Atragantamiento
Lo que no debemos hacer y la maniobra de Heimlich

José-Andrés Miralles
Médico Anestesiólogo-Reanimador

La vía normal de los alimentos cuando los tragamos es hacia el esófago y, a través suyo, hacia el estómago. A veces, sin embargo, no somos capaces de deglutirlos y se nos quedan atrancados en la garganta. Decimos entonces que nos atragantamos.

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Habitualmente se trata de un pedazo de carne o de pan demasiado grande, que no hemos masticado suficientemente y que, al intentar deglutir, no puede introducirse por la entrada del esófago, quedándose en la parte inferior de la garganta, denominada faringo-laringe.

Utilizamos el conducto que forman la boca y la faringe tanto para comer y beber como para respirar, pero a nivel de la faringo-laringe hábilmente hacemos una cosa u otra, dependiendo de que lleguen a este nivel alimentos o aire. Solamente los niños pequeños son capaces de hacer ambas cosas a la vez, y por esto pueden mamar sin parar para respirar.

Cuando un bolo alimenticio se queda enclavado a nivel de la farigo-laringe, lugar aún de paso común para aire y alimentos, se produce una situación de alarma para el organismo, que intenta evitar a toda costa que este cuerpo extraño penetre en tráquea, a través de la cual inspiramos el aire a los pulmones.

La situación no es grave si este cuerpo extraño no tapona la tráquea y se queda en la parte superior del esófago. Así sucede muchas veces cuando un niño pequeño se traga una moneda. Entonces pueden pasar tres cosas: que finalmente la pueda deglutir hasta estómago, de donde normalmente seguirá sin problemas por su vía natural, que la vomite, pasando así el susto, o bien, lo más frecuente, que se deba acudir a un médico para que, bajo anestesia general y mediante la instrumentación necesaria, extraiga aquel cuerpo extraño.

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... La cosa se complica cuando el alimento, el botón, el hueso de aceituna, etc, no pasa al esófago y se introduce en la tráquea o a un bronquio, ...
 

La cosa se complica cuando el alimento, el botón, el hueso de aceituna, etc, no pasa al esófago y se introduce en la tráquea o a un bronquio. Esto suele suceder cuando se habla o se ríe con la boca llena: al inspirar para seguir hablando o para soltar una carcajada, se produce una fuerte succión de aire hacia la tráquea que arrastra consigo la comida que se está masticando.

Si en estas condiciones el afectado es capaz de mantener la calma y seguir inspirando suavemente (cosa normalmente posible ya que aquel pedazo de comida, al principio, no suele obstruir totalmente la vía aérea), inflando sus pulmones y, a continuación, toser con fuerza, el material aspirado se expulsa del lugar en que indebidamente se había introducido, subiendo de nuevo a la boca. Unas firmes palmadas en la espalda dadas por una mano amiga en el momento de toser pueden ser de ayuda para que el cuerpo extraño se desprenda de donde estaba encallado.

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... Tanto ellos como los adultos que no conservan la calma, reaccionan, al notar que algo obstruye su garganta impidiéndoles la respiración, de la peor manera posible: con una fuerte inspiración. Esto, naturalmente, no hace sino complicar más las cosas, ...
 

Sin embargo, cuando el afectado no es capaz de conservar su lucidez, debido, por ejemplo, a los efectos del alcohol, el pánico hace entonces presa de él, y a menudo también de quienes le rodean. Lo mismo sucede en los niños. En ellos, este accidente es relativamente frecuente, pues ya sabemos cuánto les gusta introducirse en la boca toda clase de objetos. Como su vía aérea es mucho más pequeña que la del adulto, es también más fácil que quede obturada. Tanto ellos como los adultos que no conservan la calma, reaccionan, al notar que algo obstruye su garganta impidiéndoles la respiración, de la peor manera posible: con una fuerte inspiración. Esto, naturalmente, no hace sino complicar más las cosas, ya que aquel cuerpo extraño se introduce aún más profunda y firmemente en su vía aérea produciéndose a veces una obturación total de la misma.

Al asfixiarse, la persona afectada adquiere una coloración progresivamente violácea y pierde el conocimiento en muy pocos minutos debido a la falta de aporte de oxígeno a su cerebro. Naturalmente, practicarle en estos momentos la respiración artificial no tan solo no sirve de nada sino que además aún es peor ya que con esto sólo conseguiremos introducir el "tapón" más firmemente en su vía aérea.

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Maniobra de Heimlich

Conviene entonces recordar una sencilla maniobra, conocida como la maniobra de Heimlich, con la cual podemos salvar la vida del afectado o evitarle un daño cerebral irreversible. Esta maniobra consiste, tal como se muestra en la foto, en situarse a la espalda de la víctima y rodearla con nuestros brazos cogiéndonos con una mano la muñeca de la otra de forma que nuestro puño quede a la altura de la boca de su estómago, justo por debajo de su esternón. Haremos entonces una rápida y violenta compresión hacia nosotros, intentando que la brusca subida de presión que producimos en el abdómen del afectado se transmita a su caja torácica y que, a su vez, comprima el aire que aún queda en sus pulmones, provocando así la expulsión del cuerpo extraño, como salta al aire el corcho al abrir una botella de cava. Si lo conseguimos, tendremos un motivo más que sobrado para celebrarlo descorchando, esta vez sí, una auténtica botella de este vino espumoso.

© texto e imagenes Jose Miralles abril 2003
jose.miralles@phks.fi

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