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Cisnes en celo

 

ESPERANDO LA PRIMAVERA

José-Andrés Miralles
Finlandia, abril 2004

Uno de los días más felices en la vida de mi padre era cuando veía la primera golondrina del año por las calles de Barcelona. Entraba eufórico en casa, anunciándonos que por fin había llegado la primavera. Normalmente esto sucedía a mediados de marzo.

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Serreta con sus polluelos.
  Insta-lando un nido
 
 
La llegada del nuevo inquilino
 
 
Un ladrón de semillas

Desde entonces, también yo he esperado con ansia ver las primeras golondrinas. Pero, aquí en Finlandia, tengo que esperar mucho más. Hasta finales de mayo o junio no es probable que me vengan a saludar con su alegre chillido mientras, en rápido vuelo, nos defienden de los miles de mosquitos que por entonces empiezan a proliferar por estas latitudes.

Antes, sin embargo, han empezado a llegar muchas otras especies de aves desde sus lugares de invernada en los países del norte de África o del sur de Europa y que, sin tener que esperar como las golondrinas la aparición de los mosquitos para alimentarse, lo hacen a base de semillas, gusanos o peces que van quedando a su alcance el irse retirando el manto de nieve de los campos y fundirse la capa de hielo de los lagos.

Una de las primeras que llegan en grandes manadas son las majestuosas grullas, que aterrizan en pastizales pregonando su presencia con su fuerte griterío. También los blancos cisnes acuden en grandes grupos a lugares en que las corrientes de agua han fundido el hielo que las cubría. Allí, los machos, tras un corto e incruento, aunque sí escandaloso duelo, eligirán su pareja con la que se retirarán después a construir su nido en alguna tranquila orilla. También es frecuente ver avefrías entre las primeras avanzadas migratorias.

El estornino es ya más difícil de divisar, pero la alegre y mansa lavandera, con su peculiar balanceo, acude cada primavera a nuestros pies para recoger las migas de pan que encuentra por el suelo y construye su nido sobre la chimenea de nuestra barbacoa.

Durante el invierno hemos colaborado a alimentar a los pequeños pájaros que se han quedado con nosotros a compartir la dureza de este clima. Casi todos tenemos en nuestros jardines unas pequeñas casitas que rellenamos con semillas de girasol, manjar favorito de petirrojos, herrerillos, gorriones y carboneros. Ahora, en primavera, seguimos ayudando a estos alegres vecinos construyéndoles nidos que colgamos de los árboles para que así sigan en nuestra compañía. Resulta muy emocionante obeservar la llegada una pareja a visitar su nueva vivienda: la inspeccionan concienzudamente por dentro y por fuera y, si dan su aprobación, inician un frenético ir y venir, trayendo cada vez en su pico una pequeña ramita, o un poco de pelo de algún perro, o cualquier otra cosa con la que almohadillar el fondo de su casita. Nosotros, para facilitar su labor, cada otoño bajamos estos nidos de los árboles, limpiamos su interior, los guardamos en lugar seco y ahora, antes de colgarlos de nuevo, les ponemos un poco de paja seca en su interior.

También otras aves se han quedado en nuestros jardines en invierno: las cornejas y las urracas, pero éstas no necesitan que colaboremos en su supervivencia y saben encontrarse ellas mismas su alimento. Pronto, sin embargo, tendrán que compartir los árboles con mirlos y pardillos. Los tordos y zorzales nos vaciarán, una vez más, los arbustos de grosellas antes de que tengamos tiempo de recogerlas para hacer confituras y jugos.

Las aves rapaces como el águila real, el halcón ratonero, el gavilán o el buho ya serán más difíciles de ver pues suelen esconderse en la profundidad de los bosques, pero las gaviotas, con su áspero graznido nos anunciarán desde la lejanía su llegada a la vez que nos señalarán que el hielo del lago ha desaparecido y podemos, igual que ellas, empezar a disfrutar de sus aguas, que al cabo de pocas semanas surcarán también patos, fochas, ánsares y otras ánades seguidas de sus polluelos. Y la vida habrá empezado una vez más, a pesar de lo que algunos se empeñan en impedirlo.

© texto y fotografías José-Andrés Miralles
jose.miralles@phsotey.fi

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