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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografía>>

Collado de Sahun-Lagos y brecha de Barbarisa


                                                               Julián OLIVERA.

Realizada el día 17 de agosto de 1986 con la asitencia de ANTONIO BALLARIN, FRANCISCO LANAO, VICTOR LOPES DE MURILLAS Y JULIAN OLIVERA

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... mi mujer y yo fuimos con ellos en un “600” al Valle de Plan y nos metimos en el citado bar...

Mi amigo Antonio Ballarin, de Plan, tuvo un bar de los más frecuentados por los años sesenta y setenta en aquel Valle pirenaico; me parece recordar que su nombre era “Los Posets”, y se encontraba entrando por la carretera a mano izquierda, en una de las primeras casas de la parte baja del pueblo. Creo que fue en 1965, mis dos hijos eran niños (escribo estas líneas en 1997 y ya son cuarentones) cuando mi mujer y yo fuimos con ellos en un “600” al Valle de Plan y nos metimos en el citado bar, que atendían Antonio y su hermana.

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...¡un día inolvidable aquel de hace 32 años!...

Era un día caluroso, de pleno verano, y al decir que queríamos comer, nos subieron a la planta alta de la casa y ocupamos el comedor familiar. Fuera del ruidoso tumulto del bar, era una delicia estar en aquella sala amable, acogedora, con una luz natural suave, muy matizada por visillos y cortinas, en contraste con la cegadora claridad con la que el sol inclemente iluminaba el exterior. Estas salas o habitaciones principales de las viejas casas rurales, eran espacios interiores con un encanto especial, respiraban intimidad, sosiego, cierta melancolía. En este comedor de ambiente grato, nos sirvieron primero ensalada “ilustrada”, como denominan en la región altoaragonesa  a las ensaladas especiales, que además de los ingredientes habituales –tomate, lechuga, pepino, cebolla- incorporan otros como huevos, jamón, atún, espárragos…. (Resulta curioso e interesante ver como el pueblo ha utilizado una prestigiosa palabra del lenguaje cultural y político, para transplantarla al mundo de la gastronomía, y ello sin degradarla  ni desvirtuarla pues conserva como metáfora un valor positivo, de enriquecimiento, de mejora… ¡espléndido hallazgo del lenguaje popular!). Después de la ensalada, vinieron costillas y fueron muchas las que nos comimos. De los cuatro, el que “dio cuenta” de un mayor número de costillas fue mi hijo Javier, que por entonces tenía doce años; aunque en tono menor, mi otro hijo, Alberto, que tenía nueve años, mi mujer, Julia, y yo también dimos la merecida réplica a aquella carne de tan excelente calidad. Agotamos las existencias y no exagero, pues después de repetir varias veces, nos dijeron que se les había acabado la carne… ¡un día inolvidable aquel de hace 32 años!

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...me propuso en el verano de 1986 ir a pasar un día a los lagos de Barbarisa, que yo desconocía...

Como en el Valle de Plan nacieron mis mejores amigos pirenaicos, lo he visitado con mucha frecuencia, unas veces para encaminarme hacia las montañas que lo rodean, otras veces para disfrutar de la generosa hospitalidad de las gentes de sus pintorescos pueblos: Saravillo, Servato, Plan, Gistaín…Y así  surgió mi relación con Antonio Ballarin. Aficionado a la pesca, me propuso en el verano de 1986 ir a pasar un día a los lagos de Barbarisa, que yo desconocía: él llevaría su caña para tratar de pescar truchas y yo conocería una nueva región del Pirineo oscense. Acepto la propuesta de Antonio, que me resulta sugestiva, e invito a que vengan con nosotros a Paco Lanao, de Labuerda, y a un joven de Barcelona llamado Víctor que pasaba su vacación en Boltaña.

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...Después de contemplar el magnifico panorama que nos ofrece el Macizo de Cotiella, comenzamos los cuatro a caminar...

