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El Hundido de Armalones
 
Entrada al Hundido de Armallones

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El Hundido de Armallones

Charo Bustamante Merino abril 2004

Difundido con la autorización de la autora que tiene publicada ésta y otras rutas en su página personal andaduras

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Las Cáquimas

Cercano al pueblo de Ocentejo, encontramos una de las zonas mas agrestes del curso del Tajo en su tramo alto. Se trata del Hundido de Armallones, que recibe su nombre de otro pueblo que se alza en la orilla opuesta, a unos diez o doce kilómetros del Hundido, y del que sale una pista que nos lleva hasta la parte alta de estos cortados.

En el siglo XVI, un terremoto ocurrido Lisboa provocó el hundimiento del estrato rocoso del cañón por el que discurría el Tajo, desplomándose sobre el cauce y desviándolo hasta el curso que vemos ahora.

El resultado fue una zona espectacular por la que el río se rompe contra las piedras y a veces forma remansos de serena belleza.

Mi primer contacto con el Alto Tajo, tuvo lugar en este punto, un frío día de septiembre, de esos en los que el tiempo decide cambiar de repente y pasar de veinte a diez grados sin avisar.

Íbamos en plan "dominguero" , con los niños pequeños aún y ropas de verano, lo que nos hizo volver a la puerta del cañón quedándome un gustillo amargo, por no poder entrar en un lugar que me atraía con fuerza.

Desde aquel día ya lejano, han pasado años, y han sido varias las veces que he recorrido la pista que lo bordea, unas con calor sofocante, paliado en las pozas que nos ofrece, otras en otoño, cuando el color amarillo intenso de los chopos le da un aspecto precioso.

En primavera el romero se cubre de flores y el aire es fresco, pero hoy después de varios días de intensa lluvia he descubierto algo que nunca pude ver: la cascada que se forma en los llamados Ojos de la Cárquima.

Es un torrente de dos brazos, que cae con fuerza, aunque no lograremos verla al completo porque la arboleda nos lo impide. El punto donde se puede apreciar la altura real de esta cascada es desde los cortados cercanos al pico Alar, aunque desde allí se ve lejana.

Es temporal, como otras preciosas cascadas de estas zonas, es decir solo en épocas de lluvias intensas y frecuentes, o años de mucha nieve será cuando podremos verla. Los manantiales que la forman necesitan estas condiciones para que al saturarse salgan al exterior y surjan con fuerza hasta que desagüen sus reservas. Algo similar a lo que ocurre con La Escaleruela, en las proximidades del Puente de San Pedro.

Comenzamos la ruta en Ocentejo, por una pista que surge antes de entrar en el pueblo, y se dirige a los cortados, visibles desde el momento en que nos apeamos de nuestro vehículo y miramos al este. Se abre paso entre huertos, campos de viñas y almendros, con curiosas alambradas, hechas con todo lo que puede ser utilizable. Encontramos un desvío a la derecha que se dirige al Molino, pero nosotros continuamos hacia los cortados.

La pista comienza a bajar y se hace más pedregosa, hasta que en un punto encontramos una barrera que impide el paso a los coches. Es en este momento cuando realmente nos introducimos en el Hundido.

Frente a nosotros aparecen las altas paredes del Hundido de Armallones propiamente dicho, así es como se llama a estos cantiles de roca donde los buitres han encontrado un lugar privilegiado para anidar. De hecho revolotean por los cielos sobre nosotros. Según un panel informativo que se nos muestra en el pueblo, no solo son buitres los que anidan las cárcamas, sino también aguilas perdiceras.

El río se esconde a veces entre el pinar, pero los abundantes claros nos dejan ver lo que oímos, son rápidos que se forman al chocar sobre las enormes piedras de su lecho.

 
,,, Arriba el Tajo crecido. A la izquierda el mismo lugar otro dia con río más tranquilo

Hoy está muy crecido, baja con una fuerza extraordinaria, su color es muy turbio, revuelto de la arena y el lodo que ha arrastrado a su paso, pero la fuerza levanta espuma de color blanco, y las aguas sobrepasan las rocas como si fuera oleaje de mar, se hunde y vuelve a subir sobre las siguientes a las que cubre por completo.

Sabemos que bajo el cauce hay piedras que se han tapado con tal abundancia de agua. Otras veces, las rocas son tan grandes que consiguen detener el impulso de la masa líquida, que ante este obstaculo se esparce hacia las orillas.

No creo que hoy los pescadores puedan hacer mucho en estas turbulentas aguas. Es un río por el que baja mucha pesca y no es extraño ver a los aficionados con sus cañas pasando el día en estas orillas.

Pero hoy el río está impresionante, bravo, dominante, demostrando su fuerza como un titán airado.

A nuestra izquierda una enorme pared de roca caliza mezclada con arcilla anaranjada, forma los cortados que encajonan este lugar.

Hacia la mitad del recorrido es fácil ver un rellano junto a un remanso del río, que hace las delicias del caminante acalorado los días serenos de verano, tan bueno es el baño que podemos tomar en él.

Al frente los cortados se elevan dando lugar a formas caprichosas que dan origen a sus nombres: Los Cortes, La Cueva, en el que vemos una cueva junto a la orilla, y cerca de ella, en época de lluvias, una surgencia forma una cascada que se vierte al río.

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Cascada en los Ojos de la Cárquima

Más adelante los Ojos de la Cárquima, donde surge la cascada que he mencionado anteriormente. Hoy está preciosa, me alegro poder verla. Ya casi a la salida del barranco encontramos Las Cárquimas y el Salobral que remata esta línea de paredones sorprendentes.

Es en este punto donde una casa en ruinas recuerda donde se explotaban las Salinas de la Inesperada. Junto a ella, una cuadrícula no muy grande, rodeada de muros de contención, servía para desecar las aguas salinas que se extraían de un pozo cercano, donde se reunían los veneros cargados de la sal que arrastraban de las rocas del valle.

Hoy está todo en ruinas, en un lastimoso estado de abandono. Quiso la casualidad que tropezaramos con el dueño de estas dependencias, el que nos dijo que esto ya no es posible mantener como negocio, por lo que lo ha puesto en venta, para que pueda ser utilizado como lugar de recreo.

Solo en verano se podía realizar la evaporación. Parece que fue rentable hasta los años cincuenta en los que comenzó su declive.

El almacén de la sal, también ruinas, se encuentra a poco mas de un kilómetro más arriba, por la ladera de Las Lastras, al que nos conduce un sendero empinado y tortuoso, hoy casi borrado.

Es aquí, en la casa de las salinas, donde damos por terminado nuestro recorrido, regresando por la misma pista, hasta el pueblo de Ocentejo.

© textos,fotografías y croquis Charo Bustamante Merino abril 2002

Comenzamos la ruta en el pueblo de Ocentejo, sin llegar a entrar en él, cruzamos la carretera y nos dirigimos por una pista de tierra hacia el Hundido que vemos frente a nosotros. Al poco encontramos una pista que sale a la derecha, y que desechamos, se dirige a otra zona conocida como El Molino. A dos kilómetros del pueblo comienza la hoz y solo tenemos que continuar por la pista hasta llegar a la casa de las salinas. Volveremos por la misma pista.

NOTA---- El esquema es solo orientativo. No es a escala, ni guarda el trazado de la pista. El plano a escala se puede encontrar en la hoja 513-I, escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional

Distancia aproximada, 10 kmts



 

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