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Este relato forma parte de una serie de más de 50 en los que Julián OLIVERA MARTIN recoge una parte de sus acctividades montañeras Ver relatos publicados y biografia >>

SUBIDA A “LA SUCA” O PICO INFERIOR DE AÑISCLO (2.790 m.)

JESUS SANCHON, FRANCISCO SARRABLO, ANTONIO MELENDO, JOSE RAMON MONCLUS, LEANDRO SANCHIS “LALO”, JUAN JOSÉ BALLANO Y JULIÁN OLIVERA – DIA 30 DE JULIO DE 1995


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En la cima de La Suca o peñon de Añisclo

Salimos de Boltaña a las 5,45 horas en dos vehículos “todo terreno”, uno de Sarrablo, y el otro de Monclús. En Puértolas se deja la carretera y hay que meterse en una larga pista que trepa por el enorme circo que se abre sobre Puértolas y Bestué,  al costado occidental del “Castillo Mayor”. Rebasado el circo, alcanzamos el altiplano por Plana Canal, y desde aquí la pista, por la terraza oriental del Cañón de Añisclo, nos lleva hasta San Vicienda, donde dejamos los coches junto al refugio que aquí se construyó para los pastores, bautizado con ese mismo nombre.

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... el espectacular sendero de Foradiello o “de los contrabandistas”

A las 7,20 horas empezamos a andar por un camino que circula, llaneando, sobre el Cañón de Añisclo, y pronto rebasamos, a nuestra izquierda, la única bajada practicable a dicho Cañón que existe en esta zona: el espectacular sendero de Foradiello o “de los contrabandistas”. Al cabo de dos o tres kilómetros de “llaneo”, vemos a la derecha, próxima, una ancha collada que en lo planos figura como Cuello Viceto, aunque los pastores de la región conocen por este nombre al Cuello que se abre entre el Tozal de San Vicienda y el Tozal del Basón, a mayor altura que el que ahora divisamos. Ambos collados, a poca distancia el uno del otro, cumplen la misma función: enlazar el Valle de Escuaín con el de San Vicienda y el Cañón de Añisclo.

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Miramos a estos escarpes que, uno encima del otro, defienden el acceso al Pico, y buscamos “canales” que nos permiten rebasarlos.

Se acaba la “llanada” y comenzamos a subir por una ladera herbosa cuyo respetable desnivel vamos venciendo mediante “lazos”. Miramos de vez en cuando a los Tozales del Basón y de San Vicienda, y al no lejano “Castillo Mayor”, para saber aproximadamente la altitud que alcanzamos. Al llegar a la parte superior de esta gran ladera, nos invade a los siete, aunque no lo manifestemos, un sentimiento de decepción, como una sensación de impotencia: vemos por primera vez LA SUCA, y no como pensábamos – cercana y accesible -, sino alejada y muy alta, con escarpes que defienden su cima y, para colmo, entre nosotros y ella, se abre un gran circo.... ¡como tengamos que descender a este enorme agujero, adiós cumbre! Decidimos subir a un ancho y suave tozal herboso que cierra el horizonte por nuestra derecha, y cuando lo remontamos, aparecen unos extensos altiplanos que rebordean el circo y son como un apacible basamento para los escarpados torreones calcáreos de LA SUCA y de LAS TRES MARÍAS. Son unos espléndidos praderíos, y mirando el plano, nos enteramos de su nombre: la Pleta de los Flaixines. Vamos rebordeando la anchurosa cabecera del circo y la verdad es que caminar por estos planos tapizados de hierba es una delicia y un descanso que nos recupera de la primera “remontada” y nos da un respiro para afrontar, dentro de algunos minutos, la auténtica ascensión a LA SUCA, cuya cima de color royo se levanta muy por encima y detrás de dos líneas de roquedo gris. Miramos a estos escarpes que, uno encima del otro, defienden el acceso al Pico, y buscamos “canales” que nos permiten rebasarlos. Pero vemos algo que nos infunde ánimo: esas señales que dirigen los pasos del montañero cuando ya no hay caminos ni siquiera indicios de senda y que son montoncitos de piedras, por cierto en este caso de mayor tamaño que los que se ven habitualmente en las montañas.

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Llegamos a un fino y alargado cuello rocoso que por el Oeste, a nuestra izquierda, se desploma sobre el Cañón de Añisclo ...

