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Picos de Europa 2004

Refugio de Vega Redonda - Caín

Jou Santo, Boquete y, al fondo, el Macizo Central

 

Para la siguiente jornada, la más fuerte y complicada de la travesía, Roberto-hijo se había ofrecido a hacernos de guía. Tal como habíamos quedado, tras el desayuno emprendimos la fuerte subida por el barranco que sale en dirección SE por detrás del refugio. Hacia las diez y cuando llevábamos alrededor de una hora subiendo divisamos a lo lejos a Roberto que estaba llegando entonces al refugio. Iba a llevar a cabo una proeza que nos dejaría atónitos: se había levantado de madrugada en su casa de Avilés, había acudido a una reunión del Comité de Empresa en la fundición en donde trabaja, había salido en coche hacia los Picos, había dejado su vehículo un poco más arriba del lago Enol, concretamente en el Pozo del Alemán, había galopado monte arriba hasta Vega Redonda, en donde cargó en su mochila dos litros de agua, siguió subiendo hasta alcanzarnos, nos acompañó durante toda aquella agotadora jornada, abandonándonos a la vista de Caín, y siguió corriendo por la Garganta del Cares hasta Puente Poncebos. Allí lo estaría esperando un amigo que, en su coche lo iba a llevar, dando la vuelta por Arenas de Cabrales, otra vez a los lagos de Covadonga para ir a recoger su coche de nuevo en el Pozo del Alemán. Y luego, claro, regreso conduciendo hasta Avilés para, al día siguiente, reincorporarse al trabajo como si nada. ˇAdmirable!

Neveros en la Torre de Sta. María

Así pues, cuando ya estábamos llegando al pie del Porru Bolu, Roberto nos dio alcance y a partir de aquel momento nos fue conduciendo por parajes maravillosos de alta montaña, formados por brillante caliza, blanca nieve y cielo azul. Indudablemente, sin él no hubiésemos sabido encontrar el camino, cuyos hitos quedaban a menudo sepultados en las profundidades de los peligrosos neveros. Así les pasó a la pareja de belgas, que habían salido antes que nosotros del refugio y que ahora, sin saber hacia dónde continuar, nos esperaban, pasado el Collado de la Fragua, sobre una roca en la ladera de la Torre de Santa María. Desde allí se nos ofrecía una magnífica vista del valle con el lago de la Ercina en su fondo.

A partir de aquel punto los belgas se sumaron a nuestro grupo y continuamos, pasando primero por el Jou de los Asturianos hasta entrar en el magnífico circo que forma el Jou Santu, que debíamos atravesar hasta alcanzar su otra salida, el Boquete. Con grandes dificultades y no menos peligro por lo escarpado de las pendientes y la traicionera consistencia de la nieve, andando y desandando algunos trozos de camino, logramos llegar, hacia las tres de la tarde, al Boquete, en donde Roberto nos dio el primer permiso para descansar y comer. ˇCuánto lo necesitábamos!

Ante nosotros entonces se abría la magnífica panorámica del Macizo Central, con el pico de Torre Cerredo (2648 m) erigiéndose, majestuoso, sobre las crestas nevadas. Y entre esta cadena montañosa y la nuestra, la profunda hoz del río Cares, al fondo de la cual divisábamos ya, más de mil metros más abajo, las rojas techumbres de Caín. Empezamos entonces el fatigoso descenso por el Canal de Mesones que nos llevó, con alguna parada para descansar las rodillas, casi cuatro horas.

Llegamos al Caín al atardecer. Allí teníamos reservada habitación en el acogedor Hostal Casa Cuevas (tel 987 742720). Tanto la habitación como la cena estuvieron muy bien y por la mañana nos encontrábamos plenamente recuperados para iniciar una nueva jornada. Nos esperaba entonces la sorprendente etapa de la Garganta del Cares.

 

©José-Andrés Miralles (texto y fotos)
jose.miralles@phsotey.fi

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