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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

Constante Gabás y Julián Olivera en la cumbre del Posets

ASCENSION AL PICO POSETS (3.375 metros, SEGUNDA CUMBRE DE LOS PIRINEOS. DIA 27 DE JULIO DE 1980.
CONSTANTE GABAS, JULIAN OLIVERA, LUIS GABAS
y ALVARO MUR.

Los hermanos Gabás, Constante y Luis, esperan en Saravillo a Olivera y Mur, que parten de La Aínsa a las cuatro de la madrugada. A las cinco, acomodados los cuatro participantes en el "todo terreno” de Constante, salen de Saravillo hacia Viadós, a dónde llegan sobre las seis horas. Hasta llegar a las Granjas de Viadós se recorre casi toda la cuenca del río Cinqueta, pasando por Plan, San Juan de Plan y el campamento de la Virgen Blanca; este campamento se encuentra instalado en un hermoso lugar dónde el valle se ensancha para recibir a los dos Cinquetas -el de la Pez y el de Añes Cruces- que afluyen por barrancos que se descuelgan desde la misma raya fronteriza con Francia: el de la Pez baja de las laderas de Culfreda y Valinier y el de Añes Cruces lo hace desde las del Bachimala.

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... hay que remontar altura para seguir por cualquiera de los dos citados barrancos ...

El "todo terreno” pilotado por Gabás pasa al lado del campamento de la Virgen Blanca (un buen edificio de fábrica, y sobre el praderío, alineadas simétricamente, numerosas tiendas de campaña destacan con su alegre colorido), y como allí el valle se cierra, hay que remontar altura para seguir por cualquiera de los dos citados barrancos que en él desembocan abruptamente.

Nosotros vamos hacia la derecha, al lugar conocido como Granjas de Viadós, sobre el barranco de Añes Cruces; se trata de obligado punto de partida para ascender al Posets desde su cara Oeste. Unas plácidas y verdes laderas salpicadas por una docena de "bordas” (alojamientos para el ganado vacuno) aparecen al terminar la pista: aquí se queda el vehículo que nos ha traído, preparamos las dos mochillas y nos calzamos las botas.

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Remontamos esta cresta y damos vista al barranco de Puyaresto; enseguida divisamos a un grupo grande de montañeros que inician la ascensión por el lado contrario ...

Son las 6'20 horas cuando iniciamos la mancha, siguiendo una senda que remonta el barranco de Añes Cruces por su ribera derecha; senda que, poco a poco, va cobrando altura sobre el fondo del mismo. Las primeras claridades del día iluminan tímidamente el paisaje. El macizo del Posets queda al otro lado y hemos, pues, de cruzar el Cinqueta.; pero el que encabeza la marcha, Álvaro Mur, confundido sin duda porque la senda prosigue, nos hace continuar por la ladera derecha de Añes Cruces y rebasamos sin damos cuenta la ancha desembocadura del barranco de Puyaresto, acceso obligado desde esta cara Oeste del Posets; al poco tiempo -todavía sin cruzar el Cinqueta- nos encontramos ya frente al siguiente barranco, el de Eriste. Los hermanos Gabás y Olivera cruzan por fin el Cinqueta, mientras que Mur sigue por la senda, que como dice Constante, tiene que ser el camino de Gistaín a Benasque, como en efecto se comprueba por el plano que llevamos. Minutos después de encontrarse los tres primeros en la ribera izquierda del Cinqueta, divisan a Mur que también ha cruzado, por fin, dándose cuenta del error. Se reagrupan los cuatro, y deciden, para conservar la altura conseguida a través del barranco de Añes Cruces, no descender por la orilla del río hasta el barranco de Puyaresto, sino trepar hacia la cestería que divide los barrancos de Eriste y Puyaresto. Remontamos esta cresta y damos vista al barranco de Puyaresto; enseguida divisamos a un grupo grande de montañeros que inician la ascensión por el lado contrario al que nosotros nos encontramos, es decir, por la pinada de Els Clots. Álvaro Mur y Luis Gabás deciden, continuar subiendo por la cresta para ganar altura e incorporarse a la ruta normal de ascenso cuando agoten la posibilidad de seguir por, aquélla. Constante Gabás y Julián Olivera se sitúan en la falda meridional de esta cresta, la que mira a Puyaresto, salpicada de abetos, y se van deslizando con ciertas dificultades a media ladera, tratando de ganar altura antes de acceder a la citada ruta que va pon el fondo del empinado barranco.

