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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

ASCENSION AL PIC DE NÉOUVIELLE
(3.091 metros)

CARMEN PEREZ, JULIO FERRERES, ALVARO MUR, JOSE RAMON MONCLUS, LEANDRO SANCHIS “LALO", JAVIER FERRERES, ELENA PEREZ NASARRE, ALFONSO CALVO Y JULIAN OLIVERA.

DIA 7 DE AGOSTO DE 1994

 

 

Dedicatoria

Quiero dedicar este relato, con toda mi simpatía y mi afecto más sincero, a CARMEN PEREZ, la joven Médica boltañesa que viene por vez primera con nosotros. Cumplo lo que le prometí en uno de esos descansos que hacemos en la montaña para, con el buen humor y la conversación desenfadada, relajar los cuerpos y los ánimos. CARMEN, con su coraje y su excelente aptitud física, ha merecido nota alta al superar magníficamente esta dura jornada, cuyo punto culminante ha sido la esbelta cúspide que preside el Macizo francés del mismo nombre: el PIC DE NÉOUVIELLE. Ojalá que el recuerdo del elegante torreón de granito y la feliz y gratificante experiencia que hemos vivido juntos, animen a CARMEN a seguir "haciendo camino" por La orografía pirenaica, un escenario intrincado, áspero, fascinante, inagotable…..

   

En el verano de 1993, Julio y Javier Ferreres, padre e hijo subieron al Pic de Néouvielle, y desde entonces Julio -uno de los más entusiastas del grupo- nos viene animando. Durante la relación epistolar que mantenemos entre verano y verano, habíamos ya acordado que la excursión-estrella para 1,994 sería el citado Pico. Va a ser, además, la primera del grupo en este verano. En las pocas líneas que llevamos escritas ha aparecido ya un par de veces la palabra "grupo”, un concepto demasiado genérico que vamos a concretar en nuestro caso: formado en principio, hace ya muchos años, por cuatro personas, este número aumentó después hasta más que doblarse, y ha experimentado fluctuaciones en función de ausencias temporales más o menos largas y de nuevas incorporaciones como las que hoy tienen lugar. Carmen: Pérez, boltañesa que ejerce la Medicina en Zaragoza, y Leandro Sanchis "Lalo para los amigos, asturiano residenciado hace pocos meses en Boltaña, vienen por vez primera con nosotros. Alfonso Calvo, hijo de Carmen Pérez, aunque sea éste el primer relato en el que aparece su nombre, ya nos había acompañado en alguna ocasión, siendo niño; hoy es un adolescente

Salimos de Boltaña a las 6 de la madrugada en dos coches, y después de recoger en Aínsa a Álvaro Mur, subimos hacia Bielsa para comenzar el túnel fronterizo; ya en Francia, dejamos en Fabian la ruta de Saint Lary para metemos en un largo y hermoso barranco por el que "culebrea" una carretera que nos remonta por encima de los dos mil metros de altitud, hasta una región de grandes lagos y montañas graníticas, que por su belleza ha sido declarada por Francia “Reserva Natural”: el MASSIF DE NÉOUVIELLE. Llegamos a orillas del Lago D'Aubert, a las 7'45 y en diez minutos ya estamos todos listos para iniciar la ascensión.

 

A través de este gran canchal se, abre, paso la sucinta senda -muchas veces ni sucinta- señalizada con montoncitos de piedras
   

