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DE CERBÈRE A ULLDECONA
(GR-92 DE PORTBOU A ULLDECONA) >>

Barcelona desde Sant Mateu © Carles Danon.

 

ETAPA 16

COLL DE CAN BORDOI – COLL DE LA FONT DE LA CERA (22,875 Km. – 5h)

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Resumen etapa:

  • Coll de Can Bordoi - Coll de Parpers 1h45’
  • Coll de Parpers - Coll de Sant Bartomeu 45’
  • Coll de Sant Bartomeu - Sant Mateu de Céllecs 1h30’
  • Sant Mateu de C. - Coll de la Font de Cera 1h
  • TOTAL 5h

 

 

 

El Sendero del Mediterráneo continúa en lo alto de la Cordillera Litoral Catalana, dejando ya el Corredor, más húmedo y frondoso, y entrando en la Serralada de Marina (formada por tres sierras: Céllecs, Sant Mateu y la Conreria), más seca y urbanizada, atravesando varios collados con carreteras que comunican la costa con el interior, y ascendiendo a algún turó con vistas magníficas, en plena divisoria entre el Maresme y el Vallès, de la que no se separa demasiado el itinerario.

Por otra parte, el GR también se va acercando al área de Barcelona, donde entrará de lleno en la próxima etapa; pero en ésta, el perfil de la gran ciudad ya aparece muy cercano. También aparecen, cada vez más, multitud de caminantes, ciclistas, vehículos, motoristas y otros especimenes, como consecuencia de la proximidad a la conurbación y su área de influencia.

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La Torrassa del Moro, entre el Corredor y la Marina. Al fondo, Sant Llorenç del Munt © Carles Danon.
 

La Torrassa del Moro, de origen romano y visible desde buena parte del Vallès
©
Carles Danon.

El Coll de Can Bordoi es uno de los principales accesos al Parque Natural del Montnegre – Corredor, y es fácilmente accesible desde Llinars por la carretera de Dosrius (B-510) en una media hora, al principio con fuerte desnivel. En el collado, y situados frente a la casa de Can Bordoi (torre modernista, actualmente albergue de la Fundació Jaume Bofill), se coge la pista de la izquierda sin asfaltar, en dirección sureste, que da la vuelta a la casa quedando ésta a la derecha. En un principio la pista va remontando suavemente, siempre en medio del bosque, para volverse luego más llanera y, tras dejar unos campos a la izquierda, vuelve a subir hasta llegar a un cruce de caminos (28’). Ahí la pista empieza a descender, y puede seguirse igualmente para acortar el itinerario; pero el GR se desvía a la derecha por otra pista (hasta hace poco era un estrecho sendero, pero ha sido desbrozado y ensanchado) que deja al cabo de un centenar de metros, desviándose ahora a la izquierda por un sendero que parece subir pero que en seguida llanea, rodeado de maleza, dejando un par de caminos a cada lado y apareciendo al poco en la Torrassa del Moro (428 m. – 35’)

Estratégicamente situada, la Torrassa es una de las antiguas torres de vigía edificadas a lo largo del litoral catalán; se cree que proviene de la época romana o de poco después. El acceso al interior está cerrado, y desde la base, la vegetación impide contemplar una amplia vista; de hecho, la torre es visible desde gran parte de las comarcas del Maresme y, sobre todo, del Vallès Oriental.

El camino empieza a descender a la izquierda y, tras pasar por una corta pero muy erosionada torrentera (atención a los resbalones), desemboca de nuevo en la pista principal, que seguimos bajando a la derecha. Poco antes de llegar a una casa en ruinas, aparece una cantera a lo lejos, a la izquierda, cuyos desagradables martilleos acompañan durante un buen trecho. Ahí se junta otro camino por la derecha, que está erróneamente señalizado como GR; cuidado, pues, sobre todo si se va en sentido contrario. La pista continúa tras pasar frente a la vieja masía, y un poco más tarde desemboca en un vial asfaltado, junto a una granja y unas pocas casas. Después deja un desvío a la derecha hacia la parroquia de Sant Esteve del Coll, con una fuente cercana, para acabar saliendo a un collado (55’) en la carretera BV-5103, que une Cardedeu (a 6 km., estación de RENFE) con Dosrius (a 2 km., autobuses a Mataró).

