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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

Subida al pico Mondarruego
(2.848 metros)

DIA 22 DE JULIO DE 1995.- Participan en la excursión: MIGUEL ANGEL VIU. ANDRÉ LABORDÉ, CONSTANTE GABAS, JOSE LUIS ANZORANDIA, JOSE ANTONIO SANCHEZ CASTAÑON, LUIS GARCIA MADERO, JULIO FERRERES, MANUEL LOPEZ OTAL, ALVARO MUR Y MUR, FRANCISCO SARRABLO, ANTONIO MELENDO, JOSE RAMON MONCLUS, OSCAR LERIN, ALVARO MUR CEREZA, RICHARD BROWNING y JUIÁN OLIVERA

Quiero dedicar este relato a dos adolescentes –ALVARO MUR CEREZA y OSCAR LERIN- que han demostrado hoy, subiendo al MONDARRUEGO, unas condiciones físicas y un entusiasmo que permiten pronosticarles un excelente futuro de alta montaña. Ojalá que estos dos zagales altoaragoneses, ALVARO Y OSCAR, conserven ya para siempre la sana y estimulante afición a subir a unos Picos entre los que nacieron y siguen viviendo.

                                                               Julián OLIVERA

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En el Mondarruego
Proximidades des Mondarruego

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... los que hoy vamos a subir al MONDARRUEGO somos dieciséis, cifra demasiado alta

Los accidentes en montaña son, por desgracia, frecuentes y es por ello aconsejable ir en grupo: un mínimo de tres personas y un máximo de seis o siete parecen ser los números más convenientes. Los que hoy vamos a subir al MONDARRUEGO somos dieciséis, cifra demasiado alta. Catorce salimos en varios coches de Saravillo, Aínsa y Boltaña y llegamos juntos a Torla, que nos recibe con las primeras luces del día.

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... se me ocurre pensar a dónde llegaría mi vanidad si yo hubiera gozado de tales capacidades

Aquí nos espera MIGUEL ANGEL VÍU OLIVÁN, heredero de la histórica “Casa  VÍU”. Será nuestro guía, misión que muy pocos podrían cumplir como él, que tantas veces ha subido al pico emblemático de su Torla natal, ese MONDARRUEGO cuya imagen –asomada por encima de las murallas de La Gatera- le acompañó desde que jugaba de niño bajo los tilos centenarios de la pradera que rodea la Casa familiar. Por esa “intimidad” que tiene con el Pico, sube a veces sólo, como el que se da un paseo por los alrededores de su pueblo. Naturalmente, esta facilidad y frecuencia con que visita al MONDARRUEGO,  no serían posibles sin poseer en grado excepcional las dos capacidades que exige la montaña: física y psicológica. Aunque esto lo digo y escribo yo, porque mi buen amigo MIGUEL, con su estupefaciente sencillez, no le da la menor importancia a lo que hace… (Reconociéndome vanidoso, se me ocurre pensar a dónde llegaría mi vanidad si yo hubiera gozado de tales capacidades).

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... gentes insensibles, de “alma administrativa”, mandaron derribar una construcción histórica

MIGUEL ANGEL se incorpora al grupo y nos presenta a un amigo suyo, ANDRÉ LABORDÉ, un francés que tiene vinculaciones afectivas con Torla y conoce el Pirineo. Salimos los dieciséis hacia el Valle de Ordesa y en pocos minutos, dada su cercanía, llegamos al lugar en que estuvo la famosa “Casa OLIVÁN”; que gentes insensibles, de “alma administrativa”, mandaron derribar una construcción histórica: porque entre sus rústicas paredes durmieron, comieron vivieron, los grandes pirineístas del siglo XIX, la centuria en la que se descubrieron los Pirineos como actividad montañera, incluso “se inventaron” como dijo una de esas figuras decimonónicas.

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... los pequeños “bucles” son ahora grandes “lazadas” que nos llevan hacia las bases del Gallinero..

