en este verano aquí, en el Pirineo oscense, ya la conocía tanto en su principio, como en su final. Efectivamente, se trataba de cubrir el trayecto entre el embalse de La Sarra, muy próximo y al norte de Sállent de Gállego, terminando en el Balneario de Panticosa. El 11 de agosto del año 1999, el famoso día del eclipse, hice una parte del principio con los niños, llegando al ibón de Respomuso. El año pasado, pero esta vez en una mañana, subí también con ellos desde el Balneario al ibón de Bachimaña inferior. Ahora se trataba de hacerlo todo completo.

07.00 Suena el despertador en los apartamentos Lausan, de Gavín. Me levanto, desayuno, me arreglo y llamo a Magdalena para que me acompañe hasta Sállent, a donde llegamos un poco antes de las ocho de la mañana, haciendo una breve parada en la panadería que conocía, para comprar pan para mí, y un bollo para ella. La noche anterior había llovido, y había entrado algo de agua en el establecimiento.

,,,
 
Junto al embalse de La Sarra

08.30 1.438 metros. Después de recorrer la pequeña distancia que hay entre Sállent y el embalse de La Sarra, llegamos al final del mismo, donde hay un merendero que se encuentra totalmente cerrado, seguro faltándole todavía mucho tiempo para que lleguen los primeros excursionistas menos madrugadores, por no utilizar el apelativo de "domingueros", que parece algo despectivo, ya que una de las ventajas de la montaña es que te puedes encontrar todos los niveles que tu cuerpo o tu mente te permitan, por lo que no hay que menospreciar a aquellas personas que quieren quedarse en unos primeros niveles de dificultad. Muchos de los que hemos empezado así, hoy nos atrevemos con mayores empresas.

La mañana está preciosa, con un cielo totalmente azul, fresca y muy dispuesta para disfrutarla en un día completo de montaña que se aventura como muy emocionante. Nos despedimos con la frase lapidaria: "Nos vemos dentro de once horas en el Balneario de Panticosa". La cita era aventurada, pero había que fijar una hora de encuentro y parecía que esa sería apropiada, ya que yo me había estudiado lo más concienzudamente que podía los tiempos que tardaría en recorrer cada uno de los hitos en los que había descompuesto la presente excursión.

08.50 1.520 metros. Había empezado con jersey, pero aunque no me da el sol, porque el camino discurre bajo el bosque que se levanta en la margen derecha del río Aguas Límpias, el esfuerzo de la subida me crea suficiente calor como para que me sobre esta prenda. La senda por cierto es preciosa, ya que está acompañada de los continuos torrentes que va formando el río en su violenta pérdida de altura. En ocasiones, la distancia a la que te encuentras de él te podría llevar a tener cierta sensación de vértigo, de no mediar entre los dos un montón de vegetación que ayudan a aliviar esa percepción.

09.20 1.650 metros. Por primera vez en la mañana me da el sol directamente con sus primeros rayos. La estrechez de la garganta por donde discurría el GR-11, y la orientación de éste, le habían impedido antes nuestro encuentro. Paro unos minutos para beber algo de "Acuarius", mi mejor medicina, y contemplar las pozas que se forman en el río, que te invitan a pegarte un baño, de no ser porque tienes la absoluta certeza de la baja temperatura que tiene que llevar ese agua. El cauce se encuentra también lleno de troncos de árboles caídos, probablemente por aludes, dando al barranco una sensación de abandono muy estética. Todavía no me he encontrado con nadie en ningún sentido.

09.45 1.760 metros. Alcanzo la bifurcación que lleva a los desconocidos para mí, ibones de Arriel. Leo un cartel que anuncia que quedan hora y media para Respomuso. Teniendo en cuenta que abajo hablaba de dos horas y media, compruebo que como siempre, llevo retraso.

10.00 1.830 metros. Paro para beber un poco, ya que la subida es intensa, y el calor va apretando.

10.15 1.920 metros. Me quito las perneras de mi práctico pantalón desmontable, ya que el calor me empieza a resultar incómodo.

