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La madrileña plaza de España
En los años cincuenta el Edificio España (en la fotografía, al fondo a la izquierda) y la Torre de Madrid "pusieron la guinda" al proyecto de "arquitectura internacional" iniciado con la Gran Vía


La plaza de España, en Madrid capital, constituye un punto de encuentro entre lo comercial, lo turístico y lo popular. Y también entre la arquitectura más avanzada de su momento (Edificio España y Torre de Madrid, que en los años cincuenta fueron los más altos de la ciudad) y la búsqueda de las raices culturales (monumento a Cervantes, don Quijote y Sancho) sin que falten referencias a uno de los árboles más significativos de la producción agricola del pais: los olivos.

Según días y horas, el ambiente cambia, y con frecuencia también lo hace con sólo desplazarnos una veintena de metros. A primeras horas de una mañana de finales de invierno en su parte sur podremos ver a turistas japoneses fotografiandose con el monumento a Cervantes, cerca los floridos prunos y almendros, en los que al aproximarse el mediodía se improvisará un pequeño y relajado "campus" universitario, mientras en la cara norte aumenta el tráfico peatonal de los autóctonos que se afanan y trajinan entrechocando con foráneos de andar más pausado.

En la cara este salen los autobuses que hacen el recorrido turístico por la ciudad, en los atardeceres de verano el personal se agrupa con descuido en torno a la fuente, e intenta establecer conversación con sus vecinos, y en las mañanas de invierno cuando hace un "frio que pela" quienes la cruzan lo hacen a toda prisa mirando de reojo al estanque para calibrar el grosor del hielo.

© andarines noviembre 2001

   

 

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