Desde este lugar en el que estuvo la “Casa OLIVÁN” –y tenemos próximo el modesto monumento a LUCIEN BRIET- parte la senda que lleva al Tozal del Mallo y el Circo de Carrieta. Por ella comenzamos a subir cuando son las siete de la mañana, y lógicamente nos disgregamos enseguida: tres o cuatro por aquí dos o tres por allá…, la dispersión en pequeños agrupamientos desparrama a los dieciséis. En estos primeros y ásperos “compases” por la ladera de Ordesa, entre pinos, avellanos silvestres y abedules, yo me quedo el último, aunque no sólo, pues al observar que no subo bien, se rezaga conmigo JOSE RAMON MONCLUS para arroparme. La verdad es que pensando en el desnivel para alcanzar este Pico es realmente serio -1.500 metros-  siento el temor  -dado mi malestar-  de no poder llegar arriba. Cuando llevamos subiendo aproximadamente hora y media, desaparece el arbolado; la senda discurre ahora entre matorrales y los pequeños “bucles” son ahora grandes “lazadas” que nos llevan hacia las bases del Gallinero, alejándonos del Tozal del Mallo. MIGUEL ANGEL tiene por norma, cuando sube con acompañantes cuyas condiciones desconoce, salvar el Circo de Carrieta por las clavijas y después bajar por una especie de “tubo” que se abre en el rincón oriental de dicho Circo.

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... En las terrazas que se abren más arriba del Circo, brota el agua clara y fría

Son las nueve y cuarto de la mañana cuando llegamos a las clavijas y aquí nos reagrupamos. (Estas clavijas del Circo de Carriata o Salarons son trece y fueron colocadas en 1921 por la Sociedad “Peñalara” de Madrid). Ha mejorado mi estado físico y hace ya algo más de media hora que mis piernas y mis pulmones responden a mi voluntad. Las clavijas, hoy no me causan la preocupación de la primera vez que me encontré ante ellas; quizás porque entonces mis acompañantes me superaban claramente en capacidad física y psicológica, mientras que ahora -aunque la mayoría me siga superando en todo-  al ser tantos, sin duda algunos estarán a mi nivel ¡los seres humanos nos consolamos y animamos de muy diversas maneras! Las dos o tres primeras clavijas las remonto con la mochila puesta; luego me la quito -también  lo hace alguien más- para trepar mejor, con mayor seguridad; los más fuertes son generosos con nosotros, los débiles, y cargan con nuestras mochilas. Superadas las clavijas, ya estamos los dieciséis por encima del circo de Carriata, también conocido con el nombre de Salarons, que es el pico que se levanta en la vertical en la que ahora nos encontramos. En las terrazas que se abren más arriba del Circo, brota el agua clara y fría de un manantial: nos sentamos todos a su alrededor para beber y tomar algún alimento.

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... se yerguen sobre el Valle hasta el Circo que las corona con verticales
escarpes
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Comienza aquí la segunda etapa de una ascensión que tiene dos partes claramente diferenciadas: acabamos de superar la primera, compuesta por las faldas profusamente arboladas en sus dos tercios iniciales y desarboladas en el último, que se yerguen sobre el Valle hasta el Circo que las corona con verticales escarpes al Este del Tozal del Mallo. La segunda parte arranca de los altiplanos o terrazas en los que ahora nos encontramos, que se abren entre el Tozal del Mallo y Punta Gallinero, bajo el Pico Salarons; desde aquí hemos de superar los 600 metros de desnivel que todavía nos separan de la cumbre del MONDARRUEGO, remontando su impresionante vertiente oriental.

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... al alcanzar la cresta que lleva a la cima, volveremos en busca
del Norte
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Calculo que estaremos a unos 2.200 metros de altitud, lo que supone haber realizado una fuerte remontada de 900 metros. Me encuentro bien, recuperado del desfallecimiento que tuve al inicio de la subida durante más o menos hora y media. El grupo, después de varios minutos en el manantial, reanuda la marcha, con un cambio de orientación: hasta aquí hemos subido en un claro Sur-Norte, y ahora lo haremos hacia el Oeste, aunque al alcanzar la cresta que lleva a la cima, volveremos en busca del Norte.

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... se mueven en este inclemente paisaje con la elegante sencillez de los sarrios...

Con nosotros va un adolescente inglés, RICHARD BROWNING, cuya blanca y delicada piel ha enrojecido de forma preocupante y además, quiénes van próximos a él, dicen que ofrece signos de agotamiento. Sus condiciones físicas y sin duda también el ambiente en el que vive en Inglaterra, le diferencian notablemente de sus amigos españoles -ALVARITO MUR Y OSCAR LERIN- , dos muchachos altoaragoneses espléndidamente dotados para la dureza de la alta montaña, que se mueven en este inclemente paisaje con la elegante sencillez de los sarrios.

