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<< José-Andrés Miralles

Montañas de Maiella.

 

LA ITALIA DE LOS APENINOS:
CERCANA, BONITA Y DESCONOCIDA

Aconsejados por buenos amigos italianos, decidimos esta vez encaminar nuestros pasos hacia un lugar totalmente desconocido para nosotros y, por lo que vimos después allí, también para muchos otros. Durante la tercera semana de mayo estuvimos explorando la región de los Arbuzos, que se nos descubrió como una zona de gran belleza, riqueza cultural y gentes amables.

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Paso de San Leonardo
 
 
Pico Rotella.
 
 
Scanno
 
 
Sulmona.

Los Abruzos están situados en la parte central de Italia, entre el Lazio y la costa adriática. En poco más de una hora se puede alcanzar esta región partiendo de Roma por la autopista que, hacia el este, se dirige a Pescara. También es fácil trasladarse allí en transporte público: un tren que sale cada 20 minutos del aeropuerto Leonardo de Vincci nos lleva a la estación de autobuses Tiburtina, de la cual salen varios coches al día con destino a las principales poblaciones de aquella zona, como L´Aquila o Avezzano. Nosotros nos trasladamos por este medio a L´Aquila, en donde alquilamos un coche con el cual pudimos desplazarnos a los puntos más importantes de la zona para, desde ellos, hacer excursiones a pie por sus alrededores.

Los Abruzos están ocupados por los Apeninos Centrales, impresionante cadena montañosa equidistante de los mares Adriático y Tirreno, caracterizada por altas cubres que rozan los 3000m, separadas por profundos valles y amplios altiplanos. La cumbre más alta es la del Gran Sasso, con 2914m.

Una de las primeras cosas que nos llamó la atención fue que el paso de la historia por esos lugares no había mancillado el primitivismo de su naturaleza. A pesar de que se han descubierto restos arqueológicos de 13.000 años de antigüedad, y que se conoce el paso por la zona de invasores de los más variados orígenes, desde los mismos romanos a franceses, austríacos y, cómo no, a las huestes de la Corona de Aragón, la huella dejada por el hombre, plasmada en la singular belleza de los pueblecitos que coronan las agrestes cimas de sus montañas, se conjuga perfectamente con la elegante belleza del paisaje. Gracias a esta conservación del entorno ha sido posible transformar esta región en una especie de inmenso parque natural. Baste con decir que un 33% de los aproximadamente 10.000 km² que ocupan los Abruzos está declarado territorio protegido, siendo éste el porcentaje más alto de Europa. En esta superficie se encuentran incluidos tres parques nacionales (Majella, Gran Sasso – Monte Laga, y Abruzzo), un parque regional (Sirente-Velino), y 20 reservas naturales.

La vegetación es muy abundante y variada, destacando inmensos bosques de hayas, pinos y abetos. Gracias a las abundantes lluvias caídas ultimamente –afortunadamente antes de nuestro viaje- los prados estaban moteados por toda clase de flores silvestres: amapolas de encendido color rojo, blanquísimas anémonas, o delicados crocus y violetas. Sólo se encontraban libres de vegetación las altas cumbres, aún cubiertas por gruesas capas de nieve que en algunos lugares tenían varios metros de espesor.

Aunque, aparte de cuervos, cornejas y algún halcón, no vimos otros animales silvestres, la región es una importante reserva de lobos, osos, linces y venados. Sólo en una ocasión, en Jovanna, el nervioso ladrar de los perros que cuidaban un rebaño de ovejas y la actitud inquieta de su pastor nos indicaron la presencia en las cercanías de alguna manada de lobos.

En nuestro periplo visitamos los tres parques nacionales. Toda la región tiene su encanto, pero si tuviera que escoger solo uno de estos tres parques para hacer excursionismo, tal vez me quedaría con el de Maiella. Desde su centro urbano más importante, la preciosa población de Pescocostanzo, se pueden hacer diversas salidas, tanto a las cimas de las montañas que la rodean, como al inmenso bosque de hayas de San Antonio en cuyo lindero se halla aquella ciudad. Cerca de allí se encuentra también la ciudad de Sulmona, crisol de arte y cultura, cuna del poeta Ovidio.

Toda la zona está recorrida por una amplia red de senderos, algunos de ellos muy bien señalados con bandas de pintura roja y blanca. Siempre que pudimos nos alojamos en agroturismos, en donde recibimos muy buena atención. El hospedaje en ellos costaba alrededor de 50€-55€ por habitación doble, con desayuno. En uno de estos agroturismos compartimos la cena con una pareja de holandeses que estaban recorriendo la zona a pie y nos explicaron que existen buenos planos de senderos con los que facilmente orientarse. Fueron éstos y media docena de alemanes que encontramos en Scanno, los únicos turistas extranjeros que vimos.

Los lugareños apenas hablan otras lenguas que el italiano, pero gracias a su simpatía, buena disposición, y a la similitud del español con aquel idioma, no tuvimos problemas para entendernos. Solían manifestar gran curiosidad por saber de qué países procedíamos y facilmente entablamos amenas conversaciones con ellos. Así supimos que los Abruzos son apenas visitados por gentes de otros países.

Quisiera, con este artículo, descubrir esta región a los españoles amantes del senderismo, a la que es fácil de viajar, en la que es agradable estar y por la que es ameno caminar.

©José-Andrés Miralles (texto y fotos)
jose.miralles@phsotey.fi

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