A partir de este coll sin nombre, volvemos, por así decirlo, a la civilización, tras las últimas etapas, poco humanizadas, que nos habían mal acostumbrado. En vez de atravesar largos bosques silenciosos, ahora volvemos a pasar por urbanizaciones, caminos muy transitados… Como ejemplo, la dichosa cantera, cercana a la carretera.

Otro ejemplo: la carretera asfaltada que sube de frente es el acceso a la urbanización Sant Carles, la primera que atraviesa el GR después de unos cuantos kilómetros. En vez de subir por aquí, seguimos un sendero a su izquierda, que parece bastante llanero, pero que al separarse luego a la derecha hace una fuerte subida, hasta que aparece en una calle (Av. Maresme) de la urbanización, continuación del vial anterior.

El GR tuerce primero a la izquierda, dejando una calle que baja y continúa en suave subida a la derecha, siempre por la ancha avenida. Dejando otro callejón que se desvía, al cabo de un rato se acaba el asfalto, la subida y la urbanización (1h20’). Continuamos por la ancha pista en la divisoria Vallès – Maresme, ahora descendiente, con buenas vistas de ambos lados, al principio ocultas por el bosque, hasta llegar a los campos del Pla de l’Espinal; aquí, justo después de una masía en ruinas a mano izquierda (y sin señalización aparente, para variar), se desvía el sendero GR 97-1, que baja hasta Santa Agnès de Malanyanes (autobuses a Granollers y Barcelona) y se dirige luego hasta Marata, donde empalma con el trazado principal del GR 97. Nuestro itinerario continúa por la pista, entra otra vez en un bosque y deviene asfaltado al llegar a otra pequeña urbanización; en unos cien metros llegamos al Coll de Parpers (1h45’), en la carretera C-1415 de Granollers a Mataró, junto a un monumento a las víctimas de la Guerra Civil.

Hasta hace pocos años, este collado era el principal punto de paso entre dos áreas densamente pobladas, el Vallès Oriental y el Maresme, así como entre sus dos capitales, Granollers y Mataró; así lo demuestra la vía romana que ahora se está recuperando. La construcción de la autopista C-60 desvió todo el tráfico por el nuevo Túnel de Parpers, que pasa más o menos bajo de nuestros pies. La antigua gasolinera, ahora cerrada, y el escaso tráfico, atestiguan el declive de esta carretera. Pero ahora que por fin había desaparecido el traqueteo de la cantera, otros ruidos, lejanos pero potentes, retumban en toda la zona… por suerte, esto sólo pasa pocos días al año (¡pero tenía que ser justamente hoy!): a pocos kilómetros, en el circuito de Montmeló, Schumacher, Alonso y compañía calientan motores para el Gran Premio de Fórmula 1 que se disputa mañana…

Al cruzar la carretera, sube un camino que alcanza una ancha pista; ésta seguirá casi paralela al GR 92 hasta el final de la etapa, y en alguna ocasión, como veremos más adelante, será más recomendable prescindir del sendero y continuar por ella. De momento, el GR la cruza y sigue de frente por el estrecho sendero de la derecha cerrado con cadena, en medio del bosque; en unos cinco minutos se desvía a la derecha y empieza a subir hasta situarse de nuevo en la divisoria, saliendo de nuevo a la pista principal.

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Últimas vistas del Corredor y del Montnegre, bajo el Turó del Gall © Carles Danon.