,,,
 
Restos de viviendas juanto a la presa

10.35 1.980 metros. Diviso la presa, la horrible presa del ibón de Respomuso. Según voy comprobando conforme continúo la marcha, y además también según recordaba de cuando vine con los niños hace tres años, junto a la presa permanecen todavía los restos de las viviendas que habitaron los trabajadores que la construyeron, años, junto a la presa permanecen todavía los restos de las viviendas que habitaron los trabajadores que la construyeron, cosa bastante poco estética. En mi caminar me encuentro con una marmota que sale corriendo impidiéndome que la pueda hacer una foto.

 
,,,
 
Presa e ibón de Respomuso

11.15 2.080 metros. Mi amigo Juan Holgado me había recomendado que bordeara el ibón por la parte derecha, por su lado sur, cosa que hice ya que al refugio, que se levantaba a bastantes metros del agua, y en su lado norte, no quería ir. Ya lo conocía de cuando estuve con Mónica y Javier, ya que además fue el punto y final de aquella excursión, bastante larga y dura para hacer con además fue el punto y final de aquella excursión, bastante larga y dura para hacer con dos niños de entonces ocho y diez años. Cruzo con cuidado la presa, ya que el puente que la atraviesa, entre que no tiene barandilla y que en ocasiones el suelo deja de ser hormigón armado, para pasar a ser un enrejado metálico, me da un poco de respeto. Después de cruzarlo, para a descansar un rato.

11.30 Sigo el camino.

12.05 2.120 metros. Termino de bordear el ibón. Lo que más atención me ha llamado ha sido lo bajo de su nivel. El invierno pasado fue muy atípico en nieves, y recuerdo perfectamente que una parte del mismo estuvo sin caer nada, incluso se llegó a comentar de cerrar las pistas por su ausencia ya en el mismo mes de febrero. Luego volvió a caer y la industria se reavivó, pero

ya en el mismo mes de febrero. Luego volvió a caer y la industria se reavivó, pero no debió ser suficiente para que hubiera buenas reservas aquí en las alturas, y que luego se trasformen en embalses con buen nivel.

12.30 2.210 metros. Sigo subiendo. Parece que el día puede empeorar, ya que surgen a lo lejos las primeras nubes. En la distancia sigo viendo todavía el tejado marrón del refugio. Estoy subiendo por aquellas montañas triangulares que tanta atención me llamaron el día que las vi por primera vez.

13.00 2.330 metros. La subida está siendo muy fuerte, y también la sensación de frío es mayor, ya que las nubes se han apoderado definitivamente del cielo.

13.10 2.400 metros. Llego al ibón de Llena Cantal, totalmente solitario. Es uno de los más pequeños que he visto, y descanso unos minutos de la fuerte subida que acabo de cubrir. Lo que me pasa realmente es que llevo más de mil metros de desnivel sobre mis poco entrenadas piernas y eso, junto con la altura, parece que se empieza a notar.

13.20 2.450 metros. Después de ajustar el altímetro, sumándole 50, claro exponente de que el tiempo estaba empeorando. Continuo el camino

13.30 2.510 metros. Paso junto a neveros, que todavía persisten debido a la orientación norte de esta zona.

14.15 2.690 metros. Voy dando pequeños pasos, no puedo ir más deprisa, ya que el camino es especialmente duro por lo fuerte que es la subida, y lo dificultosa que está la senda que discurre ahora sobre un continuo empedrado suelto, por lo que cada paso hay que irlo asegurando, con la ayuda de mi inestimable bastón telescópico. No quiero pasar de las 140 pulsaciones, por lo que cuando veo en mi pulsómetro que alcanzo esos latidos, paro un minuto, y después de recuperar vuelvo a dar pasos. Me encuentro con una pareja que vienen de vuelta.

