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De Grazalema a la Casa del Dornajo por los Llanos del Endrinal

Arriba: El Peñón Grande, junto al camping Tajo Rodillo, inicio de nuestra ruta.
A la derecha: Valla de piedra en las proximidades del LLano de las Presillas. El sendero,ya señalizado, se dirige hacia las encinas de la izquierda.

Abajo; Vaguada del Endrinal. En primer término, se aprecian los pinos de los LLanos del Endrinal.
© Raul Fernández Velasco

 

De Grazalema a la Casa del Dornajo por los Llanos del Endrinal

Dificultad: Fácil
Duración: 2 h., itinerario señalizado desde el Llano de las Presillas con flechas azules.

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Ruinas de la Casa del Dornajo. Al fondo, se aprecia parte de las paredes del Circo del Dornajo. © Raul Fernández Velasco

La Casa del Dornajo son las ruinas de un cortijo enclavado en uno de los lugares más maravillosos y recogidos de la Sierra del Endrinal. Por su situación, en el centro geográfico de esta sierra, es un punto clave en las rutas que se pueden realizar dentro y por los alrededores de esta Sierra, siendo múltiples los itinerarios que desembocan o parten de ellos. Su entorno es todo un regalo para los sentidos. Se encuentra situado en un llano rodeado por un semicirco calizo con paredes rondando los 100 m. de caída vertical. Sin embargo, lo que llama la atención de este lugar, además de su tranquilidad, es el agua. El elemento que en otras partes de la Sierra de Grazalema se nos niega dada la naturaleza caliza del terreno, aquí se reúne, se combina con el paisaje, fluye con tal generosidad que moldea el entorno: fuentes de frescas aguas, abrevaderos donde moran tritones, prados anegados en la estación lluviosa, arroyuelos, aljibes, terrazas que antaño fueron fértiles huertas y casi como un espejismo una pequeña chopera de fresca sombra.

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... en una pequeña y pedregosa parcela, habitan unas cuantas cabras dentro de bidones cortados a modo de curiosas casetas ...
   

Día 23-2-03. Tras el desayuno tradicional en la apacible población de El Bosque, partimos en coche por carretera en dirección a la pintoresca población de Grazalema. Unos kilómetros antes, en el aparcamiento a pie de carretera del camping Tajo Rodillo, dejamos los coches. La silueta inconfundible del Peñón Grande, una mole calcárea con varias vías de escalada, nos vigila mientras nos colocamos las mochilas. A esta hora de la mañana aún hace fresco y el fuerte viento nos obliga a colocarnos los cortavientos que luego nos sobrarán. Empezamos nuestra ruta por un sendero pedregoso bien visible a la derecha de la valla del camping. Rápidamente el sendero toma altura, sin tregua, a la sombra de un pequeño pinar que nos deja ver las verticales paredes del Peñón Grande. A sus faldas, en una pequeña y pedregosa parcela, habitan unas cuantas cabras dentro de bidones cortados a modo de curiosas casetas. La ascensión pronto me hace sudar y, un pequeño resfriado que arrastro, quitarme el aliento. Paro a tomar aire y despojarme del cortavientos, para proseguir la subida por un sendero bien marcado. Al poco de dejar a nuestra derecha el Peñón Grande, el pinar desaparece y el paisaje típico de esta Sierra hace su aparición, vegetación baja y un caos de piedra caliza de color casi níveo. Proseguimos hasta llegar a un alto desde el cual las vistas son hermosas. Habremos ascendido unos 200 m., para llegar a una cota próxima a los 1.100 m. y desde aquí a nuestras espaldas el paisaje nos revela la Villa turística de Grazalema, parte del Embalse de Zahara y a lo lejos, las blancas casas de El Gastor. A nuestro frente, los Llanos del Endrinal dominan la vista, un curioso llano sin piedras, cercado por una pequeña valla de piedra con una fresca sombra de pinos. Este extraño llano es, según parece, artificial, realizado por antiguos pobladores de estas tierras en un intento de ganar terreno de cultivo a la montaña. Al fondo tras los Llanos, la Vaguada del Endrinal encajonada entre las paredes del Simancón y las últimas paredes del Peñón Grande. En este alto, existe un cartel indicando la población de Grazalema, justo por donde hemos venido. Aquí el camino se bifurca, siendo el de la izquierda el que se dirije por un pinar a la Cancha de la Berejuela. Nosotros seguiremos de frente, sin pérdida, ya que la Vaguada del Endrinal se nos presenta como el único paso posible en este mar de caliza. Seguimos el camino, descendiendo hacia los Llanos por un camino claro que poco a poco nos va acercando su parte izquierda. Una vez abajo, lo que nos ha llevado escasos minutos, hay que tomar a la derecha, atravesando los Llanos, bajo los pinos, por cualquiera de los huecos de la valla de piedra, ya que nuestro camino sigue por el lado de la derecha de los Llanos. Otra opción consiste una vez en el alto, abrirse camino, sin desviarse a la izquierda, dejando a la derecha estos llanos, aunque la existencia de un camino y la opción de acercarse a ver los Llanos, descansando a la sombra de los pinos y deleitarse con el silencio de la montaña sólo roto por algún que otro balido de alguna oveja merece la pena. Una vez cruzado los Llanos, buscamos cualquier sendero que parta a la derecha y que pronto se unirá a uno bien marcado que, en poco más de media hora, asciende por la Vaguada, ahora por camino de tierra, ahora por camino pedregoso más propio de ser el cauce de una pequeña escorrentía de agua. El último tramo lo hacemos, campo a través, sin sendero, aunque sin confusión posible ya que debemos ascender hasta que a nuestra vista queda un valla de piedra, que viniendo de la derecha asciende por las paredes casi verticales del Simancón. La vista hacia el Sur es amplia, el día es despejado y podemos observar la Sierra de la Silla, con su característica forma de silla de montar, y la cola del Pantano de los Hurones, que abastece a la Bahía de Cádiz. A la derecha de nuestra posición un poco más abajo, existe una angarilla (puerta) que nos permite el paso por esta valla de piedra, aunque eso nos supone perder altura que luego habrá que recuperar, por lo que nos apañamos para saltar la valla en un punto que nos parece tan bueno como cualquier otro, quedando abajo, a la derecha, el camino bien marcado que cruzando el Llano de las Presillas proviene del Puerto del Boyar. Continuamos hacia el Sur, sin perder altura, zigzagueando entre bloques caliza, destrepando a veces con cuidado, en busca del sendero que vemos a la derecha, al cual nos unimos en una pequeña subida. A partir de aquí el sendero está señalizado con flechas azules y es un bonito paseo, siempre descendiendo, con las paredes de las antecumbres del Simancón a nuestra izquierda y la sombra de las encinas que a ratos nos alivian del calor. En una vuelta del camino, observamos la silueta inconfudible del Circo del Dornajo, y cerca de sus paredes el grupito de chopos que nos indica la presencia de la Casa del Dornajo. Tras cruzar un pequeño torrente con fuente donde bebo con avaricia, llegamos a las terrazas de cultivo y a las ruinas del cortijo, en poco menos de dos horas desde que salimos del camping. Allí en el prado, nos acomodamos en unas piedras para dar cuenta de una buena comida.


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