Son las 7'55 horas de la mañana cuando empezamos los nueve a cruzar la larga presa del Lago, cuya altitud es de 2.150 metros: esta es la cota de la que partimos para intentar alcanzar los 3.091 metros, cota cimera del PIC DE NÉOUVIELLE. Nada más cruzar la presa ya estamos pisando piedras salpicadas de "retales” yermos. Pronto desaparece el yermo y el canchal granítico se apodera del paisaje. La dirección de nuestra marcha es hacia el Oeste-Norte y vamos superando poco a poco una muralla rocosa que desciende hasta las mismas orillas del Lago. Piedras de los más diversos tamaños, formas y posiciones se interponen ante nosotros, y al irlas salvando lentamente, por una parte ganamos altura, y por otra, avanzamos hacia el Oeste contorneando las bases septentrionales de la muralla. A través de este gran canchal se, abre, paso la sucinta senda -muchas veces ni sucinta- señalizada con montoncitos de piedras (las señales de pintura son escasas); estos montoncitos son hitos en castellano, y los paisanos de Lalo, en Asturias, los llaman: “Jitos”. Cuando terminamos de bordear la muralla, aparece una ancha “canal” con dos grandes e inclinados neveros que se despliega de Oeste a Este.

 

Tiene este glaciar diversos grados de inclinación, algunos muy ásperos.
   

Nuestro rumbo se endereza claramente hacia el Oeste y pronto nos encontramos en la base del primero de los neveros. Aprovechado la huella de quienes nos han precedido, lo remontamos en vertical y es como subir una escalera blanca. Salvado este primer nevero con mucha lentitud, ya estamos ante el segundo, que tiene una inclinación todavía más bronca; gracias a que las huellas que vamos a seguir lo atraviesan diagonalmente, lo superamos sin los problemas que hubiera supuesto tener que remontarlo en verticalidad. Por encima de los neveros llegamos a una zona de singular belleza: cerrando el horizonte por el Oeste, se abre una preciosa brecha entre dos afiladas crestas con esbeltas agujas de roca color ocre, casi dorado. La escarpada y fina brecha parece convocarnos a subir hacia ella, peno hemos de cambiar el rumbo virando a nuestra izquierda. Al mirar en esa dirección, hacia el Sur, nos sorprende la impresionante superficie blanca del glaciar del NÉOUVIELLE, cuya longitud, supera sin duda el kilómetro y medio. Tiene este glaciar diversos grados de inclinación, algunos muy ásperos. Después de un breve descanso sobre unas rocas, nos metemos en el glaciar y el grupo se disemina; los más fuertes y hábiles sobre la nieve acompañan y apoyan a los más frágiles para salvar la extensa y deslumbrante sábana. Subimos con mucha lentitud sobre una nieve que se hunde con exceso ante la pisada de nuestras botas porque el verano, seco y caluroso, la ha reblandecido. No faltan las caídas, aunque no muchas... lo malo será al regreso, cuando tengamos que descender por un espacio tan inclinado y escurridizo, propio de una pista de “slalom”.

 

Estamos en la base; de un anárquico y enorme pedestal que parece sostener en vilo a la aguja cimera del PIC DE NÉOUVIELLE.
   

Al alcanzar, por fin, la cabecera del glaciar, vemos a nuestra izquierda -por vez primera desde que comenzamos a subir en la presa del Lago- el Pico al que nos dirigimos: el PIC DE NÉOUVIELLE levanta con gallardía su esbelto torreón granítico por encima de un gigantesco canchal, uno de esos grandiosos amontonamientos de piedras que los franceses llaman "caos geológico”. Durante unos minutos seguimos admirando la bien dibujada silueta de la cima, cuya súbita aparición se ha adueñado sin contemplaciones de la atención de todos nosotros. Poco antes de que desaparezca la nieve en la pared rocosa que corona la cabeza del glaciar, las huellas dibujan un nítido ángulo recto: subíamos de Norte a Sur y las blancas pisadas rompen bruscamente esa dirección y nos invitan a subir hacia el Este, o sea, a nuestra izquierda. En esta nueva dirección apenas tenemos que recorrer, unos doscientos metros y abandonamos el piso de nieve blanda por otro de grandes piedras: hemos pasado del glaciar al canchal. Estamos en la base; de un anárquico y enorme pedestal que parece sostener en vilo a la aguja cimera del PIC DE NÉOUVIELLE. Calculamos en 200 ó 250 metros el desnivel que nos separa de la cumbre, y como la distancia lineal, no es mucha, quiere decirse que el grado de inclinación de este canchal es muy bronco. Pero todo el que esté familiarizado con la alta montaña, sabe que las inclinaciones se superan mucho mejor subiendo por piedras grandes, bien afirmadas, que por la nieve o por la piedra descompuesta e inestable. En el canchal nos hemos reagrupado los nueve y subimos a poca distancia unos de otros, trepando y hasta saltando a veces sobre las grandes piedras que lo forman. Al aproximarnos al torreón cimero, crece el número de personas que hasta ahora habíamos visto: unas subiendo los últimos metros, varias ocupan la cima, y otras que ya descienden. Vemos con asombrada emoción a una joven minusválida que ha llegado hasta aquí con sus muletas. Que el Pico sea, por supuesto, accesible, no le quita la dureza de tener que remontar casi mil metros sobre canchales y nieve. Estamos, sin duda, en una montaña emblemática de la orografía pirenaica francesa.