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... probando ¡una vez más! su generosa solidaridad y su excepcional temple humano.

Luis y Álvaro, al ascender por la cresta, consiguen gran ventaja sobre Constante y Julián; las dos parejas han quedado totalmente desconectadas. Constante y Julián han bajado al barranco después de una larga travesía a media ladera, en la que han tenido que sortear, como antes decimos, algunas dificultades. Luis y Álvaro también se han incorporado al barranco, pero lo hacen por una cota mucho más alta, lo que unido a su mejor marcha, les permite alcanzar la cumbre a las 11'15 horas, consiguiendo un tiempo extraordinario; mientras que Constante y Julián la coronan a las 13'15 horas. En la última fase hay que superar repechos muy duros, unos de roca, otros de piedra suelta, y atravesar finalmente un enorme nevero de áspera inclinación; su longitud puede ser de unos 700 metros y esa gran superficie blanca refracta al sol peligrosamente para la vista. Rebasado este inmenso nevero; podemos considerarnos en la cima; cuando lo rebasan Constante y Julián, encuentran a Luis y Álvaro después de varias horas sin verse. Julián felicita especialmente a Luis Gabás, que cuando venían en el "todo terreno" decía que no podría alcanzar la cumbre y que esperaría a los demás allí dónde se sintiese cansado,!estas gentes de la montaña pirenaica -Luis es de Saravillo- ocultan su fortaleza de acero bajo una estupenda modestia! Porque Luis Gabás no sólo ha llegado a la segunda cumbre de los Pirineos, sino que lo ha hecho, uniéndose al fenomenal Álvaro, en un tiempo espléndido: sólo 5 horas desde Viadós, cuando en la guía cartográfica de “Editorial Alpina" se calcu1an para esta ascensión, 5' 45 horas. En cambio, la segunda pareja ha tardado 7 horas por culpa del más flojo grupo, Julián Olivera, a cuyo lento ritmo ha tenido que acomodarse Constante Gabás, probando ¡una vez más! su generosa solidaridad y su excepcional temple humano.

Cuándo encuentran Constante y Julián a Luis y Álvaro, estos dos, después de pisar la cumbre, descansan en un rellano formado por una pequeña brecha abierta en el tremendo espolón que desde la cumbre –que tenemos ya cerca, a nuestra derecha- desciende hacia el Norte, hacia el collado de Gistaín, por el que se comunican los barrancos de Gistaín y de Estós. Porque la subida, iniciada desde el Oeste mismo del Posets, nos ha ido conduciendo hacia el Norte de la cima. Desde este pétreo rellano en el que nos encontramos las dos parejas, se nos ofrece súbitamente una fabulosa perspectiva: el final del barranco de Estós, entre los valles de Bardamina y Clarabide, y como telón de fondo, la cadena fronteriza que separa Huesca del Departamento francés de los Altos Pirineos; el color gris, un hermoso gris plata, pone unidad y armonía en una caótico y bravío conjunto de montañas y barrancos.

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... divide ásperamente las caras Este y Oeste, despeñándose en tremendas paredes, con un glaciar en cada cara.

