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Casa de Campo/ruta Sabatini

La presente Ruta de Sabatini discurre a lo largo de la valla oeste de la Casa de Campo, junto a parajes recónditos y tranquilos del encinar primitivo, combinando el ejercicio del paseo con la evocación histórica. Tiene una longitud de siete kilómetros (aproximadamente la distancia que hay entre la plaza de Castilla y la glorieta de Atocha) Pasa por lugares evocadores de la Guerra Civil, pero sobre todo permite descubrir obras poco conocidas del arquitecto Francisco Sabatini, obras de carácter utilitario en las que predomina lo constructivo y obras de mayor contenido estético como las puertas del Club de Campo o el puente de la Culebra, obra excepcional del barroco madrileño.

La construcción del nuevo palacio real tras la llegada de la dinastía borbónica despierta nuevamente el interés de los monarcas hacia los cercanos terrenos de la Casa de Campo. Se producen nuevas compras de terrenos hasta quintuplicar su superficie. A Carlos III le corresponde organizar la posesión tras la gran ampliación realizada por su hermano Fernando VI. Cerró, embelleció y dotó de infraestructuras el Real Sitio, encargando esta tarea a su amigo y colaborador Francisco Sabatini , arquitecto siciliano que había trabajado en la construcción del palacio de Caserta de Nápoles siendo su formación romana dentro de un barroco sobrio y monumental.

Bajo el cargo de arquitecto mayor, fue autor de obras monumentales en la capital, entre las que destacan: la Casa de la Aduana (Ministerio de Hacienda), la fachada de la iglesia de San Francisco el Grande, las reformas de los palacios del Pardo y de Aranjuez, el Hospital General (Actual Museo Reina Sofía) y las puertas de San Vicente próxima a la casa de Campo y la Puerta de Alcalá que se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de Madrid.

En la Casa de Campo, Sabatini realizó una amplia serie de obras de renovación y mejora, destacando la reforma del Palacete de los Vargas, la construcción de las iglesias de Rodajos y de la Torrecilla, cementerios, casas de guarda, caminos, puentes, obras hidráulicas y el cierre de la posesión con una valla de recia factura, con elementos singulares (puertas, portillos y rejas de los arroyos). Proyectó en la Casa de Campo desde lo grande a lo pequeño, desde proyectos de jardinería para los Reservados, al diseño de elementos pequeños como pilas bautismales y vasos de culto de las Iglesias del Real Sitio. A pesar del paso del tiempo y la Guerra Civil, aún se conserva gran parte de este patrimonio.

PUERTAS Y PORTILLOS

Carlos III llevó a cabo el cierre del Real Bosque, fijando la forma que ha llegado a nuestros días. El muro que rodeaba la posesión estaba realizado mediante machones y verdugadas de ladrillo y paños rectangulares de mampostería de piedra con mortero de cal, de dos pies de espesor (60 cms.) cubriendo la parte superior con albardillas de granito. Se accedía al recinto por una serie de puertas que le comunicaban con los caminos o localidades próximas. Las puertas normalmente estaban construidas en piedra, constaban de dos o más pilastras verticales, con adornos en la parte superior, y verjas de hierro forjado para cerrar el paso.

La mayoría de las puertas han desaparecido conservándose alguna de ellas como las puertas del Club de Campo, que se corresponden con las primitivas puertas de Aravaca y de Castilla realizadas por Sabatini.

Existían aberturas menores o portillos que prácticamente sólo permitían el paso de personas, como el Portillo de la Agachadiza, el de Casa Quemada, el de Los Pinos o el del Zarzón, del cual quedan todos los sillares alineados en el suelo y es posible su reconstrucción.


PUENTE DEL FERROCARRIL

Fue construido en 1860 a la vez que el ferrocarril y permitía salvar las vías del ferrocarril al camino de los Robles, que pasaba por las inmediaciones de la Casa de Vacas y continuaba tras pasar la carretera de Castilla hacia el norte de la posesión. Está realizado en ladrillo y granito. Consta de un solo arco de medio punto. Tiene similitudes constructivas con el Puente de los Franceses. No tiene pretiles, lo que le confiere gran ligereza. Debía tener barandillas de forja, que fueron violentamente arrancadas, ocasionando grandes desperfectos a las piezas de granito en que estaban fijadas.

