Si no ves la barras de navegación puedes ir al
inicio de andarines
¿quieres participar en nuestras excursiones y actividades?
cuadernos para andarines
¿los conoces?

<< Cataluña

A LOS CARROS DE FOC,
DESDE FINLANDIA

El grupo poco antes de la primera ascensión de la travesía.
...

Programar desde Finlandia, para 12 personas, la travesía de los Carros de Foc, no fue tarea sencilla, pero tampoco resultó imposible. El mayor problema residía en lograr comprimir todo nuestro viaje dentro de los 8 días comprendidos entre el sábado 6 de julio, día de nuestra salida de Finlandia en avión, hasta el 15, día de nuestro forzado regreso. Afortunadamente, conseguimos sincronizar los transportes y, en poco más de 24 horas, nos trasladamos desde nuestra ciudad, Lahti, situada a unos 100 km al norte de Helsinki, hasta el punto de inicio de nuestra travesía. Para ello viajamos de Lahti a Helsinki en coche, de Helsinki a Barcelona en avión, de esta ciudad a Viella en autocar de línea y, de allí, en taxi, hasta Ribera d´Aiguamòg. De regreso utilizamos los mismos transportes en sentido inverso.

De ida y de vuelta nos hospedamos una noche en Viella, en el Hotel Urogallo, donde recibimos excelente atención por un precio muy razonable. Para nuestro primer día de andadura nos prepararon un picnic muy completo. Tuvieron también la amabilidad de guardarnos las maletas con la ropa de viaje durante los seis días que duró nuestra travesía.

Ya desde Finlandia habíamos contactado con el taxista Sr. Manel, de Salardú, y reservado dos vehículos. A las 8 de la mañana del domingo estaban, puntualmente, frente al hotel. En poco menos de una hora, y en animada conversación, nos transportaron hasta Ribera d´Aiguamòg. Quedamos ya entonces para la hora y día en que tenían que venirnos a recoger del mismo lugar.

Tras la foto de grupo de rigor, y con un tiempo espléndido, iniciamos la primera ascensión de la travesía hasta el refugio de Colomers, en donde nos entregaron las gorras y los forfaits.

--
 
Por el Coll de la Ribereta

Como disponíamos de tiempo y para evitar pasar por el Coll de Güellacrestada que, inevitablemente, íbamos a hacer el día siguiente, fuimos a dar la vuelta por el Coll de la Ribereta y valle del mismo nombre. Fue un recorrido más largo que el clásico por Port de Caldes, pero valió la pena: el bucolismo del Vall de Ribereta es difícil de encontrar en otros lugares. Lo malo fue que caía un sol de justicia y la temperatura, al mediodía, alcanzaba los 30 grados. Al llegar a Pontet de Rius, cuando nos quedaban aún por delante 400 m de fuerte subida hasta Restanca, estábamos deshidratados y sin agua en nuestras cantimploras. Nos preguntábamos cómo, en esas condiciones, íbamos a poder subir a Restanca cuando descubrimos, al lado mismo del camino, una fuente que fue nuestra salvación. Tras beber en abundancia y refrescarnos debidamente, emprendimos ya con nuevas fuerzas el último tramo de aquella larga y calurosa jornada.

En Restanca ”aprendimos” el sistema de funcionamiento de los refugios del recorrido. No todos funcionan exactamente igual, pero con pequeñas variantes podemos decir que, en general, se dejan las mochilas y botas a la entrada o en la parte exterior del edificio y se coje solamente lo necesario para pasar la noche: sábanas, pijama y utensilios de aseo. En los refugios suelen haber zapatillas y almohadas, pero no en todos.

El sistema de duchas en Restanca funciona a base de una ficha que se compra en la recepción. Al introducirla en la cajita a ella destinada en el cuarto de baño, se obtiene agua caliente durante 5 minutos, tiempo más que suficiente para ducharse dos personas.

La cena, el desayuno y el picnic que nos dieron en Restanca fueron abundantes, sanos y de buena calidad. Lo mismo ocurrió en el resto de los refugios en que pernoctamos.

Aunque el agua de los grifos de los refugios no está declarada como potable, todos bebimos de ella y nadie del grupo enfermó. Se puede pues tomar tranquilamente. ¡Además, es buenísima!

--
... En algunos refugios la ventilación es totalmente insuficiente para la gran cantidad de gente que duerme en el mismo lugar ...
   