La seguimos a la izquierda, pasando junto a un merendero. Poco más tarde dejamos la pista por otro sendero (¡cuidado con la señalización!) que sube a la derecha en medio del bosque (2h.), y, tras dejar un par de desvíos a mano derecha y acercándose a una casa, gira de nuevo a la izquierda junto a un poste de luz y vuelve por unos metros a la pista grande, que se dirige al pequeño pueblo de Òrrius. El GR la deja inmediatamente junto a otro poste eléctrico, otra vez a la derecha dentro del bosque, ascendiendo por la vertiente marítima del Turó del Gall. Más adelante da la vuelta a la derecha, más llanero, y tras pasar bajo un pino caído (si nadie lo quita de ahí) se desvía a la izquierda, ahora con fuerte subida, vuelve a girar a la izquierda al llegar a otro pino arrancado, vuelve a la izquierda en pocos metros e inmediatamente, antes de llegar a un camino más ancho que baja, gira ahora a la derecha para subir en fuerte pendiente al Turó del Gall (362 m. – 2h 15’). La vegetación rodea esta pequeña cima, y a veces hay que intuir el camino, ya que se desdibuja entre los árboles, y la señalización del GR está en bastante mal estado (abril 2.004).

Se baja del Turó por la vertiente oriental (izquierda), intentando adivinar un sendero entre las piedras y los árboles, que luego se convierte en un pasillo rodeado de matas, brezos y madroños. Cuando empieza a llanear, sale otro camino a la izquierda, mal señalizado e igual de estrecho, que sigue por el lado marítimo de la divisoria, con alguna buena vista de la Vall d’Argentona; un poco más adelante, otro desvío a la derecha con ligera subida, pasa por encima de una cantera que destroza otra bonita visión de Òrrius (aunque parece más silenciosa que la anterior) y llega a un cruce, ahora sí bien señalizado, en el que se junta un camino por la derecha.

El GR 92 coincide ahora durante un tramo con el PR C-36 (circular Granollers – Sant Mateu - Granollers) y la Ruta del Meridià Verd. Este itinerario fue ideado con motivo del 200º aniversario de la medición del llamado meridiano de París, que sigue, lo más cerca posible, desde Dunkerque hasta el Masnou, y puede recorrerse a pie o en bicicleta.

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Ermita de Sant Bartomeu de Cabanyes © Carles Danon.

El camino, ahora más ancho, desemboca en un nuevo cruce a unos pocos metros del Coll de Sant Bartomeu (2h 30’). Lo cruza la carretera BV-5106 de la Roca a Argentona, por la que se accede fácilmente a Òrrius en 3 km. escasos (autobuses a Mataró). La pista que hemos ido siguiendo desde el Coll de Parpers desemboca más abajo, a mitad camino entre esta población y el collado; por lo tanto, en caso de perder el camino (lo que no sería muy difícil, por culpa de la precaria señalización del GR) hay que volver a la pista y seguirla hasta la entrada de la cantera, bajar unos metros y torcer a la derecha, dejando otro desvío a Òrrius, hasta aparecer en la carretera.

A partir de aquí entramos en el Parc de la Serralada de Marina, de la Diputación de Barcelona. Al cruzar el collado sale otra ancha pista ascendente; en un par de minutos pasamos frente a la iglesia de Sant Bartomeu de Cabanyes. Dejamos un primer camino a la derecha y al siguiente se desvía el GR (insisto: cuidado con las señales), primero subiendo un poquito por la ladera oriental del Turó de Séllecs, para luego seguir llaneando al entrar en un pinar, dejando tres caminos que suben a la derecha. Llegados a una bifurcación, la seguimos -ahora sí- a la derecha, y a la siguiente, bajamos a la izquierda para volver a salir a la pista anterior, por la que ha seguido el PR desde Sant Bartomeu. De nuevo, el ánimo de evitar tramos de pista (ciertamente, bastante concurrida) hace bastante complicado el itinerario del sendero, empeorado aun más por el lamentable estado del balizamiento.

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El Turó de Cirers y el Castell de Burriac, sobre Cabrils
© Carles Danon.

