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DE CERBÈRE A ULLDECONA
(GR-92 DE PORTBOU A ULLDECONA) >>

Desde el Cap de Sant Sebastià se divisa gran parte del Baix Empordà: Llafranc y Calella de Palafrugell, en primer término. © Carles Danon

ETAPA 8

BEGUR - PALAMÓS (23,140 Km)

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RESUMEN ETAPA:

Begur - Tamariu 50'
Tamariu - Faro Sant Sebastià 1h
Faro Sant Sebastià - Calella de P. 35'
Calella de P. - Cala Castell 1h35'
Cala Castell - Palamós (Pg.Mar) 55'

TOTAL 4h55'

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Durante esta octava y la novena etapas, el GR 92 recorre el tramo central de la Costa Brava; se trata sin duda del sector más urbanizado, donde se encuentran los principales monstruos turísticos, y ello a causa de la belleza de sus parajes o la calidad de sus aguas.

Por esta razón, durante algún tramo el sendero se vuelve más mediterráneo que nunca, remontando alcantilados, atravesando extensos pinares junto al mar, o bien bajando a minúsculas calas paradisíacas; por otra parte, el GR pierde también su carácter aventurero y atraviesa importantes poblaciones y urbanizaciones, frecuentemente siguiendo los paseos marítimos y los Camins de Ronda. De hecho, a causa de la urbanización masiva, no hubo más remedio que diseñar el itinerario del GR por primera línea de mar, atravesando de lleno los núcleos más turísticos (Palamós, St. Antoni de Calonge, Platja d'Aro y Sant Feliu) con las urbanizaciones que los rodean.

Quizá sería más conveniente presentar estas dos próximas etapas como unos recorridos de paseo turístico, antes que como dos jornadas de sendero; quizá también, cumple mejor la función de sendero la variante 92-1, que atraviesa los bosques y sube a las cimas del Macizo de les Gavarres, más hacia el interior (y que, en parte, fue el recorrido original del GR 92). Pese a todo, estos largos paseos están llenos de continuas sorpresas, en forma de paisajes, rincones y callejuelas inolvidables.

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La villa de Begur cierra el golfo de Roses por el extremo sur. Al fondo, las montañas del Cap de Creus. © Carles Danon

Tropecé con la primera sorpresa nada más bajar del autobús de la Sarfa en la Plaça Forgas de Begur, mirador privilegiado: la villa aparece dominada por su castillo medieval y enmarcada por el mar, a primera hora de la mañana, cubierto por una fina capa de niebla, de la que emergen las Medes y el Cap de la Punta, en la costa del Montgrí, en primer plano, y las montañas del Cap de Creus -por última vez- más hacia el fondo, al otro lado del Golfo de Roses. De hecho, los Cabos de Creus y de Begur delimitan el inicio y el final de este golfo; curiosamente, el GR 92 no pasa por ninguna de estas dos puntas "culminantes", por así llamarlas, de la Costa Brava, pero se les acerca mucho; a una, en la segunda etapa, y a la otra, dentro de unos momentos. Para dirigirnos directamente a la costa habría que atravesar largas zonas urbanizadas; por ello, el recorrido se inicia por el interior, dejando de lado el Cabo Begur, pero sin poder evitar del todo las urbanizaciones, para continuar prácticamente pegado a la costa a partir de Tamariu, durante el resto de esta etapa y toda la siguiente.

Al principio, vuelvo a caminar el tramo que acabo de hacer en autobús; el GR sale de Begur por la carretera de Palafrugell. Después de un primer cuarto de hora por el asfalto, llegamos a la entrada de la Urbanización Aiguablava, situada en una especie de collado entre el Puig de son Peric, muy edificado, a la izquierda, y el Montcal a la derecha (sur). Se continua por la carretera de Palafrugell unos pocos metros y en seguida, un desvío sin asfaltar a la derecha sigue al lado de unas casas de la urbanización. Bastante llano en un principio, empieza a descender al dejar atrás las casas, haciendose más estrecho, siempre dentro de un bosque de pinos muy mediterráneo. Al poco rato, una bifurcación sin señalizar plantea dudas: la pista de la derecha parece subir hacia el Montcal; el GR continúa descendiendo hacia la izquierda, y entra en seguida en un vial de Aiguablava (20'); se encuentra en la parte más eleveda de la urbanización, y por lo tanto, a pesar de las casas, tenemos una bonita y cercana vista del mar. Al lado izquierdo de la calle, la erosión ha dejado suspendidas en el aire miles de raíces de los cercanos pinos que trepan por la vertiente de la montaña.

