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Pasear para conocer JACA

Ciudad altiva en tierra de nadie

... por el número de habitantes no pasaría de ser en la parte sur de España un poblachón y sin embargo al pie de las montañas es una pequeña capital...

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Catedral de Jaca
Dice el refrán : "en la montaña, o a cien leguas de ella", pero la altiva Jaca nació y creció en esa tierra de nadie que es el amplio corredor formado por el río Aragón, lo que en la zona se denomina "a canal", con los Pirineos formando una muralla a sus espaldas y la Peña Oroel al frente. Curioso contrasentido de ser los jaqueses "canalizos" para los habitantes de la montaña y capital del Pirineo para todos los demás y, por supuesto, para ellos mismos. Ciudad barrida por todos los vientos y expuesta al sol, el paseante la recordara asociada al calor de su corto verano y con el intenso frío del invierno.

Jaca, la antigua Iaca, la primera capital de lo que fue el recien nacido Reino de Aragón, ciudad estratégica que Felipe II mando fortificar ante la amenaza hugonote. Referencia obligada para los pueblos fronterizos, cuartelera y contrabandista, adelantada en el levantamiento republicano y feroz en la posterior represión. Ahora candidata eterna a los Juegos Olimpicos de Invierno, "Perla del Pirineo", como reza un cursi slogan turístico, nos invita al paseo.

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...En julio huele a manzanilla y por los pinos que jalonan el camino...
 

Tiene Jaca un despertar lento, pausado que nos permite estirar las piernas camino del Fuerte Rapitan en las primeras horas de la mañana. Seguimos las indicaciones que nos llevan al Hospital Comarcal y, desde allí, vamos ganando altura por una mala carretera pero de bien trazadas curvas. En julio huele a manzanilla y por los pinos que jalonan el camino las ardillas nos observan curiosas, y hasta nos siguen si nos mantenemos en silencio. El paseante puede ser adelantado por grupos de sudorosos corredores, militares del grupo de montaña, que afrontan la cuesta como parte de su preparación física diaria.

Llegamos a la explanada situada frente al antiguo Fuerte de Rapitán, desde allí Jaca se nos muestra sencilla, pequeña. El slogan "la Perla del Pirineo" nos parece menos cursi y nuestra mente se va al escenario de hace millones de años cuando estas tierras eran el último reducto del mar de Tutis. La Peña Oroel se perfila sobre el horizonte, como eterna protectora de la ciudad. Podemos rodear el fuerte, construcción estratégica que cierra el valle del Aragón, y obviar una construcción medio abandonada que, cerca del Fuerte, estropea el paisaje con una muestra poco afortunada de la arquitectura del desarrollismo de los años 1960s.

Una ultima mirada a Jaca, situamos la Catedral, rodeada de callejas antiguas, la Ciudadela, los cuarteles, seguimos el curso del Aragón para vislumbrar la silueta del Puente de San Miguel. Tomamos el camino de vuelta hacia un merecido desayuno en una ciudad que a las diez parece despetar a la vida.

Después, la visita a la Catedral, la mas antigua de España. Observamos en su gran pórtico la huella de los dedos de los miles de peregrinos que pasaron por él. El interior invita al paseante a la meditación tanto espiritual como histórica. En el Museo Diocesano se expone una colección de arte románico procedente, en muchas ocasiones, de iglesias o ermitas de lo que hoy son pueblos abandonados de la redolada de Jaca.

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...pero conservan una dignidad que hace contraste con un edificio, que a modo de nuevo rico, luce madera y pizarra por todas partes. ...
 

Salimos por la puerta lateral, a una recoleta plazuela que invita, bajo sus pórticos, a la contemplación de la Catedral desde este nuevo ángulo. Vamos a la calle Mayor, mirando escaparates de librerias, comprando en las pastelerías, las de Jaca son un auténtico lujo, para continuar por las calles del Obispo, del Carmen, de Zocotin, Echegaray, restos del antiguo urbanismo de la capital del Reino de Aragón, copiado en muchas ciudades a lo largo del Camino de Santiago. En la plaza de Biscós, centro de todas las celebraciones jaquesas, observamos las casonas de piedra enmarcando el amplio espacio, algunas presentan parches que la modernidad ha colocado con poco acierto, pero conservan una dignidad que hace contraste con un edificio, que a modo de nuevo rico, luce madera y pizarra por todas partes.

A la 1 1/2 la ciudad pierde gas, y las dos se apaga. Jaca vuelve a ser un espacio silencioso y vacío. Comer de restaurante o de alforja es opción del paseante pero obligatorio es reposar junto al foso de la Ciudadela viendo con los ojos entreabiertos como los milanos reales sobrevuelan la ciudad. Después del descanso lo mejor es visitar la Ciudadela, construida a finales del Siglo XVI, para defender la ciudad de la posible amenaza francesa y que, curiosamente, solo sufrió asedio ¡con los franceses dentro¡ durante la Guerra de la Independencia.

A la salida, si es verano, las terrazas estarán repletas. Jaca vuelve a la calle conservando un aire de ciudad militar, de gente arreglada según su condición y rango. Podemos recorrer el paseo del Parque hasta el final y bajar a ver el puente románico de San Miguel entre las luces de la tarde. A la vuelta es obligado recorrer otra vez la calle Mayor, vía neurálgica de la ciudad, volver a mirar el edificio del Ayuntamiento, donde hasta hace relativamente poco se exponían los fueros de los habitantes de la ciudad sujetos con una cadena, de ahi su nombre de Libro de la Cadena. También levantar la vista y disfrutar de los edificios de esta calle, sencillos o lujosos lo cierto que son, como conjunto, irrepetibles por la personalidad que dan a la calle Mayor. Al final de la Calle llegamos a un mirador, desde la altura podemos ver como Jaca ha crecido. El paseante no puede evitar una idea nostálgica e imaginarse los 4,5 km de murallas que rodeaban toda la ciudad y como estas murallas podían haber dividido la parte antigua de la moderna, marcando las diferencias y evitando el revoltijo de construcciones que hemos visto durante el paseo.

Sentarnos en una terraza de la carretera de Francia, viendo pasar a la gente nos hace pensar que han hecho los pobres plátanos para que les hagan una poda tan salvaje y quien fue el listo que plantó abetos que impiden la llegada del codiciado sol del invierno a los jaqueses.

Jaca, curiosa ciudad, que por el número de habitantes no pasaría de ser en la parte sur de España un poblachón y que sin embargo al pie de las montañas es una pequeña capital, y no solo por su origen sino también por la vocación de sus habitantes.

Tiempos y recomendaciones
Catedral-Fuerte Rapitan-Catedral: entre dos y tres horas En verano hacer el paseo a primera hora de la mañana, en invierno por la tarde.
Catedral-Puente de San Miguel-Catedral: apoximadamente una hora y media.

© Elena Gusano noviembre 2002


 

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