CASA QUEMADA

La valla de la Casa de Campo, en el cerro de Covatillas, tiene un portillo que comunicaba el Real Bosque con el camino de Aravaca, y en dicho lugar existía una casa de guarda con el nombre de Casa Quemada. Este lugar tuvo cierta importancia en la Guerra civil, pues era una de las alturas que protegían el cerro de Garabitas, lugar donde operaba la artillería nacional. Fue zona de frente desde Noviembre de 1936 hasta Enero de 1937, en que la zona quedo a retaguardia tras la modificación de las líneas de frente que se produjo tras la batalla de la Carretera de la Coruña. Fue una posición muy disputada, que cambió tres veces de mano. En este sector operaba la columna anarquista de Cipriano Mera, que llegó a ser figura relevante del ejército republicano. Perdura un importante conjunto de trincheras nacionales, que evocan aquellos días turbulentos.

LAS REJAS DE LOS ARROYOS

Las “rejas” son unas construcciones híbridas de puente y puerta que, tenían que resolver el problema de permitir el paso del agua de las riadas de los arroyos y barrancos, y a la vez impedir el acceso de extraños, para lo cual se realizaron unas abertuaras parecidas a portones, que estaban cerrados con rejas de hierro.

El diseño más normal de una ?reja? consiste en una terna de puertas, siendo de mayor tamaño la que ocupa la posición central. Para resistir el gran empuje de las aguas en las riadas de los arroyos, estas puertas están flanqueadas por potentes estribos, que adoptan la forma de tajamares en el lado que se enfrenta a la corriente, al igual que ocurre con los puentes.

Están realizadas en ladrillo, y muestran una amplia gama de soluciones constructivas para un tema común, formando un conjunto arquitectónico que ha perdurado en su mayor parte y que nos da una muestra más de la maestría constructiva de Sabatini. Han llegado hasta nuestros días las Rejas del Arroyo Meaques, Arroyo de Prado del Rey, Arroyo de la Zorra y dos en el Arroyo Antequina.

Son obras que, por su situación en las cuencas geográficas, están expuestas a grandes desperfectos, debido a la humedad que afecta a sus materiales constructivos, pero el riesgo es máximo con los grandes desbordamientos que se forman durante algunas tormentas, riesgo que se incrementa al estar tapiados o taponados algunos de los pasos de agua.

La gran riada de 1995 que provocó el desbordamiento del Lago de la Casa de Campo y la inundación de la autopista M-30, nos alertó del peligro que corren estas obras de Sabatini, pues dicha riada además de destruir nuevamente el puente de las Siete Hermanas, reventó veinte metros de valla junto a las rejas del arroyo Antequina

EL PUENTE DE LA CULEBRA

En 1780 Sabatini recibe el encargo de la construcción un conjunto de cinco puentes ?con albardilla de piedra? sobre el arroyo Meaques, de los que solo perduran tres: el de la Agachadiza , el del Álamo Negro ( antes conocido como puente del Batán) y el de la Culebra .

El puente de la Culebra es la obra de mayor calidad artística existente en el parque. Inicialmente era nombrado como ?Puente Estrecho?, aunque más tarde tomó el nombre de ?Puente de la Culebra? por las formas ondulantes de sus pretiles. Su planta sinuosa condiciona todo el proyecto que está resuelto con una gran maestría de detalles constructivos, tanto en ladrillo como en piedra de granito. A pesar de que es relativamente sobrio en la decoración, puede considerarse un perfecto modelo del estilo barroco, digno de figurar en las antologías artísticas.

Si bien el conjunto de puentes y rejas de Sabatini podrían calificarse de arquitectura utilitaria o funcional, el puente de la Culebra sería una excepción. Es el menos útil de todos los puentes ya que está situado en una esquina del parque, fuera de las vías importantes, y además su estrechez no permite el paso de carruajes, por lo que el servicio que presta no es mucho mayor que el que proporcionan las piedras de un vado del arroyo. Esta auténtica joya de la Casa de Campo fue realizada por el placer del diseño, con la única función de ser gozo de la vista de los paseantes.

En las inmediaciones del puente perduran restos de una posición de retaguardia del ejército nacional de la Guerra Civil de 1936. También está próxima la fuente del Zarzón construida en 1898, y cuya forma ha variado ligeramente, perdiendo los cuatro adornos en forma de piña que poseía. Es una de las pocas fuentes que se conservan anteriores a la 2? República, como igualmente le ocurre a la fuente de Rodajos.

© Luis de Vicente Montoya


BIBLIOGRAFÍA
Guía de la Casa de Campo de Madrid M. A. Acero y L. López, Madrid 1992
Casa de Campo. Beatriz Tejero Villarreal. Madrid 1995. Avapiés
La Casa de Campo Parque Histórico. Luis de Vicente Montoya. Madrid 2000

 

 

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