El paso por la urbanización es breve, sin desviarse del mismo vial por el que se ha entrado. Al dejar atrás el asfalto, el itinerario continúa en la misma dirección por una pista, siguiendo una valla metálica. En seguida se atraviesa un pequeño olivar, y al volver a entrar en el bosque, la pista empalma con otra más ancha; hacia la derecha, sube a la carretera de Begur, por la vertiente sur del Montcal, mientras que el GR 92 sigue bajando a la izquierda, hacia la urbanización Aigua Xelida. De nuevo en pista pavimentada, encontraremos una bifurcación, que seguiremos a la derecha, para salir, en pocos cientos de metros, al Paseo de la Riera de Tamariu, junto a la playa (50')

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Tamariu, antiguo barrio de pescadores, hoy convertido en un pequeño pueblo turístico que conserva todo su encanto.
© Carles Danon

Tamariu, perteneciente al municipio de Palafrugell (como Calella y Llafranc) es la primera sorpresa de la etapa: aunque se ha desarrollado como centro turístico, ha sabido conservar un carácter propio. Su fachada marítima y la tranquilidad de sus pocas calles todavía recuerdan, en parte, al pequño puerto pesquero que era esta población hasta los años sesenta.

La riera desemboca en la playa; por el lado derecho nacen unas escaleras, por las que comienza un nuevo tramo de Camí de Ronda, muy cercano al mar. Al pasar por la primera punta, aparece una caseta de pescadores. A partir de aquí, empieza un tramo bastante confuso: en un primer momento el "sendero" (por así llamarlo) recorre la roca viva, muy cercano al agua, hasta que desaparece toda traza de camino, y las marcas de GR no son demasiado evidentes. Hay que dirigirse a un pequeño torrente seco, que baja desde Sa Perica, en la parte alta de Tamariu; allí hay (o debería haber, si nadie lo toca) un arbol caído que puede servir de referencia (1h05'). Aquí hay que remontar hasta llegar a un pinar, dejando atrás las rocas, para continuar por la línea de costa, por en medio de los pinos, ya que el camino no está bien definido.

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El camino ofrece constantes sorpresas, como la diminuta Cala Pedrosa.
© Carles Danon

Ahora el sendero continúa elevado unos metros por encima del agua; desde este nivel, se observan unas bellísimas panorámicas del mar petando en las rocas, y de los frondosos pinares que cubren las montañas hasta llegar a tocar el agua. En unos diez minutos el sendero se incorpora a otro, un poco más ancho, que viene por la derecha, siguiendo en dirección sur. Al pasar por una fuente se estrecha un poco y empieza a ascender hasta una bifurcación; cualquiera de las dos ramas nos sirve, si bien el camino de la derecha ahorrará una bajada y la siguiente sibida, mientras que el GR desciende a la izquierda, serpenteando hasta la encantadora y diminuta Cala Pedrosa (1h20'). Aquí dejara de lado el mar durante un tiempo, remontando el frondoso barranco, para rodear el Puig dels Frares por su derecha; a media subida reencuentra el desvío anterior y tras un último tramo ascendiendo, desemboca en una pista ancha (1h30'), muy cerca de la carretera local que asciende al Far de Sant Sebastià, a la derecha.

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El impresionante mirador del Salt de Romaboia, a pocos metros del faro y castillo de Sant Sebastià. © Carles Danon

El GR sigue la pista a la izquierda, ahora entre campos, con algunas casas de veraneo. En seguida se cruza otra pista, donde muere la que seguíamos; continuamos recto por un sendero entre dos casas, ascendiendo sin cambiar de dirección. Atravesamos unos últimos campos para entrar otra vez en una bonita zona boscosa; un sendero a la izquierda se desvía al cercano Puig dels Frares. El camino, siempre ascendiente, serpentea un poco tras pasar por unos pinos caídos; deja un camino a la derecha y al acercarse a los alcantilados, se asciende por unas escaleras al impresionante mirador del Salt de Romaboia, sobre el alcantilado de Sant Sebastià, cuyo castillo asoma tras las rocas; desde aquí sale un sendero local a Palafrugell, a una hora. Seguimos ascendiendo, más suavemente, unos pocos metros hasta llegar al aparcamiento de Sant Sebastià (1h50' - 178 m.).