14.25 2.710 metros. Afronto el cuello de Tebarray. Estoy muy cerca del punto más alto de la excursión de hoy, pero tengo que reconocer que resulta el más complicado de pasar. El llamado "cuello de Tebarray" es una chimenea de unos quince metros de altitud, que hay que superar ayudándose de las cuatro extremidades disponibles, opto por sacar mis guantes. El problema no consiste en el desnivel, sino en lo poco seguro que son los puntos de apoyo, ya que sigue siendo todo un conglomerado de piedras sueltas y no sabes realmente en cuál debes apoyar cada pie o cada mano para tomar impulso, porque ese que has elegido, puede ceder y caer montaña abajo, y aquí de lo que se trata es de subir, nunca de bajar. Con paciencia, y buscando piedra a piedra, voy descubriendo rocas más seguras, y poco a poco voy salvando la fuerte pendiente que tiene este paso.

14.45 2.740 metros. Lo logro coronar. Delante de mí se abre el ibón de Tebarray, lugar inhóspito como pocos, ya que parece el cráter inundado de un volcán, sin nada de vegetación a su alrededor, y solamente custodiado por montañas de piedras sueltas, provenientes de las seculares heladas que año tras año, desde hace muchos siglos, la naturaleza se está encargando de labrar. Me cruzo con tres chicos que van a iniciar el camino que yo acabo de subir. Para llegar al camino, tengo que bajar por un lugar similar, pero mucho más corto, para lo cual me ayudo de un quinto punto del cuerpo, aquel en el que la espalda pierde su digno nombre...

15.00 Después de guardar los guantes, y de sacar el palo que lo había sujetado a la mochila para que permitiera mayor movilidad de mi cuerpo, continué por el lateral del ibón de Tebarray, de agua casi negra. Realmente este lugar, tan alejado de la civilización, es uno de los puntos más desolados que he conocido en mi vida.

15.10 2.705 metros. Llego a la "Boca del Infierno", lugar donde tomo un sendero de igual calidad que los ya comentados, que me permite ir perdiendo altura, y dejar al ibón de Tebarray para cuando tenga alguna pesadilla. Desde donde me encuentro, y ayudado por la brújula y el mapa, tomo la dirección Este, pudiendo divisar desde bien arriba lo que parecían ser, y luego confirmaría como los ibones azules. Un guarro excursionista había dejado clavado allí su doblado bastón telescópico, quizás como símbolo de la dureza de aquellos parajes. La verdad es que en el fondo no estaba mal ver algún resto de civilización.

,,,
 
Ibones azul y de Bachimaña

15.15 Empieza a llover. Con las primeras gotas, paro rápidamente y saco mi capa de lluvia que no me deja ni los días más claros del verano, ya que abulta muy poco, y puede ser de infinita utilidad, como se demostraba en ese momento. Continúo bajando por aquel empedrado buscando el primero de Los dos ibones azules. Antes de llegar a él, se cruzan delante de mí un grupo muy numeroso de rebecos que cruzaban el camino por donde iba a ir yo, a gran velocidad, ofreciéndome una verdadera lección de plasticidad, agilidad y belleza. Después de que todos pasaran, me quede parado para que no se pusieran más nerviosos de lo que parecían se habían puesto, nos quedamos mirando el último y de mayor tamaño y yo. Fue un curioso cruce de miradas, ya que él desde una altitud muy superior a la mía, ofrecía una estampa desafiante. A la vez que movía su corto rabo, empezó a emitir un extraño sonido, que no sabría definirlo si sería como una especie de amenaza. Al fin y al cabo me encontraba más en su casa que en la mía, y ese era un valor que el animal parecía me quisiera recordar.

16.15 2.440 metros. Después de alcanzar el primero de los ibones, el superior, continúo llegando junto al más grande de los dos, el llamado ibón azul bajo, mucho más grande que el primero, y que además hacía honor a su nombre mostrando una tonalidad de aguas homónima. Me pareció un buen momento para parar y comer un poco: una pequeña lata de ensalada y otra de paté. Desde donde me encontraba veía de lejos en dirección E el ibón alto de Bachimaña. Fue uno de los mejores momentos del día. Había dejado de llover hacía bastante tiempo, y la capa se me había secado, por lo que sin doblarla con mucho esmero, la guarde dentro de mi mochila. Mientras comía, podía ver el llamado "Vivac de Chape", una pequeña estancia metálica que no puede albergar más de seis o siete personas, y que supone el único punto de refugio en muchos cientos de metros a la redonda.

