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Arriba: Torres de la Catedral de Santiago al atardecer (tomada el día anterior).
A la derecha:
Conjunto monumental de Pontemaceira (s.XIV), a orillas del río Tambre.
© Raúl Fernández Velasco

SANTIAGO DE COMPOSTELA - NEGREIRA. Kmts. 20

Día 1 (13-8-00). El despertador improvisado con el teléfono móvil suena a las 6:45 de la mañana. A pesar de que ayer nos acostamos pasadas la una de la mañana, disfrutando de nuestro primer día en Santiago, no me levanto cansado. Tras recoger la mochila y pagar la habitación, salimos en dirección a la Praza do Obradoiro. Nadie en ella. ĦQué diferencia con respecto a ayer! donde peregrinos, turistas y músicos callejeros daban ese ambiente que hace de la Ciudad del Apóstol un lugar tan especial. El tiempo empieza a mostrarnos que hemos dejado la seca Andalucía y estamos en Galicia. Llueve. Cae esa lluvia fina ("barruzo" la llaman por aquí) que cuando se pretende andar 20 kms cala hasta los huesos. Dejamos atrás la plaza por la Rúa das Hortas junto al Hostal de los Reyes Católicos. Allí se nos une Víctor, un peregrino de Madrid aunque residente desde mucho tiempo en Marbella. Bordeando el Campus Universitario Sur, la Rúa de San Lourenzo nos conduce a la Carballeira del mismo nombre. Gracias a Víctor, que ayer estuvo buscando el camino, damos con la salida de la ciudad, bastante complicada. El sendero transcurre a través de un bosque de eucaliptos con manchas de pinos. Increíble espectáculo. Me recuerda a los caminos de la Sierra de Aracena, en Huelva, pero más bellos aún y verdes. La humedad, a diferencia de allí, es una constante. Ya en plena zona rural, cuando llevamos una hora de camino, empieza a llover con fuerza. Paramos para sacar las capas de agua que nos libren del chaparrón. Una mirada al cielo, me hace comprender que hoy no me despojaré de ella. El día se está cerrando por momentos. Continuamos la senda, cuyo trazado en este punto coincide con el Camino Real, y que atraviesa varias aldeas y zonas residenciales (Vidán, Moas de Abaixo...). El recorrido evita la concurrida carretera C-543 de Santiago a Noia, circulando por caminos ahora de tierra ahora de asfalto. Siguiendo las flechas amarillas, sin pérdida alguna, llegamos a la fértil vega de Covas. Una larga recta une Lombao con Aguapesada. Nunca nombre alguno corresponde tan bien a la realidad: ahora llueve copiosamente, tanto que no dudo en parar en un bar a pie de carretera y tomar un desayuno caliente. Apenas he desayunado y casi desfallezco. Nuestro gozo en un pozo: sólo un buen Cola-cao y algunas magdalenas, aunque Víctor se muestra como un buen conversador y el desayuno es muy agradable. Desde la salida habremos completado unos diez kilómetros, la mitad del recorrido, aunque nos queda la mitad más difícil porque desde la ventana del bar vemos una colina alta, entre la lluvia, que nos cierra el paso: el Alto de las Ovellas Negras. Bajo un aguacero, salimos del bar y seguimos por la recta que cruza esta aldea, hasta llegar a un pequeño puente medieval que cruzamos, entrando en uno de los tramos mejor conservados del Camino Real, conocido como O Rueiro y que ha sido enlosado recientemente. La subida es de la quita el resuello, larga, empinada y enseguida nos hace sudar debido, en parte a las capas de plástico y en parte a su dureza. A veces, si no fuera por la lluvia, me entran ganas de sentarme en unos coquetos bancos de piedra que hay en este tramo a modo de paseo. El camino muere en una carretera estrecha que conduce a Trasmonte, por donde seguimos para llegar, por asfalto, al Alto de las Ovellas Negras. El descenso, nos da un pequeño respiro sin lluvia, aunque es un espejismo porque a los diez minutos empieza a llover de nuevo. Este suave descenso hasta el valle del Río Tambre nos introduce en la comarca de A Barcala. En la aldea de Susavilla de Carballo, vemos paisanos que bajan, paraguas en mano, a Trasmonte para ir a misa de doce. Ahora son las 11:30 y descendemos, bajo una fina lluvia, por una solitaria carretera comarcal bajo un arbolado autóctono, y tras pasar por Trasmonte, llegamos a Pontemaceira (km 15), junto al río Tambre. Al llegar al río, deja de llover y esto nos permite ver uno de los paisajes más bello de la jornada. Pontemaceira es un núcleo del s.XIV muy bien conservado, con un puente medieval que,bajo mi punto de vista, no tiene nada que envidiar a los del Camino. En la orilla opuesta hay un conjunto monumental donde distingo un pazo con la fachada cubierta de hiedra, un cruceiro y diversas casas blasonadas de una belleza increíble. Para embellecer aún más el conjunto, el río tiene un pequeño rápido justo delante del puente. Nos paramos para hacer algunas fotos. Al poco, nos pasa un peregrino, Gisella, una chica alta, delgada, de Barcelona que está haciendo el camino sola según nos comenta. Sigue adelante con Víctor, que prefiere ir ganándonos tiempo mientras nosotros nos quedamos para disfrutar de este rincón medieval. Continuamos, saliendo de esta aldea por una pista, paralela a la orilla del río, que se estrecha hasta convertirse en senda, donde cruza un bosquecillo y pasa por debajo de un arco de la Ponte Maceira Nova (s. XIX) y luego desemboca en la carretera AC-450, por donde el camino transcurre, peligrosamente por la velocidad a la que nos pasan los coches, por el arcén de la carretera. A la izquierda, subimos al Castro de Logrosa hasta el Pazo de Chancela. Nosotros seguimos en línea recta donde alcanzamos a Víctor y Gisella y juntos entramos en Negreira.

En esta localidad no hay manera de localizar el Albergue de Peregrinos. En la Guardia Civil nos han enviado al Polideportivo, y allí aguardan cinco peregrinos más a que se abra el pabellón. Llevan bastante tiempo allí. No nos fiamos de que se pueda abrir hoy, ya que al parecer el conserje se encuentra de vacaciones y decidimos buscar alojamiento por nuestra cuenta. Lo encontramos en el Hostal La Mezquita, donde el dueño, muy simpático, nos indica que el camino pasa por la misma puerta. Tras comer, vamos a comprar algo de comida. Mañana nos dirigiremos a la aldea de Maroñas, donde no creo que encontremos alojamiento y ni siquiera un bar. Si esto es así, nos desviaremos a Pino do Val, donde nos han dicho que hay varios hostales. Con estos pensamientos, me meto en la cama cansado del primer día de camino


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