El Puig de Sant Sebastià merece aprovechar un descanso. Además de los restos de un poblado ibérico, junto al camino, la vista desde lo alto de la torre de vigía no tiene pérdida, constituyendo un mirador inmejorable sobre el tramo central de la Costa Brava, desde el Cabo Begur por el norte hasta s'Agaró y la Punta d'en Pau (hacia donde se dirige el GR) al sur, con Llafranc y Calella a los pies, y Palafrugell, las Gavarres y el llano ampurdanés hacia el interior. Dentro de la torre, una exposición nos explica las funciones defensivas que en la antigüedad tuvieron las Torres de Guaita, que todavía pueden encontrarse en el litoral mediterráneo, algunas mejor conservadas que otras. El interior del castillo aloja un hotel y un restaurante. La única nota negativa, un conjunto de antenas de comunicaciones que acuchilla las vistas del sur, al parecer tiene los días contados, según escuché comentar a la guía de la torre.

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A la izquierda: Llafranc, otro antiguo pueblo pesquero y otra maravilla de la etapa. Bajo estas líneas: la Calella de Palafrugell que invita a pasar más tiempo del necesario en la cuna de las Havaneres y del rom cremat© Carles Danon

Precisamente hacia estas antenas se dirige el GR, dejándolas a la izquierda, hasta llegar a otro bonito mirador, ahora sin antenas, situado en la carretera que baja hacia Llafranc. Seguimos ésta hacia la izquierda, bajando entre chalets y bloques de apartamentos y haciendo una curva a la derecha para volver a seguir la línea de la costa. Al pasar sobre el puerto deportivo, nos desviamos a la izquierda por otro tramo de escaleras descendientes que nos dejan ya en Llafranc (2h10’), junto a la Plaça Promonta. Cualquiera de las numerosas terrazas de su Passeig del Mar invitan al caminante a pasar aquí más tiempo del necesario, disfrutando de la tranquilidad de otro antiguo pueblo de pescadores.

Pero el itinerario continúa por el Paseo (ahora C/. Francesc de Blanes), que lleva directamente a Calella. Antes de abandonar la población, el GR sube por las Escales de Garbí para encontrar otro tramo de Camí de Ronda que debe seguirse hacia la izquierda. El camino entre Llafranc y Calella, bien definido, pasa en medio de una bonita zona urbanizada, entre torres y chalets, sin llegar a estar asfaltado y sin alejarse de la costa. Por este camino peatonal, en seguida entramos, junto a la playa, en Calella de Palafrugell (2h25'), cuna de las Havaneres en Catalunya y uno de los más bellos pueblos de la Costa Brava. Casitas blancas, callejuelas estrechas, algunos pasos bajo los frescos porches, y el olor de la sal, del mar, siempre presente en el ambiente… parada y visita obligatorias. Un verdadero paraíso, que puede llegar a saturarse durante los meses más calurosos.

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La playa del Golfet aparece por sorpresa, escondida entre paredes de rocas. © Carles Danon

El GR se acerca lo más posible al mar, serpenteando un poco entre las calles, y pasa bajo unas arcadas, frente a la pequeña playa, para salir a la Plaça Port Bo. Continúa después por la fachada marítima, por un pequeño paseo primero, y después por las calles Calau y Canyers, hasta llegar a unas anchas escaleras frente al Hotel Sant Roc. Subiendo por estas, poco antes del final, se inicia a mano izquierda un nuevo tramo de Camí de Ronda, que constituye un precioso balcón sobre Calella. Pasa primero bajo el hotel y va a salir en seguida al Passeig dels Forcats, para desviarse de nuevo a la izquierda, por unas estrechas escaleras que parecen bajar otra vez al mar, pero vuelven a ascender y salen nuevamente a una calle de urbanización, que se sigue a la izquierda hasta una plazoleta donde acaba la calle. Allí, el Camí de Ronda deja atrás el núcleo de Calella y se adentra otra vez en el bosque mediterráneo, entre el mar a un lado y las casas de la urbanización El Golfet al otro. El sendero está muy bien cuidado, y va combinando tramos llanos con otros de escaleras y algunos túneles. A la salida de uno de éstos, unas escaleras a la derecha suben hacia la urbanización; a la izquierda encontraremos varios desvíos que bajan a alguna minúscula cala o a las rocas junto al mar, donde en verano se amontonan los bañistas. De pronto aparece de frente una muralla de rocas que esconde detrás suyo la playa de El Golfet; un caminillo a la izquierda se dirige a esta nueva maravilla natural, mientras que el GR remonta las rocas, mediante escaleras y túneles (bastante sucios, por cierto), y aparece en la Plaza Dorothy Webster de la urbanización (2h55'), con una espectacular vista aérea de la playa, debajo, y el Cap Roig, a la derecha.

