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TABLADA-CERCEDILLA
(Por La Peñota)

Sara en la cumbre de La Peñota © Guillermo Amores


TABLADA-CERCEDILLA (Por La Peñota)

La estación de Tablada siempre me ha parecido un poco triste. Metida en un hoyo profundo no deja ver el bonito paisaje que tenemos algo más arriba, casi nunca hay gente y los edificios de los alrededores están un tanto descuidados. Esta primera sensación del día será fugaz ya que, una vez alcanzado el collado de la Peña del Arcipreste, iniciaremos un recorrido que nos va llevará por la línea de cumbres; desde aquí el paisaje que se abrirá ante nuestro paso será amplio y de indudable belleza. Desde este cordal se obtiene una de las mejores vistas del macizo de La Mujer Muerta, del valle de Río Moros y de la llanura madrileña.

Hoy la cumbre de La Peñota está más hermosa que nunca, a través del objetivo de mi cámara fotográfica capto la imagen de Sara, orgullosa y resplandeciente posa ante el monolito que delimita la cima rocosa. Es la segunda vez que nos acompaña, y si la primera vez me asombró que con sólo seis años hiciera, sin la más leve queja, la Cuerda de los Porrones, dos años después me ha vuelto a impresionar. A pesar de las ampollas que le habían producido las botas casi al inicio de nuestra excursión, no quiso en ningún momento que abandonáramos, a pesar de que se lo propusimos en varias ocasiones. Como era de suponer las ampollas se acabaron reventando, paramos unos instantes para curar las rozaduras, a estas alturas de cierta importancia y, tras refrescarse los pies en la fuente del Astillero, supo sufrir en el descenso y, para que no nos preocupáramos demasiado, obsequió a sus compañeros de aventura una bonita sonrisa. Al final, todavía tuvo fuerzas para recibir corriendo con los brazos abiertos a su madre y a su hermano pequeño que la esperaban en la estación de Cercedilla.

El tren sigue rumbo hacia Segovia y nosotros nos disponemos a cruzar las vías para tomar el tramo de pista asfaltada que hay detrás de la estación. La pista gana altura hacia el norte, pasando entre una serie de fincas de ajados edificios. Pronto la carretera realiza una gran curva cambiando de dirección hacia el sudoeste, rodeando una amplio caserón que tenemos a nuestra izquierda. Unos 100 metros después de la curva y a nuestra derecha, vemos una puerta que da entrada a un antiguo paso de ganados que hay al otro lado de la valla.

Cruzamos la valla por la puerta y seguimos por el amplio camino que gana altura suavemente. Tras un giro a la izquierda el camino desaparece, nosotros nos dirigimos hacia la linde del pinar que tenemos a nuestra izquierda, enseguida aparece un pequeño sendero que nos permite ganar altura sin ninguna dificultad. Poco después atravesamos la amplia vaguada herbosa que tenemos a nuestra derecha, acercándonos a los postes del tendido eléctrico. El camino ahora es más evidente y se continúa ascendiendo hasta desembocar en una amplia pista de tierra conocida como Camino de los Lomitos; 1450m (22 min. desde la estación de Tablada). Esta pista que va desde la N-VI hasta Cercedilla, está marcada con señales blancas y amarillas del sendero P.R. 30.

Seguimos la pista hacia la derecha, según hemos llegado y, tras recorrer un tramo de algo más de 600 metros, en suave desnivel, la abandonamos por la izquierda, para continuar por un camino señalizado con un murete de piedra y un epígrafe en el que se puede leer "A LA PEÑA DEL ARCIPRESTE".

El camino, sin pérdida posible, asciende entre pinos con cierta tendencia hacia el noroeste y, tras alcanzar una pequeña bifurcación, el sendero principal gira a la derecha. Ascendemos realizando cortos zigzags, después de un giro a la derecha aparece frente a nosotros la clara silueta de la Peña del Arcipreste. Seguimos ganado altura por un terreno de rocas descompuestas, enseguida la pendiente pierde inclinación, dando paso a una zona más despejada y herbosa en la que, escondida entre pinos, fluye a nuestra derecha la fuente de Aldara. El sitio se antoja encantador y no resulta extraño que Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, del que se dice que anduvo por estos parajes en sus incursiones amorosas, personificara a una pastora llamada Aldara en "El Libro del Buen Amor.

