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Arriba: Hórreos en Ponte Olveiroa A la derecha: Camino del Monte do Sino

© Raúl Fernández Velasco

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PINO DO VAL - CEE. Kmts. 35 aprox.

Día 3 (15-8-00). De nuevo nos levantamos a las 6:45 de la mañana. Tras recoger nuestras cosas, desayunamos algo más incómodos en un banco en la calle. No hay nada abierto para desayunar, hoy se celebra la Virgen de Agosto y el dueño del hostal nos ha dicho que es fiesta en todo el concello y, prácticamente, en toda Galicia. Partimos en un día fresco, con niebla, por una solitaria carretera hacia A Picota, un pueblo relativamente grande, alargado, que ha crecido a lo largo de la carretera que lo atraviesa. La niebla ha levantado rápidamente y hace un día soleado. Después de tanta lluvia es una buena noticia. Tras desayunar en un bar de carretera, el único que hemos visto abierto, seguimos hacia Ponte Oliveira, donde siempre por carretera, buscamos el desvío hacia Olveiroa. Éste es un núcleo de población grande y concentrado con una bonita iglesia parroquial dedicada a Santiago. Siguiendo las señales, iniciamos el ascenso al Monte do Sino, por un cuidado camino medieval. La subida es bastante larga pero no muy pronunciada y es realmente amena por las hermosas vistas al río Xallas, donde más abajo se encuentra el Coto de Pesca. Tras pasar un pequeño núcleo rural (Hospital), donde hubo un albergue en la Edad Media y se saborea ese sentimiento rural de Galicia, llegamos a la cima de este alto, donde tropezamos con un "punto negro" en el hermoso paisaje que nos rodea: las chimeneas de la fábrica de Carburos Metálicos. Mi sensación al empezar a ver el humo de las chimeneas es realmente de disgusto, ya que afean una de las subidas más bonitas del camino, con mariposas revoloteando a nuestro alrededor y algunos frutos de zarzamoras, aún comestibles, que nos sacian durante la subida. Justo al final del alto donde podemos contemplar la mole de la fábrica, volvemos a pisar asfalto y tras un pequeño descenso....ĦĦEl mar!!. En un cruce con 2 mojones indicativos que nos dirigen a Finisterre o a Muxía, observamos por primera vez, desde que salimos de Santiago, el mar. La sensación es inmensa...Después de tantos días, vemos como nuestro destino está cerca. Miro a mis compañeros de viaje que no hablan, sólo miran a lontananza, a esa alfombra azul que es el Atlántico y sé que están sintiendo lo mismo que yo. Tras tomar algunas fotos, continuamos, dejando la fábrica a nuestra izquierda y adentrándonos por un viejo trazado, que nos recuerda a un paisaje lunar, sembrado de montículos de escorias de color verde. Tras un kilómetro y medio aproximadamente llegamos a la encrucijada del Marco de Couto, señalada por un cruceiro con una Piedad y un Crucificado. Hacemos un alto en el camino junto al crucero para beber agua a la sombra de un pequeño bosque de eucaliptos. La gente empieza a estar tocada. Gisella y Víctor que además han hecho parte del Camino de Santiago, no están en buenas condiciones. Tumbado a la sombra de un eucalipto pienso en el tramo que nos queda por recorrer: Un nuevo tramo del Camino Real, quizás el mejor conservado, 9 kilómetros en línea recta hacia poniente, por lo alto de los montes y total tranquilidad. Ningún pueblo y apenas árboles, tan sólo un cruceiro y dos ermitas. Seguimos caminando y me uno al ritmo de Juan Carlos, los otros van por detrás y enseguida nos distanciamos. Nos reencontramos de nuevo a la sombra de la Ermita de Nosa Señora das Neves, donde hay una fuente (Fonte Santa) con propiedades curativas, según dicen los lugareños. Por si acaso fuese cierto, bebemos de ese agua fresca, que al menos, si no curativa, sí sacia nuestra sed. Al poco de entrar en el municipio de Cée, a la derecha, aparece la Ermita de San Pedro Mártir, donde una familia come apaciblemente en unas mesas de madera al sol, el día es espléndido para ello. Continuamos una hora más por la ancha pista de tierra...ahora el sol aprieta con fuerza y por irónico que parezca, echamos de menos la lluvia. Tras una vuelta de camino, atravesamos los Petóns da Armada y Campolongo para llegar al Alto do Cruceiro da Armada (247 m.) donde vemos en primer plano la Ría de Corcubión, limitada por el Cabo Cée y al fondo, entre brumas, la silueta del Cabo Finisterre..Nuestra ilusión desde hace tres días, ahora está ahí a nuestro alcance. En una bonita vista, su mole se levanta detrás de Corcubión y el Atlántico, que se extiende hasta el infinito. Iniciamos un rápido descenso por el Monte de la Armada, donde las vistas hermosas coinciden en un tramo con la horrible visión de la fábrica de Brens, que nos conduce a Cée, donde llegamos a la hora de comer bastante sudorosos por la alta temperatura que hace y con las piernas algo doloridas. En el pueblo están de fiesta y, es bastante difícil encontrar alojamiento. Finalmente lo encontramos...aunque justo detrás del parque de atracciones. Tras ducharnos y comer, dado que el ruido no nos va a dejar descansar, nos unimos al "enemigo". Cenamos en una pulpería en las fiestas con un buen ribeiro y la siempre agradable conversación de mis compañeros de camino.Luego, nos unimos a los paisanos, en la plaza del pueblo para disfrutar de la música y los fuegos artificiales. Nos acostamos a las 12:30 y caigo como un bendito...


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