Seguimos la única calle que sale de la plazoleta, alejandonos del mar, hasta pasados un centenar de metros, donde la calle gira a la derecha. Ahí, entre bloques de apartamentos, el GR sube por unas escaleras (C/. Castellets) y sale a otra calle (Av. Costa Brava), más ancha, que debe subirse a la izquierda, hasta hasta que, en lo alto de la subida, cruzamos la carretera que lleva a los jardines de Cap Roig. Enfrente hay dos pistas, junto a un panel que indica la entrada en el Espacio de Interés Natural de Castell-Cap Roig; seguimos la que asciende a la izquierda, primero entre campos, pasando junto a algunas casas e internándose finalmente en el bosque, dejando atrás por fin la zona urbanizada. Dejamos un primer desvío a la derecha, junto a la puerta de entrada a una finca, y continuamos ascendiendo por la pista de la izquierda. Ésta gira hacia la derecha (sur) al llegar a un pequeño descampado, y unos dos o trescientos metros más adelante llega a un nuevo cruce de pistas (3h10'). La que veníamos siguiendo se dirige hacia el mar, a la izquierda; es una alternativa válida, señalizada como itinerario de Castell-Cap Roig, que volverá a encontrarse con el itinerario principal poco antes de la Platja del Castell, pasando muy cerca del mar. El GR, sin cambiar de dirección, continúa de frente por un estrecho camino para inmediatamente dejar otro desvío a la derecha.

El sendero asciende suavemente, dentro de un denso bosque de pinos, brezos y alcornoques, que de vez en cuando dejan entrever el mar, más abajo, a la izquierda. Abundan las ramas y los árboles caídos, arrancados de cuajo por la fuerza del viento, algunos de los cuales pueden entorpecer puntualmente el paso; pero es más preocupante pensar que tanta rama y tanto tronco seco es una bomba incendiaria de relojería que se activa en los meses más calurosos, y que por desgracia, en el tiempo pasado entre que recorrí esta etapa por primera vez (abril 2.003) y la fecha de su publicación, ha explotado en parajes muy cercanos (incendios en Llafranc, Platja d'Aro y St. Feliu de G.) con sus devastadoras consecuencias. De hecho, la pista que hemos recorrido, que constituye el principal acceso al Espacio de Interés Natural, puede encontrarse cerrada al tráfico motorizado en fechas puntuales, cuando la elevada afluencia de visitantes y las condiciones metereológicas asfixiantes elevan al máximo el riesgo de incendio. No creo que esté de más recordar a todo caminante, aquí y en cualquier parte, que en estos casos deben extremarse las precauciones.

Pese a estas reflexiones, el camino se hace muy agradable. Se deja algún desvío secundario, a izquierda y derecha, y en poco rato llegamos al Puig del Terme (139m. - 3h27'), en el límite de los términos municipales de Palafrugell y Palamós, que corona las llamadas Roques d'Ase, como prolongamiento hacia el mar de la Sierra de les Gavarres. Vuelven a repetirse ahora las bonitas vistas sobre el sur de la Costa Brava, ahora con el Pla de Torre Mirona y la Platja del Castell en primer término, y avistandose ya las cercanías de Palamós.

El camino gira de pronto a la derecha y empieza a descender en dirección norte, hasta llegar a una casa solitaria; ahí el camino se ensancha y se convierte en pista, cerrada con cadena, que vuelve a dirigirse al sur, siempre dentro del bosque. Atención a motoristas y ciclistas, bastante frecuentes y no siempre respetuosos. El camino se va ensanchando poco a poco, y desemboca en la pista principal, que ha recorrido el litoral del Cap Roig; siguiendola a mano derecha, salimos en seguida a la carretera (3h45') que conduce, por la izquierda, a la Platja del Castell.