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... en estos momentos incluso me siento increíblemente
bien ....

Vuelve el grupo a disgregarse como en la primera parte de la ascensión. Después de caminar bajo la fachada meridional del Pico de Salarons, atravesamos el ancho desagüe del enorme sumidero de la Catuarta. Hemos llegado a las bases del MONDARRUEGO: ante nosotros se despliegan, ásperas y desnudas, sus faldas inmensas. Después de todo lo que hemos subido, constituyen un serio desafío, que confío poder afrontar; porque, como ya he dicho, estoy recuperado, y en estos momentos incluso me siento increíblemente bien para mi edad y mi fragilidad física.

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... abrumado quizás por tantos mitos y leyendas de su vecindad orográfica ...

Estas broncas laderas son como los últimos contrafuertes defensivos de la escondida y pudorosa cima del MONDARRUEGO. Siempre he pensado que el MONDARRUEGO parece esconderse, como si quisiera huir de esos dos Valles que lo abrazan, Ordesa y Bujaruelo, cuya hermosura convoca a demasiada gente. Y el MONDARRUEGO, tímido, enemigo del bullicio, feliz de su desnuda soledad, se retira cuanto puede de esos Valles y de unos Picos vecinos -Perdido, Taillón Cilindro…- también demasiado concurridos. Para mí, el mayor encanto del MONDARRUEGO es su vocación de modestia, de perdimiento, el haber sabido ocultarse discretamente, pasando casi inadvertido (son muy pocos los que pisan su cima), abrumado quizás por tantos mitos y leyendas de su vecindad orográfica. Y eso que podría presumir de que sin ser un “tres mil”, para pisar su cima hay que superar un remonte muy serio, nada menos que mil quinientos metros, claramente superior al que exigen los “tres miles” más famosos cuyas ascensiones se inician desde refugios situados a notable  altitud, ventaja de la que carece el MONDARRUEGO.

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... Aquí no hay ni asomo
de sendero
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Esta tremenda ladera oriental del MONDARRUEGO, no tiene la bien dibujada senda que desde el Valle de Ordesa nos ha llevado a las clavijas. Aquí no hay ni asomo de sendero. Cada uno se va por donde mejor le parece; los hay que describen zig-zags muy amplios, otros los hacen recortados, y hay quienes incluso -muy pocos-  trepan en derechura. Eso sí, todos tenemos un objetivo común: el crestón o “lomo” que remata estas faldas.

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... mi cariñosa felicitación por renunciar a una cumbre que estaba a vuestro alcance ...

RICHARD, el zagal inglés, presa de un fuerte agotamiento, no puede subir más. Cerca de él se encuentran dos veteranos que han hecho mucha montaña, CONSTANTE GABAS Y JOSE LUIS ANZARANDIA, y aunque han “arropado” y animado  al muchacho, se dan cuenta  de que está realmente sin fuerzas. CONSTANTE Y JOSE LUIS, cumpliendo el solidario principio del montañero, deciden quedarse con él, pues ese principio nos manda no dejar a nadie sólo en la montaña; esperarán los tres a que los demás “hagamos cumbre” para reunirse con nosotros cuando volvamos y descender todos juntos. Es una lástima porque la altitud del lugar en el que se quedan los tres puede calcularse en unos 2.650 metros, a tan sólo 200 metros por debajo de la cota de cumbre. Llegar aquí, por lo tanto, es haber superado ya el 85 por ciento del desnivel que hay que remontar desde el Valle para alcanzar el Pico, y naturalmente, haber realizado la casi totalidad del esfuerzo que esta ascensión exige. Pero en este caso lo único que importa -así lo entienden generosamente CONSTANTE Y JOSE LUIS- es no forzar las cosas para no provocar en el muchacho inglés algún problema grave. Yo quiero agradecer a mis buenos amigos un gesto y un comportamiento que los honra. Recibid los dos, CONSTANTE Y JOSE LUIS, mi cariñosa felicitación por renunciar a una cumbre que estaba a vuestro alcance para acompañar y atender a RICHARD BROWNING.

