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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

ASCENSIÓN AL MOVISON GRAN (2.600 m)

Realizada por CONSTANTE GABÁS, JULIO FERRERES, ÁLVARO MUR, JOSÉ RAMÓN MONCLUS, JAVIER FERRERES, ELENA PÉREZ NASARRE Y JULIÁN OLIVERA.

ME VOY A SUBIR A ESOS ENTREMONES
QUE ESTÁN MÁS ALTOS QUE EL CIELO
(Caparreta, de Castel Florite)

 

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..., porque tiene más hondura y emoción oirla que leerla

Hemos querido encabezar este relato con
una frase a la vez sencilla y altiva, nacida en el corazón de un pastor, de un hombre del pueblo llano; esas gentes cuyo lenguaje carece de retórica y está lleno, sin embargo, de fuerza y autenticidad. El pastor se llamaba Caparreta, y era de Castel Florite: la pronunciaba cuando iba a subir a los altiplanos que se abren “entre los montes” por encima de Saravillo, cuyo ganado sigue hoy aprovechando esos pastizales. Constante Gabás se la ha transmitido a sus seis compañeros de excursión, y es una lástima que la frase quede aquí apagada, en la inevitable opacidad de la escritura, privada del sonido; porque tiene más hondura y emoción oirla que leerla, y oirla en este caso, por supuesto, a Constante, que ha sabido dar a cada una de esas palabras el énfasis, la entonación y el acento justo que sin duda les daría la voz de Caparreta, a quien él se las escuchó.

Sirva la frase también para, al arrancar el relato con el estilo y el espíritu de Constante, expresar nuestra alegría por tenerle entre nosotros, pues él ha sido tantas veces el alma de estas excursiones; y es por ello que lamentamos los problemas familiares que últimamente nos privan, más de lo que todos quisiéramos, de su compañía.

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..., es el Pico que se levanta en la vertical misma de Saravillo, a cuyo caserío se asoma su espolón septentrional, la llamada Punta Calva

Son muchas las ocasiones en que hemos partido de Saravillo, o atravesado su ribera, para ir a Cotiella, al Posets, a Suelza, a Litás, a la cresta de Armeña, a la Peña de las Once, a Bachimala, al Montó, a la Llerga, a los Orieles, a Viadós y Tabernas, a los Collados de la Pez, de Sahún, de la Madera, de Santa Isabel, de Ibón, de la Cruz de Guardia…. Pero, curiosamente no hemos pisado nunca la cima del MOVISON GRAN, que es el Pico que se levanta en la vertical misma de Saravillo, a cuyo caserío se asoma su espolón septentrional, la llamada Punta Calva. El nombre de MOVISON GRAN implica que hay  un Movison Pequeño, se levanta al Este de su  hermano mayor, separados por un bonito cuello, y nosotros les llamábamos el Entremón Grande y el Entremón Pequeño. No es correcta esta denominación para los Picos porque, como hemos dicho, ENTREMON (la palabra, en forma contraída lo expresa) significa “entre los montes”, y en este caso se refiere a los altiplanos que con un aaltitud en torno a los 2.400 m. despliegan sus praderíos al Sur de los MOVISONES.

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En la Collata se levanta un sólido, excelente refugio construido y conservado por el pueblo de Saravillo...