Constante y Julián dicen a Luis y Álvaro que les acompañen a la cima, que está muy próxima, pero Luis no quiere volver a subir, y es Álvaro el que lo hace de nuevo con los que todavía no la han coronado. Estamos en el tramo final, al norte de la cima, donde nuestra ruta coincide con la de los que proceden del valle de Estós, o sea, de los que parten de la cara este del Posets. Desde la citada brecha, en la que Luis se queda esperando a que los otros tres regresen, hay que trepar durante unos minutos agarrándose con las manos a la empinada roca, y acceder así al largo corredor que constituye la cumbre; porque el Posets no culmina, como otros muchos gigantes, en una pequeña meseta, más o menos rectangular u ovoidal e incluso a veces en una punta casi piramidal; no, la cumbre del Posets es una larga cresta de varios cientos de metros, en dirección – Norte-Sur, que se aúpa levemente en dos “jorobas” que marcan los puntos más altos de la impresionante crestería; la “joroba” sur está algo más alta que la “joroba” norte. Este largo corredor es, en general, de piedra firme, aunque también hay algún tramo de piedra suelta; la roca tiene forma predominantemente picuda, vertical, como agujas de piedra. Este fantástico pasillo –por el que circulan y se cruzan sin problemas pero sin holguras, los que van y los que regresan- divide ásperamente las caras Este y Oeste, despeñándose en tremendas paredes, con un glaciar en cada cara.

El día es espléndido, límpido, ¡Qué inmensa fortuna hemos tenido! La noche anterior debió de ser muy fría; cuando iniciamos la ascensión, con las primeras luces, Luis Gabás llamó nuestra atención para que observáramos la tímida blancura, como de escarcha, que ofrecían algunas partes altas de la falda por encima del pinar de Els Clots. Es un auténtico privilegio encontrarse en el segundo Pico de los Pirineos en un día tan limpio. ¡Qué maravilla! ¡Los cuatro puntos cardinales solicitan a un tiempo nuestra atención con panoramas fabulosos, increíbles! Transcribimos las palabras de uno de los que primero alcanzaron esta cima, el inglés Henry Russell:

"Ninguna pluma podría describir la grandiosidad de esta vista, que para mí es la más espléndida de los Pirineos; y este pico, aislado e inmensamente alto, es el observatorio por excelencia".

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... a nuestra izquierda, el de Estós, y nuestra derecha, el de Eriste.

Al Este, el macizo de los Montes Malditos, capitaneados por el Aneto (3.404 metros), primer Pico pirenaico. A nuestros propios pies, el Llano de los Ibones, una gran extensión; gris salpicada de lagos azules, rematada pon los Picos de Batisielles.y de Escorvets, que nos ocultan la bellísima región de los lagos de Perramó, Batisielles.y La Escarpinosa. A ambos lados de esta perspectiva, los dos grandes valles que acceden por el Este al Posets: a nuestra izquierda, el de Estós, y nuestra derecha, el de Eriste.

Al Norte, detrás de los barrancos de Bardamina y Clarabide, la elevada cadena fronteriza con numerosos “tres miles" entre los gigantes Perdiguero (3.221 metros), al Este, y Bachimala (3.177 metros), al Oeste; algo más al Oeste, los Picos de Culfreda y Valinier. Detrás de la divisoria fronteriza, las regiones francesas de. Altos Pirineos y Alto Garona; se divisa muy bien el valle de Vielle d'Aura; Y como fondo inmenso, la gran planicie francesa, entoldada de nubes? bajas.

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... la mayor sábana blanca de las que divisamos entre la inmensa maraña montañosa que nos circunda.

Al Oeste, el macizo de las Tres Sorores (Monte Perdido, Cilindro. y Sóum de Ramond, el primero de los cuales es, con sus 3.355 metros, el tercer Pico pirenaico). El Vignemale, que con 3.298 metros es el más alto Pico francés del. Pirineo, y que ofrece, en su cara Este un nevero verdaderamente gigantesco (quizás tenga dos kms. de longitud), la mayor sábana blanca de las que divisamos entre la inmensa maraña montañosa que nos circunda. Vemos también, muy próximas, las Puntas Suelza y Fulsa con el gran lago de Urdiceto a sus pies.