Abandonamos este agradable lugar ascendiendo suavemente por una zona de praderas más o menos inclinadas y tras dejar a nuestra derecha el sendero que lleva hasta la Peña del Arcipreste, giramos ligeramente hacia la izquierda por un terreno poco marcado que nos lleva hasta la cerca de alambre que delimita en el mismo Collado de La Peña; 1511m (23 min. desde el Camino de los Lomitos) las provincias de Madrid y Segovia.

Cruzamos al lado segoviano por una talanquera que volvemos a dejar cerrada. Enseguida aparecen las señales de franjas rojas y blancas que marcan el GR. 10, camino que vamos a seguir durante un buen tramo de nuestro recorrido. Seguimos las señales hacia el nordeste, derecha según hemos llegado, ascendiendo suavemente por una zona rocosa, muy cercana a la valla de alambre. Tras recorrer un corto tramo por un terreno menos abrupto entre la valla y la linde del pinar, el sendero se separa de la alambrera y gira ligeramente hacia la izquierda, para continuar con algo más de pendiente. A nuestra derecha podemos ver las ruinas de un antiguo búnker de la guerra. El terreno por el que vamos se despeja de rocas y nos permite alcanzar un collado muy poco marcado. A partir de aquí la pendiente se acentúa bastante. Los numerosos hitos que vamos encontrando nos indican claramente que debemos seguir serpenteando entre las rocas, con cierta tendencia hacia la derecha. Alcanzamos nuevamente la cerca de alambre y ya desde aquí sólo queda superar el último tramo entre canchales para alcanzar en breves instantes los bloques de granito que forman la cima del Cerro de Matalafuente; 1674m. (20 min. desde el collado de la Peña). Bonita panorámica hacia el sur del puerto de los Leones, Cabeza Lijar y la Cuerda de Cuelgamuros; hacia el oeste la población del Espinar y parte de la meseta segoviana; y algo más al noroeste el Puerto de Pasapán.

Siguiendo las señales del GR.10, bordeamos el bloque rocoso que queda a nuestra derecha y pasamos a la vertiente madrileña por una estrecha puerta "tipo torno". Tras recorrer un breve tramo casi horizontal, descendemos con suavidad por una zona de agradable paseo. A nuestra izquierda volvemos a ver las ruinas de otro búnker de la Guerra Civil, mientras las observamos nos invade la sensación de soledad, muerte y dolor que tuvieron que sentir las personas que estuvieron aquí en esa época de nuestra historia, estas ruinas son en mi opinión, un vergonzoso recuerdo de lo que nunca debió ocurrir.

Poco antes de llegar al collado de Matalafuente, pasamos nuevamente a la vertiente segoviana por una puerta idéntica a la anterior. En suave ascenso vamos ganado altura en dirección a la siguiente cota. Se alcanza una bifurcación, la alternativa de la derecha por donde continúa el GR. 10, pasa por la cresta rocosa de la alargada cumbre de la Peña del Cuervo; mientras la alternativa de la izquierda, por la que vamos, bordea la zona de rocas y gana la parte norte de la cima por un terreno bastante más cómodo. Frente a nosotros encontramos un muro de piedra, perpendicular a la cerca metálica, que indica la demarcación provincial. Atravesamos el muro de piedra por el vértice de unión de ambas vallas (a partir de este punto la cerca de alambre pasa a ser también de piedra) y descendemos pegados al muro del límite provincial hasta el aledaño Collado del Mostajo; 1648m (24 min. desde el Cerro de Matalafuente). Muy cerca de aquí, en el lado segoviano, existe un manantial próximo a las marcas de un antiguo cortafuegos que llega hasta el collado.

Nuevamente ascendemos por un amplio camino, manteniendo la valla de piedra a nuestra derecha. Tras alcanzar una verde pradera, continuamos ganando altura hasta llegar a la herbosa cumbre del Cerro del Mostajo. Desde este punto tenemos una preciosa panorámica sobre el macizo de la Mujer Muerta, la Peña del Aguila y la Peñota.

