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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

ASCENSION AL PIC DE SAINT ANDRÉ 
(2.608 Metros),
EN LA VERTIENTE FRANCESA DE GAVARNIE.
MANUEL LOPEZ OTAL, FRANCISCO SARRABLO, ANTONIO MELENDO, JOSE RAMON MONCLUS Y JULIAN OLIVERA.
DIA 20 DE JULIO DE 1986.

DEDICATORIA.- Son muchos los relatos que llevo escritos sobre ascensiones y marchas en este Pirineo de Huesca, de cuya provincia soy oriundo. Los redacto en la primera persona del plural o en forma impersonal, como escritos por un sujeto colectivo, el grupo de amigos que realizamos cada jornada. A sabiendas de que las vivencias compartidas con mis queridos compañeros en ese mundo fascinante que es la montaña, son inenarrables, pretendo reflejar, por una parte, determinados datos y anécdotas, y por otra, el maravilloso entorno físico por el que discurren nuestras duras “calcetinadas”.

En esta jornada, mis cuatro acompañantes han sido boltañeses: MANUEL LOPEZ OTAL, FRANCISCO SARRABLO, ANTONIO MELENDO Y JOSE RAMON MONCLUS, y quiero, de una manera especialmente afectiva, dedicar el anterior relato a ellos y a su muy bello y hospitalario pueblo de BOLTAÑA, un viejo caserío aupado a un tozal que domina el ancho, apacible y hermoso Valle del río Ara. Mi gratitud profunda a los cuatro, que con muchos menos años que yo (llevo veinte al mayor y más de treinta a los más jóvenes), tienen conmigo la impagable delicadeza de adaptarse a mi lento ritmo en las ásperas ascensiones y de “arroparme” psicológicamente con su juvenil entusiasmo.

 

En Boltaña, Melendo y Olivera hablan de una jornada de montaña partiendo del Valle de Bujaruelo. Este Valle es uno de los enlaces fundamentales entre la provincia española de Huesca y el Departamento francés de Altos Pirineos. Del lado francés se encuentra Gavarnie, un topónimo que comparten el Collado fronterizo, el pueblo y el famoso Circo que con su fantástica cascada constituye una de las joyas de la Cordillera pirenaica. Españoles y franceses han frecuentado siempre este “paso” que une ambas vertientes. La idea de Melendo es subir desde San Nicolás al Plano de Lapazosa y allí, en lugar de continuar hasta el Collado de Gavarnie, desviarnos a la izquierda en busca del ibón de Lapazosa para penetrar en Francia por el Cuello del mismo nombre; ya en Francia, aunque el plano nos ofrece un par de cumbres inmediatas, esperemos a encontrarnos frente a la propia realidad física para decidir a cual de ellas subimos.

En principio íbamos a participar en esta jornada, Manolo López, Paco Sarrablo, Antonio Melendo y Julián Olivera, pero a última hora se une a este grupo otro boltañés, José Ramón Monclús. Somos, pues cinco, cuatro boltañeses y un residente temporal en este bello pueblo del Alto Aragón, Olivera, los que ocupando dos turismos partimos de Boltaña hacia Bujaruelo, a donde llegamos a las 8:15 horas de la mañana.

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Unos praderíos amenizan este Plano y en uno de ellos nos sentamos a descansar y a comer algo, junto a una voluminosa roca

Son las 8:30 cuando cruzamos el puente románico sobre el río Ara para iniciar la jornada pirenaica. Al otro lado de este puente, comienza bruscamente la “trepada” por una senda que, en ásperos escarpes y rodeos, se abre paso entre pinos y rocas para ir dejando abajo el Valle del Ara. Unos veinte minutos después de iniciada la marcha, se acaba el arbolado y accedemos a la ladera izquierda del Barrando de Lapazosa; se abre el horizonte y con ello terminan también los rodeos cortos y seguidos y la senda se despliega en largos trazados, aunque no se suavizan los desniveles, que siguen siendo broncos. Es gigantesco este Barranco de Lapazosa que vamos remontando lentamente. Son las diez de la mañana, hora y media después de haber iniciado la marcha en San Nicolás, cuándo llegamos al Plano de Lapazosa, una especie d grandioso peldaño en el que diríamos que el Barranco hace un alto en su despeñamiento de mil metros desde el cordal fronterizo al Valle de Ara. Unos praderíos amenizan este Plano y en uno de ellos nos sentamos a descansar y a comer algo, junto a una voluminosa roca. Por encima de nosotros divisamos ya el Collado de Gavarnie o de Bujaruelo; hemos debido de remontar unos quinientos metros de desnivel y el esfuerzo que ello ha supuesto hace más grato nuestro descanso.

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... son casi exactamente mil metros los que hemos remontado en dos horas y media, pues aunque se cumplen tres horas de marcha...

