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Laguna de Taravilla
 
Laguna de Taravilla


Laguna de Taravilla

Charo Bustamante Merino julio 2003

La Laguna de Taravilla, o mejor llamada Laguna de la Parra, se encuentra distante de la localidad que le da nombre unos 9 kilómetros, la misma distancia que la separa del Puente del Martinete, en las proximidades de Peralejos de las Truchas. Es a este lugar donde nos desplazamos para realizar esta caminata, que no encierra dificultad en cuanto al relieve del recorrido, todo pista en bastante buen estado, en la que solo encontramos repechos, unos más empinados que otros, aunque sí es larga, 18 kms ida y vuelta.

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Enorme roca junto a la pista

Desde que llegamos al puente, enormes bloques de roca nos dan la bienvenida. Nos acompañarán la mayor parte del recorrido. Es el entorno en el que el Tajo se recrea, su obra de siglos en los que ha ido horadando la blanda caliza y dejando la piedra dura para nuestro deleite y admiración.

A veces las paredes rocosas son enormes, alcanzando alturas de cuarenta o cincuenta metros, formando lisas bóvedas en las que el eco repite el cantar del río en su discurrir entre piedras y follaje.

Otras en la cima de la colina aparece una forma caprichosa, un tormo, una mole, una covacha que sigue a otra...

Cuando llevamos caminando aproximadamente una hora, el río se encajona en un profundo barranco de roca y pinos.

Es una imagen inolvidable. El verde de las aguas se vuelve espuma blanca, precipitándose entre rocas, en fuerte corriente que en ocasiones se oculta en la espesura. Otras se remansa, casi se detiene, profundo, cristalino, un espejo en el que se miran las grises rocas.

Junto a la pista la vegetación es muy variada. Encontramos, además de los pinos, quejigos, avellanos, bojes, majuelos, zarzas, y una gran variedad de flores. Unas pequeñas florecitas malvas se alinean en las orillas. Abundan las margaritas, de las que en esta época solo queda el botón amarillo y alguna que otra dispersa. También encontramos bolitas del orégano, dedaleras, globularias, guijas, orquídeas silvestres...

Poco a poco nos vamos separando del Tajo y entrando en un espeso pinar, en el Estrecho del Hornillo. La pista aquí da vueltas y revueltas, salvando los barrancos, y camina despacio hacia su destino. Al fondo se dibuja un picacho semejante a un enorme montón de trigo. Seguimos subiendo, ahora hace calor, y la cuesta se resiste.

Pronto reconocemos los cortados vecinos al Salto de Poveda. Ya estamos en la zona de la laguna, y eso nos anima a pesar del calor que se ha presentado sin esperarlo.

Casi por sorpresa, la laguna aparece a lo lejos. Su imagen no dura mucho, se oculta en el pinar y los cerros de los alrededores.Pero al poco vemos las chorreras que vierten sus aguas hacia el Tajo, o más bien las oímos, solo alguna se deja ver, el resto se oculta entre la maleza y los árboles.

Es un dique natural, una enorme tobera que aumenta con el paso del tiempo y detiene la masa de agua azul de la laguna...

El origen de esta laguna, como tantos otros en la zona, se debe a la filtración de las aguas de lluvia en los relieves calizos de estas montañas. La reunión de estas filtraciones forman acuíferos, que en las surgencias precipitan la caliza blanda, materia que forma las tobas.

La laguna se alimenta de las aguas de uno de estos acuíferos que aflora en su fondo. Es por esto una laguna rica en cal, y también rica en vida acuática. Se rodea de un anillo de carrizo, que cobija azulones, pollas de agua, incluso nutrias.

Los más visibles son unos pececitos diminutos, que en forma de banco se aproximan a la orilla.

Se mueven veloces, todos al unísono, como hojas barridas por el viento, vienen y van, saltan, se amontonan...

Son casi transparentes, si nos detenemos a observarlos podemos ver su espina, como una linea oscura en el centro de sus frágiles cuerpecitos.

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Culebra de agua

También encontramos culebras, dos de ellas se aproximan a la orilla en busca de estos pececillos.

Todo lo que observo me hace meditar en la riqueza de este lugar. No solo me impresiona la belleza del paisaje, es la vida que contiene, la enseñanza que transmite, y la paz que se respira me hace olvidar el calor de la subida.

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Flor de crupina

Aquí corre un aire suave, la hierba es fresca, hay sombras y bajo un quejigo nos tumbamos a descansar, mirando al cielo.

Entre hierba alta y tierna surgen multitud de zarzas, ahora en flor, y entre ellas, preciosas crupinas, moradas, elegantes, en medio del verde uniforme que configura el entorno.

Volvemos por la misma pista que trajimos. Ahora el Tajo parece diferente, las sombras de las altas paredes cambian su color. Es una oscura serpiente que se desliza retorciendose. Los pinos dan sombra a la pista, y el sol ilumina las rocas que esta mañana estaban en sombra. Cada momento del día es diferente. Cada momento es especial en este hermoso paraje

Esquema de la ruta

El esquema es solo orientativo. No es a escala, ni guarda el trazado de la pista. El plano a escala se puede encontrar en la hoja 539-II, escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional

El recorrido de esta ruta es muy sencillo.

Tomamos una pista que aparece señalizada junto al Puente del Martinete, próximo a Peralejo de las Truchas, y discurre paralela al cauce del río por su margen derecha. No la dejamos en ningún momento hasta llegar a la laguna. El regreso se realiza por el mismo camino.

Esta ruta se puede hacer lineal, siguiendo la pista que traemos y que continua hacia Taravilla, evitando con ello repetir el recorrido. Para ello necesitamos un coche de apoyo que nos espere en la confluencia de esta pista con la carretera que une Poveda de la Sierra con Taravilla.

SUGERENCIA: Continuando unos cinco minutos por la pista podemos contemplar una magnifica panorámica del Salto de Poveda.


© textos, croquis y fotografías Charo Bustamante Merino julio 2003

Publicado con la autorización de la autora que tiene editadas ésta y otras rutas en su página personal andaduras

 

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