Estábamos a mediados de agosto; el tiempo era caluroso y despejado, propio de la época. Había que madrugar pues yo partía de Boltaña, que estaba lejos de Plan, y luego hay que subir al Puerto de Sahún a través de una larga y endemoniada pista. Elegimos el día 17 y Víctor y yo salimos de Boltaña a las 6:10 horas. Todavía de noche, pues con el adelanto horario son las cuatro de la madrugada. A los diez kilómetros, en Labuerda, recogemos a Paco Lanao, y aún tardamos cincuenta minutos en llegar a Plan, donde nos espera Antonio Ballarin. Alas 7`15 horas, juntos ya los cuatro que vamos a hacer la excursión, enfilamos la pista hacia el Puerto de Sahún y en cuarenta y cinco minutos remontamos el fuerte desnivel que separa el Valle del alto cuello, que tiene una cota de 1.989 metros. Son las ocho de la mañana –el sol señorea sin contemplaciones los horizontes- cuando dejamos el coche en este Puerto de Sahún que une los Valles de Plan y Benasque; la pista sigue hasta Chía para luego descender a Castejón de Sos. Después de contemplar el magnifico panorama que nos ofrece el Macizo de Cotiella, comenzamos los cuatro a caminar dirigidos por Antonio Ballarin, el único del grupo que conoce la ruta.

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...conservando la altitud que sobre él mismo tiene el Collado, nos “cuelga” sobre la ladera derecha...

En esta anchurosa collada conocida como Puerto de Sahún, es dónde comienza la marcha. Ballarin nos dirige hacia un gran barranco que viene del Norte y por el que las aguas de los lagos de Barbarisa van a fundirse con las del río Ésera; lo hacen por el valle de  Sahún en el que tiene su natural desemboque el barranco de Barbarisa. Pero Ballarin, con buen sentido, no nos hace descender al barranco –lo que significaría una gran pérdida de altura- sino que conservando la altitud que sobre él mismo tiene el Collado, nos “cuelga” sobre la ladera derecha y por ella vamos ascendiendo lentamente.
(Los tiempos verbales pasado y presente, se intercalarán con frecuencia en este relato, que como ya dije al principio, los escribo ONCE AÑOS después de la experiencia que se narra.)

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...paseamos morosamente por el entorno del lago, disfrutando del sosiego, placidez, el lirismo que irradian estos rincones...

La ladera es muy áspera, con fuerte inclinación, y en ocasiones el desnivel nos obliga a ganar o perder altitud, para, rompiendo momentáneamente la línea de nuestra marcha, salvar algunos “pasos” broncos. Vamos dejando a nuestra derecha –muy debajo de nosotros- el fondo del barranco, y a nuestra izquierda, por encima se despliega el cordal que desde el Collado de Sahún se dirige hacia los Picos Eriste, separando el Valle de Plan del Circo de Barbarisa y del barranco que le sirve de desagüe. No es cómodo, ni puede ser rápido el desplazamiento por esta falda tan inclinada y los cuatro la vamos superando con lentitud y con alguna que otra parada para descansar unos minutos. Cuando ya estamos muy cerca de la gran cabecera del barranco, vemos un pequeño ibón, y como medio kilómetro más arriba aparece el ibón grande, un hermoso lago que se estira de Norte a Sur, prisioneras sus aguas en la alargada cubeta que las configura; su longitud es de unos 500 metros por unos 80 de anchura. Descendemos al nivel del ibón y bordeando la cubeta por el Sur –el lado del desagüe- nos situamos en su larga ribera oriental que es más llana y suave que su paralela occidental; caminamos por la ribera unos 250 metros, la mitad aproximada de su longitud, y sobre un amable y minúsculo prado casi al nivel del agua dejamos las mochilas. Tres horas y media (salimos sobre las ocho del collado de Sahún y son las once y media de la mañana) nos ha costado llegar aquí y en ese tiempo calculo que hemos recorrido unos cinco kilómetros, lo que pone de manifiesto lo lento que resulta desplazarse por los ásperos terrenos de montaña. Antonio prepara su caña de pescar, elige el sitio que considera mejor y en él se sienta para esperar pacientemente a que piquen las truchas; la paciencia es la virtud esencial del pescador. Paco, Víctor y yo paseamos morosamente por el entorno del lago, disfrutando del sosiego, placidez, el lirismo que irradian estos rincones tan apartados del “mundanal ruido”. Entre la fauna que vivé aquí, Víctor descubre al tritón pirenaico, un bello lagarto anfibio.