Descendemos un breve tramo que nos conduce hasta la amplia pradera que forma el collado de Gibraltar. Iniciamos la ascensión siguiendo las marcas del GR.10 que nos conducen cercanos a la valla de piedra, por un terreno en el que todavía la pendiente no es demasiado fuerte. Enseguida el terreno se hace algo más abrupto y el camino se abre paso entre rocas y vegetación. La pendiente se hace algo más dura y el camino pasa junto a un árbol seco que aún se mantiene en pie. A partir de aquí se pueden ver varios hitos de piedra que marcan diferentes alternativas; si no seguimos el itinerario adecuado podemos tener algún problemilla. Lo ideal es no perder las señales del GR. 10, si esto ocurriera hay que intentar ir lo más cerca posible de la valla de piedra y alcanzar la base rocosa de la primera cumbre y muy cerca, donde ésta se une con la valla, pasar a la vertiente madrileña. Al otro lado de la valla vemos las señales del GR.10, una de ellas estratégicamente colocada sobre un extraplomo rocoso.

Bordeamos la primera cumbre por el sur ascendiendo con fuerte desnivel por una zona donde la progresión se hace algo más entretenida, ya que podemos utilizar las manos y avanzar por una serie de escalones rocosos que no ofrecen ningún tipo de dificultad. En ocasiones nos vemos obligados a descender unos metros para nuevamente ganar altura. Pasamos un tramo casi horizontal y poco a poco vamos girando a la izquierda, en suave ascenso, para bordear completamente la "peñota" más occidental y salir a ladera norte por una pequeña portilla. El camino continúa por la ladera norte perdiendo algo de altura y abriéndose paso por una zona rocosa algo alejada de la línea de cumbres. Superada esta zona, el sendero serpentea entre rocas, alcanza una zona de canchales sueltos que no ofrecen ninguna dificultad, y dan paso a una estrecha brecha que divide en dos la cumbre de La Peñota; 1945m. ( 54 min. desde el collado del Mostajo) a la que se accede trepando por unos metros entre las rocas. La Peñota está compuesta en realidad por tres cumbres diferentes; la occidental que hemos bordeado por el sur; la central, que es en la que nos encontramos; y la oriental, la de mayor más altura, que bordearemos por el norte. Sin lugar a dudas este lugar es un impresionante mirador y no parar aquí el tiempo necesario para disfrutar de tan extenso y variado paisaje sería imperdonable.

Descendemos de nuevo al rellano anterior de la cima. Continuando por la vertiente que da vista a Cercedilla, descendemos unos metros por unas gradas rocosas que nos llevan hasta una estrecha cornisa por la que discurre el sendero. Una vez superada ésta, salimos de nuevo a la vertiente norte por una pequeña abertura en la línea de cumbres. Seguimos por un terreno casi horizontal donde el camino, ahora más definido, se abre paso entre rocas y matorral bajo. Sin apenas pendiente, bordeamos por el norte la cumbre más oriental donde el camino, aunque estrecho, es bastante cómodo de andar. Tras ganar un poco de altura para superar un corto tramo entre rocas, vemos frente a nosotros la valla de piedra que baja hacia el collado al que nos dirigimos.

El camino se abre paso por un terreno bastante erosionado que pronto nos introduce en la zona de pinar y tras realizar varios zigzags pierde altura rápidamente, saliendo poco después a una zona más despejada donde nos topamos nuevamente con la valla del límite provincial. Seguimos paralelos a la valla por una zona de pradera, alcanzando en breves instantes el Collado de Cerromalejo; 1774m. (25 min. desde La Peñota).

Continuamos pegados a la valla de piedra en dirección a la loma de la Peña del Aguila. A los pocos metros vemos enorme bloque rocoso, justo a su lado hay una talanquera, por la que pasamos a la vertiente madrileña, abandonando las marcas del GR.10, que habíamos seguido desde el collado de la Peña. Ya en el otro lado, vemos el camino por el que vamos a continuar y los restos de antiguas construcciones de piedra. Descendemos suavemente entre pinos por un ancho camino carretero que confluye, sin ningún tipo de problema, en la pista forestal de la Calle Alta; 1730m (7 min. desde el collado de Cerromalejo).