A partir de ahora, y durante un buen trecho, ya no se repetirán estos desvíos desorientadores, ya que el GR va a continuar por la pista, ahora en su tramo más concurrido. La seguimos a la derecha, y al llegar a la entrada de Can Tarascó, una importante masía, el PR se desvía a la derecha de nuevo hacia Granollers. Continuamos por la pista, que al poco rato llega a una explanada (3h.) en la que se desvía otro camino a la derecha, hacia las urbanizaciones cercanas a Montornès y Vilanova del Vallès. Un rato más tarde, se junta una nueva pista por la izquierda, procedente del Coll de Porc y de Cabrils. La de la derecha, que seguiremos, está señalizada hacia Sant Mateu, la Roca d’en Toni y la Creu d’en Boquet.

La proximidad a Barcelona se hace cada vez más notoria, esta vez en el tráfico. Quizá entre semana la excursión pueda ser más tranquila, pero en un sábado de primavera, esta pista recuerda poco menos que a la Rambla en hora punta. Las poblaciones que rodean el trazado del GR, antes invadidas de segundas residencias, se han convertido ahora en modernas ciudades-dormitorio, en las que buena parte de sus habitantes, currantes en la gran ciudad, inundan los montes cercanos los fines de semana. Paseantes, corredores, senderistas, ciclistas, turistas, automovilistas, moteros y quaderos (estos dos quizá los más peligrosos), sustituyen ahora a los frondosos bosques y aparecen del rincón más inesperado. Buen avance de ello fue el paso por el Montnegre y el Corredor, también muy frecuentados. De hecho, de todos los senderos catalanes, el GR 92 es de largo el más humanizado, quizá junto a los GR 6 y 96: a ambos lados de las sierras de Sant Mateu y la Conreria, las poblaciones de la llamada "segunda corona" de Barcelona inundan el paisaje y extienden sus tentáculos a las montañas en forma de urbanizaciones.

El GR pasa ahora por algunos tramos de esta divisoria; al llegar a un campo de tiro, hay una buena vista del Vallès, donde siguen entrenando los Fórmula 1, y del área metropolitana de Barcelona: el Tibidabo y la Torre de Collserola ya son bien visibles a lo lejos; y van a ser los puntos de referencia del resto de la etapa y las dos siguientes. Si no lo impide la contaminación, también se divisan más al sur las montañas del Garraf, ya al otro lado del Llobregat… Sigo sin ver el Ebro ni el Montsià, todavía, más que en mi imaginación, pero al menos ya falta muy poco para llegar a la mitad del recorrido.

Poco después pasamos junto a la Hípica Cabrils, y en cinco minutos alcanzamos el Dolmen de la Roca d’en Toni. La pista desciende un poco hasta llegar al Coll de Can Boquet (3h40), desde el que se puede acceder a Vallromanes, por el interior, o a Premià, Vilassar de Dalt o Cabrils, por el lado mar. En el cruce de pistas, haría falta un policía regulando el tráfico… me faltó poco para ver un accidente entre un quad un tanto alocado y un todo terreno prudente en exceso. Al menos, con tanta concurrencia, quedan más anécdotas por recordar, algunas agradables y otras no tanto…

 
 
Vista del Vallès desde la sierra de Sant Mateu. Enfrente, Sant Llorenç del Munt; a la izquierda, Montserrat
©
Carles Danon.
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Ermita de Sant Mateu, cerca del Turó del mismo nombre
© Carles Danon.
 
 
Desde Sant Mateu, más allá del Vallès, se adivinan algunas cimas nevadas del Pirineo © Carles Danon.