Las citadas señales, para sorpresa nuestra, no se dirigen hacia los escarpes rocosos, sino hacia un “lomo” que, desplomándose por el Oeste sobre el Cañón de Añisclo, pone límite a este espacio orográfico que se despliega bajo las fachadas meridionales de las TRES MARÍAS y de la SUCA. Ello supone que hemos de recorrer en su totalidad estos extensos herbazales, grandiosa plataforma sobre la que se levantan los escarpes inferiores de dichas fachadas. Alcanzamos por fin el pedregoso “lomo”, y es aquí donde realmente se inicia la ascensión al PICO INFERIOR DE AÑISCLO o de LA SUCA. Los montoncitos de piedras nos llevan, ahora sin contemplaciones hacia arriba, en la vertical misma de la cima. Broncos repechotes con alguna “canal” áspera, nos permiten ir ganando altura con rapidez y en poco tiempo nos encontramos por encima de las dos líneas de escarpes que íbamos dejando a nuestra derecha. La cima se perdió de vista desde que, agotando la extensa Pleta de los Flaixins, comenzamos a trepar por este empinado “lomo”. Llegamos a un fino y alargado cuello rocoso que por el Oeste, a nuestra izquierda, se desploma sobre el Cañón de Añisclo, y por el Este, a nuestra derecha, desciende hacia otro collado más bajo que nos separa de la más occidental de LAS TRES MARÍAS. Al atravesar el esbelto cuello, observamos un fenómeno cromático frecuente en nuestro Pirineo: sobre la mitad del cuello, la piedra gris cede el suelo a la piedra roya. La cumbre la tenemos muy cerca, casi la tocamos, y estimulados por esta proximidad,  remontamos con alegría los últimos metros.

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Las nieblas circulan incansables por los farallones de la Punta de las Olas ...

Cuando son las 10,40 horas, nuestro grupo va entrando en la cima por su costado oriental. Es una cima que se alarga hacia el Oeste centenares de metros, con una anchura de unos seis metros, que en algunos puntos se adelgaza convirtiéndose en arista. Atravesamos una plataforma de alisada roca de unos cuarenta metros de largo por unos ocho de ancho, en cuyo centro se yergue un modesto montoncito de piedras, que sin duda señala la cota máxima de este PICO INFERIOR DE AÑISCLO, esos casi 2.800 m. que levantan su mole calcárea por encima del Collado de Añisclo, y del Valle de Pineta. Esta aplanada plataforma de piedra roya, con su perfecta forma rectangular, nos recuerda esos estrados en los que las culturas precolombinas celebraban sacrificios y oficiaban mágicas ceremonias. Pero hay que avanzar otro centenar de metros al Oeste de dicha plataforma para llegar al borde de esta alargada cumbre, lo que nos permite asomarnos al Collado de Añisclo, el impresionante cuello que separa el Cañón de igual nombre del Valle de Pineta; y que, por otra parte, pone fin al cordal que nosotros pisamos separándonos del Macizo de las Tres Sopores cuyo espolón oriental, la Punta de las Olas, nos ofrece sus oscuros murallones. ¡Qué aéreo balcón este de LA SUCA! Lástima que las nubes nos impidan disfrutar en su totalidad de las generosas posibilidades de este fantástico mirador. Pero aún con estas limitaciones y aprovechando que las nubes se desgarran de vez en cuando y nos abren “agujeros” en el horizonte, vamos viendo algunas referencias visuales de gran interés: los Llanos de La Larri, parte de la plataforma de Marboré, los agudos Picos que se levantan  en el cordal franco-español entre Tucarroya  y La Munia, los Picos Robiñera y Chinipro ... Las nieblas circulan incansables por los farallones de la Punta de las Olas, y parcialmente, como negros retazos de aguafuerte, quedan al descubierto sus paredes.

La descripción de las características de este singular Pico y de sus panorámicas, ha demorado el relato de la gran alegría que los siete hemos sentido al pisar su cima, que ninguno de nosotros conocía. La euforia que produce siempre alcanzar una cumbre, tiene en este caso la satisfacción añadida de conseguirlo por primera vez. Un Pico muy serio y lleno de interés este de LA SUCA o INFERIOR DE AÑISCLO, remata por el Oeste la importante cuerda que por el Este declina En la Punta Salinas; entre ambos extremos del cordal se levantan la Punta y la Pala de Montenier, las Puntas Verdes y las Tres Marías. Tres horas y veinte minutos hemos tardado en subir al Pico desde San Vicienda. Comemos algo, hacemos fotos y comentarios, miramos a donde nos dejan mirar las andariegas nubes.... y nos damos cuenta de que llevamos en la cima más de una hora, exactamente sesenta y cinco minutos.