Seguimos por la amplia pista hacia la derecha, según hemos llegado. Enseguida vemos marcas con círculos rojos, debemos estar atentos a estas marcas, ya que son las que vamos a seguir en nuestro descenso una vez que abandonemos la pista de tierra. Enseguida, vemos a nuestra derecha la fuente del Astillero, donde el agua mana abundantemente sobre un amplio pilón. Saciada la sed, continuamos por la pista unos 50 metros, donde vemos a nuestra izquierda que las marcas de círculos rojos marcan el inicio de la Vereda de los Poyalejos; 1700m (5 min. desde que alcanzamos la Vereda Alta).

Abandonamos la pista de tierra, para continuar por la vereda que pierde altura muy suavemente y con cierta tendencia hacia el sur. Pronto llegamos a la altura de lo que parece ser un cortafuegos o un camino leñero, nosotros continuamos por la vereda que atraviesa la hendidura y sigue por un tramo casi horizontal. Descendemos siempre entre espeso pinar, bordeando la parte alta de una marcada vaguada que desciende desde la Peñota. Poco después, la inclinación se hace más pronunciada y nos vemos obligados a realizar una serie de zigzags por un trecho, donde las raíces de los pinos están dispuestas a modo de escalones, y que da paso a una zona donde las numerosas piedras que vamos encontrando a nuestro paso hacen un poco incomoda la progresión.

Superada esta zona, el camino continúa zigzagueando mientras pierde altura por un terreno menos rocoso. Tras alcanzar un arroyo nuestra desemboca desemboca en un camino más ancho y más llano que cruza de izquierda a derecha. Seguimos hacia el sur (derecha según vamos) por un terreno firme de escasa inclinación marcando una amplia diagonal por la derecha de la loma. Poco después la pendiente se acentúa y el camino pierde altura hasta llegar al cauce del arroyo del Helecharón, que a estas alturas del año baja con bastante caudal. Tras realizar una corta diagonal, sigue otra serie de marcados zigzags que dan paso a un tramo prácticamente llano. A nuestra izquierda vemos las ruinas de una pequeña construcción, enseguida la vereda realiza una curva izquierda-derecha dando vista a la piscina del campamento de La Peñota, giramos a la izquierda para salir a la amplia pradera de los Curas, donde fluye abundantemente la Fuente de la Mina; 1360m. (37 min. desde el inicio de la vereda de los Poyalejos).

Descendemos por la pradera para salir a la pista de tierra del Camino de los Campamentos, la seguimos a la derecha hasta alcanzar las instalaciones del campamento. Abandonamos la pista para atravesar hacia el nordeste la amplia explanada que hay entre el Campamento y el Cerro de La Hornilla o del Reajo Alto que vemos hacia el este. Nos dejamos caer ligeramente hacia la izquierda de la pradera en dirección a un pequeño claro que hay entre la línea de pinos. Justo en este punto se puede ver un camino bastante erosionado e incomodo de andar que pierde altura rápidamente. Descendemos siempre entre el pinar y poco después de cruzar una puerta metálica que impide el paso del ganado, desembocamos en el ancho paseo de Ródenas, con vestigios de calzada y señalizado con marcas azules del PR 4. Continuamos hacia la derecha, sur, por un terreno casi horizontal que nos lleva en unos minutos hasta una bifurcación. Tomamos la alternativa de la izquierda, que nos lleva hasta una vivienda algo destartalada. El camino es ahora una estrecha senda que pierde altura rápidamente en breves zigzags entre plátanos y acacias, hasta alcanzar la boca del túnel de la Estación de Cercedilla; 1155m. (29 min. desde la fuente de la Mina; 4h. 06 min. desde el inicio).

Los tiempos indicados entre los diferentes tramos de esta descripción son netos de andar, a ellos deben sumarse los que se utilicen en descansos, comida y observar el paisaje. A modo indicativo se requiere entre 6h. 30 min. y 7h., para realizar la marcha sin apremios.

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© Guillermo Amores abril 2005

 

 

 

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