Por fin hemos decidido subir al MOVISON GRAN, y para ello había que contar inexcusablemente, y así lo hemos hecho, con la presencia de Constante Gabás, y él será quien dirija al grupo, pues nos vamos a mover en todo momento dentro de “su territorio”, el término de su pueblo natal, Saravillo. Aunque Alvaro y Julián han “pateado” la zona, siempre junto a Constante, será éste sin discusión el guía responsable de la jornada. El punto de parida no puede ser otro que Saravillo. Antes de la seis de la madrugada, llegan desde Boltaña y Aínsa, Julio, Alvaro,  José Ramón, Javier, Elena y Julián, y ya les está esperando Constante con su “Land Rover” preparado para que se acomoden todos en el vehículo, que se pone enseguida en marcha y trepa por la pista hacia la Collata de Santa Isabel. En la Collata se levanta un sólido, excelente refugio construido y conservado por el pueblo de Saravillo; en el muro accidental del refugio se abre una hornacina con la imagen de Santa Isabel. El primer domingo de Agosto sube aquí casi todo el pueblo de Saravillo para asistir a la Misa que conmemora a la Santa que da nombre a este hermoso lugar; Misa que se celebra al aire libre en este anchuroso cuello que separa las laderas del Movison y las de Punta Llerga. Después de la Misa, todos “como está mandado” comen, beben y se divierten junto al estanque de agua en el que a algunos, contra su voluntad, les dan un buen chapuzón. Constante coloca el “Land Rover”en la pared norte del refugio, tratando de evitar el sol que dentro de unas horas lucirá con fuerza; y busca también un escondite sombrío para las costillas compradas por Alvaro de Escalona, y que pensamos preparar y comer en el refugio cuando descendamos del Pico.

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Pasada la barranquera, no reaparece el pinar, y lo que aparece es el yermo, claro indicio de que estaremos cerca de los 2.000 m. de altitud.

A las siete comenzamos a subir y lo hacemos por el viejo camino que une la Collata con el Estaso, porque la pista que existe entre ambos lugares concebida para que suban vehículos, tiene lógicamente un recorrido mucho más largo. El camino se abre paso rectamente por un suelo de roquedo flanqueado de pino negro; su fuerte inclinación se salva bien pisando los seguros e irregulares peldaños de roca. La conformación del camino lo asemeja a las “canales” que desgarran las laderas montañosas para despeñar por ellas los troncos de madera. No tardamos en llegar al Estaso, unos gratos rellanos en los que se adivina enseguida la existencia de agua: praderíos, humedad, abrevaderos de madera que ofrecen el deterioro de algo que tuvo una utilidad y hoy está abandonado. Aquí nace el agua que llega, conducida, a la Collata. Cruzamos con rapidez el Estaso, y ahora la senda regatea a través de un cerrado pinar. Cuando hemos remontado desde la Collata, 200 ó 300 m. de desnivel, el pinar desaparece bruscamente “segado” por una ancha “glera” de piedra gris: es el Barranco de la Brota, que forma un aspa con nuestra senda al cruzarse diagonalmente con ella. Tiene esta barranquera unos 200 m. de anchura y no consigue romperla continuidad del sendero, pues las vacas, los pesados y más frecuentes usuarios del mismo, han trazado sus huellas sobre las piedras plateadas. Pasada la barranquera, no reaparece el pinar, y lo que aparece es el yermo, claro indicio de que estaremos cerca de los 2.000 m. de altitud. Pronto alcanzamos, sobre las 8,30 h, un lugar llamado “el prado del ventanuelo”: un pequeño rellano herboso junto al cual se abre una rajadura que se asoma vertiginosa al pueblo de Saravillo.

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... nos sentamos en torno al alargado abrevadero, para descansar y tomar algún alimento.

Y es que desde la Collata el sendero marca una dirección hacia el Este-Norte que nos ha llevado a los escarpes que, cortando secamente por el Norte esta ladera, vuelan sobre el Vallde del Conqueta. Ahroa, desde este “prado del ventanuelo”, ene. Que hemos permanecido unos veinte minutos, la senda camia de dirección y nos llevará hacia el Este-Sur, alejándonos enseguida de los citados escarpes. La ladera “se pone de pie” y cobra una inclinación muy áspera. Pero el sendero “le coge las vueltas” y la van remontando con un trazado inteligente, admirable, que nos conduce a las bases  mismas del MOVISON GRAN, concretamente a si base occidental, en un repliegue de la cual se encuentra el manantial abrevadero conocido como “las Fuens de Entremón”. Llegamos a las diez de la mañana y nos sentamos en torno al alargado abrevadero, para descansar y tomar algún alimento. Empiezan a venir vacas a beber, y una de ellas sangra por su parte trasera, quizás de alguna cornada; Constante y Alvaro miran el número que lleva esta vaca en una chapa y tomamos nota del mismo, y con el fin de completar la identificación del animal, Constante añade las siguientes palabras: Vaca parda alpina, espuntada oreja izquierda y busqueta para adelante en la derecha, nº 32644. De esta forma, si no viésemos al pastor, daríamos cuenta en el pueblo.

