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Arriba: Cabo y villa de Finisterre desde la Cala do Talón. A la derecha: Km.0.000, fin de nuestra Ruta Jacobea. Abajo: Faro de Finisterre
© Raúl Fernández Velasco

 

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CEE - FISTERRA. Kmts. 12 aprox.

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... En aquel momento entendí a los soldados de Julio César que, al llegar a estas costas, lloraron al ver ese mismo sol ponerse en el Finis Terrae...
   

Día 4 (16-8-00). A las ocho de la mañana empezamos a recoger las cosas. Es una pequeña recompensa por ser el último día. El día amanece soleado y la etapa promete ser un paseo. El hostal está cerca del paseo marítimo por el cual nos dirigimos a la vecina Corcubión, prácticamente unida a Cée, con vistas a la ría. Tras 5 minutos de paseo (500 m.) un cártel en el mismo paseo nos anuncia que estamos en Concurbión. Un poco más adelante, con señales bastante confusas, nos dirigimos a la parte alta de la villa, buscando el Campo do Rollo, por el que tomamos una empinada y estrecha cuesta que nos deja sin aliento y que nos acerca a la aldea de O Vilar, que cruzamos por una pista asfaltada que desemboca en la comarcal C-550, por la cual avanzamos unos instantes, ya que enseguida nos desviamos por una senda que transcurre en paralelo a la carretera hasta la aldea de Amarela, un caserío que atravesamos para, de inmediato, tomar un atajo que nos evita las grandes curvas de la carretera comarcal. Entramos así en un bosque mixto de eucaliptos y pinos, que nos proporciona un agradable sombra bajo la cual la etapa de hoy se convierte en un apacible paseo. Más si cabe en el suave descenso hacia la Ensenada de Sardiñeiro, tomando de nuevo la carretera a la altura de la Playa de Estorde, un lugar muy turístico a la vista de los numerosos camping y el tráfico que hay a estas horas tempranas. Y no me extraña porque la playa es realmente hermosa. Forma una media luna amplia resguardada por un monte de pinos y eucaliptos que forman un auténtico muro vegetal. Andando por las calles del pueblo, volvemos de nuevo a la pista de tierra, esta vez de nuevo un tramo del Camino Real, que tras salvar la carretera, nos deja junto a la bella y solitaria Cala do Talón. Nos paramos a contemplar el paisaje: junto a un mar azul plomizo en calma, al fondo como una isla, la villa de Fisterra, el Finisterre, blanca sobre la península verde que forma el Cabo, nuestro final. Enseguida enlazamos con el Paseo Marítimo de Langosteira, junto a la playa del mismo nombre, que a esta hora ya empieza a llenarse de veraneantes, por el que llegamos a la villa marinera de Fisterra. Tras pasar por la casa del concello y el albergue de peregrinos, cruzamos, sin dejar las mochilas, la población para tomar el camino hacia el Faro de Finisterre. El camino, de 3,6 kms. Transcurre por carretera y ya desde el principio, advertimos lo que vamos a encontrar: una marea de turistas, veraneantes, que suben en coche particular o autobuses,. Nosotros, nos apartamos de esa vorágine, para visitar al Santo Cristo de Fisterra, una talla admirable, muy realista, de un cruficado con un llamativo faldón rojo. De nuevo en la carretera, seguimos ascendiendo mientras pienso que para todos estos veraneantes, el cabo es un lugar geográfico, una foto...Para nosotros seis, es algo más, es una ilusión por la que hemos soñado cuatro días y ahora esta ahí, a nuestro alcance. Llegamos al punto Km. 0.000 a unos 100 m. del faro, final del Camino de Santiago. La alegría de todos mis compañeros es enorme, e incluso de asombro cuando unos turistas alemanes nos hacen una foto y nos preguntan en inglés si de verdad somos peregrinos. Tras admirar el faro, nos dirigimos a quemar parte de nuestras ropas, en un ritual antiguo, mezcla de purificación y de homenaje a otros peregrinos y marineros que han muerto en estas duras costas. Mientras mis calcetines se queman dejo que la vista se pierda en la inmensidad del mar. Es hora de bajar a soltar las mochilas en el Albergue, comer y descansar y subir al atardecer para ver una de las puestas de sol más espectaculares que he visto jamás. En aquel momento entendí a los soldados de Julio César que, al llegar a estas costas, lloraron al ver ese mismo sol ponerse en el Finis Terrae...


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