Reiniciamos la marcha sobre las 10:30 y abandonamos la vertical de este tremendo Barranco de Lapazosa, para desviarnos a nuestra izquierda, hacia el Norte, penetrando por una pequeña garganta colectora de unas aguas que suponemos proceden del ibón que lleva el nombre del Barranco. Al rebasar la garganta nos encontramos con espaciosos e inclinados praderíos en los que pasta ganado vacuno, pero no aparece el ibón, que estará más arriba. En efecto, pocos minutos después vemos el Ibón de Lapazosa, un gran lago que se alarga en dirección Este-Oeste; lo bordeamos por su orilla meridional y nos paramos un rato en su ribazo oriental para hacer alguna “foto” y contemplar al Oeste la Sierra de Tendeñera, que dibuja muy bien sus perfiles en esta límpida atmósfera. Tenemos muy cerca el Cuello de Lapazosa, al Este del Ibón, y lo alcanzamos a las 11:30 horas. Hemos llegado al cordal fronterizo que por aquí se despliega de Sur a Norte, desde el Pico de Gabiétous a la Soum Blanc des Espécières. Es más alto este Cuello de Lapazosa (2.334 metros) que el de Gavarnie (2.270 metros); como San Nicolás, de dónde partimos, se encuentra a 1.338 metros, son casi exactamente mil metros los que hemos remontado en dos horas y media, pues aunque se cumplen tres horas de marcha, media hora la pasamos descansando en el Plano de Lapazosa; un tiempo excelente, máxime teniendo en cuenta que los cuatro boltañeses han de “tirar” de Olivera, único viejo del grupo, que con sus 63 años no puede, lógicamente, seguir el fuerte ritmo de aquellos. 

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... subir primero a un Collado que se dibuja con claridad al Sur de dicha cumbre y muy próximo a ella.

Dos cosas destacan en la vertiente francesa a la que acabamos de asomarnos: El Pic de Saint André, a nuestra izquierda, y debajo de nosotros, el Lac de Luhos, de forma circular; si volvemos la cabeza hacia la vertiente española, vemos el Ibón de Lapazosa, mayor que el lago francés. Caminamos por el mismo cordal fronterizo hacia el Norte, pasando bajo una gigantesca torre metálica que soporta cables de un tendido eléctrico, y accedemos a un Collado algo más alto que en el plano figura con el nombre francés de Col des Espécières; estamos en la falda que une la Soum Blanc des Espécières con el Pic de Saint André. Ya nos encontramos ante la realidad física que Melendo y Olivera estudiaron sobre el plano y decidimos ascender al Pic de Saint André, de cuya cima nos separa un desnivel de unos 260 metros. Considerando la mejor forma de hacerlo, resolvemos subir primero a un Collado que se dibuja con claridad al Sur de dicha cumbre y muy próximo a ella.

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... la chica “sabe de qué va”; en su simple presencia se nota que conoce el mundo de la montaña, contrariamente a los jóvenes franceses cuya inexperiencia salta a la vista

Dentro de territorio francés, comenzamos a flanquear la ladera oriental del Pico, ascendiendo sesgadamente para salvar mejor el fuerte desnivel; el suelo, por fortuna, es roquedo o “tasca”, lo que facilita nuestra ascensión. El grupo se disgrega: Sarrablo y Monclús han trepado con fuerza y se deslizan por una línea muy alta de la ladera; Manolo López se desplaza velozmente por un nivel algo más bajo; los dos restantes, Melendo y Olivera, ascienden por una zona de la falda muy por debajo de las dos rutas que siguen sus compañeros. Los cinco vienen a concluir en un punto alineado con el “nivel” que ha seguido Manolo López, no lejos ya del Collado al que nos dirigimos. Son las 12:40 cuándo alcanzamos este Cuello y, confirmando lo que suponíamos por su situación en el plano, la visión es espléndida: !impresionante el soberbio Macizo del Vignemale, al Noroeste¡. En el Collado coincidimos con tres jóvenes franceses con los que nos cruzamos al subir; estos jóvenes van tan magníficamente equipados como totalmente desorientados; parece ser que vienen de Gavarnie pero no saben hacia dónde van. Son de Lyon, en el centro de Francia, y es ésta su primera “aventura” pirenaica. Por la vertiente contraria a la de nuestra subida, aparece una chica solitaria; una aparición ciertamente afortunada para los tres jóvenes porque la chica “sabe de qué va”; en su simple presencia se nota que conoce el mundo de la montaña, contrariamente a los jóvenes franceses cuya inexperiencia salta a la vista. La chica les acompañará en el descenso hacia la Vallée d´Ossoue, que se adivina mil metros por debajo y al Norte de este Collado, sirviéndoles de guía, que buena falta les hace: bajarán a través de la Vallée de Sausse Dessus que desemboca en la citada Vallée d´Ossoue para, remontando este último Barranco, alcanzar el Refugio de Bayssellance, en las proximidades del Vignemale: una larga y dura ruta que pondrá a prueba a los bisoños de Lyon.

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... ambos  “Bachimañas” están muy próximos, separados por escaso desnivel.