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... a la derecha se extiende, por debajo de nosotros, un extenso espacio de pastizales conocido como la “Pleta del Pasé”

En estas tres horas desde que salimos de la Collata, nos hemos aupado hasta los 2.300 ó 2.400 m. Y lo hemos hecho recorriendo un ángulo muy abierto, con dos extensas líneas que han tenido su punto de inflexión en el “prado del ventanuelo”, y la segunda “Prado del ventanuelo-Fuens de Entremón”. Las Fuens de Entremón y el MOVISON GRAN se levantan sobre la Collata de Santa Isabel en una perfecta vertical Oeste-Este, y si hubiésemos subido por esa línea imaginaria que completa un triángulo con las otras dos líneas, se habría endurecido notablemente. Cuando llevamos ya media hora sentados alrededor del abrevadero, Constante pregunta inesperadamente a sus compañeros “¿Queréis o no queréis subir al  MOVISON?” Contestamos que por supuesto queríamos subir. Aunque ha formulado con seriedad la pregunta, creemos que sería una de esas bromas a las que Constante es tan aficionado. Javier Ferreres, éste sí con total seriedad dice: “¿Pero dónde está el MOVISON?”, y le contestamos que justo encima y al Este de nosotros. Lo que ocurre es que la fachada que el Pico ofrece por aquí, no parece accesible. Julián le dice a Constante que no se olvide de que es el guía y busque la  mejor manera de subir al MOVISON. Constante lo piensa unos segundos y nos pone en marcha hacia el Sur y “tira”del grupo con tanta rapidez que parece como si, acuciado por lo que, entre bromas y veras, acabamos de hablar, sintiese la responsabilidad de no dejar incumplido el objetivo de la jornada. Vamos primero contorneando la base occidental del MOVISON, y cuando, virando hacia el Este, empezamos a recorrer su flanco meridional, vemos al fondo la rotunda mole del Pico titular de este Macizo, COTIELLA. A la izquierda tenemos el MOVISON GRAN, y a la derecha se extiende, por debajo de nosotros, un extenso espacio de pastizales conocido como la “Pleta del Pasé”: ahí están las vacas y a lo lejos divisamos al pastor; Constante, gritándole, le informa sobre la vaca que vimos sangrando en las Fuens. Estos son, junto a ellos estamos, “esos ENTREMONES más altos que el Cielo” a los que subía Caparreta; y son muy altos, en efecto, entre los 2.300 y los 2.400 m., altitud que los coloca netamente por encima de los restantes altiplanos de esta región a los que suben o subían a pastar las vacas: Los Orieles, Armeña, el Ibón de Plan, la Pleta Pardina…

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... la ladera, que aumenta su grado de inclinación, se cubre de una roca calcárea muy erosionada, por lo que subimos con lentitud y cuidado ...

Según avanzamos por este costado meridional, alguien del grupo llama la atención sobre una minúscula figura humana que se ve en la cima. A Constante se le ocurre que será un francés y le grita algunas expresiones “macarrónicas” en ese idioma. Desde que salimos de las Fuens, aunque suavemente hemos ido ganando altura y en nuestro avance hacia el Este estamos a punto de rebasar la muy alargada cumbre del MOVISON GRAN y ya vemos el collado que la separa del otro Movison, el Pequeño. Hay que empezar a subir sin más demora hacia la cima y lo hacemos dispersándose el grupo, por la ancha ladera. Vemos descender con velocidad a una persona, sin duda la silueta que hace pocos minutos pisaba la cumbre; viene a nuestro encuentro y resulta ser un joven de Saravillo, Fernando Bielsa. No sentamos los siete con él a charlar un rato y nos informa de que la subida por aquí no tiene problemas; al preguntarle, para un posible descenso, por la ladera Norte, cree que sí se puede bajar por allí y dice que si él no lo ha hecho es porque ha dejado su mochilla en el collado entre los dos Movisones. Nos despedimos del joven y seguimos subiendo. Desaparece el yermo y la ladera, que aumenta su grado de inclinación, se cubre de una roca calcárea muy erosionada, por lo que subimos con lentitud y cuidado, aunque sin el menor problema, estos últimos metros.