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..., pensando en esas situaciones de dificultad que podrían presentarse, predomina la prudencia y decidimos bajar por donde subimos.

Hay que iniciar el regreso. Sarrablo, Melendo y Monclús hablaron con miembros del Grupo de Rescate de BOLTAÑA de la subida que preparábamos a este Pico tan poco frecuentado por los montañeros, y les dijeron que era posible el descenso desde la cumbre al Collado de Añisclo, para luego bajar por el Cañón y abandonarlo por el Sendero de Foradiello que conduce a San Vicienda. Efectivamente vemos desde el reborde occidental de la cima, en los desplomes que caen hacia el Norte, un montoncito de piedras, sin duda el hito que nos señala el inicio de ese descenso al Collado; pero el hito que vemos es sólo el arranque de una bajada bastante vertical de 330 m. de desnivel, y podríamos encontrarnos con “pasos” que, al menos para algunos, fuesen difíciles de superar. La verdad es que la posibilidad de este descenso por una ruta tan distinta a la que hemos seguido para subir, resulta sugestiva para todos nosotros porque a quienes sentimos pasión por la montaña, nos encanta conocer nuevos recorridos. Sin embargo, pensando en esas situaciones de dificultad que podrían presentarse, predomina la prudencia y decidimos bajar por donde subimos.

Iniciamos el descenso a las 11,45 horas y lo hacemos caminando por la cresta cimera hacia el Este. Nos detenemos unos minutos sobre ese gran rectángulo de roca lisa del que antes dijimos que nos recordaba a uno de esos estrados ceremoniales de antiguas culturas; y lo hacemos porque desde aquí se contempla una de las más hermosas y fantásticas panorámicas entre las innumerables que ofrecen los miradores del Sistema Pirenaico. ¡Contemplamos en su totalidad el grandioso Valle de Pineta, con sus doce kilómetros lineales, desde el Circo de su cabecera, con el Parador de Turismo “Monte Perdido”,  hasta el pequeño embalse bajo Javierre donde el Valle termina! Una visión absolutamente asombrosa, un auténtico lujo para nuestros ojos y nuestra sensibilidad. Este mirador de privilegio es capaz de hacer abarcable a nuestra mirada algo tan gigantesco que quizás no quepa en los más grandes angulares fotográficos.

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Y ahora comprobamos lo acertada de nuestra decisión en regresar por donde lo hemos hecho,

En algo menos de una hora llegamos a la Pleta de los Flaixins, y como son tan gratos estos praderíos, decidimos hacer un alto en ellos; descansando y haciendo fotos se pasan unos veinte minutos. La última etapa de la jornada la cubrimos en una hora, que es lo que tardamos desde esta Pleta hasta el Refugio de San Vicienda: son las dos de la tarde cuando llegamos al Refugio y una tormenta nos obliga a meternos en el mismo; por fortuna, los vehículos los tenemos al lado. Y ahora comprobamos lo acertada de nuestra decisión en regresar por donde lo hemos hecho, pues esta climatología, aún en el caso de no surgir otros imprevistos, nos hubiese complicado el descenso por el Cañón de Añisclo.

Antes de cerrar el relato, queremos recoger una anécdota sobre al altímetro de Antonio Melendo. Cuando subíamos hubo algunas bromas acerca de su precisión. Pero ya en la cima, la medición de altitud del aparato fue de una exactitud increíble: los 2.790 m. que la mejor cartografía de montaña asigna al Pico LA SUCA o INFERIOR DE AÑISCLO, se marcaban en el altímetro con una señal levísimamente por debajo de la cifra 2.800. Melendo y su altímetro merecen, pues, esta elogiosa cita (y las bromas, a envainarlas).

Para cerrar este relato, hagamos un balance resumido de la excursión: desde que partimos del Refugio de San Vicienda hasta que regresamos al mismo han transcurrido 6 horas y 40 minutos; 3 horas y 20 minutos en el ascenso, 1 hora y 5 minutos de permanencias en la cumbre, y 2 horas y 15 minutos en el descenso. Hemos remontado un desnivel de 1.090 m.

Julián OLIVERA MARTIN