Desde el Collado a la cima del Pic de Saint André no hay más de diez minutos; una bonita y sencilla arista de esquistos pizarrosos enlaza el Cuello con el Pico. Alcanzamos la cumbre a las 12:50 horas y allí permanecemos cuarenta y cinco minutos sin cansarnos de mirar a unos horizontes que, sin exageración, pueden considerarse entre los más hermosos e impresionantes del Pirineo. Por otra parte, hemos tenido la suerte de disfrutar de un clima y una atmósfera ideales para esta contemplación; en efecto, se trata de un día sereno, encalmado, sin una sola nube pero, al mismo tiempo, sin calimas ni neblinas, esto es, con una limpidez atmosférica que nos acerca visualmente a los fantásticos Macizos que nos rodean y dibuja nítidamente sus perfiles, sus circos, sus hendiduras, todo el relieve plural de la montaña. La vertiente francesa es mucho más húmeda que la nuestra y no son frecuentes días como hoy. Es por ello un privilegio encontrarnos en esta cota francesa de 2.608 metros situada “a caballo” entre el macizo del Vignemale y el Circo de Gavarnie; al Noroeste el Vignemale ofrece su grandeza cubierta de un manto blando; al Sureste el alto anfiteatro del Circo de Gavarnie con su cascada, el Casco, la Brecha de Roland, el Taillon y el Gabiétous; entre estos dos últimos Picos, colmatando de hielo una bien dibujada “cazuela”, un glaciar “colgante”; al Oeste, inmediata, la Soum Blanc des Espécières, algo más elevada que este Pico sobre el que nos encontramos: el plano francés asigna a esa cumbre de roca clara, dos cotas 2.671 y 2.685 metros.

Son las 13:35 horas cuando iniciamos el descenso. Repasamos la arista, llegamos enseguida al Collado y sin detenernos seguimos descendiendo en diagonal hacia el cordal fronterizo; una vez aquí, decidimos bajar a comer el ibón francés de Luhos, a cuya orilla llegamos a las 14:20 horas. En el plano francés figura este Lac de Luhos situado en la cota 2.195 metros. El descenso, pues, ha sido lento: 413 metros en cuarenta y cinco minutos; lentitud a la que nos ha obligado la bronca inclinación de estas laderas, carentes de sendas.

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... nos “descolgamos” a la carretera y no tardamos en llegar al Puerto de Gavarnie.

Comemos junto a las quietas y frías aguas del lago, en cuyas orillas vemos a familias francesas que llegan a lo que hace pocos años eran rincones de solitaria y misteriosa belleza, a través de una carretera que nace en el pueblo de Gavarnie; carretera cuya construcción no hubiera sido posible si en lugar de un criterio de lucro se hubiese impuesto un sano criterio ecológico. De nuevo las mochilas a la espalda para iniciar la etapa final de esta jornada. Acordamos regresar a la vertiente española, no por el Collado de Lapazosa -por el que penetramos en Francia esta mañana- sino por el de Gavarnie. Hemos de remontar un “lomo” que arranca del Pico del Puerto en la cuerda fronteriza, entre los cuellos de Lapazosa y Gavarnie, y separa los barrancos de la Vallée des Espécières y de la Vallés de Pouey Aspé, confluyentes ambos en el pueblo de Gavarnie. Remontando el “lomo”, nos situamos sobre la antes citada carretera y caminamos por un ribazo unos doce o quince metros por encima de la misma, demorando todo lo posible el momento de bajar a ella, pues el espectáculo que ofrece es desolador: centenares de coches aparcados en una “cola” interminable: Agotadas las posibilidades de deslizarnos por el ribazo, nos “descolgamos” a la carretera y no tardamos en llegar al Puerto de Gavarnie. Son las cuatro de la tarde cuando volvemos a tierra española, de la que salimos a las once y media de la mañana.

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... Tan sólo una hora hemos tardado en descender los casi mil metros de desnivel

No invita precisamente a que permanezcamos aquí, la gran cantidad de “domingueros” que encontramos en el Collado y sus alrededores; este Puerto de Gavarnie, invadido por el gentío, pierde mucho encanto. !Que diferencia con la hermosa soledad del Collado de Lapazosa cuando esta mañana lo pisamos por dos veces, antes y después de subir al Pico de San Andrés¡ Es por ello que, sin parar, emprendemos el descenso hacia San Nicolás de Bujaruelo, poniéndose a la cabeza del grupo Paco Sarrablo, que marca un ritmo muy vivo y “arrastra” en su veloz bajada a sus cuatro compañeros. Tan sólo una hora hemos tardado en descender los casi mil metros de desnivel que separan el Cuello de Gavarnie de San Nicolás, a donde llegamos a las cinco de la tarde. Atrás queda una jornada más en nuestro entrañable Pirineo, dura pero siempre feliz para quiénes amamos la montaña. Relajados, junto al puente románico, nos quitamos botas y medias para procurar a nuestros pies el mejor descanso, que es meterlos varias veces en las claras y frías aguas del río Ara, así se recuperan rápidamente.

Para terminar, vamos a resumir la jornada: Duración, ocho horas y media. Permanencia en tierra francesa, cuatro horas y media. Desnivel remontando entre San Nicolás y el Pico de San Andrés, 1.270 metros en menos de cuatro horas. Desnivel del descenso entre el Puerto de Gavarnie y San Nicolás de Bujaruelo, 932 metros, en una hora.

Julián OLIVERA MARTIN abril de 1987