El GR, para evitar un corto tramo de asfalto, sigue esa carretera en dirección opuesta, a la derecha, y la deja al cabo de unos 100 m. por un camino (también ruta ciclista) que cruza los campos del Pla de Torre Mirona. En unos cinco minutos se llega a otro desvío; continuamos por la pista que cruza la Riera de l'Aubí, dejando a la derecha el PR C-105 hacia ¿?, y giramos en seguida a la izquierda por un sendero que sigue la riera, pasa junto a las ruinas del Molí de l'Aubí (al ver el lecho seco, cuesta entender que tiempo atrás, este molino pudiera estar en funcionamiento), y aparece en la Platja del Castell (3h58'). Se trata probablemente de la última gran playa virgen de la Costa Brava. La presión vecinal y popular evitaron que la tranquila Platja o Cala Castell sucumbiera hace pocos años a la especulación inmobiliaria, con su inclusión en el Pla d'Espais d'Interès Natural de la Generalitat. Gracias a ello, hoy son los campos y los árboles, en vez de los bloques de apartamentos y hoteles, los que llegan a tocar la playa.

Tal como hemos entrado en la playa, a la derecha continúa el GR pegado a la costa, al principio entre dos muros de piedra, junto a una gran finca. En seguida llegamos a la encantadora Cala s'Alguer, antiguo barrio de pescadores que parece haberse quedado un siglo atrás en el tiempo, sin otro acceso que este Camí de Ronda. Poco más tarde llegamos, rodeada de pinos, a la explanada que sirve de aparcamiento para acceder a esta cala. El sendero, quizá no muy bien definido, no se aleja de las rocas de la costa, y empiezan a aparecer los primeros bloques de apartamentos de las afueras de Palamós. Al pasar por los restos del castillo de Sant Esteve, nos acercamos a la Platja de la Fosca (4h15'), nombre dado por la roca fosca (oscura) que separa sus dos mitades.

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La última sorpresa son los callejones, pasillos y casitas blancas de Cala Margarida, ya muy cerca del final de la etapa. © Carles Danon

Para rodear de la playa, seguimos el Passeig de la Fosca, hasta que un desvío bien señalizado se adentra en el parque urbano de Cap Gros. Un panel explica la historia de este parque y los itinerarios que pueden recorrerse. El GR continúa por el camino más cercano al mar, subiendo por el borde del alcantilado, y pasa por los miradores del Rec de Fanals (de donde sale otro itinerario por el bosque de Cap Gros) y el de las Platges de Llevant, que ofrecen unas bonitas panorámicas sobre el camino que acabamos de recorrer, desde el Puig del Terme. Al llegar al vértice del Cap Gros (74,5m. - 4h35') empezamos el descenso por unos escalones que desembocan en una calle asfaltada, otra vez en zona residencial. Aquí el itinerario se desvía por el primer callejón de la izquierda, que conduce a un conjunto de casitas blancas en primera línea de mar. Éste, una vez dentro, parece un pequeño laberinto de calllejones, pasillos y escaleras (atención a las señales), pero vale la pena el pequeño embrollo para aparecer en Cala Margarida, otro antiguo barrio de pescadores, al abrigo del Cap Roig, que ahora hace las delicias de los veraneantes; aquí, como antes en s'Alguer, sólo un paso estrecho separa las casas de la pequeña playa.

Salimos de esta útlima maravilla de la etapa por unas escaleras, a la derecha, que conducen al final de un callejón sin salida. En la plazoleta nace un sendero que remonta de nuevo las rocas, pasando junto a un camping, y vuelve a descender hasta otra pequeña cala rocosa, por desgracia bastante descuidada. Durante un corto tramo hay que caminar sobre las piedras, hasta pasar entre dos grandes rocas, detrás de las cuales aparece una nueva playa, más grande y concurrida que las anteriores, situada en el principio del puerto deportivo de Palamós (4h45'). Continuando por el acceso asfaltado, se cruza una carretera que recorre todo el puerto y se asciende por un paseo a la derecha que se dirige al casco antiguo de la población. Una vez arriba, en la Plaça del Pedró, bajamos por la C/. Martí Vilar, hacia la izquierda, hasta la Plaça de la Murada, donde unas escaleras nos dejarán por fin en el Passeig del Mar, frente al puerto y la playa, final de la etapa más larga y más sorprendente de las recorridas hasta ahora

© Carles Danon noviembre 2003

 

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