Los demás seguimos luchando con la parte alta de la áspera falda, dibujando, como antes dije, lazos, bucles o rizos de diversos tamaños para suavizar la trepada. La falda es tan extensa y nosotros vamos tan desimanados, que no nos vemos los unos a los otros. Poco a poco, unos antes y otros después y por diferentes puntos de la misma, vamos alcanzando la cresta que remata esta ladera oriental y nos asoma a la vertiente occidental, la que se desploma hacia el Valle de Bujaruelo. Se trata de una cresta muy larga, son varios los centenares de metros por los habremos de trepar hasta llegar a la cumbre; al final, unos doscientos metros antes del Pico, la cresta se adelgaza, aristándose, lo que añade aún mayor interés y belleza a esta ascensión del MONDARRUEGO, tan pródiga en plurales estímulos orográficos.

Entre las 11’50 y las 11’55 horas alcanzamos la cumbre los seis primeros, por este orden: MIGUEL ANGEL VIU, ANDRE LABORDE, JULIO FERRERES, JOSE ANTONIO SANCHEZ CASTAÑON, PACO SARRABLO  y yo. A las 12 llega sólo   -como si añorase su vocación de solitario- MANOLO LÓPEZ OTAL. A las 12’10 lo hacen ALVARO MUR y  MUR con su hijo ALVARO MUR CEREZA, OSCAR LERIN Y JOSE LUIS GARCIA MADERO.  A las 12’20  horas, cerrando el grupo de trece que hoy vamos a pisar esta cima del   MONDARRUEGO, llegan ANTONIO MELENDO y JOSE RAMON MONCLUS, rezagados por acompañar a los tres que han quedado en la falda.

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... nuestras miradas recorren con asombro el fascinante horizonte circular ,,,

Me he referido varias veces a nuestra disgregación subiendo, porque, en efecto, salvo en las clavijas y en el manantial, siempre hemos estado diseminados. Aquí, en este recinto cimero tan reducido, es al contrario: los trece tenemos que estar muy juntos; y es que el MONDARRUEGO obedece bien al concepto de Pico. Vemos el cordal fronterizo franco-español que está próximo y los picos más cercanos que en él se levantan son el Gabieto y el Taillón; les siguen hacia el Este, el Bazillac, el Casco, el Marboré, el Cilindro y el Perdido. Al Oeste, ya más lejos, se ve el Vignemale. Y aún más a Poniente, otro Macizo con una serie de Picos, por cuya identidad pregunta Sánchez Castañón; Labordé y yo le aclaramos que se trata del Macizo  de Panticosa-Piedrafita, con los Picos del Infierno, las Argulas, el Balaitous. La Grand Fache… Son muchos más los estímulos visuales que solicitan nuestra atención tanto por encima como por debajo de la cota que nosotros pisamos, cuya enumeración sería demasiado larga. Desde esta “piña” que formamos los trece, nuestras miradas recorren con asombro el fascinante horizonte circular que nos rodea.

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... “es menos escandaloso que bajar por las clavijas”.

A la una menos diez –después de una hora de permanencia en ella- abandonamos la cima. Bajamos hacia el Sur por la cresta, y al dejarla para tomar dirección oriental, nos encontramos con GABAS, ANZORANDIA Y BROWINIG. Reagrupados de nuevo los dieciséis, descendemos tranquilos, relajados, aunque todavía queda algo que hará subir la tensión de algunos: salvar el Circo de Carriata. Cuando llegamos a la terraza superior del mismo, MIGUEL prefiere –como había anunciado antes- no utilizar las clavijas, y nos dirige hacia el Este en busca de otra vía para salvarlo. Se trata de una especie de “tubo” entre paredes y hemos de realizar el descenso con precaución, despacio, agarrándonos a veces a las rocas para evitar resbalar porque la seria inclinación de esta bajada podría causar un grave accidente. Cuando hemos descendido ya bastantes metros, hay que buscar salida por la derecha pues  seguir bajando por este “tubo” sería despeñarnos. La salida es una estrecha cornisa que “corre” al costado de la pared vertical y por este pasillo hemos de circular “en fila india”, y así vamos los dieciséis, uno tras otro. ¿Cuántos metros tiene este alero? Aunque lo he recorrido dos veces, me resulta difícil calcularlo, pero pueden ser entre 150  y 200 metros, y no sé si en la mitad de esta longitud, o quizás menos, han colocado sobre la pared que tenemos a nuestra derecha (a la izquierda está el vacío), una sirga o cable con el fin  que quienes circulan por este aéreo corredor puedan  agarrarse, más bien como “seguridad psicológica”. Sánchez Castañón, que va junto a mí durante el recorrido de este “paso” descendente del Circo de Carriata, me dice que él hubiera preferido bajar por las clavijas; conozco a José  Antonio desde hace muchos años, es un excelente montañero que no sufre el vértigo. Miguel Angel Víu, pensando en quienes sí lo sufrimos, considera que este descenso –y voy a emplear sus propias palabras- “es menos escandaloso que bajar por las clavijas”.