16.30 Continúo mi marcha. Me quedan tres horas para llegar al Balneario y creo que no voy mal. Dada la experiencia del año pasado, prefiero esta vez ser yo el que espere al resto de la familia.

17.15 2.290 metros. Llego a la altura del Ibón de Bachimaña. Se encuentra bajísimo de agua, dejando ver en su centro varias islas que han ido apareciendo propiciadas por su bajo nivel. Se trata de uno de los de mayor extensión de los que se encuentran a más de 2.000 metros. Como estoy de bajada, el paso es bastante alegre, y el cansancio no hace aparición, sino todo lo contrario.

,,,
 
Ibón inferior de Bachimaña

17.30 2.270 metros. Veo el ibón bajo de Bachimaña, que fue el que conocí el año pasado cuando subí con los niños hasta aquí, en aquella excursión matinal que nos pegamos los tres. Al pasar a la altura de la presa del superior, veo que un grupo de obreros están llevando a cabo alguna reparación en su muro. El Ibón bajo, al estar regulado por el superior, se encontraba lleno.

17.50 2.200 metros. Llego a la altura de la presa de este último, momento para recordar las patatas fritas que se tomaron Mónica y Javier el año pasado. La verdad es que el ir solo no quiere decir que no te estés acordando constantemente de tu familia. Desde este punto ya solo quedaba una fuerte bajada, siguiendo el cauce del recientemente formado río Caldarés, que acabará con sus aguas en Panticosa pueblo. Desciendo por el camino que llaman "el salto del fraile", siempre dentro del GR-11 por donde ha discurrido toda la jornada, contemplando la impresionante cascada natural que forman las aguas de este río. Según voy bajando me adelanta a toda velocidad uno de los obreros que trabajaban en la presa, y le pregunto cuánto tiempo hay hasta el Balneario, me contesta que es rumano y que no sabe nada de español, ni de inglés que también le pregunté.

18.45 1.900 metros. Después de bajar trescientos metros, aparece ante mis ojos la maravillosa vista del Balneario de Panticosa, un lugar siempre idílico, tanto en verano como en invierno, tanto desde arriba como cuando estás junto a él. Es un conjunto de siete u ocho edificios solamente acompañados de un gran lago llamado "ibón de baños", y escoltados por unos muros graníticos de más de quinientos metros de altitud. Me entretuve un rato en contemplar esa vista, subido a una redondeada roca.

19.15 1.800 metros. Llego a un mirador que han construido para que aquellos "montañeros" de paseo que llegan al Balneario puedan admirarlo con cierta perspectiva. Yo vuelvo a hacer otra parada, y tomo el catalejo para intentar averiguar si veo nuestro coche. Desde que se había marchado Magdalena esta mañana temprano, dejándome en La Sarra, no sabía nada de ella, ya que a estas montañas no han llegado las coberturas. No logro ver nada, y continúo bajando.

19.25 1.710 metros. Llego junto al refugio Casa de Piedra, prueba palpable de que he llegado al Balneario. Justo de tiempo, pero un poco antes de la hora. Me dirijo hacia donde hemos quedado, comprobando que no están todavía. Ya más tranquilo, paseo dirección entrada, por si hubieran dejado el coche en el aparcamiento de la embotelladora, y cuando voy hacia allí, veo acercarse el Xsara azul Leman, con Magdalena a sus mandos. Les dejo aparcar sin que me vean, y cuando lo han hecho, es Mónica la primera que se da cuenta de mi presencia. Ahí terminaba este precioso tramo del GR-11, que me encantó.

© texto y fotografías Carlos Díaz

Vista al balneario de Panticosa

...


<<Aragón