Y al Sur, el macizo de Cotiella y las Peñas Llerga y Montañesa. Casi pegada al Posets, como una continuación, la cordillera de Las Espadas, que con sus 3.332 metros parece, desde Viadós, más alta que aquel y muchos la confunden creyendo que es el Posets. Detrás de Las Espadas, Bagüeñola, Millares y Sein. Como fondo, la llanura oscense.

No haría falta decir que los puntos citados en las cuatro orientaciones, son tan sólo los más conocidos, pues se divisan tantos sistemas y picos desde tan privilegiado mirador, que resulta imposible su descripción. Casi nos paraliza el asombro ante un espectáculo tan fascinante; y esto no lo decimos sólo nosotros ahí está el testimonio de los más grandes pireneístas, extranjeros y españoles.

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... la mayoría de ellos hacia el valle de Estós, cuya ruta para subir al Posets es más frecuentada que la de Viadós.

Regresan Constante, Julián y Álvaro en busca de Luis, que les espera descansando en el breve rellano situado a unos 3.200 metros, "a caballo" sobre las caras Oeste y Norte. Los cuatro comen, se relajan y preparan el descenso. Nos encontramos sólos; todos los montañeros con los que estuvimos en la cumbre, han desaparecido, la mayoría de ellos hacia el valle de Estós, cuya ruta para subir al Posets es más frecuentada que la de Viadós. Sale disparado, como siempre, Álvaro y, detrás de él, Luis. La otra pareja, Constante y Julián, parten también, pero inmediatamente -como ocurrió en la subida -empiezan a distanciarse para quedar en seguida desconectados totalmente.

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... dándose ambos la mano para apoyarse el uno en el otro, con el fin, de superar cuánto antes y con la mínima inestabilidad posible, la enorme y deslumbrante sábana.

Con lo primero que nos encontramos es con el inmenso nevero (que cubre y dilata el glaciar de Llardana); su dura inclinación, unida a su gran longitud., hizo muy fatigosa la subida, máxime al encontrarlo cuando ya se llevan varias horas remontando desniveles muy fuertes; gracias a que, al precedernos otros montañeros, tallaron con sus huellas unos valiosos escalones. Ahora, en el descenso; Álvaro y Luis lo atraviesan velozmente; Julián baja rápidamente los primeros doscientos metros deslizándose sentado sobre la nieve y frenando con las botas y con un palo a manera de remo, pues es tan grande la inclinación, que, abandonarse a la inercia de la caída, puede significar estrellarse contra las rocas. En este veloz deslizamiento, Julián ha rebasado a Constante y le, espera, dándose ambos la mano para apoyarse el uno en el otro, con el fin, de superar cuánto antes y con la mínima inestabilidad posible, la enorme y deslumbrante sábana.

Después, todavía queda nieve, pero en espacios menores y, sin tanta inclinación; al subir, esta nieve por debajo del gigantesco nevero, la eludimos trepando por los flancos de roca, pero en el descenso nos es más cómodo pisar nieve que roca. Pronto dejamos atrás la última nieve y hemos de descolgarnos por las terrazas de piedra que desde esta espalda Oeste del Posets van a reunirse con las terrazas que bajan del Espadas; ambas laderas, abruptas y dilatadas, se juntan en el barranco de Puyaresto, al que llevan sus nieves fundidas para que este barranco, a su vez, las conduzca precipitadamente al Cinqueta de Añes Cruces.

Una hora aproximadamente después de iniciado el descenso, sufre Julián un fuerte calambre que le deja bloqueada la pierna derecha. Gracias a los masajes que le dá Constante, pueden, al cabo de un buen rato, reanudar la marcha.

La primera. Pareja, Luis y Álvaro, bajando con fuerza y decisión impresionantes, han llegado al barranco de Añes Cruces en !1'45horas! Sin duda alguna, un verdadero tiempo record en el descenso del Posets; muy pocos montañeros podrán realizar este descenso por Viadós, como ellos, en menos de dos horas. Ya en la subida rebajaron en tres cuartos de hora el tiempo calculado para un buen ascenso; el cálculo es, como ya dijimos antes, de 5'45 horas y lo hicieron en sólo 5 horas. No exageramos, por lo tanto, al poner de relieve esta hazaña de nuestros compañeros Luis Gabás y Álvaro Mur.