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Nuestros ojos contemplan asombrados una singular escenografía formada por cúpulas, agujas, coronas, crestas, brechas, collados, circos, ...

Son las 11,50 h cuando alcanzamos la cima del MOVISON GRAN. Cuatro horas y cincuenta minutos hemos tardado desde la Collata, pero hay que restar la hora larga que suman las tres paradas que hemos hecho. Es una cima que s estira de Este a Oeste cientos de metros y semeja un enorme navío de roca encallado en estas soledades. Compartir cumbre es compartir felicidad pero en este caso la felicidad es más intensa en los viejos, pues siendo para ellos tan familiar en proximidad y contemplación, el MOVISON GRAN, al no haberlo pisado, lo tenían como “una asignatura pendiente”. Panoramas cercanos y otros en lejanía, nos ofrecen volúmenes y colores de extraordinaria belleza y originalidad. Nuestros ojos contemplan asombrados una singular escenografía formada por cúpulas, agujas, coronas, crestas, brechas, collados, circos, cuya diversidad morfológica unida a un cromatismo deslumrante, causaron profunda admiración a los grandes pirineístas del siglo XIX y de la primera mitad del XX; uno de ellos, Raymond D’Espouy, nombre con el que se bautizó a la segunda cota del Macizo, llevó con orgullo el romántico apelativo de “el enamorado de Cotiella”. Ahí está, junto a los dos que acabamos de nombrar, el Coronas, Picollosa y Fisón Ciego, los Puntones Royos, la Cresta del Armeña, la Aguja de Lavasar o Punta Litás, la Peña de las Once… Casi una hora permanecimos en este gratificante, extraordinario mirador. Salimos de la cima a las 12,40 h.

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... viendo desde aquí su entero y bien dibujado perfil, nos produce una gran satisfacción el haber descendido por ella ...

Pero antes ha habido cambio de opiniones sobre por dónde descender, y esto merece punto y aparte. Lo mejor, por conocido, sería hacerlo por donde subimos. Pero Constante y otros piensan que se ahorraría bastante tiempo si se pudiera bajar por el Norte, justo al lado contrario al de la subida; y Constante hace una exploración  para ver cómo está esa bajada, diciendo al volver que sí, que era posible. Hacia allí nos vamos los siete, y enseguida empiezan los problemas para algunos. Para otros no existe el menor problema; de vez en cuando escuchamos a Alvaro que dice con absoluta convicción “pero esto es llano, llano, ¡menuda llanura!” nos hemos encontrado metidos en una larga e inclinada arista por la que descendemos muy lentamente, lentitud impuesta por los más frágiles y miedosos que pensamos mucho cada uno de los pasos que vamos  a dar. Tardamos cuarenta y cinco minutos en este descenso, realizando felizmente gracias a que la mayoría del grupo, fuertes y seguros, prestaron a los otros un magnífico “arropamiento” físico y psicológico. Esta arista nos lleva derechamente hacia la Punta Calva, pero Constante y Alvaro prefieren irse a las “Fuens de Entremón” y allí esperarán a sus compañeros. Julio, José Ramón, Javier, Elena y Julián se asoman por Punta Calva al Valle del Cinqueta: la visión es realmente aérea, y 1.400 m. debajo de nosotros, el caserío de Saravillo, pone una pincelada de vivos colores en la amalgama de verdes. Regresando de Punta Calva, se sorprenden los cinco al contemplar en excelente perspectiva, la arista por la que acaban de descender del MOVISON GRAN… es una seria, una estupenda arista, y ahora, viendo desde aquí su entero y bien dibujado perfil, nos produce una gran satisfacción el haber descendido por ella ¡algunos apenas podíamos creerlo”.