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...a mí “se me han ido los ojos” más de una vez hacia esa alta y escarpada brecha....

Llevamos más de hora y media en esta orilla oriental del gran ibón de Barbarisa; la pesca no se le ha dado bien a Antonio. No sé si ello influye en la inesperada propuesta que nos hace a sus tres compañeros –diríamos “fuera de programa”- para que subamos a una sugestiva brecha cuya dentellada se abre al Oeste, por encima de las cubetas dónde se alojan dos pequeños ibones que ocupan la parte más alta y escondida del Circo. Antonio Ballarin, conocedor de la región, nos dice que subir a la brecha nos permitirá ver al otro lado el lago Sein, cuyas aguas tributan al Valle de Plan; y además, claro está, contemplar en vista aérea el Circo de Barbarisa con sus ibones escalonados. Paco Lanao renuncia porque no se atreve con el duro repechón que  hay  que remontar para alcanzar la brecha desde este lago en cuya ribera nos encontramos (el plano me dice hoy, en 1997, que el desnivel es de 300 metros). A Paco le gustaría subir, pero después de la “calcetinada” desde el Collado de Sahún, prefiere descansar junto al lago y esperarnos. Víctor y yo aceptamos encantados la propuesta de Ballarin; en las casi dos horas que llevamos paseando por los alrededores del lago, a mí “se me han ido los ojos” más de una vez hacia esa alta y escarpada brecha.

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... damos un rodeo buscando el apoyo de unos leves roquedos que emergen de la escurridiza glera...

Son las trece horas y quince minutos cuando Antonio, Víctor y yo nos despedimos de Paco y comenzamos a subir. Enseguida llegamos al peldaño superior del Circo en el que se alojan dos ibones pequeños. Ahora viene lo duro porque, agotado el Circo, hay que trepar por la empinada glera (pedrera en castellano, tartera en catalán). Pero los tres nos encontramos muy bien, subimos con rapidez, y aunque para evitar la verticalidad damos un rodeo buscando el apoyo de unos leves roquedos que emergen de la escurridiza glera, a nuestra izquierda, en sólo treinta y cinco minutos alcanzamos la brecha –un excelente tiempo para remontar los 300 metros de desnivel ¡qué maravilla podernos aupar a estos “nidos de águila” que nos regalan fantásticos panoramas!

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...La glera del Este, por la que hemos subido, se despeña sobre el más occidental de los dos pequeños ibones ...

Faltan diez minutos para las dos de la tarde, mediodía solar porque los relojes van adelantados. Los tres, Antonio, Víctor y yo, sentimos una gran alegría por haber conseguido un objetivo que no estaba programado, un lujo añadido a esta jornada tan maja. Yo diría que nos invade un sentimiento más vibrante que la alegría: la euforia. Sí, nos sentimos eufóricos en esta aérea brecha que cabalga sobre dos gleras inclinadísimas: la del Oeste, que se desploma sobre el bien dibujado Circo del lago Sein, cuya cubeta es un redondel casi perfecto; uno de los circos más cerrados, más escondidos, más ensimismados en su soledad geográfica entre los muchos que conozco. La glera del Este, por la que hemos subido, se despeña sobre el más occidental de los dos pequeños ibones que ocupan el escalón más alto del Circo de Barbarisa.

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...Puedo recuperar muy bien con la memoria, once años después, el sentimiento de felicidad que me embargaba en esos treinta minutos de permanencia en la brecha;...