Las noches, en dormitorios más o menos multitudinarios y, siempre, durante nuestra travesía, llenos a tope, eran de lo más ”sonoras”. Esto, a base de cansancio, vino para la cena, tapones para las orejas y, cuando no podíamos más, algún somnífero, era combatible. Además, al cabo de un par de noches uno llega a acostumbrarse. Lo peor era la sensación de falta de aire. En algunos refugios la ventilación es totalmente insuficiente para la gran cantidad de gente que duerme en el mismo lugar. En Ventosa, por ejemplo, tuvimos que poner una zapatilla en el marco de la ventana para que ésta se mantuviera un poco abierta ya que si no, su propio peso la cerraba de nuevo.

El lunes, tras aquella noche en Restanca, subimos, ésta vez sí, al Coll de Güellacrestada. A partir de aquel día el tiempo se mantuvo seminublado pero seco, excepto en dos ocasiones de las que ya hablaremos más adelante. Fue pues un clima ideal para hacer senderismo, con temperaturas entre 10 y 20 grados. Ya en Güellacrestada, dos del grupo subieron al Montardo. El resto se quedó disfrutando del paisaje en los estanques de Mangades y de Clot. Algunos se dieron un chapuzón en ellos, con lo que se libraron de la aglomeración en las duchas del siguiente refugio, Ventosa i Calvell, al que pronto nos dirigimos pues el cielo se iba nublando con rapidez.

--
... podíamos contemplar aquella magnífica tormenta desde las ventanas del refugio, ...
   

Las primeras gotas de la tormenta empezaron a caer en el momento en que entrábamos por su puerta. A partir de aquel momento y durante unas cuatro horas cayeron rayos y granizo a diestro y siniestro. Afortunadamente, podíamos contemplar aquella magnífica tormenta desde las ventanas del refugio, mientras disfrutábamos de unas buenas cervezas y echábamos emocionantes partidas de mentiroso con dados. Nos preguntábamos, sin embargo, cómo íbamos a poder subir al Coll de Contraig al día siguiente si el tiempo continuaba así. Afortunadamente, no volvió a llover en toda nuestra travesía hasta el último día.

El martes amaneció fresco y despejado. Sabiendo que nos esperaba la subida más dura de todo el recorrido, procuramos salir lo antes posible. Las grandes extensiones de enormes y peligrosos bloques de rocas, inmensos pedregales que se van repitiendo a lo largo de toda la travesía, dificultaban grandemente nuestro avance. Había que mirar muy bien en dónde se ponía un pie antes de levantar el otro, pues un tropiezo o un resbalón hubiesen podido tener muy malas consecuencias, máxime teniendo en cuenta que, excepto en los refugios de Colomers y Colomina y en el Port de Ràtera, en ningún otro lugar del recorrido obtuvimos cobertura para nuestros móviles y, para alertar al helicóptero de rescate, hubiésemos tenido que ”correr” hasta el refugio más cercano, a menudo situado a horas de distancia.

--
 
Prat d´Aigües d´Aci

No sin dificultades superamos el Coll de Contraig. Como el tiempo era más bien frío, bajamos en seguida hasta el comienzo de la zona de bosque, en donde nos deleitamos contemplando los maravillosos parajes del Prat d´Aigües d´Aci. A media tarde llegamos al refugio de Llong que, como todos los demás del recorrido, los grupos de franceses habían ”invadido” antes que nosotros. De todas formas, su ”osadía” la iban a pagar cara por la noche, pues los ronquidos de dos de nosotros mantuvieron despiertos a más de uno… Al día siguiente, creyendo que nosotros no les entendíamos, hablaban de ”la vache”, ”la locomotive” o del ”avion à réaction”.

A los franceses se les adjudicó el primer turno de cena y, como dentro del refugio no cabíamos todos, nosotros salimos a fuera a hacer tiempo. Hacía fresco y nuestros estómagos reclamaban comida, pero cuatro botellas de delicioso Rioja Campo Viejo nos alegraron la espera y recuperamos el buen humor de siempre. Por la noche llovió de nuevo, pero esta vez se mojaron solamente los que dormían bajo la ventana del techo, que habían elegido este lugar para tener más oxígeno...

--
... tuvimos la oportunidad de ver de carne y hueso a Enric Lucas, guarda del refugio, que poseía el mejor tiempo en el ranking del Sky runner...
   