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Javier Ferreres se queda con las ganas de haber llegado al ágil cuello del Movion Pequeño y de subir a la cima de este Pico ...

Nos reunimos de nuevo los siete en las “Fuens de Entremón”, tres horas después de haber salido  de aquí mismo paral la cumbre; pero ahora venimos del Norte y antes salimos hacia el Sur. Significa esto que  hemos recorrido buena parte de las anchas bases del MOVISON GRAN: todas las occidentales y las meridionales y parte de las septentrionales; las orientales descansan sobre el collado del Movison Pequeño, y la otra parte de las septentrionales se descuelgan sobre las laderas que tributan al Barranco de Gallinas.  Javier Ferreres se queda con las ganas de haber llegado al ágil cuello del Movion Pequeño y de subir a la cima de este Pico, culminando así los dos Movisones… (es muy joven, sus facultades son excepcionales, y sin ninguna duda, cumplirá pronto este deseo). Comentamos entrono al abrevadero las incidencias de estas tres horas. A las dos de la tarde iniciamos el descenso. Se adelantan los más jóvenes, Javier y Elena, que bajan a un ritmo  muy vivo, y llegan al refugio de la Collata antes de las 15 h: han tardado menos de una hora en descender 800 m. Sus cinco compañeros bajan con más calma, y además hacen dos paradas: una breve en el “Prado del Ventanuelo”, y la otra, más larga, en un delicioso parado del Estaso. Tardan el doble que los zagales y llegan a la Collata a las 15,50 h.

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... Constante y Alvaro atizan el fuego y empiezan a asar las costillas ...

Nos encontramos con varias personas dentro del refugio: son tres matrimonios de Monzón, que han venido a pasar el día. Todavía queda alguna brasa en el “hogar” que encendieron para comer, y como nosotros habíamos traído del Estaso alguna leña, Constante y Alvaro atizan el fuego y empiezan a asar las costillas, de las que vamos “dando buena cuenta”. Durante la preparación de las costillas, mientras las comemos, y en una muy prolongada sobremesa, Constante Gabás se erige en protagonista absoluto e indiscutible: entabla con las mujeres una divertida “charrada” sobre aspectos de la vida matrimonial, con anécdotas, recuerdos, chistes y esas peculiares ocurrencias suyas. Las mujeres, simpáticas y “charradotas” también, no se quedan atrás, lo que supone para Constante el mejor incentivo. Quienes le conocemos desde hace muchos años, sabemos que, además de ser un campeón “charrando”, si es con mujeres, ¡mucho mejor”

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..., nuestro hondo y sincero agradecimiento a quien lo tiene sobradamente merecido ...

El relato se cierra aquí como un círculo al quedar enlazados el prólogo y el epílogo por el protagonismo de  la misma persona: CONSTANTE GABÁS. Además de haber sido siempre el gran animador de estas excursiones, CONSTANTE GABÁS ha organizado, poniendo generosamente a disposición de todos su “todo terreno”, muchas jornadas inolvidables como la de hoy dentro de su entrañable “territorio familiar”, el grandioso e incomparable VALLE DE CHISTAU. Uno de los más nobles y hermosos sentimientos humanos es la gratitud; por eso nuestro buen pueblo llano castiga aforísticamente con la mayor dureza a los ingratos: “el que no es agradecido no es bien nacido”. No queremos nosotros ser incluidos en un catálogo tan triste como desgraciadamente abultado. Por eso, no es la primera vez, confiamos que tampoco sea la última, que expresamos en estos relatos nuestro hondo y sincero agradecimiento a quien lo tiene sobradamente merecido y con cuyo nombre queremos cerrar la narración de hoy. CONSTANTE GABÁS VISPE

Julián OLIVERA MARTIN