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Sierra de Grazalema

Arriba: Al fondo (derecha) puede observarse el pinsapar. A la izquierda, el pantano de Zahara domina la panorámica.
A la derecha:
El autor en la zona de los cortados calizos, donde se pueden observar cabras monteses con frecuencia (fotografía tomada en una excursiçon anterior)
© Raul Fernández Velasco

Abajo: trazado del itinerario tomado del realizado por www.sierradecadiz.com.

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ASCENSO AL TORREÓN (1.654 m)

Dificultad: Media
Duración: 2h y media la subida, 1h y media la bajada
Se requiere permiso de la Agencia del Medio Ambiente (A.M.A.)
Itinerario cerrado de julio a septiembre.

Este recorrido es uno de los más duros que se pueden realizar en la Sierra del Pinar, ya que se parte de 980 m y se sube en constante subida hasta los 1654 m del Torreón, el pico más alto de la provincia de Cádiz, por lo que puede resultar agotadora para aquellos que no estén acostumbrados. Conviene aprovisionarnos de agua debido a la ausencia de fuentes en el camino.

Día 9-10-99. A las 8.15 llegamos a la hermosa población de El Bosque, puerta de entrada al Parque Natural de la Sierra de Grazalema. Cumpliendo con nuestro ritual cada vez que venimos a la Sierra, desayunamos café y mollete, el pan típico serrano, con manteca "colorá", junto a la Oficina del Parque. Tras disfrutar de este desayuno y una buena conversación con mi compañero de camino, volvemos a subir al coche para tomar la carretera en dirección a Grazalema. Para iniciar la ruta debemos dirigirnos aproximadamente al kilómetro 44,5 de esta carretera. Para los que se acerquen por primera vez, hay que tener en cuenta que los mojones kilométricos no coinciden con las señales kilométricas del mapa del S.G.E. Para una mayor orientación, saliendo desde la población de Benamahoma en dirección a Grazalema, hay que pasar por lo que se conocen como Los Llanos del Campo, antigua área de acampada y hoy recreativa, y subir un poco más hasta llegar a un ensanche de la carretera a la derecha que nos permite dejar los coches. En este ensanche hay un panel informativo de otra ruta circular que transcurre por el Valle del Boyar. La nuestra parte al otro lado de la carretera. Tras tomar nuestras mochilas y calzar nuestras botas echamos un vistazo hacia lo que nos espera: un paredón de roca caliza que parece inexpugnable y eso que "sólo" lo que vemos son las ante cumbres de la Sierra. Con esa sensación de desafío, de reto, comenzamos el itinerario.

El sendero, muy marcado por lo frecuentado y sin pérdida, cruza una angarilla para torcer a la izquierda, en dirección Noroeste, y ya desde el principio nos avisa que todo va a ser subida, por lo que conviene tomar las primeras rampas, las más duras, con calma. Rápidamente tomamos altura zigzagueando por toda la cara Sur de la Sierra del Pinar entre abundante vegetación de encinas, pinos y lentiscos, viendo la carretera ya muy abajo, como una cinta grisácea. Una roca grande, probablemente arrojada allí por un derrumbe, a la izquierda del camino, nos sirve de improvisado balcón para disfrutar de las amplias panorámicas que ofrece la subida. Destaca el contraste entre el verdor del Valle del Boyar y la rocas calizas grisáceas, casi níveas, de la Sierra del Endrinal. Incluso en días de inestabilidad, bastante frecuentes fuera de la época estival, el Valle se encuentra cubierto por un mar de nubes sobre el que emergen las cumbres más altas de la Sierra del Endrinal.

Poco a poco, el sendero se encajona entre dos cortados calizos y transcurre en la fresca umbría de una arboleda. De repente, Diego, mi compañero en esta excursión, me susurra algo. No puedo entenderlo, pero miro hacia la dirección que me indica con su mano. En lo alto del cortado, cuatro o cinco cabras monteses nos observan con curiosidad. Sus siluetas se recortan bajo el sol que lentamente asciende en dirección sur. Tras disfrutar de sus evoluciones un largo rato, sentados en una piedra del camino, seguimos el sendero seguidos por tan curiosas compañeras hasta que una revuelta del camino, nos despide definitivamente de ellas. A medio camino, paramos bajo unos árboles que forman una peculiar cueva donde nos protegemos del sol para beber agua y reponernos con algo de fruta, disfrutando de unas magníficas vistas al Valle. Conforme avanzamos, la vegetación cambia y los grandes árboles (encinas, pinos, algarrobos e incluso algún despistado pinsapo) desaparece, dejando el camino a plantas arbustivas como el esparto. Pasadas unas vaguadas (1.500 m) a las dos horas de camino, entre rocas calizas, se observa ya la figura del Torreón a nuestra izquierda. Estas vaguadas ofrecen un buen de abrigo en caso de cambios repentinos en la climatología. Aún recuerdo un día de noviembre soleado abajo en el Valle en el que tuvimos que refugiarnos en éstas a causa de una nevada que terminó convirtiéndose en una granizada tremenda que nos impidió alcanzar la cima. Caminando recto hacia el Torreón, nos acercamos a los pies de un afloramiento calizo que tendremos que trepar, usando las manos a veces, para llegar a su cima. Conviene seguir los montoncitos de piedra sobre las rocas que a modo de guía nos indican el camino más fácil.

Una vez en la cima la vista es fabulosa: la blanca Sierra del Endrinal (con los picos del Reloj y el Simancón), el Salto del Cabrero y el Valle del Boyar. La crestas de la Sierra del Pinar (El Circo, Cerezo, El Puntal, Los Espolones...) al Oeste y enfrente de nosotros las verticales paredes de la cara norte del Torreón, con el Pinsapar a nuestros pies, el Pantano de Zahara y Algodonales...e incluso hoy, un día claro octubre, la ciudad de Sevilla. Conviene tumbarse boca abajo en una roca saliente de la cima y "asomarse" a los casi 600 m de paredes verticales con la alfombra de pinsapos a nuestros pies en la vertiente norte.

Decidimos comer en la cima, hace un día soleado, típico andaluz, con una temperatura agradable que nos hace despojarnos de la ropa de abrigo. Los buitres aprovechan estas horas de más calor para planear sin esfuerzo, vigilando el cielo. La sensación de quietud es increíble. Tras unas dos horas en la cima decidimos que es hora de regresar por el mismo camino, que en una hora y media aproximadamente nos llevará de nuevo a la carretera.


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