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Paseos por Cartagena
 

El eje de la ciudad antigua
Calles de Cuatro Santos, del Duque, y de San Diego

 

En el croquis sobre estas lineas se puede ver que casi todo el terreno sobre el que hoy se asienta Cartagena estaba ocupado por el mar. La ciudad antigua creció en una pequeña península del interior de la bahía flanqueada por los cinco pequeños montes que ya conocemos. Incluso las calles principales que hoy parecen viejas se asientan sobre terreno ganado al mar.

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Entre otras vías de la ciudad antigua, queda en la Cartagena de hoy el eje Oeste-Este que fue su centro neurálgico, sobre el que transcurren, casi con exactitud, las actuales calles de Cuatro Santos, del Duque y de San Diego, continuación una de otra. Es el viejo centro, el de antes de que tomaran el relevo las más modernas calles Mayor, de las Puertas de Murcia y del Carmen, que tienen dirección perpendicular a las que hoy paseamos.

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... en cada una de las cuatro esquinas o, como se dice en Cartagena, picoesquinas, a la altura del primer piso....
   

Desde la Plaza de los Héroes de Cavite nos dirigimos hacia el interior de la ciudad y, antes de entrar en la calle Mayor, justo frente al Ayuntamiento, veremos a nuestra derecha la calle del Cañón, la seguimos en su cortísimo recorrido y al final encontramos a la izquierda la calle del Aire, tomamos ésta y, en pocos metros encontramos a la derecha el inicio de la calle de Cuatro Santos, calle estrecha de viejo comercio donde se encuentran algunas de las casas más viejas de la ciudad. En el primer cruce que encontramos, el que hace con las calles de La Jara, a la izquierda según andamos, y del Doctor Tapia Martínez, a la derecha, tenemos la explicación de su nombre: en cada una de las cuatro esquinas o, como se dice en Cartagena, picoesquinas, a la altura del primer piso de los edificios hay unas pequeñas peanas con dosel, de piedra, donde se guardan las imágenes de los cuatro santos más emblemáticos de la ciudad: San Leandro, San Ginés, Santa Florentina y San Isidoro, el de Sevilla, que de allí fue obispo pero que era nacido en Cartagena. Los cuatro nombres son muy propios de los cartageneros.

Seguimos andando Cuatro Santos hasta su final, allí se ensancha y toma el nombre de calle del Duque -os confieso que no sé de qué duque se trata-, sigue el comercio y mejora la calidad de los viejos edificios a medida que ensancha la calle, es una de las zonas nobles del S. XIX y principios del XX, hoy ocupada en gran parte por los nuevos habitantes, recién llegados con sus nuevos modos, casi todos del Magreb, como ocurre en los viejos centros de tantas ciudades hoy día. La calle del Duque llega hasta la acogedora Plaza de la Merced, de planta rectangular, con fachadas acordes con el viejo barrio, y con algunos de los pocos pero imponentes árboles que hay en la ciudad.

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... dan ganas de apoyarse en un quicio y preguntar por Cayo o por Lucila....
   

A la derecha de la plaza sale la calle Gisbert, que nos llevaría en otro paseo directamente al puerto, pasa entre el Cerro de San José y el Anfiteatro-Plaza de toros ocupando un zanjón artificial, abierto a finales del S. XIX para facilitar la entrada de la brisa al interior de la ciudad y mejorar así su salubridad. A la izquierda, en el número 29 de la calle del Duque, veremos una oficina de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Ningún interés tiene ésto, me diréis, pero lo tiene, y además es un perfecto ejemplo de cómo es Cartagena. Si entramos en la Caja en horas de oficina, los amables empleados nos indicarán, sin poner cara de pretender que abramos una cuenta ni nada de eso, una escalera que hay al fondo a la derecha, bajamos una planta y nos encontramos directamente en una calle romana, descubierta en 1971. El tramo que se ve allí está orientado de Norte a Sur y es parte de una vía principal de la ciudad, cerca de allí salía la antigua calle que conducía al Anfiteatro. Puede verse el pavimento de grandes losas de piedra, las canalizaciones de aguas residuales, parte de las fachadas de las viviendas de ambos lados, de su interior, ventanas y puertas, decoración y objetos caseros; uno de los pavimentos interiores está especialmente bien conservado y corresponde a la habitación principal de una vivienda, de 4,40 x 5,30 metros, del s. II a.C., dan ganas de apoyarse en un quicio y preguntar por Cayo o por Lucila. La calzada tuerce en ese punto y sigue por el subsuelo de la calle del Duque pero ese tramo no está descubierto. La Cartagena romana está allí, debajo de la que vemos cuando vamos por la calle, si en lugar de ser Cartagena fuera la “Castroforte del Baralla” (*) de Gonzalo Torrente Ballester podríamos aprovechar las noches de levitación de la ciudad para ver cómo fue hace 2.000 años.

La continuación de la calle del Duque es la calle de San Diego, también recorrida por otra calle romana que no podemos ver porque no está descubierta. En su mitad vemos a la izquierda, al fondo de su amplia plaza, el notable edificio de la Misericordia, con elementos y concepción modernistas. Llegamos a la Plaza de Bastarreche, situada en el lugar donde la antigua Cartagena tuvo su única entrada por tierra, y, tras cruzarla, seguimos por la Avenida de América hasta llegar a la estación de RENFE. La avenida, un ancho bulevar arbolado, y la estación forman un paisaje que nos será sin duda conocido por responder al modelo clásico de principios del S. XX de las estaciones-término que encontramos por toda España.

Como el paseo ha sido corto, podemos desandarlo para repetir y, al llegar de nuevo al cruce de los cuatro santos, podemos tomar a nuestra izquierda la calle del Doctor Tapia Martínez hasta el Teatro Romano. Antes de entrar en el Teatro podemos visitar, en los sótanos de la casa que hace el picoesquina de la calle del Doctor Tapia Martínez, las ruinas de lo que hasta hace poco se creyó que era la muralla bizantina de la ciudad, y que hoy se piensa que eran accesos del teatro. seguimos la dirección de las casas en paralelo al teatro y, después de atravesar un pequeño y curioso pasadizo, salimos a la calle de la Concepción, en cuyo término encontramos la entrada al Teatro. Construido en tiempos de Augusto, allí hay visitas guiadas que nos explican la historia, la estructura, el origen de los materiales y los diversos usos que ha sufrido el local hasta que quedó cubierto por las casas. Hoy continúa lentamente la reciente excavación y su reconstrucción parcial. Y después podemos terminar el paseo rodeando la vieja catedral, en ruinas desde hace siglos -el obispo de Cartagena, de donde lo sigue siendo, se fue a Murcia- parcialmente edificada sobre el propio teatro, para ver el teatro desde arriba y llegar a la entrada del parque Torres, desde donde podremos ver la bahía, mirando al Sur.

© Luis Pérez Marcos noviembre 2002

Nota:
(*) En la novela la Saga-fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester, la imaginaria ciudad de Castroforte del Baralla levitaba toda ella cuando el conjunto de sus habitantes sentían una preocupación común. En la última levitación, cuando "Torrente descubre el pastel", desde la barandilla del parque se puede ver, abajo, la tierra y piedras del hueco que deja la ciudad, y colgando de ésta, las raíces de los árboles.


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