Bajo la misma cumbre, y para coronarla, tenemos que meternos en un empinada y angosta "canal" que es casi una "chimenea”. Remontada esta "canal", accedemos a un espacio desprotegido, una pequeña terraza que se asoma vertiginosamente al Lago "Cap de Long”. De esta terraza arranca hacia la derecha otra "canal" más corta y suave que la anterior, que nos coloca en la cima. Son las 11'40 horas: hemos tardado 3 horas y 45 minutos en remontar los 941 metros de desnivel que separan la presa del Lago D'Aubert de este Pico que acabamos de pisar. Muy contentos los nueve, con una callada y serena euforia por haber conseguido algo que habíamos proyectado con ilusión. Nuestro grupo llena casi la pequeña cima, un reducido espacio de 5x3 metros aproximadamente, que al igual que el canchal por el que hemos accedido y que la sirve de caótico basamento, está formada por grandes piedras, sobre las que nos acomodamos como podemos. Hemos de cuidar que las mochilas no resbalen ¡tampoco nosotros!, porque las piedras tienen una disposición desordenada y algunas apenas ofrecen superficie lisa para sentarse bien, sólo ángulos y líneas puntiagudas.

 

... tiene, en efecto, el Vigmemale una vertiente oscense y nuestros ancestros de la región de Bujaruelo lo conocían con el nombre de Comachivosa.
   

Tres escaladores franceses llegan a la cima, no por dónde nosotros, sino por las afiladas aristas que aquí confluyen: los hemos visto -y seguimos viendo a otros- circulan con seguridad por estas crestas delgadas de góticas agujas, con sus cuerdas y mosquetones, su buena técnica y su absoluta indiferencia al vacío. Uno de los escaladores habla bien el castellano y nos aclara algunos de los puntos que se dominan desde este fantástico mirador. Porque si tenemos despistes orientativos en nuestras familiares montañas oscenses, qué no será en este Macizo francés que se levanta muy al Norte de la línea, fronteriza pirenaica. Por ejemplo, al mirar hacia el Este, Julián cree que son Picos franceses dentro del territorio en el que nos encontramos, y el citado escalador le hace ver que son nuestros Posets, Perdiguero, Bachimala! …¡Nos sentimos desorientados al mirar desde una perspectiva inhabitual, acostumbrados a hacerlo desde la cadena axial o desde la barrera meridional española! El escalador francés tuvo una respuesta curiosa y simpática para nosotros cuando Julián señaló al Vigmemale como la más alta de las cotas pirenaicas francesas…” ¡Pero si el Vigmemale es un Pico español!”. Le agradecemos con humor la graciosa donación; tiene, en efecto, el Vigmemale una vertiente oscense y nuestros ancestros de la región de Bujaruelo lo conocían con el nombre de Comachivosa. Al Nordeste nos llama la atención un Pico muy solitario; se levanta en una zona sin competidores y en ese, aislamiento destaca rotunda su mole en lugar de perderse en el enmarañado laberinto montañoso que nos rodea el citado escalador, rápido, nos dice que se trata del Pie de L'Arbizon (2.831 metros).

