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La balconada del templo de Debod

 
Para devotos de la puesta de sol

 

A espaldas del templo de Debod, se abre una balconada con amplias vistas hacia el sur y el oeste de la ciudad.
Cuando llega el buen tiempo, la puesta de sol, atrae a un buen número de adeptos. A muchos de ellos los podréis ver día tras día ocupando sus posiciones favoritas para la contemplación del espectáculo cotidiano del que ellos mismos, quiza, forman parte
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El templo de Debod, está situado sobre un pequeño promotorio, a partir del que se extienden las zonas verdes que conectan, salvo pequeñas interrupciones, con las afueras de la ciudad. Pero su emplazamiento se puede considerar céntrico, y es sencillo acercarse hasta él en transporte público. En el croquis hemos marcado la estación de cercanías de RENFE de Príncipe Pio, y el intercambiador de Transportes de Moncloa, pero hay bocas de metro y paradas de autobús más cercanas.

Iniciando el recorrido en Moncloa, el templo queda a unos treinta minutos. Dependiendo de vuestra hora de llegada al primer punto, y con la seguridad de que la puesta de sol no ocurrirá hasta el atardecer, podéis demoraros visitando una pequeña ruta botánica señalizada que hay en el parque del Oeste, o subiendo a la torre mirardor que hay al comienzo de la Ciudad Universitaria (es de pago).
Hechas estas salvedades, la ruta a seguir puede ser el descenso por el Paseo Moret, para continuar por el de Rosales y caminar por la amplia acera bajo los árboles, junto a las largas terrazas de los quioscos de bebidas, que en tiempos fueron conocidas como el tren de la Felicidad, por la disposición de sus asientos y la asiduidad de los enamorados

El Paseo de Rosales, os dejará al lado del montículo donde se reconstruyó el templo (traido de Egipto, ya que estaba destinadao a desaparecer bajo las aguas de la presa de Asuan). Buscad la balconada, tomad posiciones, y disponeros a contemplar el espéctaculo del que hasta ahora sólo hemos oido comentarios favorables; es más creemos que si algunos no aplauden a su término es porque dudan de cual es el momento adecuado para hacerlo, y temen hacer sonar sus palmas cuando aún quedan acordes por oir.

 

 

© andarines febrero 2001

 

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