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... n los broncos giros y recodos ¿cuántos centenares? que dibuja la senda en su vertiginoso descenso.

Salvado el Circo de Carriata, nos reencontramos con la senda que lleva directamente al Valle de Ordesa, por lo que volvemos a disgregarnos y bajamos cada cual “a nuestro aire”. Yo voy deseando –supongo que ese será también el deseo de los demás- llegar al valle, porque el cansancio, en unos más que otros, ha hecho mella en nuestros cuerpo. Pero son todavía muchos metros de desnivel los que hay que bajar y las rodillas sufren las consecuencias reteniéndose constantemente en los broncos giros y recodos ¿cuántos centenares? que dibuja la senda en su vertiginoso descenso.

Llegamos por fin al Valle cuando son las cuatro y media de la tarde. Salimos de aquí a las siete de la mañana. Nueve horas y media subiendo y bajando, mil quinientos metros de subida y otros tantos de bajada. Para remontar y descender estos tres kilómetros de desnivel ¿cuántos kilómetros lineales habremos recorrido? Difícil de calcular, pero, en este caso, sería un dato poco relevante, porque lo que cuenta en la montaña son los desniveles.

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... la evocación que respiran sus amplios espacios interiores ...

Invitados por MIGUEL ANGEL, nos detenemos en Torla e invadimos (correcta la palabra dado el número) su casa, la Casa VIU. Llenamos la cadiera y la muy espaciosa cocina, y MIGUEL, con su generosa hospitalidad, reparte sin tasa un excelente jamón y hace circular el porrón con buen vino: ambas cosas “calientan” enseguida el ambiente y se entrecruzan los chistes, las risas, las conversaciones…. En los chistes, innecesario es decir que el protagonismo lo tiene CONSTANTE GABAS. Una hora o algo más dura esta bulliciosa tertulia, cuyas voces y risas han turbado momentáneamente el apacible sosiego de este viejo y hermoso edificio que nos envuelve con el aroma de pasados siglos. Yo, que tengo mis raíces en esta región, agradezco y felicito a mi amigo MIGUEL ANGEL VIU por la tenacidad y gallardía con las que durante años ha defendido la herencia de la “CASA VIU”, lo que ha significado salvar un patrimonio de incalculable valor histórico y de una belleza singular, extraordinaria. Mis compañeros de hoy que por vez primera visitan esta “CASA”, pueden comprobar la soberbia traza exterior del edificio y el señorío y la evocación que respiran sus amplios espacios interiores; y en el patio, dos inscripciones que testifican el rancio abolengo, la secular estirpe del apellido VIU: la más antigua es de 1563 y la otra de 1689; debajo de esta última cifra figura el nombre de JUAN BAUTISTA VIU.

EPILOGO

Todos mis relatos de montaña están escritos en tiempo presente para hacer coincidir a la escritura con la acción y dar así mayor vivacidad y realismo a lo hechos narrados. Digo esto porque, como es lógico, los escribía bastante después de realizada la excursión, pues primero había que poner orden en las notas y en los recuerdos, consultar planos…; normalmente lo he venido haciendo en los otoños e inviernos posteriores al verano en el que salíamos a la montaña, o sea, varios meses más tarde. Solo en cuatro ocasiones y en esta, que hace la quinta, esos meses han sido años. La mayor distancia temporal entre una de estas experiencias montañeras y su narración, fue la subida al Perdido que hicimos en 1984 mi amigo LEOPOLDO FERNANDEZ y yo, cuyo relato lo escribí diez años después, en 1994. La experiencia que compartimos en el MONDARRUEGO 16 personas, el día 22 de julio de 1995, termino de escribirla hoy, día 14 de abril de 1997.