Antonio, Víctor y yo estuvimos media hora sobre esta interesante brecha, que en el plano oficial, el del Instituto Geográfico, figura sin nombre, con una altitud de 2.600 metros, flanqueada  por dos picos también sin nombre: el del Sur, muy próximo, tiene 2.700 m., y el del Norte, algo más alejado, 2.852m. El plano de Editorial Alpina sí da nombre a estas tres cotas: a la brecha, Collado de Barbarisa; al pico del Sur, Pico de Barbarisa, y al más alto, el del Norte, Pico Sierra. Puedo recuperar muy bien con la memoria, once años después, el sentimiento de felicidad que me embargaba en esos treinta minutos de permanencia en la brecha; era también como una sensación de plenitud, vivencia psicológica muy infrecuente porque, para manifestarse, exige situaciones o experiencias de marcada singularidad, como las que regala el mundo de la montaña a quienes son sensibles a su encanto, a su magia, a su fascinación. Me sentía tan feliz que le prometí a Antonio Ballarin escribir un relato de la jornada; y aunque tarde, estoy cumpliendo aquella promesa. Esta va a ser la narración nº 54 entre las que vengo escribiendo desde hace muchos años. La mayoría, casi medio centenar, están enmarcadas en el pirineo oscense; una muy larga narración tiene por marco el Pirineo leridano; otra, las serranías malagueñas; y tres o cuatro narraciones se enmarcan en las Sierras de Gredos y Guadarrama.

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...sigue su desarrollo hacia el Norte desde el Posets para, a través del Collado Gistaín o de Estós, llegar a la frontera  francesa...

Merece la pena detener el relato algo más en esta brecha, pues el haberla alcanzado le dio a aquella jornada un interés y una “tensión” sin los que yo no los hubiera escrito, como acabo de decir en el anterior párrafo. Estando en la brecha, me di cuenta –por mis propias observaciones visuales y por los planos que siempre he llevado en la mochila- de la importancia del cordal sobre el que nos encontrábamos Antonio, Víctor y yo. Arrancando en el Collado de Sahún, a 1.989 metros, se coloca rebasados los primeros cinco o seis kilómetros, entre los 2.500 y los 2.800 metros, para, a partir del Pico Sierra que teníamos al Norte y tan cerca de nosotros, elevarse por encima de los 3.000 metros en los Picos de Eriste o Bagüeñola, que aunque no podíamos verlos yo sabía que estaban muy próximos. Pero aquí no termina la “cuerda”, porque estos Picos de Eriste o Bagüeñola engarzan con el segundo Macizo en altitud de la Cordillera Pirenaica, el de Llanada o Las Espadas, en el que se yergue el Pico Posets, con sus 3.375 metros de altitud. No exagero, pues si califico a este “cordal” de uno de los más largos e interesantes del gran Sistema Pirenaico, ya que además de la “cuerda” sigue su desarrollo hacia el Norte desde el Posets para, a través del Collado Gistaín o de Estós, llegar a la frontera  francesa. Desde el Puerto de Sahún al Puerto de Añes Cruces sobre la divisoria franco-española en un fantástico despliegue orográfico Sur-Norte casi perfecto pues son poco acusadas las desviaciones hacia el Este, calculo en unos veinte kilómetros la longitud de esta “cuerda” absolutamente impresionante.

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...está acostumbrado a la soledad porque ha ejercido muchas veces de pastor...

A las dos y veinte de la tarde, abandonamos la brecha Antonio, Víctor y yo, evitando, como cuando subimos la vía de mayor verticalidad y para ello nos escoramos a nuestra derecha en busca de los pequeños roquedos a que me referí  antes; hacemos algunos “lazos”, aunque en menor número y más recortados que durante el ascenso. Bajamos velozmente y en sólo 15 minutos llegamos a los dos pequeños ibones. Desde aquí, con la inclinación notablemente suavizada caminamos los tres hacia el lago grande, y en sus orillas nos encontramos con Paco Lanao, que durante casi dos horas ha estado solo, paseando y disfrutando de esta maravillosa naturaleza. Paco Lanao es una de las personas más sosegadas y apacibles que yo he conocido y me parece difícil que se irrite o descomponga por nada. Nació en Labuerda y allí ha vivido siempre; está acostumbrado a la soledad porque ha ejercido muchas veces de pastor.

