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Los caminos del amor

A mediados del pasado siglo ya se llevaba eso de ligar en las excursiones. Saturio Mayrata nos cuenta un proceso de tales características en el que fue uno de los protagonistas

 
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Planta de ajedrea. Ilustración del libro de Pio Font Quer "El Dioscorides renovado". Editorial Labor

En la Facultad de Farmacia de Madrid, y mediados los años cincuenta del siglo pasado, nuestro asiento en clase quedaba determinado por el orden alfabético de nuestros apellidos. De ese modo mis compañeras M. Xapellido y A.Xapellido se sentaban juntas, y este hecho propició la amistad entre ellas.

Nuestras prácticas de Botánica consistian en subirnos a un monte, que los profesores nos señalaran un punto de encuentro en el valle, e indicaran las plantas con las que nos deberiamos presentar, a una hora determinada. Muy razonable me pareció, y parece, tal didáctica, y si no llegué a terminar mi carrera de Farmacia fue por otras razones.

La amistad entre M. Xapellido y A.Xapellido, propició la confidencia de que la primera tenía una prima,también llamada A.Xapellido, deseosa de echarse un novio "futuro farmacéutico". La tarea no era fácil, pues, junto con Filosofía y Letras, ésta era una de las facultades con mayor número de mujeres en el alumnado, y si A.Xapellido -la prima- no frecuentaba nuestras clases, su deseo podía considerarse vano.

Pero, en nuestras primeras prácticas de Botánica, A.Xapellido - la alumna- comprobó que su avanzado embarazo le hacian incómodas las caminatas, y entre las dos compañeras de estudios trazaron prontamente el plan:
A.Xapellido -la prima-, suplantaría a A.Xapellido -la alumna-, en las excursiones recolectoras, aprovechando la coincidencia de nombres, y que los profesores de prácticas eran diferentes de los habituales, que conocian al alumnado hasta el aburrimiento. De ese modo A.Xapellido -la alumna- se ahorraba las penosas caminatas, y A.Xapellido -la prima- propiciaba los contactos.

Todos los del grupo nos prestamos a la pequeña farsa y A.Xapellido -la alumna- aprobó las prácticas y, a su debido tiempo, obtuvo la licenciatura.

Por su parte, A.Xapellido -la prima-, se convirtió en nuestra compañera de excursiones recolectoras, y gracias a su completo desconocimiento de las plantas pude hacer gala de mi caballerosidad prestándole ayuda para identificarlas. Es más; me molesté en aprender algunos juegos de manos, y otras gracias, con el fin de resultarle ameno. Ella se mostraba agradecida, yo cortés, ella complaciente, yo encantador, ella maravillosa, ... y ... nuestras excursiones y juegos de manos terminaron ante el altar. Hemos sido y somos bastante felices, no entendemos que nuestros hijos traten de ligar en lugares tan inadecuados como la discoteca, y A.Xapellido -la prima, hoy mi santa esposa- casi ha olvidado que su ilusión era tener un marido boticario.

© Saturio Mayrata (es ilusionista) agosto 2002