Con este del  MONDARRUEGO son 51 los relatos de montaña que llevo escritos. Tres de ellos corresponden al mismo verano de 1995 y su cronología es incluso posterior (LA SUCA 30.7-95- CASTILLO MAYOR 6.8.95- LA MALICIOSA 30.8.95), pero los escribí pocos meses después de haber hecho esos Picos, o sea, hace bastante tiempo. Incapacitado por problemas reumáticos para seguir haciendo montaña, seguramente va a ser el que ahora acabo de terminar, el último relato que escriba. Si no lo aseguro del todo, es porque necesitando más que nunca de la lectura y la escritura, quizá algún día –buceando en mis recuerdos y con notas que encontraría entre las que siempre tomaba durante las “calcetinadas”- me decida a hilvanar algunos relatos de viejas experiencias para mi propia diversión, porque la verdad es que me lo he pasado fenomenalmente gracias a la memoria, al lenguaje: ellos me permiten volver a vivir realidades pretéritas que me gratificaron tan generosamente.

Otra característica de este relato del MONDARRUEGO es que abandono la “voz” colectiva, plural ó impersonal con que escribí los otros 50 (una sola excepción: el del PERDIDO de 29.6.84), y asumo la “primera persona del singular”, con mi “yo” por delante. Y lo hago porque en los balances vitales hay que “dar la cara”, tenemos que “quitarnos las máscaras”.

Estas líneas confesionales, que a algunos de los que vinieron al MONDARRUEGO, les resbalarán, o no les interesarán por razones obvias, las escribo para quienes me acompañaron tantas veces a la montaña y siguen siendo amigos entrañables. No necesito dar nombres porque aquel día 22 de julio de 1995 ha sido el único en el que, CURIOSA Y CASUALMENTE, nos hemos reunido TODOS los que vinimos haciendo montaña por el PIRINEO OSCENSE: desde algunos con tantos años como yo hasta los más jóvenes pasando por varios en edad madura (cuando lea esto, cada cual sabrá que él es uno de ellos). Confieso que entonces no me di cuenta de que estuviéramos todos allí, aunque si me la hubiera dado y no se hubiese cortado bruscamente mi capacidad para seguir yendo a la montaña con vosotros, la casualidad carecería de significación, perdería toda su relevancia. Porque esta relevancia esta significación, se las confiero yo en estos momentos, subjetivamente, desde la melancolía de mi traumático retiro. Vosotros pensaréis, con toda razón, que darle vueltas y mas vueltas a casualidades sin importancia, tendrá algo que ver con mis muchos años; y que podréis aplicarme, justificadamente, aquello de “los viejos son como niños”. Pero yo, con la terquedad de mi sangre aragonesa, sigo adelante con el tema: me considero feliz al pensar ahora que ese DIA 22 DE JULIO DE 1995, POR PRIMERA VEZ Y YA UNICA VEZ, ESTUVIMOS TODOS, SIN FALTAR NI UNO, JUNTOS EN LA MONTAÑA. (Recordad conmigo, queridos amigos, que por unas u otras causas, siempre faltaron algunos).

Las casualidades triviales carecen de importancia. Seguro que vosotros pensaréis eso del tema sobre el que vengo reflexionando y con el que quiero cerrar este epílogo. Pero todo es subjetivo: lo que para uno es inadvertible, para otro puede ser importante. Para mí, la casual congregación de aquel día resulta desconcertante y extraña, y este tipo de casualidades parecen revestirse de misterio. Materiales propicios para poner en marcha mentes como la mía, con vocación meditativa. La divinidad de estos fenómenos casuales es el AZAR, una palabra que ha desazonado siempre profundamente a los hombres y por eso la enmascaran con otras denominaciones como DESTINO, SUERTE, FORTUNA.

Yo agradezco al AZAR, o a cualquiera de sus tres Máscaras, el que en un día que iba a ser “MI CANTO DEL CISNE” haya querido, sin olvidarse de NADIE, CONGREGARNOS A TODOS  los que hemos compartido tantas experiencias inolvidables.

Julián OLIVERA MARTIN