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Sierra de Grazalema

El Salto del Cabrero desde el Puerto del Boyar © Raul Fernández Velasco

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BENAOCAZ– SALTO DEL CABRERO – PUERTO DEL BOYAR

Dificultad: Fácil
Duración: 3 h, aunque conviene tomarse pararse un tiempo en el Salto del Cabrero

Este es uno de los itinerarios clásicos de la sierra, que discurre por senderos bien marcados, sin demasiado desnivel, por lo que es muy frecuentado. Conviene aprovisionarnos de agua debido a la ausencia de fuentes en el camino. Su inicio y final están bastante distanciados por lo que conviene tenerlo en cuenta a efectos de prever el regreso.

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Encinas, quejigos y majanos © Raul Fernández Velasco

Día 12-9-94. A las 8.00 llego a la pintoresca población de Benaocaz, de poco más de quinientos habitantes y a 797 m. de altitud al abrigo de las verticales paredes de la Sierra del Caillo. Tras desayunar en uno de los múltiples bares de la población, parto en dirección Norte, buscando la salida del pueblo por el lugar de San Antón, hoy ocupado por un barrio residencial. Cruzo el Arroyo del Pajarito o del Pajaruco por un pequeño puente de piedra construida con técnicas árabes, que nos recuerda que estamos ante uno de los primeros pueblos fundados por los árabes (fecha de la fundación s.VIII), recién iniciada la ocupación de la Península. La mañana es soleada y la temperatura es ideal para andar, por lo que afronto las rampas empinadas, en algunos casos duras, que me conducirán al Puerto de Don Fernando, a buen ritmo. Poco a poco la senda, abriéndose camino en un continuo zigzag, me va revelando el "reino de la piedra". Los tonos grises, blancuzcos e incluso azulados de la caliza, van apareciendo a mi alrededor. A mi izquierda, ya dejándola atrás Sierra Alta, y a la derecha las primeras paredes de la Sierra del Endrinal. Me tomo un respiro, a media subida, para terminar de contemplar el paisaje que se despliega a mis espaldas: Benaocaz. Por fin, culmino la subida llegando al Puerto de Don Fernando (880 m.), paraje que recibe dicho nombre del paso de los Reyes Católico por Benaocaz. Según cuenta la historia, estando los Reyes acampados en este lugar recibieron la visita de las mujeres del pueblo que le hicieron entrega de sus joyas como contribución a la conquista de Granada. Desde este puerto hasta el Salto del Cabrero, la vereda discurre por un paraje relativamente llano, donde podemos comprobar aljibes y los llamados "majanos": montones de piedras que aparecen dispersos por el prado en un intento de ganarle a la sierra, centímetro a centímetro, terreno para el pasto. Cruzo el puerto, atento a un sendero que parta a la izquierda hacia el Salto del Cabrero. No hay pérdida posible, el sendero es muy marcado y una solitaria encina nos sirve de baliza. Así accedo a la cota más alta del Salto del Cabrero (934 m.), aunque la perspectiva de este cerro calizo dramáticamente partido en dos no es la mejor. Para buscar una buena visión retrocedo sobre mis pasos y de nuevo en el puerto, continuo mi camino bordeando la cara noroeste de la Sierra del Endrinal. Miro hacia atrás continuamente hasta conseguir una buena panorámica, donde me siento a descansar y a contemplar una de las formas más famosas y singulares de la sierra: una falla, donde aparecen dos cumbres casi gemelas, con unas paredes verticales de más de 80 m. de altura y separadas por una garganta de unos 50 m. de anchura. La toponimia de este lugar, la proporciona una de las múltiples leyendas de estas sierras. Cuenta que un cabrero de las proximidades, en un alarde de destreza, dio un salto de una pared a otra sin derramar la leche que llevaba para su hijo en enfermo. Media hora de contemplación de dicha formación me sirven de descanso para continuar mi camino, llenando ahora mi vista con el increíble contraste del verde del Corredor del Boyar, a vista de pájaro y el gris de los tajos verticales del Endrinal. A partir de aquí el camino se vuelve algo más pedregoso, delatando que ha sido abierto a costa de ganarle terreno a la piedra, y sin penetrar en el bosque. Tras pasar una construcción, el Cortijo de las Albarradas, me dirijo ya plácidamente hacia el Puerto del Boyar, donde desemboco en la carretera que une El Bosque con Grazalema, población a la que me dirijo por carretera en un corto descenso.

© Raul Fernández Velasco

Cortijo de las Albarradas. Al fondo se distingue la falla que conforma el Salto del Cabrero
© Raul Fernández Velasco

 


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