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... lo que más agradecen los cuatro es el delicioso frescor de la sandía

Los otros dos, Constante Gabás y Julián. Olivera, que bajan con más lentitud (por culpa de Julián, pues Constante hubiera podido seguir el ritmo de la primera pareja), después de rebasar zonas muy duras de piedra descompuesta con fuerte inclinación, se extravían un poco al penetrar en la pinada de Els Clots, y al irse con exceso hacia la izquierda se asoman al hermoso valle –con suaves praderas tapizadas de un verde brillante- que conduce a los lagos de Millares. Rectifican y después de una serie de rodeos a través del pinar, llegan pon fin al fondo del barranco de Añes Cruces. Han tardado unas cuatro horas. Cruzan el Cinqueta y en la ladera derecha encuentran a Luis y Álvaro, en el sitio convenido, dónde dejaron a refrescar una sandía -como tienen por costumbre en estas jornadas de montaña- cuando con las primeras claridades del día iniciaron la ascensión. Comen cada cual a la medida de su apetito, pero lo que más agradecen los cuatro es el delicioso frescor de la sandía

Son las siete de la tarde; agotados, pero felices, contemplamos desde la ladera baja envuelta ya en una sombra tibia, las moles gigantescas del Posets y del Espadas, iluminadas por el sol poniente, cuya luz acariciará todavía algún tiempo aquéllas rocas altísimas, quemadas pon los vientos y las nieves. La tarde de verano pone serenidad y melancolía en esta naturaleza majestuosa.

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... en las frías aguas del Cinqueta, lo que, pasada la primera impresión, recupera del cansancio

Las piernas extenuadas, los cuerpos fatigados, algunas señales en pies y rodillas del choque con piedras sueltas y rocas, dan testimonio del esfuerzo que nos ha costado coronar esa cumbre impávida y soberbia, que ahora y desde aquí abajo, nos parece inalcanzable. Reflexionamos los cuatro en el casi religioso silencio de la tarde, y lo rompe Luis Gabás, quién mirando hacia la cumbre del gigante pirenaico, pregunta con ironía: ¿Y si tuviésemos que volver a subir en este momento… ? Todos sonríen y emprenden la marcha hacia el "Land. Rover", al que llegan en unos veinte minutos. Se quitan las botas y se acomodan en el vehículo, que les lleva, hasta las proximidades de Saravillo. Los hermanos Gabás y Olivera se mojan hasta las rodillas en las frías aguas del Cinqueta, lo que, pasada la primera impresión, recupera del cansancio

Se despiden los cuatro con un fuerte abrazo, tras una nueva y gratificante jornada montañera: Constante y Luis suben hacia Saravillo, su pueblo; Álvaro y Julián parten para La Aínsa.

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NOTA ESCRITA EN OCTUBRE DEL AÑO 1983.

Al repasar, tres años más tarde, este relato de nuestra ascensión al Posets, se nos ocurre añadir las siguientes consideraciones que, a nuestro juicio, completan y aclaran algunos aspectos de aquella hermosa y agotadora jornada:

El valle de Viadós, con sus bordas y sus amenos praderíos, con el Cinqueta de Añes Cruces atravesándolo con alegre desenfado, separa el Macizo de los Posets de la alta meseta de Los Orieles que tiene como fondo, al Norte, el Macizo de Bachimala. Hay un refugio sobre un pequeño altiplano que se abre como un mirador por encima de Els Plans, junto a la caída de agua que baja de Los Orieles. Este Refugio de Viadós se encuentra exactamente a 1.760 metros de altitud y lo construyó y lo atiende, con su familia, Joaquín Cazcarra, de Gistaín, magnífico conocedor de la región y persona excelentemente dotada, para llevar un refugio de alta montaña: afable y simpático dentro de la natural sobriedad de las gentes pirenaicas, con esos ojos azules que ponen un contrapunto de reflexión o melancolía en el rostro de algunos españoles y nos hacen recordar a esos pueblos del Norte de Europa que precedieron en nuestro solar a los árabes de oscura y altiva mirada; habla Joaquín el francés, conocimiento sumamente útil en un lugar como Viadós, paso muy frecuentado por los montañeros de Francia y de otros países europeos, en sus travesías por los puertos de la Madera, de la Pez, de Añes Cruces o de Clarabide.