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... Nos “colgamos” de nuevo a media ladera y por ella vamos descendiendo...

Reunidos de nuevo los cuatro, comemos y bebemos de lo que traíamos en las mochilas y así pasamos media hora sobre la amable ribera del lago grande. Y cuando son las tres y media de la tarde, iniciamos el regreso hacia el collado de Sahún. Atravesamos el desagüe del lago para irnos a la ladera derecha del barranco, por la que esta mañana subimos. Nos “colgamos” de nuevo a media ladera y por ella vamos descendiendo; aunque la inclinación y los “pasos” algo enredados son, naturalmente, los mismos que encontramos para subir, el hecho de ir descendiendo hace más rápida nuestra marcha. A las 6`15 horas de la tarde llegamos al Collado de Sahún, donde nos espera el coche. Hemos tardado en bajar dos horas y cuarenta y cinco minutos: tres cuartos de hora menos que en subir. La marcha ha terminado felizmente y su duración total ha sido de diez horas y quince minutos: a las ocho de la mañana comenzamos a caminar en el Collado de Sahún y regresamos a este mismo lugar cuando son las seis y cuarto de la tarde.

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...esas dos “palancas mágicas” (...) nos han permitido viajar por el “túnel del tiempo”....

Y vamos con el último “brinco verbal” de esta narración, que se ha movido, como ya anuncié en uno de sus primeros párrafos, entre dos tiempos verbales: pretérito y presente. Siempre me ha gustado narrar las excursiones como si estuvieran ocurriendo y por eso me he trasladado con frecuencia al pasado de aquel 17 de Agosto de 1986; y de vez en cuando he regresado al presente de este Agosto de 1997, que es la fecha en que estoy escribiendo la experiencia que vivimos hace once años, Antonio, Paco, Víctor y yo. Y he dicho “último brinco verbal” porque con este salto pongo punto final al relato, que dedico, en primer lugar, a Antonio Ballarin, que fue el que proyectó y dirigió la excursión, pero también a Paco Lanao y Víctor López de Murillas, con la esperanza de que mis  tres compañeros ratifiquen el arriesgado ejercicio de mi memoria: rescatar de su borrosa lejanía aquel 17 de Agosto de 1986 y hacerlo con un material menos que telegráfico: 6 nombres propios, 3 nombres comunes y 14 cifras horarias son los únicos apuntes que tomé en dos minúsculas hojillas. Cualquiera sabe –no hace falta ser filósofo- que el pasado es irrecuperable, que el tiempo pretérito ni se puede modificar ni repetir; sin embargo, esas dos “palancas mágicas” que son las principales señas de identidad del hombre –la memoria y la imaginación- nos ha permitido viajar por el “túnel del tiempo”.

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...Con los nombres de estos amigos entrañables ...

Ojalá que estos folios escritos con emoción, ilusionadamente, sirvan para que Antonio, Paco, Víctor y yo podamos “recrear” en nuestros espíritus las vivencias que compartimos entonces. Y sirvan también para que amigos míos que leen con interés estos relatos y tiene la delicadeza de conservarlos, participen de alguna manera de aquella experiencia; e incluso puedan ser un acicate para que algunos vayan a conocer el hermoso, escondido y poco frecuentado CIRCO DE BARABARISA. Con los nombres de estos amigos entrañables quiero cerrar este relato: Constante Gabás, Álvaro Mur, Mariano Nerín, Toño Callau, Manolo López Otal, Ángel Greciano, Julio Ferreres,  Leopoldo Fernández, José Luis Anzorandía.

Julián OLIVERA MARTIN