De la cadena axial, lo que vemos mejor, por estar más próxima, es la parte comprendida entre el Monte Perdido y el Vigmemale, con el Cilindro, Marboré, el Casco, la Brecha de Roland.; el Bazillac el Taillon y el Gabietous. Al sur, muy cerca, se levantan los tres Picos más altos de este Macizo de NÉOUVIELLE: el Pic Long (3.192 m.), el Pic Badet; (3.160 m.) y el Pic de Campbieil (3.173 m.) que se despliegan por este orden de Oeste a Este. Aún más próximos, inmediatos, con una arista que los une a la cima que nosotros pisamos, otros dos Picos (Trois Conseillers y Turon de Néouvielle) también "tres miles". Sobrepasan este "listón" en el Macizo de NÉOUVIELLE, una decena de cotas. El Lago Cap de Long es, entre los muchos que desde aquí se divisan -más de veinte- el más próximo a la base del PIC DE NÉOUVIELLE- y resulta impresionante contemplar, en una visión casi vertical, su enorme lámina azul; es uno los mayores lagos pirenaicos. También se ven cercanos, al Este, los Lagos D'Aubert y D'Aumar. El "arco panorámico” de esta privilegiada atalaya es, sin duda, uno de los más espléndidos y generosos de toda la Cordillera Pirenaica: con una rotación de cabeza de Este a Oeste, podemos ver desde el Posets al Balaitous

 

... y no obstante la lentitud con que lo hacemos, se producen numerosas caídas, aunque sin importancia.
   

Son las 12' 30 horas cuando abandonamos la cima, en la que hemos permanecido cincuenta minutos. Descendemos por la corta. "canal" que nos deja en la aérea plataforma que "vuela" sobre el Lago Cap de Long y aquellos de nuestro grupo que no tienen vértigo "bloquean” con sus cuerpos la visión del precipicio a los que si lo tenemos. Nos metemos todos enseguida en la otra “canal”, más larga y desnivelada pero con buenos apoyos. Ambas “canales" forman un ángulo casi recto. Rebasadas las dos “canales", entramos en el gran canchal y el grupo se dispersa. Unos más arriba, otros más abajo, sentados sobre las voluminosas nocas, nos detenemos para tomar algún alimento y contemplar, mientras, la inclinada cabecera del glaciar hacia el que bajamos. Después de unos minutos, de nuevo en marcha para seguir bajando de piedra en piedra hasta los límites del glaciar, en el que entramos acompañado cada uno de los más frágiles por alguno de los más fuertes; y ahora con más motivo que cuando subimos pues, en el descenso de estas pistas deslizantes es todavía más necesario el "arropamiento” que prestan los unos a los otros. A pesar de ello, nada más entrar en la cabecera del glaciar, se produjo la primera caída y además bastante aparatosa pues la persona que perdió el equilibrio rodó sobre la nieve varios metros; por fortuna, sin consecuencias. Descendemos muy diseminados, y no obstante la lentitud con que lo hacemos, se producen numerosas caídas, aunque sin importancia. En la parte inferior del glaciar nos volvemos a agrupar y afrontamos la última dificultad: salvar los dos grandes neveros. Salvados éstos, puede considerarse vencida la excursión, aunque nunca debe “cantarse victoria” hasta el final (y si no, que se lo pregunten- a Álvaro Mur: cuando regresaba de haber pisado el difícil Pico de La Munia, ya muy abajo, por el Collado de las Puertas, sufrió una dolorosa caída).

