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RUTA NERPIO-ALCARAZ (realizada en Septiembre de 1997 por Jose A. Pastor)

Etapa 5: Los Giles (Hueco del Tus)-Fábricas de Riópar

Salimos de los Giles remontando el arroyo del Tus hacia lo que se conoce como cuesta de las Peladillas por los hitos de piedras coloreadas que sirven de guía cuando la nieve cubre el terreno. Hace bastante calor pero notamos que el día es diferente al de ayer: el cielo no está tan limpio y un velo blanquecino nos inquieta. Para colmo, en la última cortijada nos encontramos con un aldeano que nos advierte: cuidado con el Calar, que es fácil perderse. Con la incertidumbre en el cuerpo seguimos hacia arriba mirando el 1:50.000 del Ejército que llevo bastante arrugado y las notas que recogí del libro de Ángel Ñacle en el que se describía la excursión. Es muy importante no errar en el punto de entrada al Calar pues, una vez arriba, apenas tendremos referencias y deberemos guiarnos mediante el mapa y la brújula.

El paisaje es realmente espléndido y no nos supone esfuerzo alguno. Nos sentimos muy fuertes y el cuerpo se nos ha hecho a la mochila después de varios días en el camino. Miramos atrás y vemos el valle del Tus y el encajonamiento del Infierno, estrecho cañón por el que se adentra el río Tus en Jaén entre los dos calares más grandiosos de la zona: la Sima y el Mundo.

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tiramos para arriba por entre las piedras buscando una buena altura desde donde divisar y planificar los pasos siguientes
   

Las fuertes pendientes dan paso a una zona más allanada y la ladera de la izquierda comienza a ofrecernos algo de debilidad. Como estamos hartos de no tener horizontes (sólo al SW podemos ver la lejanía) decidimos encaramarnos sobre la plataforma kárstica del Calar del Mundo. Así pues, le tiramos para arriba por entre las piedras buscando una buena altura desde donde divisar y planificar los pasos siguientes.

Nos situamos en el mapa y ponemos dirección al Norte, hacia la sutil vaguada en la que se encuentra la Fuente del Espino o Pozo de la Bomba. El pico de los Viboreros se queda a nuestra izquierda y como referencia en el horizonte fijamos una perfecta pirámide triangular de roca gris que se levanta orgullosa muy al fondo. Al día siguiente reconoceremos -- y tendremos bajo nuestros pies -- esta forma triangular como el pico de las Almenaras, cúspide de la cuerda de montañas que contiene a las cordilleras béticas para que no se desparramen sobre las llanuras de la Mancha; no podíamos haber escogido un punto más alto y destacado para orientarnos.

Seguimos avanzando penosamente por entre las rocas afiladas y huecas cuando, de repente, escuchamos el sonido inconfundible de un cencerro. Nos dirigimos hacia allá y descubrimos en una hondonada un prado de considerables dimensiones en el que un rebaño de ovejas sestea bajo los atormentados pinos laricios. Un land-rover recubierto de barro y aparcado bajo los pinos nos sorprende (¿por dónde habrá llegado aquí?). Descendemos a la altura del rebaño y un pastor nos mira curioso e impasible. Nos acercamos al hombre para charlar un rato pero no parece tener muchas ganas de conversar; nos cuenta cómo funciona la bomba del pozo y acto seguido se monta en el coche y se larga.

El pastor no nos ha dicho por dónde bajar del Calar para llegar a Riópar (no nos ha dado tiempo) pero eso es un problema para más tarde. Por el momento, sacamos agua del pozo, comemos y bajo la sombra tomamos una siesta deliciosa. Cuando despertamos el cielo está cubierto pero no amenaza lluvia por el momento. No obstante, sentimos inquietud y queremos salir pronto de este laberinto de rocas y lomas agrietadas.

Seguimos hacia al norte por donde bajaría una gota de agua hacia el valle del Mundo. Nos encontramos con una tinada vieja y un espeso bosque de pinos y algunas encinas. Buscamos el comienzo de una senda que, en teoría, debe llevarnos hasta la seguridad del llano. De nuevo, las señales providenciales del GR nos invitan a tomar una traza insegura que pronto se convierte en un camino de herradura con muy buena pinta.

El descenso es muy cómodo y bonito, entre un bosque cerrado de pinos, encinas, quejigos, arces y serbales. Es una delicia advertir la pericia de quienes abrieron esta vía al paso del hombre y las bestias por esta ladera impenetrable y compleja.

Finalmente, llegamos al valle del Mundo, atravesamos el río por la piscifactoría y por la carretera que sube el puerto del Arenal regresamos a la civilización. En Riópar pueblo no encontramos sitio para dormir tranquilamente y, tras comprar la cena, nos retiramos a una chopera cercana para descansar alejados del bullicio del pueblo.

© José A. Pastor

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