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Arriba: Vista parcial del Pazo de Cotón (Negreira), punto de inicio de la etapa.
A la derecha:
La dureza ocasional del senderismo; Cruzando el Monte Campelo bajo un aguacero
© Raúl Fernández Velasco

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NEGREIRA – PINO DO VAL. Kmts. 35 aprox.

Día 2 (14-8-00). Nos levantamos temprano, a las 6:45 de la mañana. Tras prepararnos y tomar las mochilas, bajamos a la cafetería del hostal para desayunar. A través de los cristales vemos que llueve copiosamente. Saboreando un café pienso en qué fuerza de voluntad nos mueve para salir en un día así. Tras desayunar, nos ponemos las capas de agua y empezamos a bajar calle abajo en dirección al Pazo de Cotón con la capilla de San Amaro a su lado; junto al pazo queda el Campo de Feira donde, me dicen, se celebra el mercado todos los domingos. Después de salvar el río Barcala por un pequeño puente, subimos a la parroquial de San Xulián. En esta parroquia, doblamos confiados a la izquierda y andamos 1.5 kms por una tranquila carretera, antes de advertir que las flechas indicativas amarillas han desaparecido, señal de que nos hemos despistado. Volvemos hacia San Xulián, dado que hemos razonado que ha sido en este punto, confuso, donde nos hemos despistado. Efectivamente. Una flecha "escondida" nos indica que el camino bueno era el de la derecha. ¡cuarenta minutos bajo la lluvia de más! Ahora sí, volvemos a retomar el Camino Real, por una zona muy boscosa hasta llegar a los depósitos de agua de Negreira, donde abandonamos el camino para seguir por carretera a la aldea de Zas, a partir de la cual empieza uno de los tramos más interesantes, a mi entender, de la etapa, con senderos y veredas de tierra siempre envueltas en vegetación. En este lugar mi imaginación vuela pensando en aquellos peregrinos que atravesaban estos bosques, entre nieblas, lobos y asaltadores de camino y cómo siglos más tarde puedo volver a sentir la misma niebla, la misma inquietud al observarme rodeado de vegetación a pesar de las comodidad de mi equipo. Siempre siguiendo las flechas indicativas atravesamos, bajo la lluvia, el Monte Campelo, la aldea deRapote y los bellos lugares de Santo Mariño hasta llegar a A Pena. Aquí paramos a desayunar. La caminata nos ha abierto el apetito, aunque Víctor prefiere continuar con José, un asturiano que vive en Sevilla con el que hemos coincidido aquí, en A Pena. Además aprovechan que ha dejado de llover aunque persiste la niebla. La gallega que atiende el bar nos dice, amablemente, que abandonemos el camino del bosque y sigamos por carretera hasta Cornado. Evitaríamos así el barro que poco a poco nos ha mojado las botas. Todos coincidimos en que es un buen consejo, estamos un poco hartos de "chapotear" en el barro. Por tanto, seguimos por carretera, donde tras unos 8 kms llegamos a Cornado, atravesando la aldea donde no vemos a nadie. Ahora luce el sol a ratos y paramos para disfrutar de esos rayos que calientan nuestros huesos y despojarnos de las capas de agua. Seguimos por una pista de tierra que nos conduce a Maroñas, donde volvemos a coincidir con Víctor y José. Tras salvar el río Maroñas, por esa misma pista llegamos al pequeño núcleo de Maroñas. Nos dirigimos a la iglesia, buscando un lugar donde comer, pasar la tarde descansando y dormir. La iglesia tiene una pequeña habitación de reciente construcción demasiado pequeña para nosotros seis. Preguntando a unos amables lugareños, nos indican que en Liñares, un kilómetro más adelante hay una pequeña escuela donde los peregrinos suelen quedarse a pasar la noche. Al llegar allí, vemos que la escuela son cuatro paredes sin techo y malas hierbas que nos llegan al pecho. Tras ver semejante panorama, decidimos parar a comer y desviarnos del camino hacia el sur a Pino do Val. En esta población hay alojamiento según nos comentaron en Negreira y podemos volver a retomar el camino un poco más adelante en Ponte Olveira. Partimos por una aburrida y solitaria carretera que atraviesa un amplio y apacible valle formado por riachuelos que desembocan en el Embalse de Ponte Olveira. Ahora, paradójicamente, aprieta el sol y me hace despojarme de todo abrigo. Tras una hora de camino, llegamos a esta localidad donde conseguimos alojamiento en el Hostal La Parrillada. Tras acomodarnos y asearnos, cenamos como señores, bacalao a la gallega, pimientos de Padrón, Ribeiro y una copita de orujo para brindar por nuestros compañeros de viaje. Tras la cena, a las once durmiendo a pierna suelta


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