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Curiosidades

Pasando el puntero sobre la imagen, podréis entender con mayor claridad las propiedades atribuidas al polvo de la simpatia, y su presunta utilidad para los navegates.

 

Aunque muchos navegantes del XVI, XVII y XVIII disponían de instrumental para determinar su hora local no por ello podían precisar con facilidad la longitud en la que estaban, pues no sabían la hora que era en ese mismo momento en su meridiano de referencia, ya que los relojes que pudieran llevar a bordo, puestos en hora al salir de puerto, alteraban sus mediciones a causa de los vaivenes de la navegación. (Imaginemos un péndulo en medio de una marejada).

Técnicos y artesanos idearon mecanismos con los que intentar poner remedio al problema; pero otros volvieron la vista hacia siglos anteriores, e intentaron transmitir la hora local del meridiano de referencia a los navegantes mediante sistemas de tipo "mágico".

Recordaron que en la Edad Media se había creido en la existencia de un polvo con propiedades simpáticas, que aplicado previamente a un arma, y una vez que ésta heria a alguien, volvía a producir los dolores del momento de la lesión cada vez que la sustancia mágica entraba de nuevo en contacto con el arma.

Obtuvieron, por medios que no detallan las crónicas, el mágico polvo, impregnaron con él una espada, con ésta hirieron a unos perros, que tras su recuperación fueron embarcados, y en Londres se adquirió el compromiso de hundir todos los días la espada en el polvo, a una hora concertada.

Supongamos que la hora concertada para hundir la espada en Londres era las doce del mediodía (hora local de la ciudad), y que los perros comenzaban a aullar y retorcerse de dolor a las 10 (hora local de los navegantes). Mediante un sencillo cálculo podían establecer que se habían alejado 30 grados al oeste de su meridiano de referencia (2 horas de diferencia x 15 grados de cada uso horario = 30 grados).

¡Todo un andamiaje teórico en el que el oscurantismo busca hueco en el seno de la racionalidad!... Y la historieta no la hemos inventado nosotros, se puede (o se podía) ver narrada en unos paneles en el museo de Greenwich.

© andarines octubre 2000

 

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