Por debajo de los neveros, en un lugar con agua, nos sentamos sobre unas piedras para comer, charlar y relajarnos, disfrutando de una deliciosa tarde de verano. El clima se está portando excelentemente con nosotros: no ha hecho frío, ni calor, ni viento, condiciones ideales pasa caminar por la montaña; lo que es muy de agradecer en la vertiente francesa, siempre más insegura climáticamente que la española. Estas condiciones favorables -buen clima, lugar grato- propician el que permanezcamos aquí bastante tiempo. (Abrimos paréntesis para contar la siguiente anécdota: Julián, como saben bien sus compañeros, aprovecha los descansos para tomar notas destinadas a estos relatos; suele utilizar un cuadernillo o simplemente varios papeles grapados. Pero hoy, para ese menester, ha traído algo que llama la atención de sus compañeros: se trata de un "block” muy antiguo que su mujer guardaba desde una juventud ya lejana, y que está magníficamente encuadernado con sólidas “pastas” dignas de un viejo libro. Comienzan las bromas y el buen humor de todos se centra en la pequeña y simpática curiosidad, a la que se decide bautizar como “el incunable de los bloks”... ¡una buena ocurrencia que provoca las risas del grupo! El éxito de este "block" impulsa a José Ramón a sacar una foto del mismo en primerísimo plano.)

 

Típico paisaje de alta montaña dónde la vegetación no tiene cabida.
   

Son las cinco y cuarto de la tarde cuando los nueve, después de atravesar la presa del Lago D'Aubert, llegamos al lugar donde dejamos aparcados los dos coches. El resumen horario de la jornada es el siguiente: tres horas cuarenta y cinco minutos para la subida, cuatro horas cuarenta y cinco minutos para el descenso y cincuenta minutos en la cumbre. Lo que totaliza las nueve, horas y veinte minutos de esta jornada que acabamos de vivir en territorio francés, entre las ocho menos cinco de la mañana y las cinco de la tarde. El haber tardado una hora más en el descenso que en la subida, es engañoso y no corresponde al tiempo real invertido al bajar, que hubiera sido mucho menor si no hubiéramos dedicado alrededor de hora y media, quizás más, a la comida, el descanso y la tertulia. Hemos vivido estas horas dentro de un escenario con dos elementos que ejercían sin contemplaciones su abrumador imperio: la roca y la nieve. Típico paisaje de alta montaña dónde la vegetación no tiene cabida. Es por ello que las palabras “glaciar” y “canchal" parecen muchas veces en este relato; la piedra y la nieve han sido, para nuestras botas, el suelo invariable, permanente. Roca y nieve, nieve y roca., una alternativa contumaz., dos elementos que se han turnado, recurrentes, para acompañarnos con impertérrita fidelidad.

Los cincuenta minutos que hoy hemos permanecido sobre la arrogante punta del PIC DE NÉOUVIELLE, nos han parecido segundos: cuando se viven estados de plenitud, de felicidad, de exaltación, el tiempo se acorta, se "adelgaza", casi desaparece de nuestra conciencia. Justo lo contrario que ocurre cuando se viven estados de ansiedad, tristeza, dolor o aburrimiento: el tiempo, entonces, se dilata, se, hace densa y pesada su presencia, se nos alarga, interminablemente.

Carmen, Julio, Álvaro, José Ramón, Lalo, Javier, Elena, Alfonso y Julián, han compartido este: 7 de Agosto de 1994, una intensa, una maja experiencia, a la que este relato sólo ha pretendido aproximarse y aproximarnos; después, cada uno la recordará "a su manera". Porque la memoria humana no es la de un ordenador: fría, exacta., mecánica, extrapolable. La nuestra es cálida, imprecisa., mágica, anárquica, intransferible. Reflexionando sobre uno de los sorprendentes logros científicos de esta época. -la memoria “enlatada” en artilugios informáticos-, nos ha llevado a recordar una extraña frase del filósofo francés Henri Bergson, que hace muchos años no entendíamos, y que hoy cobra súbita iluminación:- "NO RECORDAMOS CON LA MEMORIA, RECORDAMOS CON EL ESPIRITU."

Julián OLIVERA