A este Refugio se llega en vehículo a través de la pista que sale de la carretera cuando ésta, poco después de San Juan de Plan, deja la suavidad del Valle y se endereza por ásperas rampas hacia Gistaín; los coches han de quedarse cien metros antes del refugio, con un desnivel de unos diez metros por debajo del mismo; siendo este lugar la máxima aproximación motorizada que se puede hacer para subir al Posets por su cara Oeste, ello significa que el desnivel a superar es de 1.600 metros, ya que se parte de los 1.750 y la cumbre, tiene una cota de 3.375.

Se trata, sin duda, de un desnivel importante para ser salvado en una sóla jornada (que incluye, naturalmente, el también duro descenso), y es posiblemente el desnivel más grande de los que han de superarse para las primeras cimas dél Pirineo; por ejemplo, el Refugio de la Renclusa, base de la ascensión al Aneto (3.404 mts.), se encuentra a 2.140 mts., por lo qué se superan1.264 metros; Y el Refugio de Góriz, base para el Perdido, tiene una altitud de 2.160 mts., por lo que, siendo la cota del Perdido de 3.355 mts., hay que remontar 1.200 metros. Podrían citarse otras aproximaciones a Picos conocidos del Pirineo; que significan desniveles en torno a los mil metros, por encima o por debajo, pero lejos de esos 1.600 metros largos (pues al tener que descender al Cinqueta se aproximarán a los 1700), que han de salvarse para alcanzar la cumbre del Posets desde la zona de Viadós.

Por otra parte, Luis Gabás acababa de llegar de Zaragoza, dónde reside, y Julián Olivera había llegado a L'Aínsa desde su residencia de Madrid a mediodía del sábado, día 26, o sea, unas catorce horas antes solamente de partir para la cumbre. Esta circunstancia pone de manifiesto la excepcional fortaleza física de Luis Gabás, y justifica de alguna manera el tremendo agotamiento de Julián Olivera, que padeció en el descenso -como queda referido - un fuerte calambre.

Hay que añadir, finalmente, que la zona del Refugio de Viadós no se encuentra en la ladera del Posets, como sí en cambio están en las laderas del Aneto y del Perdido, respectivamente, los Refugios de La Renclusa y Góriz. Lo que significa que, hasta situarse en la ladera del Barranco de Puyaresto -que es dónde propiamente se inicia la ascensión- hay que caminar unos dos o tres kilómetros por la ribera del Cinqueta y cruzar éste.

Resumiendo: entre las ascensiones que venimos realizando en el Pirineo oscense -Aneto, Perdido, Cotiella, Aguja de Lavasar, Suelza, La Larri… .-, la jornada indiscutiblemente más dura y más larga fue la del Posets, aquel día 27 de julio de1980, con una atmósfera asombrosamente limpia que nos permitió aprovechar al máximo las indescriptibles posibilidades visuales de ese altivo mirador. Un mirador al que debiéramos seguir llamando por su bello y viejo nombre: Llardana, qué en altoaragonés significa "tierra quemada"; ¿por qué se sustituyó esta palabra tan bella, que esconde una significación expresivamente acertada, por la palabra catalana Posets? Una lástima que se pierda el nombre de LLARDANA, con el diminutivo LLARDANETA que se daba al Pico Espadas, la cumbre vecina y algo más baja que el Posets.

¡Nunca te olvidaremos, PICO LLARDANA, con esa sinuosa, interminable y soberbia arista de tu cumbre, hecha de rocas abrasadas por el hielo y el rayo!

Julián OLIVERA MARTIN