Por la mañana del miércoles salimos, envueltos dentro de una espesa niebla, hacia el Coll de Dellui. A media subida las nubes se fueron quedando atrás y apareció un sol resplandeciente en un cielo intensamente azul. Tranquilamente, ”de paseo”, hicimos el largo recorrido hasta el sorprendente refugio de Colomina. Su estructura de madera, firmemente anclada a la roca mediante cables (no es para menos: soplaba un viento fortísimo), es totalmente distinta a la de los otros refugios de la zona. Allí tuvimos la oportunidad de ver de carne y hueso a Enric Lucas, guarda del refugio, que poseía el mejor tiempo en el ranking del Sky runner: ¡10 h 35 min! Para nosotros, que con grandes esfuerzos habíamos invertido casi cuatro días para hacer la mitad del recorrido, su figura se nos antojaba como la de un semidios.

Por la tarde continuamos, con renovadas fuerzas, hasta el idílico refugio de Blanc. Allí pasamos una agradable velada con los franceses, con los que finalmente nos hicimos buenos amigos y acabamos cantando y bailando sardanas. En los bosques de los alrededores, los fugaces rebecos se sorprendían al encontrar a humanos en cuclillas y con los pantalones en los tobillos, escondidos tras los árboles. Y es que ignoraban -como nosotros- que éste es el sistema de ”aliviadero” imperante en aquel lugar. Menos mal que, cerca del refugio, había un gran bidón en el que se podía depositar el papel usado…

--
... al cabo de poco, pudimos disfrutar de nuevo del montañismo puro mientras contemplábamos la emblemática silueta de los Encantats. ...
   

El jueves también amaneció envuelto en densas nieblas, que nos impidieron la visibilidad hasta llegar al Coll de Monestero, al otro lado del cual nos esperaba un cielo despejado y un valle que no tiene desperdicio por su belleza. Saboreando el encanto del lugar, fuimos bajando lentamente hasta llegar, con pena de que se acabara, al refugio de Mallafré. El paso por la presa del lago de Sant Maurici, con kiosko, automóviles y niños jugando a pelota se nos antojó como un regreso a la civilización de la que habíamos estado ausentes durante cinco días. Afortunadamente, la pronunciada subida al refugio de Amitges fue dejando atrás aquel ambiente y, al cabo de poco, pudimos disfrutar de nuevo del montañismo puro mientras contemplábamos la emblemática silueta de los Encantats.

El refugio de Amitges es probablemente el mejor organizado de todos los que conocimos, cosa que, siendo la última noche de nuestra travesía, todos supimos agradecer. Las duchas y sanitarios estaban bien, la cena fue estupenda, y el dormitorio amplio y bien ventilado.

--
... cuando estábamos mostrando con orgullo a los guardas de Colomers nuestros forfaits repletos de sellos que se desencadenó una fortísima tormenta . ...
   

El viernes, sexto y último día, lo invertimos para andar de Amitges a Colomers, pasando por Saboredo, en donde paramos a comer. Fue un recorrido precioso y tranquilo, sólo sobresaltado por los truenos que ya se empezaban a oír al coronar el collado de Sendrosa, desde el cual contemplamos la impresionante mole del Montardo, así como el collado de Ribereta, al que habíamos ascendido durante nuestro primer día de marcha. El circuito, pues, se cerraba, y nuestra excursión iba tocando a su fin. De nuevo, el cielo fue clemente con nosotros y no fue hasta cuando estábamos mostrando con orgullo a los guardas de Colomers nuestros forfaits repletos de sellos que se desencadenó una fortísima tormenta con gran aparato eléctrico y granizo. Dejamos que amainara mientras esperábamos que llegara la hora convenida con los taxis. Entonces, y ya con nuestras flamantes camisetas de los Carros en las mochilas, iniciamos el descenso hasta Ribera d´Aiguamòg, lugar en que, puntualmente como habíamos quedado, los taxis nos vinieron a recoger.

Por la noche, ataviados con nuestras nuevas camisetas y gorras de los Carros de Foc, celebramos con una cena en el mismo hotel Urogallo el éxito de nuestra travesía: todo había salido como lo habíamos planeado, los sistemas de transporte habían funcionado perfectamente, las personas con quienes habíamos contactado habían cumplido su palabra, nadie se había hecho daño ni enfermado e incluso el clima nos había sido propicio. Sólo nos quedaba la pena de que nuestra excursión se había acabado y la duda de encontrar, en España, la posibilidad de hacer otra marcha de parecidas características.

© Josep-Andréu Miralles i Abelló
jose.miralles@pp.phnet.fi

Ver más artículos y reportajes del mismo autor>>

 

<< Cataluña