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Sierra del Taibilla desde la cabecera del arroyo de la Aliagosa. © José A. Pastor

RUTA NERPIO-ALCARAZ
(realizada en Septiembre de 1997 por Jose A. Pastor)

Etapa 1: Nerpio-Pedro Andrés

Un minibús nos deja a Federico y a mí en la plaza mayor de Nerpio. Son las cinco de la tarde, hace bastante calor y el cielo está limpio de nubes y vapores. Sopla una ligera brisa de Poniente que agita las ropas de los balcones.

Echamos a andar con decisión por la carretera que sube hacia Pedro Andrés. Nada más salir de Nerpio nos desviamos por una pista asfaltada que se dirige a Los Chorretites. El paisaje típico de la vega de Nerpio está formado por bancales de maíz, hortalizas y árboles de ribera; dispuestos de forma aleatoria los nogales dan sombra a los cultivos y nos muestran su fruta ya muy madura. El camino asciende suavemente y se aleja del valle para encaramarse sobre una plataforma de roca. Al fondo, y a contraluz, casi se adivina la torre Taibona que vigila de forma permanente el ajetreo de las gentes del valle.

En una curva a la derecha observamos que un carril de tierra se abre a la izquierda, en dirección suroeste. Consultamos el mapa y decidimos arriesgar por el camino; estamos un poco hartos de tanto asfalto y nos apetece cambiar. El carril se va acercando paulatinamente al valle que forma el arroyo de la Aliagosa, bajo las cumbres de la sierra del Talón. Aunque tenemos sed y escuchamos el agua discurrir unas decenas de metros más abajo, esperamos a que el camino se acerque un poco más a la altura del arroyo.

El paisaje es magnífico; enormes encinas centenarias acompañan la soledad de los cortijos abandonados. A nuestra izquierda se levanta el Pico del Lobo; la arista cimera se prolonga hacia el oeste y empieza a conformar la cara norte de la sierra del Taibilla. Con esta luz tan limpia y esta atmósfera se aprecian casi todos los detalles de las rocas y los perfiles de los árboles; aprovecho la inclinación del sol para tomar algunas fotos ahora que los tonos empiezan a ser más cálidos.

El valle se va cerrando y con él también el día. Queremos encontrar un buen lugar para dormir que esté próximo a Pedro Andrés. En el mapa apreciamos un collado que se encaja entre las Lomas de la Osera y el vértice de la Cruz del Taibilla. Aunque hay marcado un carril que vence al collado, nosotros no lo vemos por ningún lado y lo atravesamos por entre las sabinas y las rocas. Así, dejamos el cauce del barranco de la Aliagosa y ganamos vistas de nuevo al valle principal, justo en las fuentes del Taibilla. En el primer lugar que encontramos agua dejamos de andar y montamos la lona bajo un nogal. Cuando se hace de noche vemos el resplandor de las luces de Pedro Andrés al fondo del valle.

© José A. Pastor

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