Dejamos las pistas que bajan a ambos lados y subimos por la que seguíamos, ahora en dirección al Turó de Sant Mateu, aunque no llegaremos a alcanzarlo. La pista asciende un buen rato, ahora quizá con menos tráfico, hasta llegar a unas antenas y un transormador que quedan a mano izquierda (3h50’); al pasar éstos, sale al otro lado otra pista que se adentra en el bosque, bastante más llana, y en unos diez minutos llega al precioso rincón de la Font de Sant Mateu. La pista continúa, ahora cerrada al tráfico con una cadena, hacia el Mas Riera, y enlazará un poco más adelante con el GR, que por un camino bastante erosionado sube a la izquierda, pasa por unos prados y llega a la Ermita de Sant Mateu (4h.), del s. X aunque reconstruida en el XV.

Por el otro lado de la ermita baja un camino más ancho. En este corto tramo de bajada el bosque tapa las vistas del lado Maresme, pero en cambio al otro lado los campos permiten disfrutar de una amplia panorámica sobre los dos Vallès, incluido el circuito de Montmeló que todavía ruge; al norte, el surco que forma el río Congost entre el Montseny, cada vez más lejano, y los Cingles del Bertí, permiten ver muy a lo lejos una montaña nevada, que identifico como el Taga o el Puigmal. Y hacia el sur, un poco más adelante, la Torre de Collserola y el inconfundible Tibidabo, con Barcelona a sus pies.

Entre estos campos sale a la izquierda un camino más estrecho por el que la Ruta del Meridiano Verde baja a su final de trayecto, la playa de Ocata en el Masnou. Casi recomendaría dejar el GR y bajar por aquí hasta encontrar la pista que hemos dejado en el transformador, ya que viene un tramo de camino muy incómodo, que con lluvia puede ser peligroso. El GR continúa unos metros más por la divisoria, y al acercarse al Mas Riera deja la pista y baja a encontrar la que venía de la fuente de Sant Mateu, que sigue a la izquierda hasta la entrada del Mas, donde hay otra barrera; la pasamos y seguimos luego el camino de la izquierda, que al pasar junto a otra casa sigue junto a su valla y empieza a estrecharse.

Empieza ahora un tramo infernal en el que la maleza ocupa todo el camino, por llamarlo de alguna manera: a veces se pierde entre las matas y es difícil seguirlo. Sin pantalones largos, las piernas van a sufrir, y con lluvia las caídas van a ser continuas, pues el suelo es muy arenoso y erosionado; no sería difícil dejarse algún tobillo en los surcos que deja el agua. Insisto en que es mejor bajar desde Sant Mateu a la pista grande por la Ruta del Meridiano, y seguirla a la derecha hasta volver a encontrar las señales: la pista y el GR se juntan de nuevo un rato más tarde (4h30’)

Otra vez siguiendo la pista en dirección Barcelona, en unos doscientos metros llegamos a un depósito de agua de donde sale un caminillo por la derecha, subiendo un poquito en un pequeño cerro sin árboles, invadido por restos de muchas noches de pasión de las parejitas de la zona. De frente a la derecha, baja otro camino no muy claro entre los árboles y las rocas, más o menos siguiendo la divisoria, que volverá a salir de nuevo a la pista principal, un poco más adelante, en un pequeño collado en el que un camino a la derecha baja a Vallromanes.

A partir de ahora ya no hay alternativa que valga; el GR 92 sigue la pista una media hora más, tras dejar otra que baja a la izquierda hacia Teià. El primer tramo es de subida, pero poco más adelante empieza a descender, ahora con otra buena vista de las poblaciones del sur del Maresme (Alella, el Masnou, Montgat y Tiana). Al llegar a una curva cerrada a la izquierda, sale un atajo por la derecha que aparece en unos pocos metros en el Coll de la Font de la Cera (5h), que separa las sierras de Sant Mateu y la Conreria; ésta quedará para la próxima etapa. Está situado en la carretera BP-5002 de Granollers al Masnou, y no pasa ninguna línea de autobús, que yo sepa. Se puede llegar a Alella en poco más de media hora, aunque Vallromanes también es fácilmente accesible por el interior.

A esta hora ya se acabaron los entrenamientos… al día siguiente, como no, Schumi impondría su ley en el circuito.

© Carles Danon

 

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